La mujer que dio a luz un monstruo

Hoy, Día de la Mujer, recordamos a Mary Shelley, una adelantada del feminismo y gran escritora, autora de Frankenstein, más de 200 años después

597
Mary Shelley, gran escritora y adelantada del feminismo.
Mary Shelley, gran escritora y adelantada del feminismo.

Mary y su progenitora fueron feministas cuando serlo acarreaba la pérdida del honor, lo que podía resultar casi peor que la muerte, pero ambas padecieron a causa del amor romántico, ese que hace que las mujeres, hasta las más fuertes, nos volvamos vulnerables. Mary Wollstonecraft intentó suicidarse tras un romance fallido. Mary Shelley, sufrió la muerte de tres hijos y las infidelidades de un esposo, el poeta Percy Bysshe Shelley (1792-1822), que, por un lado, la alentaba a escribir y, por otro, le corregía párrafos enteros de una obra magistral, su Frankenstein, lo que ella aceptaba complaciente.

Bournemouth (Reino Unido).-

La tele no dejaba de repetir que una superborrasca amenazaba la costa sur de Inglaterra. En el aeropuerto de Madrid suspendieron los vuelos a Heathrow, pero en Bournemouth, donde yo me encontraba, lucía redonda y clara una luna espléndida. Había llovido todo el día, pero ahora solo quedaba un suelo brillante para atestiguarlo. Salí a dar un paseo. Llegué hasta la tumba de Mary Shelley, la hija de Mary Wollstonecraft, pionera del feminismo, filosofa y escritora; de su pluma surgió “Vindicación de los derechos de la mujer” (1792), un alegato en defensa de la libertad y la sexualidad femenina. Murió once días después de dar a luz a su segunda hija, Mary Shelley, madre, a su vez, de un mito de la literatura, Frankenstein o el moderno Prometeo, publicado cuando solo tenía 21 años.


Mary Wollstonecraft, madre de Mary Shelley, fue una pionera del feminismo, filosofa y escritora, autora de “Vindicación de los derechos de la mujer” (1792), en defensa de la libertad y la sexualidad femeninas.


Mary y su progenitora fueron feministas cuando serlo acarreaba la pérdida del honor, lo que podía resultar casi peor que la muerte, pero ambas padecieron a causa del amor romántico, ese que hace que las mujeres, hasta las más fuertes, nos volvamos vulnerables. Mary Wollstonecraft intentó suicidarse tras un romance fallido. Mary Shelley, sufrió la muerte de tres hijos y las infidelidades de un esposo, el poeta Percy Bysshe Shelley (1792-1822), que, por un lado, la alentaba a escribir y, por otro, le corregía párrafos enteros de una obra magistral, lo que ella aceptaba complaciente.

La autora, en la tumba de Mary Shelley. ELISA BLÁZQUEZ
La autora, en la tumba de Mary Shelley. ELISA BLÁZQUEZ

La criatura de Frankenstein gemía: “Soy malvado porque soy desdichado”. Mary, su creadora, no era mala, pero fue muy infeliz. No era fácil ser mujer en aquellos tiempos. Nunca lo ha sido.

Bajo una losa de granito, en el cementerio de la iglesia de San Peter, donde uno puede escuchar música clásica mientras toma el té, descansan los restos de Mary Shelley y sus padres, Mary Wollstonecraft y William Godwin, él un filósofo anarquista de ideas avanzadas y vida poco consecuente con ellas. Debajo de la piedra reposa también el corazón de Percy, su marido, el gran poeta inglés.


Día y noche cruzan el cementerio gentes que desconocen que allí yace Mary Shelley, la autora de una de las obras literarias más reproducidas de todos los tiempos.


Percy se ahogó, una noche de tormenta al naufragar el barco que le llevaba desde Pisa a Livorno para visitar a otro grande, Lord Byron. Las leyes sobre la cuarentena obligaron a incinerar su cadáver cuando lo escupió el mar, una semana después. Sus amigos decidieron darle el adiós final como si de un emperador romano se tratara, avivando el fuego con vino, aceite y sal, lo que probablemente impidió que la pira alcanzara la temperatura suficiente para consumir por completo el cuerpo. Uno de ellos observó que el corazón no ardía y lo rescató de las llamas para entregárselo a su viuda, que lo conservó envuelto en seda y pidió que lo enterraran con ella, lo que sucedería muchos años después.

BOURNEMOUTH Y MARY

En Bournemouth, donde está sepultada la familia, unida en la eternidad como no lo estuvo en este mundo, casi nada recuerda a la escritora. La iglesia de San Peter, en el centro del casco urbano, alberga el cementerio, donde algunas personas curiosas nos acercamos a contemplar la inscripción, y donde una tienda de campaña de un sintecho, de los muchos que pululan por los alrededores, parece montar guardia entre las cruces. Como detalles chocantes, por si esto no fuera suficiente, un jarrón con narcisos amarillos que adorna la entrada del improvisado hogar, y una cuadrilla de jardineros que retoca el césped sin molestar a los ocupantes que duermen dentro.

El pub. ELISA BLÁZQUEZ
El pub. ELISA BLÁZQUEZ

El camposanto permanece abierto día y noche, y día y noche lo cruzan gentes que, en su mayoría, desconocen que allí yace la autora de una de las obras literarias más reproducidas de todos los tiempos.

A la sombra de la iglesia, el pub “Mary Shelley” exhibe, junto al rótulo, una cabeza del monstruo de Frankenstein a modo de reclamo. Una frase de ella en la puerta (“the beginning is always today”), unos horribles cuadros en las paredes, semiocultos entre máquinas tragaperras, que rememoran algunos pasajes de la vida de la escritora y, en otro rincón, entre botes de mostaza y kétchup, una reproducción del retrato de Mary, junto a una foto de los actores de una de las innumerables películas que se han rodado sobre el mito.


“Veo felicidad por doquier, de la cual yo estoy irrevocablemente excluido”, exclama el desventurado engendro, un lamento que nace del alma de la autora y que haría suyo tantas veces.


Entre esa decoración y la típica moqueta inglesa, los clientes devoran unos sustanciosos y abundantes desayunos a pocos metros del corazón de un poeta y los huesos de su amada. Mary, que unas veces firmaba con el apellido de su madre y otras con el de su marido, muerto a los 29 años en medio de una tempestad. Mary, la culta e inteligente hija de un filósofo anarquista y de la primera feminista inglesa. Descendiente y heredera de la lucha por la igualdad de una mujer reivindicativa y progresista pero que quiso suicidarse tras ser abandonada por un amante. Mary, que parió una de las novelas más exitosas de todos los tiempos, pero cuyo manuscrito era corregido por su marido, el poeta que veía poca calidad en el texto de su mujer. Mary, que soportó las infidelidades de su esposo y el ostracismo social, consecuencia de su enfrentamiento con las costumbres puritanas de la época. Mary, que tuvo una infancia sin amor, que buscó siempre el calor familiar y que casi enloquece de dolor por la muerte de tres de sus cuatro hijos. Mary, que anticipó, según su biógrafa Anne K. Mellor, lo que ocurre cuando un hombre intenta gestar y parir un bebé sin una mujer, y que articula, quizá por primera vez en la literatura occidental, las angustias que se experimentan en un embarazo. Mary, que vivió con el recuerdo de su madre muerta, con un padre presente pero ausente, más ocupado en sentar cátedra de puertas afuera que de aplicar de puertas adentro lo que pregonaba. Mary, que ha pasado a la historia por ser la autora de Frankenstein, un drama derivado en paradigma del género de terror, pero que encierra el germen del abandono y la desesperanza en su concepción. Una novela que retrata las consecuencias y el daño que ocasiona la privación del cariño parental. Mary, que sentó las bases de la ciencia ficción, frente a una cultura patriarcal que asignaba a los hombres la autoridad lingüística y social, eludiendo la norma que impedía a una mujer ocupar los espacios considerados masculinos. Mary, que adoró a Percy B. Shelley, el poeta más radical, revolucionario y atractivo de su generación, que enviudó pocos años después de su boda tras una relación tormentosa y que nunca deseó volver a casarse.

Mary Wollstonecraft, madre de la creadora de Frankenstein.
Mary Wollstonecraft, madre de la creadora de Frankenstein.

Mary Shelley falleció a los 52 años a consecuencia de un tumor cerebral. Dejó una profusa obra; teatro, novela, relatos y ensayos, pero es recordada casi exclusivamente por Frankenstein, una historia nacida de una apuesta entre Lord Byron, Polidori, Percy y ella. Ni que decir tiene quién la ganó.

UN MONSTRUO SIN NOMBRE

Su monstruo sin nombre ha calado en la mente colectiva porque, dice el profesor Alfredo Moro, de la Universidad de Cantabria, en un artículo titulado Una vida entre las sombras: “Podemos ver claramente al Adán expulsado del Paraíso; al Emilio de bondad innata, corrompido posteriormente por un mundo esencialmente malvado y corrupto; o al Satán rebelado frente a su creador, transformado de ángel en demonio por el deseo de venganza. Todos estos vínculos intertextuales y míticos inciden en ideas como el desamparo, la necesidad de unas relaciones paterno-filiales armónicas, así como una idea que sigue resultando tremendamente actual: el origen y las causas del mal”.


“No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, deseo que tengan poder sobre sí mismas” (Mary Wollstonecraft).


“Veo felicidad por doquier, de la cual yo estoy irrevocablemente excluido”, exclama el desventurado engendro. Un lamento que nacería del alma de la autora y que haría suyo tantas veces, en sus momentos de soledad. Una frase escondida en algún renglón de los tres tomos que ocupa el Frankenstein original. Un grito que pasa desapercibido pero que resume el sentimiento de abandono de una mujer huérfana desde su nacimiento.

Percy B. Shelley, el marido de Mary Shelley.
Percy B. Shelley, el marido de Mary Shelley.

Su madre, su referente y su obsesión, murió de fiebres puerperales, muy frecuentes entonces debido a la falta de higiene de los médicos de aquel tiempo. Tenía 38 años, una intensa trayectoria como filósofa y escritora y un futuro repleto de expectativas.

De Mary Wollstonecraft madre es una sentencia que resuena en casi todas las reseñas feministas: “No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, deseo que tengan poder sobre sí mismas”.

Lástima que ni ella ni su hija la pusieran en práctica.

Lástima que tantas mujeres, más de 200 años después, sigamos olvidándola.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

Una colaboradora muy especial

OTROS REPORTAJES

Nuria Ruiz García, música inclusiva para un público al que no puede ver

Más allá del insolidario “llévatelos a tu casa”

18 años del 11-S: “aquel día histórico yo estaba allí”

Sintra, regreso al misterio

Mujeres contra el destino

El último telediario

Bomarzo, donde realidad y ficción se confunden

El laberinto de los sombreros

Hoy, debut escénico mundial del refugiado

Cuando quien te guía se convierte en tu amigo

Las Ritas, la solidaridad más humana y gentil del mundo

Mujeres cacereñas, pioneras en España del Movimiento #cuéntalo

Todos podemos ser el doctor Livingstone (supongo)

Una española, entre las primeras baterías del mundo

Refugiados: morir de indiferencia

Destino Mozambique

La mujer macúa, reina por méritos propios