Perdido en la noche (capítulo 4º)

La mujer que se casó consigo misma

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Tras un corto período de desconcierto, dado el trauma que le supuso pedir “calor humano” y que le ofrecieran un edredón, mi amiga ha vuelto al mundillo de las citas por Internet. Ya no en Gleeden, sino en Meetic, portal de encuentros mucho más convencional y menos morboso.

AVENTURAS DE MI AMIGA LA DE LOS AMORES VIRTUALES

“Comprender es perdonar” (Mme. De Staël.  Corinne ou l´Italie).

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Hace poco, después de un contacto previo, unos mensajes de whatsapp y un par de conversaciones telefónicas, mi amiga quedó con un señor de un pueblo, a escasos cincuenta kilómetros, circunstancia que le pareció idónea.

Él vino a verla y ella le llevó a cenar a un acogedor bistró decorado con flores y velas. En estas sonó el teléfono de él, que, muy educado, se disculpó:

– Es mi hijo, el que está en Bruselas. Voy a atenderle

Ella sonrió benevolente. Es lo que nos pasa a los maduritos del siglo XXI. Tenemos a los vástagos haciendo Erasmus o buscándose la vida en el extranjero. En cualquier momento llaman para dar el coñazo.

Mi amiga dio un trago al delicioso vino elegido por ella misma, porque él no tenía ni idea de exquisiteces. Lo paladeó mientras el buen hombre salía a la calle y ella pegaba la hebra con el camarero para amenizar la espera.

Pasaban los minutos y no regresaba. El camarero había desaparecido, reclamado por otros clientes, y mi amiga se había trasegado ya medio litro de Ribera del Duero. De repente se le enciende la pantalla del móvil y vislumbra el nombre de él. Mi amiga se zurró pensando: “Me ha dado carpetazo. No le gusto. Se ha largado antes de que traigan las croquetas de boletus y las morcillas con miel y ahora me despide por teléfono”.

Tentada estuvo de no cogerlo. Siempre es mejor para el ego dejar a que te dejen, pero le pudo la curiosidad y cedió. Oyó su voz temblorosa:

– Me he perdido. He echado a andar mientras platicaba y no sé dónde estoy.

Fue en su búsqueda. Le encontró cuatro calles más abajo.

Se abrazaron emocionados.

Presiento un gran romance. Muero de envidia.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora).

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Cap. 3º.- https://www.propronews.es/abrochense-los-cinturones-capitulo-3o/

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