martes, 27 febrero, 2024
spot_img
InicioEuropaBruselas, la última esperanza de los demócratas españoles

Bruselas, la última esperanza de los demócratas españoles

Viaje al corazón de la Europa libre, legal, unida y solidaria, garantía de la institucionalidad nacional y continental

La Unión Europea vive una difícil etapa marcada por la desafección de algunos miembros después de la traumática salida del Reino Unido, la desestabilización de nuestras democracias instigada desde potencias autoritarias como Rusia, los efectos devastadores de la guerra en Ucrania, el creciente auge de los partidos de ultraderecha, y los problemas territoriales e institucionales promovidos por separatistas nada respetuosos con la legalidad nacional, como los catalanes. Sin embargo, la Unión sigue resistiendo contra viento y marea y sigue constituyendo el ansiado objetivo de otros países, que persisten en su empeño de ingresar en ella, incluida la castigada Ucrania. Desde sus cimientos, con los Tratados de París y de Roma de los años cincuenta del siglo pasado, hasta la actualidad, la Unión no ha dejado de crecer, pasando de la media docena de países fundadores, hasta los 27 de la actualidad, y con otros importantes, como Turquía, en lista de espera. Solo eso ya es un éxito rotundo, como lo es la moneda única y los valores occidentales que son la esencia de la Unión.

Los ciudadanos europeos tenemos mucho que decir en el proceso. Es necesario reinventar Europa y, para eso, todos hemos de conocerla lo mejor posible. En este trabajo proponemos volver a Bruselas, el corazón institucional de la Unión, para impregnarnos de su latido, recuperar las señas de identidad continentales y reconquistar la esperanza y la fe en nosotros mismos y en el futuro. Como europeos, como ciudadanos occidentales libres, y como habitantes de un espacio al que quieren venir ciudadanos de todas las latitudes, especialmente de los pocos países comunistas que aún quedan. Porque si nadie ha visto a ningún occidental huir a Cuba, a Venezuela, a Corea del Norte o a Nicaragua, y sí, en cambio, a la inversa, por algo será. Y porque las instituciones europeas tienen en sus manos corregir el rumbo suicida para el futuro de España de los actuales gobernantes españoles y de los comunistas y los separatistas que los apoyan.

Bruselas.-

A mí Europa me encanta. Bueno, en realidad me gusta el mundo, desde lo más lejano hasta lo más cercano. Pero con Europa tengo una relación muy especial. Me siento europeo desde niño. Probablemente esto se debe a que nací en la frontera entre España y Portugal y a que muy pronto pude ver, verme y vernos, en otro y desde otro país. No es lo mismo pasar tu infancia y juventud en mitad de la meseta durante los años de la dictadura, en los que casi ningún español salía del suelo patrio, que vivir desde pequeño a un tiro de piedra de otro país, y sobre todo de otro país tan acogedor, educado y culto como Portugal. Descubrir, con el abierto asombro de la infancia, que muy cerca de ti viven personas que hablan otro idioma, pisan otro suelo, obedecen otras normas y tienen otra cultura, es una bendición.


La autoamnistía QUE SE PRETENDE deberá ser revocada, EN CUALQUIERA DE SUS FORMAS TRAS EL  FIASCO DE HOY, por las instituciones europeas.


Yo entré a Europa vía Portugal siendo muy pequeño, a pesar de las restricciones de tránsito que había entonces, cuando todo eran trabas para cruzar de un lado a otro y la frontera se cerraba a cal y canto a las doce de la noche. Parece mentira, pero esto sucedía no hace muchos años. Entré en Europa, con ocho o diez años, vía Portugal y entré además doblemente, porque desde Portugal ingresas también, sin salir de él, en el Reino Unido. Portugal es, sin duda, el país más british de Europa. La secular alianza con Inglaterra ha dejado una honda huella en este país, apreciable a simple vista por el visitante.

Grand Place. J.M. PAGADOR
Grand Place. J.M. PAGADOR

EN LA UNIÓN

Cuando España y Portugal ingresaron juntos en la Unión Europea, mi alegría fue inmensa. Se cumplía de la mejor manera posible mi sueño infantil de que ambos países formarían parte de una misma unidad mayor y de que los ciudadanos podríamos circular libremente a través de la frontera, sin restricciones de ningún tipo. Después del ingreso, nuestros dos países continuaron cada uno de ellos con su moneda durante un tiempo. Viajar al país hermano exigía, por tanto, seguir cambiando pesetas por escudos, con los altibajos constantes de las cotizaciones y los problemas que esto causaba, un pasado cercano que las nuevas generaciones no han conocido. Hasta que llegó el euro y se consumó de manera irreversible la unión que nos permite viajar por casi toda Europa sin preocuparnos de esas minucias.


Bruselas acoge a tres de las instituciones europeas más importantes, con mucho que decir en materia territorial.


Ahora, cuando ese sueño se ha consumado, cuando la Unión Europea ha crecido y sigue creciendo, hasta convertirse en una de las zonas más desarrolladas, sólidas, cultas y democráticas del mundo, los problemas derivados de la crisis y de la aplicación también –todo hay que decirlo- de políticas equivocadas, surge un horizonte de incertidumbre, en el que algunos llegan a cuestionarse la supervivencia del euro y de la Unión.

Pues bien, ésta es la hora de los ciudadanos europeos. Es nuestra hora. Tenemos la obligación de volver a valorar el prodigio conseguido –una Europa unida y sin fronteras, vacunada contra la guerra, con una sola moneda y un extraordinario futuro- y de hacer cada uno de nosotros todo lo posible para que los problemas se solucionen, para que la Europa unida se consolide evitando el peligro de la fragmentación y para que el euro termine de convertirse en el sólido apoyo monetario y económico de la zona, que es para lo que nació.

Bulevar Adolphe Max, una de las principales vías de Bruselas. J.M. PAGADOR
Bulevar Adolphe Max, una de las principales vías de Bruselas. J.M. PAGADOR

LA CAPITAL DE EUROPA

Con su millón y cuarto de habitantes, Bruselas no solo es la capital de Bélgica. Podemos considerarla también como la capital de la Europa unida. Desde 1958 es la principal sede institucional y administrativa de la UE. Fue elegida para ello por su posición geográfica central en Europa y por su trayectoria de civilidad y neutralidad.


El Barrio Europeo es una ciudad dentro de la ciudad.


Por eso, esta visita para recargar las pilas europeas de cada uno podemos empezarla por esta ciudad dentro de la ciudad que es el Barrio Europeo. Esta zona fue rediseñada y urbanizada para acoger las instituciones europeas. Se encuentra al este y fuera de lo que podemos considerar el casco histórico de Bruselas, el conocido como “pentágono”, por la forma que le dan en plano los bulevares que lo delimitan.

El Barrio Europeo se abre a espaldas del Parque de Bruselas, al otro lado de la avenida de las Artes, y es tan grande como un tercio del casco histórico. Está delimitado, por la rue du Trône al sur, la rue Stévin al norte y el Parque del Cincuentenario al este. Para recorrerlo y ver todas las cosas interesantes que encierra, se necesita más de un día.

La pujanza de una ciudad en auge. J.M. PAGADOR
La pujanza de una ciudad en auge. J.M. PAGADOR

Podemos empezar por el Parlamento Europeo, un gran edificio en el que predomina el cristal, que se alarga de sur a norte junto a la estación de Luxemburgo, de bello estilo neoclásico aunque muy modernizada. Es un gusto pasear por la gran explanada del Parlamento en día de trabajo y ver pasar por allí a nuestros representantes. Ésta es una de las dos sedes que tiene el Parlamento Europeo, la sede de trabajo, porque la otra, la oficial está en Estrasburgo (Francia). Ahora, la sede de Bruselas tiene un atractivo añadido para el visitante, porque en ella se inauguró en 2011 el Parlamentarium, un museo abierto a los ciudadanos, donde se muestra la historia de la Unión Europea y de su Parlamento. Una visita muy útil para esta recarga de conciencia europea renovada que proponemos en estos tiempos tan difíciles.

Detrás del Parlamento se abre el precioso parque Leopoldo, que podemos atravesar para encontrar otras instituciones europeas que se hallan al norte de los jardines. Pero antes, si nos apetece, podemos visitar, en el extremo sur del parque, el Museo de Ciencias Naturales y el Museo Wiertz. En el segundo descubriremos los excesos plásticos de un controvertido artista romántico belga, Antoine Wiertz, cuyas esculturas y pinturas, algunas, monumentales, nos sorprenderán.

Plaza Albertina. J.M. PAGADOR
Plaza Albertina. J.M. PAGADOR

SCHUMAN

Siguiendo nuestro recorrido dejamos atrás el parque Leopoldo y cruzamos la Rue Belliard. Al otro lado nos encontramos con el complejo de edificios del Consejo de Ministros de la Unión. La sede del Consejo ocupa varias manzanas que se extienden hasta la Rue de la Loi. Al otro lado de esta calle se alza la sede de la Comisión Europea, el más singular de los edificios comunitarios de Bruselas, junto con el del Parlamento.

El Consejo acoge la representación de los gobiernos nacionales de los países miembros, mediante la presencia de los ministros nacionales de las correspondientes áreas, y comparte con el Parlamento funciones legislativas y presupuestarias.


La plaza Robert Schuman condensa la esencia del europeísmo.


Aquí podemos detenernos en la plaza Robert Schuman, que lleva el nombre del gran político francés, considerado uno de los padres de la Unión Europea. Él fue el primero que propuso, en 1950, crear una comunidad europea, iniciativa que dio lugar a la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, precedente primero de la actual Unión.

A esta plaza se abre también la sede de la Comisión Europea, cuya planta tiene la forma de una estrella de cuatro puntas. Este edificio, llamado también Berlaymont –nombre de un convento de monjas existente antiguamente aquí- acoge a la institución que representa el poder ejecutivo, es decir, el gobierno de la Unión. A la Comisión corresponde la iniciativa legislativa, vigila el cumplimiento de los tratados y vela por su cumplimiento y por el del Derecho de la Unión. De esta institución han sido líderes algunos destacados políticos peninsulares, como el portugués José Manuel Durâo Barroso, que fue su presidente, el español Joaquín Almunia que fue vicepresidente y Comisario Europeo de Competencia, y, en la actualidad, Josep Borrell, Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad.

En días laborales, el Barrio Europeo y los alrededores de las instituciones europeas son un continuo trajín de actividad y bullicio. Pero los domingos y festivos esta zona se convierte en ideal para pasear y descubrir la ciudad moderna.

Animado ambiente nocturno en las calles del centro urbano. J.M. PAGADOR
Animado ambiente nocturno en las calles del centro urbano. J.M. PAGADOR

LA BRUSELAS MODERNA

La Bruselas cosmopolita y moderna tiene su máxima expresión no solo en el Barrio Europeo, que acabamos de dejar atrás, sino también en el distrito financiero y residencial que se extiende al norte del “pentágono”, al otro lado del Bulevar d´Anvers y del Bulevar del Jardín Botánico. La zona está integrada por numerosos rascacielos en los que predominan el acero y el cristal, cuyas fachadas componen bellos mosaicos de reflejos con la cambiante meteorología de Bruselas, donde, como se sabe, hay que llevar siempre paraguas y chubasquero, porque el Mar del Norte suele obsequiarnos, en una cadencia sorprendentemente regular, con chubascos repentinos seguidos de claros que dejan ver el sol, antes del siguiente chaparrón.


La delicia de un paseo en barco por el canal de Bruselas.


El distrito financiero se articula en torno a la preciosa Estación del Norte, de líneas rectas y racionalistas. Precisamente otro recorrido que proponemos es el de las estaciones ferroviarias de la ciudad, que tiene tres más, como gran nudo de comunicaciones terrestres que es en el corazón de Europa. Visitar las estaciones Central, o la del Midi, o la de Luxemburgo, además de la del Norte, es comprobar la marea multiétnica que se mueve a todas horas en esta acogedora ciudad, donde la tolerancia y la convivencia son norma de vida.

La Bruselas modernista. J.M. PAGADOR
La Bruselas modernista. J.M. PAGADOR

Por el Bulevar d´Anvers hacia el este, llegamos al Canal de Bruselas, que cruza la ciudad por el lado oeste del “pentágono”. El paseo del canal es muy bello, tanto en una orilla como en la otra. Aquí se descubre una Bruselas sorprendente y llena de vida, algunos de cuyos edificios evocan la pasión por la mar. Por el canal se pueden realizar cruceros de unas horas, con salida en Quai Beco, en la avenida del Puerto, El trayecto más largo es entre Vilvoorde y Grimbergen.

El Atomium, marca de identidad de la ciudad. J.M. PAGADOR
El Atomium, marca de identidad de la ciudad. J.M. PAGADOR

EL ATOMIUM

En Bruselas no podemos dejar de visitar el Atomium, que desde su construcción se ha convertido en el símbolo de la ciudad, como la Torre Eiffel es el de París. Situado en el parque Heysel, al noroeste del casco histórico, el Atomium se construyó como el emblema de la Expo de Bruselas de 1958. Es una construcción de acero y aluminio de 102 metros de altura, que representa la estructura atómica de un cristal de hierro aumentado 165.000 millones de veces. El Atomium se concibió para ser retirado al término de la exposición, como la torre Eiffel, pero, como en este caso, se convirtió enseguida en seña de identidad de la ciudad. Esto, unido al inmediato y masivo favor del público, evitó, como en el caso de la célebre torre, su desmantelamiento y garantizó su exitosa supervivencia.


Las cuatro estaciones ferroviarias de la ciudad dan fe de su vocación multiétnica.


Es buen momento para visitar el Atomium después de la profunda restauración y limpieza que se le realizó para conmemorar el cincuentenario de la Expo, en 2008. Ahora sigue luciendo todavía, mientras la polución y los agentes atmosféricos lo permitan, brillante y limpio, como recién construido. La instalación de un ascensor, que lleva desde la base hasta la esfera más alta, permite subir a la coronación sin tener que utilizar las escaleras mecánicas que unen unas esferas con otras.

La estructura se compone de nueve esferas de acero de 18 metros de diámetro. En su interior hay bar, tiendas, exposiciones y otros atractivos, pero tal vez el principal interés radica en la sensación que da, cuando se está dentro de las esferas o cuando se recorren los brazos, de encontrarse uno en el interior de una nave espacial.

Atomium. J.M. PAGADOR
Atomium. J.M. PAGADOR

Por los alrededores del Atomium es frecuente ver coches antiguos, tanto estacionados como paseando, vehículos propiedad de coleccionistas y de nostálgicos. En torno a él se despliegan otros atractivos numerosos, como el cine monumental Kinepolis, el parque Minieuropa, con reproducciones en miniatura de numerosos edificios y monumentos de todo el continente, el pequeño parque de atracciones anejo, con numerosos restaurantes de todo tipo, y los preciosos jardines.

Adolphe Max, buen alcalde de Bruselas, dejó huella en la ciudad. J.M. PAGADOR
Adolphe Max, buen alcalde de Bruselas, dejó huella en la ciudad. J.M. PAGADOR

Aquí se levanta, sobre un estanque, el monumento dedicado por la ciudad a quien fue su alcalde durante treinta y años y héroe de la resistencia contra los alemanes durante la I Guerra Mundial, Adolphe Max. No hay duda de que el señor Max debió de ser un buen alcalde, por la devoción con que lo recuerdan los bruselenses, que también le han dado su nombre a una de las principales avenidas de la ciudad. A él se deben además obras tan bellas como el Real Museo de Bellas Artes de Bélgica, o el parque Heysel, donde después se celebrarían las exposiciones internacionales de 1935 y 1958.

Plaza de España y monumento a Cervantes. J.M. PAGADOR
Plaza de España y monumento a Cervantes. J.M. PAGADOR

ESPAÑA EN BRUSELAS

La historia de Bélgica y de España han corrido parejas en diversas épocas del pasado. Lo más reciente fue el reinado de la española Fabiola, que fue reina del país y cuya memoria los belgas respetan y quieren. Fabiola sigue teniendo aquí título y tratamiento como Su Majestad la Reina Fabiola de Bélgica.

Son muchos los españoles que viven en Bruselas. Por eso no es infrecuente ver la bandera de España en alguna ventana o en algún balcón, o la pegatina con los colores españoles en algunos automóviles. Asimismo, no lejos de la catedral de San Miguel y Santa Gúdula –en cuya explanada se levanta un pequeño monumento al muy católico rey Balduino, el marido de Fabiola-, se encuentra la espaciosa plaza de España, presidida por un gran monumento a Don Quijote y Sancho a lomos de sus respectivas monturas. Esta plaza se llamó antes Marsupilami, en honor del célebre personaje de cómic creado por André Franquin. En ella, los personajes cervantinos comparten espacio con un circunspecto Béla Bartók –el gran etnomúsico húngaro- también de bronce, todo lo cual dice mucho de la capacidad de integración y de multiculturalidad armoniosa de esta ciudad.


La plaza de España homenajea a Cervantes y a lo español.


Podemos encontrar más vestigios de España en el simpático establecimiento “Los Churros”, en el número 4 de la céntrica calle Tabora, en los bajos comerciales que rodean la iglesia de San Nicolás, a un paso de la Grande Place. “Los Churros”, con los colores de España por delante, es una empresa muy popular y conocida en Bruselas y alrededores, por donde se mueven, por ferias y eventos públicos, media docena de churrerías ambulantes y una caseta dedicada a tapas pertenecientes todas ellas a la empresa. En la ciudad, todos los domingos, “Los Churros” instala también su puesto ambulante cerca de la estación du Midi. Precisamente en esta zona llena de inmigrantes, en los aledaños de la avenida de Stalingrado, la plaza de la Constitución y el bulevar Europa, podemos encontrar también un popular Economato Español.

Una empresa muy popular en Bruselas de evidente sabor español. J.M. PAGADOR
Una empresa muy popular en Bruselas de evidente sabor español. J.M. PAGADOR

Ha sido Bruselas siempre ciudad de acogida. Tal vez en ninguna otra hubiesen enraizado mejor las instituciones europeas, precisamente por esa capacidad de integración y de generosidad. Volver a Bruselas es siempre un placer. Y volver ahora, para recargar las pilas comunitarias de los ciudadanos, para interiorizar la necesidad que tiene la Unión de la acción solidaria de cada uno de nosotros y para contribuir a su consolidación y futuro, es un deber. Por lo demás, nunca un deber fue más amable y placentero que éste.

Entretanto, millones de españoles esperamos que Bruselas reconduzca la deriva fragmentaria de la unidad nacional causada por la acción subversiva de la minoría separatista catalana y vasca y, sobre todo, por las concesiones de Pedro Sánchez a los políticos catalanes que atentaron contra la legalidad constitucional de nuestro país. La última esperanza de una gran mayoría de españoles, que tememos las nuevas concesiones que para mantenerse en el poder hará Sánchez a Puigdemont tras el fiasco de hoy en el Congreso de los Diputados, está puesta en Bruselas.

(José María Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son AbeceImagindario (fotolibro, Fundación Caja Badajoz), Lencero, el hombre que no se encontró a sí mismo (biografía, Fundación Caja Badajoz), y Susana Leroy (novela, Fundación José Manuel Lara/Grupo Planeta).

SOBRE EL AUTOR

José María Pagador Otero

OTROS REPORTAJES

Cenando en el cielo de Malta
Una semana en Beijing, la próxima capital del mundo
Portugalete: 17º Homenaje a la Cuchara, (que bien se lo merece)
Mezquitas monumentales de Europa
Viaje por las mezquitas del mundo: de El Aaiún a Casablanca, pasando por Jerusalén
El más llamativo de los yates rusos y otras confiscaciones de guerra
Un periodista en el Elcano 500 años después
El “Azzam”, propiedad del “hermano” de Juan Carlos I, sigue en Cádiz
2020, el año que se paró el Guadalquivir
La otra historia del yate Azor: Franco, Felipe y el funcionario represaliado
La jaula de oro de Juan Carlos I
Omán, luto y megayates
La “Aurora” de la revolución
Sevilla, cuna, inventora y sede de la globalidad
Última visión de la Ventana Azul
Un año del cierre del “mercado de los bichos” de Pekín

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Últimas Noticias