jueves, 8 diciembre, 2022
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Llamadme solidaria…

… con las mujeres iraníes y contra los ayatolás

Llamadme solidaria. Lo intento, admiro profundamente, con una dosis a partes iguales, de envidia y miedo, a las mujeres iraníes que, jugándose la vida, protestan en su país por la muerte de Mahsa Amini. Han pasado 50 días del asesinato, en dependencias policiales, de esta joven, detenida en plena calle por llevar el velo “mal puesto”. Entró con sus 22 años de vitalidad, para ser “reeducada por la policía moral”, y salió en coma profundo para morir en el hospital. Un informe forense alega que el fallecimiento lo causó una enfermedad anterior, pero no se lo creen ni ellos, y las protestas multitudinarias han generado ya más de cien víctimas mortales.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

Hace cuatro décadas 200.000 mujeres ocuparon también las calles de Irán contra la ley del velo obligatorio. El 8 de marzo de 1979 fue la última vez que salieron de sus casas mostrando en público sus cabellos. No había pasado ni un mes desde que los ayatolás instauraban la República Islámica. Ahora, 43 años después, el pelo y la obligatoriedad de llevarlo oculto vuelven a estar en el centro de la reivindicación.

Porque el cabello es mucho más que una estructura fabricada por la epidermis cuya función es proteger. Es todo un símbolo, y la simbología no es inocente. En la prehistoria se consideraba mágico, hoy podría decirse que en las mujeres se asocia a la sexualidad y en los hombres, al poder y al éxito.


Pertenezco al sector de las que opinan que el velo, en cualquiera de sus variantes, no es defendible bajo ningún concepto, ni en Irán ni en ninguna parte.


Un estudio de 2015 revela que el 95% de las mujeres y el 81% de los hombres admite que el estado de su pelo influye en el ánimo. No hay más que ver, para reconocer su importancia, la enorme cantidad de productos capilares de todo tipo y condición que se anuncian para ellas o las excursiones a Turquía, para implantes, de ellos.

A lo largo de la historia el pelo largo ha sido también ejemplo de fuerza y virilidad, ahí tenemos a Sansón, o un gesto de emancipación cuando, a principio del siglo XX, muchas mujeres se lo cortaron para alejarse de los roles femeninos; y curiosa es la teoría de que las trenzas de las mujeres africanas ayudaron a la población de esclavos a proporcionar una forma discreta de crear mapas para indicar rutas de escape.

Modelos para la opresión de la mujer.
Modelos para la opresión de la mujer.

INDEFENDIBLE Por eso el pelo está en el punto de mira de los opresores. A las mujeres, en la postguerra española se las rapaba y esconderlo es la obsesión de los poderes fundamentalistas. Es obligatorio llevar velo en Irak, Libia, Arabia Saudí y Sudán, y en otros muchos lugares existen leyes que regulan la vestimenta de las mujeres. También cuenta la ley de la sanción social, más sibilina, pero igualmente castrante. Recordad cuando, no hace tanto, en España era obligatorio llevar velo para entrar en una iglesia o se condenaba a las mujeres a vestir de luto por la muerte de un familiar, premisa que casi siempre iba encadenando un luto con otro, y que revertía en que la mayor parte de la vida de una mujer se desenvolviera entre ropajes negros y cero adornos, asunto que no sucedía con los hombres, que, como mucho, solventaban los duelos con una cinta en la manga de la chaqueta de los domingos.

El velo también enfrenta al feminismo. Hay quién lo justifica como una seña de identidad y quien lo considera un símbolo de sometimiento y control. Pertenezco al sector de las que opinan que el velo, en cualquiera de sus variantes, no es defendible bajo ningún concepto. Al menos, mientras no pasen décadas en las que no exista ni un solo país o comunidad que lo tenga por obligatorio o costumbre. Entonces, cuando esas arbitrarias leyes y costumbres sobre nuestras cabezas y nuestros cuerpos sean parte del pasado, podremos llevar velo, o una coliflor por moño, si nos place, y saber que lo hacemos en libertad.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

Una colaboradora muy especial

OTROS LLAMADME

Llamadme antimilitarista…

Llamadme mujer…

Llamadme presunta…

Llamadme escéptica…

Llamadme desconsolada y horrorizada…

Llamadme interesada…

Llamadme rarita…

Llamadme confusa…

Llamadme nostálgica…

Llamadme puta…

Llamadme antitaurina y olé…

Llamadme desesperada…

Llamadme rara…

Llamadme vaga…

Llamadme lo que os dé la gana…

Llamadme cabreada…

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