martes, 27 febrero, 2024
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Llamadme cazafortunas y contestaré ¡qué va!…,

…no tengo cuerpo ni cara, pero me parece una actividad tan digna como cualquier otra

Llamadme cazafortunas y contestaré ¡qué va! No tengo cuerpo ni cara, pero me parece una actividad tan digna cómo cualquier otra. Según la RAE, cazafortunas es una «persona que busca casarse con alguien acaudalado». Aunque especifica que el término vale para el femenino y para el masculino, lo cierto es que se le ve el plumero !ay la RAE! Dice acaudalado, no persona acaudalada, parece lo mismo pero no lo es, de hecho el predictivo del teléfono con el que escribo este artículo se empeña en cambiar la a por la o, como si las personas cazafortunas fueran siempre, y solo mujeres, y los acaudalados únicamente ingenuas víctimas masculinas.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

Viene este preámbulo a papo de lo del nuevo rey, ese señor al que su señora y majestuosa madre ha perdonado, y de propina premiado, su aireada infidelidad , cagándose, incluso, en su propia y real palabra ya que aseguró que moriría con la corona puesta y aferrada al cetro, cómo Isabel II, y le ha faltado tiempo para pedir el finiquito.

También parece haberle perdonado su sufrida esposa dándole un beso en los morros en el churrigueresco balcón desde el que se escenifica este espectáculo medieval, beso que la prensa plebeya, a la par que lacaya, ha calificado de película…, de película por la buena actuación, será

Vaya por delante que soy antimonárquica a saco y puede que se me note la inquina hacia toda esta inútil y hortera puesta en escena, con el rey entronizado ataviado cual protagonista de una opereta presto a cantar aquello de:

Y el soldadito le prometía, paloma mía yo he de volver,
y en nuestra boda serán las arras los entorchados de coronel (o de brigadier, yo qué sé).

Ya sé que esa estrofa no es de una opereta sino de una zarzuela (por si algún listo pone pegas a mi cultura musical).


Y mientras, él, casado y hombre público, se corona, la mujer, con la que dicen que se enrolla, permanece encerrada y sin decir ni pío, blanco del pueblo llano que escupe insultos y la tacha de cazafortunas.


Y mientras, él, casado, padre de familia y hombre público, se corona, la mujer, con la que dicen que se enrolla, permanece encerrada y sin decir ni pío, blanco del pueblo llano que escupe insultos y la tacha de cazafortunas, olvidando que ella es solterita, además de persona sin responsabilidades públicas ni sueldo del estado, es decir que puede hacer con su vida lo que le de la santa gana. Y digo más, si ella buscaba fortuna, él buscaba belleza y diversión, se trata simplemente de un intercambio de intereses.

COMO LOS REYES DE TODA LA VIDA

A mí esto me recuerda a los reyes de toda la vida, que se casaban con aquella que pudiera aportar bienes, tierras o alianzas (no como ahora, que se casan por amor, como cualquier mileurista), la preñaban una y otra vez para que no se echara a perder la dinastía y ya con el deber cumplido se daban «a la poca» (la poca vergüenza, como dicen en el pueblo de mi amiga Pilar Boyero), y a follar que son dos días y pueden terminar como María Antonieta.


Corinna, Genoveva, no os conozco de nada, y seguramente, si os conociera, no me caeríais bien, pero os apoyo en esto.


La reina, mientras tanto, a parir herederos y entre la tarea, y que su cabeza corría peligro (no olvidar a Enrique VIII), poco tiempo les quedaba para dar alegría a su cuerpo.

A Genoveva le ha pasado casi lo mismo, menos mal que le ha caído esta china en el siglo XXI. Al menos ahora no matan a partos a la legítima ni cortan la cabeza a las amantes, es la plebe quien las coloca en la picota de las redes sociales, y sus antiguos enamorados los que les envían siniestros comisarios para meter miedo y que les devuelvan el rosario de su madre (sí, me refiero al demérito).

Corinna, Genoveva, no os conozco de nada, y seguramente, si os conociera, no me caeríais bien, pero os apoyo en esto.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

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Llamadme cabreada…

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