miércoles, 17 abril, 2024
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Diccionario de la locura (2): Los Afrodisíacos

La actualidad de estas antiquísimas sustancias nos supera en todo lo imaginable

Hace algún tiempo, abríamos un espacio en este periódico para un posible diccionario de literatura psicopatológica. Recuperamos el proyecto con los afrodisíacos, drogas con una historia paralela a la del hombre sobre el planeta, y con una actualidad que nos supera en todo lo imaginable. Los afrodisíacos son sustancias que tienen como finalidad incrementar el deseo sexual, tanto en hombres como en mujeres. Deriva del nombre de Afrodita, o Venus, según sea griega o romana.

Blas Curado García.
Blas Curado García.

Afrodita es la diosa griega del amor. Diosa que nace del mar, procreada en la espuma de las olas, en ese viaje rebuscado de la fecundidad. Por ello y por otras cosas más extrañas, los mariscos suelen dar la talla en la cocina afrodisiaca. Recordemos la pintura de Sandro Botticelli «El nacimiento de Venus», ella de pie sobre una concha marina, símbolo de la fertilidad femenina; concha de ostión o venera.

Los afrodisíacos se han usado en todos los tiempos, naturales o artificiales, como: la mosca española, el café, el chocolate, la maca, el ginseng, el anís, la menta, y actualmente el célebre y eficaz sildenafilo para el hombre, aunque la mujer también ha conseguido su flibanserina.


Afrodisíacos son la mosca española, el café, el chocolate, la maca, el ginseng, el anís, la menta…, y actualmente el sildenafilo para el hombre y la flibanserina para la mujer.


Algunos venenos se han usado para estimular el deseo sexual, y partes de los animales, que, por su bravura, pudieran trasmitir la fuerza necesaria para la erección del miembro viril, como el cuerno de rinoceronte o los testículos del toro, entre otros remedios. El opio es utilizado por Lea para quedar embarazada de Jacob; creo que no hacía mucha falta, pues tuvo con ella siete hijos, aunque no fuera su favorita. O tomarse el tradicional estimulante del apetito sexual: yemas batidas con jerez, de las que habla Cela en su Mazurca para dos muertos, referido al gatillazo de don Rosendo. Sin embargo, actualmente asistimos a la búsqueda más ansiosa de un estimulante sexual, sea como sea.

Jóvenes comprando afrodisíacos en el Bazar de las Especias. J.M. PAGADOR
Jóvenes comprando afrodisíacos en el Bazar de las Especias. J.M. PAGADOR

LA MIEL DEL AMOR

La penúltima experiencia la cuenta un periódico nacional, es el llamado “miel del amor” o melzinho do amor; un gel compuesto de innumerables ingredientes naturales ya conocidos en este mundo, como el café, la canela, el ginseng, el jengibre, y otros, destacando los conocidos medicamentos para la disfunción eréctil masculina, el sildenafilo y el tadalafilo. Aunque no debemos olvidar que el cerebro es el mejor afrodisíaco que existe.


El filtro de amor que más me llama la atención es el elixir rubeos (sangre menstrual) cocinado en la cuenca de una calavera a la luz de la luna. No falla.


Un libro de Isabel Allende, Afrodita, dedicado a los hombres asustados y a las mujeres melancólicas, es un ensayo sobre el erotismo y la comida, donde podemos encontrar todo tipo de recetas para superar la impotencia. Como esa violeta, sello de Josefina Bonaparte, color feminista, que perfumaba el aliento y las partes íntimas de las cortesanas griegas antiguas; no sabemos, si ahora, continúan mezclándose con los efluvios naturales para estimular el deseo del cliente. Para mío, el filtro de amor que más me llama la atención, entre tantos conocidos, es el elixir rubeos (sangre menstrual) cocinado sobre la cuenca de una calavera a la luz de la luna. No falla.

Entrada al Bazar de las Especias, siempre tan concurrido. J.M. PAGADOR
Entrada al Bazar de las Especias, siempre tan concurrido. J.M. PAGADOR

PLACERES INMORALES

Manuel Vázquez Montalbán en su libro Recetas inmorales viene a decir que el placer de cocinar y comer es, relativamente, algo inmoral. El objetivo del tratado de malas costumbres gastronómicas no es una cocina supuestamente afrodisíaca, sino un intento de aflojar los esfínteres del alma. «Cocinando , dice el autor, el elixir se controla todo el proceso y es mayor el placer que se obtiene ultimándolo».

Es conocida la sentencia de los encargados de comprobar el estado de potencia del rey Enrique IV, según se recoge en el ensayo biológico que realizó Marañón:

“Había dado obra con verdadero amor y voluntad, y con toda operación, a la cópula carnal, y a pesar de que en este tiempo se le procuraron todos los auxilios posibles, así por devotas oraciones a nuestro Señor Dios hechas, como por otros remedios. Pero todo lo divino y lo humano falló. Entre estos remedios se contarían los que, según Zurita, le enviaban desde Italia, metrópoli de la ciencia erótica, los embajadores que el Rey tenía allí».


Un afrodisíaco muy usado en todas las épocas ha sido la mosca española o Lytta vesicatoria, la cantárida.


En la ya conocida obra Espejo de alcahuetas hemos encontrado un verdadero filón de temas sobre el sexo y que entran dentro de la recopilación que estamos realizando. Uno de ellos, muy curioso, es el buscado y demandado por los hombres en todos los tiempos: un afrodisíaco o un estimulador de la potencia de la erección y el mantenimiento, o elevador del deseo que sea competente:

«Mas con tanto besar y no meter, a mí, quieras que no, se me sublevó el fandanguillo, y ya fui yo la que deseé meneo, me viniese de él o del demonio que, para el caso, era lo mismo. Mas ¿quién sacaba agua de una peña?… De pronto se me ocurre un remedio: hacerle tomar unos confites de esos que llaman diabólines, hechos con polvos de cantáridas, con los que es fama no hay méndula que no se despierte por acongojada y mísera que esté. Y pensado y hecho. Diez minutos no habían pasado desde que gustara el último confite cuando, presa de un maravilloso ardor, pasa sus manos por mis gracias más secretas, prende su boca en mis pezones y, de una soberbia y certera embestida, hunde esta vez la espada en la vaina con tanto arte y tal que, antes que la suyas, manaron mis fuentes tan abundantemente que sentí anegarse su nave en mi caliente licor dulcísimo».

Tienda de complementos picantes para mujeres en el Gran Bazar de Estambul. J.M. PAGADOR
Tienda de complementos picantes para mujeres en el Gran Bazar de Estambul. J.M. PAGADOR

LA MOSCA ESPAÑOLA

Un afrodisíaco muy usado en todas las épocas ha sido la mosca española o Lytta vesicatoria, la cantárida; es un coleóptero usado en medicina como vesicante, la mosca verde típica de los olivos, de la que se extrae el alcaloide la cantaridina, cuyo tráfico está narrado en la novela de Galiana Gallach La mosca española.

Gabriel García Márquez en su novela El general en su laberinto narra el caso de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios, el general, que muere por la aplicación de parches de cantárida, según nos cuenta y que se comprueba con la realización de la autopsia:

«Desde el día en que el general hizo su testamento, el médico agotó con él paliativos de su ciencia: sinapismos en los pies, frotaciones en la espina dorsal, emplastos anodinos por todo el cuerpo. Le redujo el estreñimiento congénito con lavativas de un efecto inmediato arrasador. Temiendo una congestión cerebral, lo sometió a un tratamiento de vejigatorios para evacuar el catarro acumulado en la cabeza. Este tratamiento consistía en un parche de cantárida, un insecto cáustico que al ser molido y aplicado sobre la piel producía vejigas capaces de absorber los medicamentos. El doctor Révérend le aplicó al general moribundo cinco vejigatorios en la nuca y uno en la pantorrilla. Un siglo y medio después, numerosos médicos seguían pensando que la causa inmediata de la muerte habían sido estos parches abrasivos, que provocaron un desorden urinario con micciones involuntarias y luego dolorosas y por último ensangrentadas, hasta dejar la vejiga seca y pegada a la pelvis, como el doctor Révérend lo comprobó en la autopsia».


El mejor afrodisíaco que existe es el amor.


Gérard de Nerval en Las hijas del fuego, en la novena carta que escribe a Angélique, describe el uso como afrodisíaco de la cantárida:

«Para que lo amase, él le dio unas mermeladas que había mandado hacer en Clermont, y en las que había moscas cantáridas, que no hicieron sino inflamar a la muchacha, pero no que lo amase; luego le dio a comer de un membrillo hervido, y desde entonces ella quedó afectísima».

Pareja en uno de los innumerables pasillos del Gran Bazar. J.M. PAGADOR
Pareja en uno de los innumerables pasillos del Gran Bazar. J.M. PAGADOR

EL ERROR DEL ALCOHOL

También ha sido considerado, y continúa siéndolo, como afrodisíaco, el alcohol. Nada más erróneo. El alcohol en pequeñas dosis es un desinhibidor, pero a dosis elevadas, como se cita en la Biblia que pasó con Lot y sus hijas, provoca impotencia. No conocemos si la hazaña de Lot ha pasado a los anales de la potencia sexual, al ser capaz, por dos noches consecutivas, emborrachado, concebir en sus dos hijas; o, peor, si ha pasado a la historia de la mitomanía, como el mayor embuste sobre el tema. Ya lo cuenta Ovidio en Remedios del amor, que de forma breve sólo hace una referencia a los recursos para sanar de un amor perjudicial:

“¿Preguntas qué te aconsejo sobre el don de Baco? […] El vino predispone el ánimo para el amor a no ser que tomes tanto que tu entendimiento se paralice abotargado por su excesiva cantidad. El fuego se alimenta con el viento, con el viento se apaga; una brisa ligera da vida a las llamas una más fuerte las mata. O que no haya embriaguez alguna o que sea tanta que ahogue tus penas si estás entre uno y otro extremo, perjudica”.

Antes, Ovidio, en el mismo texto, nos cuenta los nocivos alimentos para el amor:

“El bulbo daunio (cebolla) o el que te envía de las costas libias o llega a Mégara te será en cualquier caso nocivo. Y no es menos apropiado evitar la hierba salaz y todo lo que dispone nuestros cuerpos para el amor”.

Sobre los hechizos y conjuros para el amor, dice Ovidio en la misma obra que de nada sirven:

“Allá se las vea quien piense que pueden ayudarse de hierbas venenosas de la tierra de Hemonia y las artes mágicas. Viejo es el camino de los hechizos; nuestro Apolo ofrece una ayuda inocua con la sagrada poesía […] Ningún corazón se aliviará de sus cuitas mediante conjuros ni huirá Amor vencido por azufre puro […] En consecuencia, réstale confianza a los hechizos y a los conjuros”.

Shakespeare no deja de preguntarse y aclarar el conflicto con el alcohol y la potencia sexual, en su obra Macbeth: «¡Cáspita, señor! Una nariz colorada, sueño y orina. La lujuria, señor, lo mismo provoca que lo aleja, porque provoca el deseo, pero impide la ejecución».

Tienda de afrodisíacos del Bazar de las Especias, siempre exitosa y con numerosa clientela. J.M. PAGADOR
Tienda de afrodisíacos del Bazar de las Especias, siempre exitosa y con numerosa clientela. J.M. PAGADOR

ESTÍMULOS DIVERSOS

Para afrodisíaco el que cuenta en La tía Julia y el escribidor Mario Vargas Llosa que necesitaba una zambita de rompe y rasga:

«Manitas Rodríguez le refirió un incidente que, decía. le había alegrado la guardia. Estaba recorriendo la calle Paz Soldán, a eso de la medianoche, cuando había visto a un sujeto trepando por una ventana. Le había dado el alto revólver en mano, pero el tipo se puso a llorar jurando que no era un ratero sino esposo y que su señora le pedía que entrara así, a oscuras y por la ventana. ¿Y por qué no por la puerta, como todo el mundo? Porque está medio chiflada -lloriqueaba el hombre-. Fíjese que verme entrar como un ladrón la pone más cariñosa. Otras veces hace que la asuste con un cuchillo y hasta que me disfrace de diablo. Y si no le doy gusto no me liga ni un beso, mi agente».

Un vigorizante cita Charles Baudelaire en Las flores del mal, en su poema dedicado al «Spleen»:

«Y los baños de sangre de los tiempos romanos
que devolvían el vigor a los ancianos,
no han logrado encender del príncipe el deseo,
pues tiene, en vez de sangre, verde agua del Leteo».

Hemos encontrado en la novela de Amin Maalouf León el Africano, una especie de estimulante que podemos encajar como afrodisiaco de doble acción: coeundi y generandi, posiblemente al tener dos mujeres, esposa (prima) y concubina, el nivel (cantidad y calidad) del esperma no sería el más adecuado para la fertilidad Una sirvienta que de noche era la señora: «Sara la Vistosa […] empezó a leer en mi mano como en la arrugada página de un libro abierto […] sacó de un capacho de mimbre un minúsculo frasco verdoso: «Esta noche, verterás tres gotas de este elixir en un vaso de horchata y se lo darás tú misma a tu primo. Acudirá a ti como una mariposa que se acerca a una lámpara. Repetirás el gesto dentro de tres noches y, después, dentro de siete.

Cuando Sara volvió a pasar a verme unas semanas después, ya estaba yo con náuseas».

EL AMOR, EL MEJOR AFRODISÍACO

El mejor afrodisíaco es el amor. Escuchemos lo que dice Séneca que había leído en Ovidio:

«Te ensañaré un filtro sin pociones, sin hierbas. Sin ningún encantamiento de bruja. Si quieres ser amado, ama».

Y finalmente, un afrodisiaco extraño (la maniobra de Heimlich) , bueno, en este tema hay de todo en la viña del Señor; lo explica Woody Allen en Adulterios:

«Phyllis.- Tengo una paciente que se atragantó con una espina de pescado en Le Bernardin y un extraño se le acercó por detrás, le realizó la maniobra de Heimlich y la excitó. Desde entonces, donde quiera que vaya a cenar, se atraganta.»

Pues eso…

(Blas Curado es psiquiatra, escritor, Académico de la Ilustre Academia de Ciencias de la Salud Ramón y Cajal, y Premio Dr. Gómez Ulla).

SOBRE EL AUTOR

Blas Curado García, prestigioso psiquiatra, articulista y escritor, nuevo colaborador de PROPRONews

El ilustre psiquiatra Blas Curado, Premio Doctor Gómez Ulla 2019 a la Excelencia Sanitaria

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