domingo, 16 junio, 2024
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Javier Cacho, el señor de la Antártida

Entrevista con uno de los principales científicos y exploradores españoles de hoy

Después de una dilatada vida profesional como científico y explorador llena de hitos, como haber sido el jefe de la base española en la Antártida, y de importantes premios, como el de la Sociedad Geográfica Española, Javier Cacho, uno de los principales investigadores españoles de hoy y una autoridad en su campo, ahora, recién jubilado, emprende una nueva aventura. Actualmente prepara la “III Travesía, Ártico la vida al límite”, adentrándose con un grupo de viajeros por los fiordos noruegos en un buque de vela histórico, llevando a grupos a recorrer zonas lejanas, a ver auroras boreales y a disfrutar del silencio y de la convivencia. “Lo haré -dice- mientras el cuerpo aguante”.

Cáceres, Madrid.-

Me cuesta encontrar un hueco en la completísima agenda de Javier Cacho para que se deje entrevistar. Aquello de que “donde hay confianza, etc.” se cumple a la perfección cuando eres periodista y tienes un amigo famoso como lo es Javier Cacho, el único español vivo con una isla bautizada en su honor y con su nombre, Cacho Island, situada en las islas Shetland del Sur.

Javier Cacho es físico, científico, escritor, aventurero, explorador. En los años 80 realizó investigaciones sobre la capa de ozono. Fue miembro de la Primera Expedición Científica Española a la Antártida. Colaborador de la Comisión Interministerial de Ciencia y Tecnología en el programa antártico español y delegado en el Scientific Committe on Antartic Research. Ha participado en varias campañas de investigación como jefe de la base antártica española. Ha sido director de la Unidad de Cultura Científica del INTA (Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial). Y muchas más cosas, pero aquí lo dejo, porque si sigo no me quedará espacio para la entrevista; aunque, añado que es, sobre todo, una gran persona, con un punto de humildad que me admira vistos su trayectoria y su encanto como conferenciante y divulgador.


Javier Cacho es físico, investigador, escritor y aventurero. En los años 80 realizó las primeras investigaciones sobre la capa de ozono y fue miembro de la Primera Expedición Científica Española a la Antártida.


Acaba de recibir el premio de la Sociedad Geográfica Española y bromea con el titular que voy a ponerle a esta entrevista después de leer la de Emma Martínez López, salvadora de océanos en PROPRONews.

Y la mía ¿cómo la vas a titular? ¿El salvador de pingüinos? ¿El apóstol del ozono? ¿El profeta de los hielos? ¿El explorador que se perdió en su nevera?

Todos me valen, le digo, completamente convencida, y no me sorprendo cuando, por fin quedamos, y me pide diez minutos más de espera, porque tiene que fregar los platos, así que me envaino la primera pregunta que tenía preparada y le suelto:

Un extraordinario científico y explorador, y una gran persona.
Un extraordinario científico y explorador, y una gran persona.

BASE ANTÁRTICA

PREGUNTA.- No me imagino a todo un señor científico y explorador fregando los platos.

RESPUESTA.- Pues te equivocas, contesta, los exploradores se pasan la vida fregando platos y haciendo camas. En las bases de la Antártida se hace de todo, aunque ahora menos, porque las instalaciones son mejores y eso permite que haya personas fijas. En la base española, de la que fui jefe, tenemos hasta ayudante de cocina y personas que se encargan de tener la intendencia a punto, pero antes lo hacíamos nosotros, y a mí me gustaba más, nos turnábamos como en un piso de estudiantes y el día que tocaba, el científico de turno la hacía todo. Ahora en vez de quince personas las bases son de treinta y se ha decidido que los científicos no pierdan el tiempo en hacer la comida … o que no martiricen a sus compañeros, porque los hay que no saben hacer nada -ríe Javier-, pues había veces que la comida era un desastre, porque no es lo mismo cocinar en casa para la familia, con los productos que tienes a mano en el supermercado, que en una base, entre hielos e incomunicados, donde hay que apañarse y no comerse los solomillos los primeros días.


“La naturaleza es muy generosa y, por desgracia, todavía nos quedan cosas por depredar, antes de que se canse del todo.”


Él vuelve a reír. Si algo define a Javier es su buen humor y el tomarse su fantástica vida como algo normal y corriente.

En eso sigue igual que cuando le conocí en Madrid. Yo entonces estudiaba periodismo y él trabajaba ya en el INTA. Treinta años después, perdida la pista y vueltos a reencontrarnos gracias a Facebook, con una servidora reconvertida en periodista de provincias y él por esos mundos.

P.- ¿Cómo se llega a este punto que tú has alcanzado?

R.- Yo trabajaba en la Comisión Nacional de Investigación del Espacio y ¿cómo?, pues trabajando mucho, dando mucho, a veces pienso que demasiado; las instituciones suelen ser unos monstruos que se comen todos los sacrificios de sus trabajadores, sobre todo las administraciones públicas. Pero yo he conseguido de alguna manera hacer lo que quería, primero, estudiando el ozono, después, cuando se produjo la destrucción de ozono en la Antártida, se estaba organizando, la primera expedición científica española a la Antártida y yo conseguí casi de rebote que me admitiesen en ella. Eso cambió mi trayectoria, porque ya no solo iba a estudiar el agujero de ozono, me enamoré de aquel paraje y mi vida fue derivando en ese sentido, primero, como científico, después, colaborando con el programa antártico español, después, en tres campañas, como jefe de la base antártica española, y luego, por pura curiosidad y deleite, empecé a estudiar a los exploradores polares y me volví a enamorar, sobre todo por ese espíritu suyo de compañerismo, esa forma de establecer un objetivo y luchar denodadamente por alcanzarlo, en algún caso hasta morir en el intento. A mí me resultaban muy interesantes sus vidas y comencé a escribir sobre ellos.

Cocinando en la Base.
Cocinando en la Base.

HISTORIAS APASIONANTES

Y escribe que es un gustazo. Doy fe, porque Javier consigue algo más que ahondar en sus biografías; humaniza a esos seres casi sobrenaturales, auténticos héroes que, a través de su visión, resultan ser así, pero también muy humanos, con sus contradicciones y sus fallos.

P.- Haber estado en la Antártida hace que tus libros se acerquen a lo que incluso pensaban los protagonistas.

R.- Y me atrevo a escribirlo y luego sigo investigando, y resulta que mi intuición era cierta; trato de meterme en su piel, incluso con los desvaríos mujeriegos de uno de mis personajes favoritos, Nansen. Es verdad, los hago humanos, no oculto cómo son, con sus luces y sus sombras, cómo las de cualquier mortal.

P.- Igual que en tus conferencias.

R.- Con las conferencias me pasa lo que con la escritura, me salen solas, y parece ser que lo hago bien -otra vez su risa, con ese punto de humildad que le humaniza también a él-. Escucho piropos, me dicen eres un conferenciante magnético y me sorprendo porque yo soy muy crítico conmigo mismo. Cuando va a salir un libro estoy aterrorizado, y con las conferencias me pasa igual; siempre, antes de ir, me digo, pero para que me habré comprometido; porque soy de los que dicen sí a todo. Un rato antes de empezar lo paso fatal, aunque luego me alegro mucho, porque disfruto, sobre todo cuando me dirijo a niños, pero siempre me queda la sensación de que me dejé algo en el tintero.

Lo cierto es que se pueden encontrar conferencias suyas en YouTube (“Lo que podemos aprender de los exploradores polares”). Y vista una querrás verlas todas, saber más de los lugares que ha visitado Javier, comprender que a la naturaleza hay que cuidarla y quererla. Hace poco decía en una entrevista que la naturaleza nos va a dar una colleja.

P.- Puntualizo que una colleja me parece poco, que nos está dando hostias.

R.- Lo que pasa es que la naturaleza es muy generosa y, por desgracia, todavía nos quedan cosas por depredar, antes de que se canse del todo.

Con los perros de trineo.
Con los perros de trineo.

IMPORTANTES PREMIOS

P.- De los premios que has recibido, ¿cuál es el que más te ha emocionado?

R.- Todos, que no han sido tantos -dice, y vuelve a reír-. El que más ilusión me ha hecho, quizá, es este de la Sociedad Geográfica, porque se produce en un entorno de viajeros, de científicos, de exploradores, que es el mundo en el que me gusta moverme. Y me gustó también porque me permitió agradecer a Chus, mi mujer, su esfuerzo, su compañerismo y su valía profesional. Y hablar de ella es hacer un elogio a todas las mujeres de los exploradores.

P.- Por cierto, uno de los próximos libros de Javier va sobre las exploradoras que hubo. R.- Exploradoras no ha habido muchas, pero en el campo científico, desde hace años, hay tantas mujeres como hombres o más, y en la Antártida en 1997, cuando yo era jefe de la base, estábamos a la par, y tengo que decir que se eligieron los mejores, sin discriminación positiva.

P.- ¿Para qué sirve un viaje a la Antártida o una investigación de este tipo, cuando ese terreno parece ya suficientemente explorado?

R.- Muchas veces es solo por el conocimiento por el conocimiento, saber cómo funciona la naturaleza; unas investigaciones son inmediatas y otras a lo mejor sirven dentro de cincuenta años. Por ejemplo, cuando se empezó a medir el ozono en la Antártida en 1956, eso no servía para nada, era conocimiento en estado puro. Y de repente, sobre los años 80, empezó a aparecer el agujero, así que, si no se hubiese estado midiendo veinte años antes, no lo habríamos descubierto, o lo habríamos descubierto cuando las repercusiones hubiesen sido tan tremendas que no se habrían podido parar. Es decir, hay conocimientos evidentemente prácticos y otros remotos. A mí me gusta mucho la experimentación tecnológica. Si tu pones aerogeneradores para producir electricidad para la base, eso te puede llevar a crear luego buenos aerogenerador para refugios de montaña o casas, o por ejemplo, descubrimientos sobre la vida. Hay un pez que llaman el pez hielo, que ha creado una especie de células anticongelantes en su propia sangre para que no se le congele, y eso está sirviendo para desarrollar medicamentos que permitan mejorar la circulación en seres humanos. Igualmente, los estados en perforaciones que se hacen en el hielo, permiten saber la temperatura a través de los siglos y eso a su vez permite saber si el calentamiento de ahora tuvo lugar en el pasado, ponerlo en contexto. Las investigaciones siempre tienen resultados, unos a corto plazo y otras no tanto, pero siempre sirven.

Javier Cacho es un gran divulgador de la ciencia.
Javier Cacho es un gran divulgador de la ciencia.

EXPLORADORAS, LA OTRA VISIÓN DEL MUNDO

P.- Y de nuevos libros, ¿qué me dices?

R.- Tengo dos entre manos. Uno te gustará, pero primero te cuento sobre el que menos te interesará .Va sobre exploradores antárticos olvidados, porque están los tres famosos, Amundsen, Shackleton y Scott, y esos han ocultado al resto, que los hubo e hicieron un papel muy importante contribuyendo a la exploración, a la ciencia, a la geografía. De esos hay una docena por lo menos, con historias muy bonitas, por ejemplo la de un japonés, un tío normal y corriente, de un país que en la vida había pensado en eso, y lo consiguió Y luego tengo otro, que te va a encantar, sobre mujeres exploradoras polares, de las que ha habido más de las que se piensa; bueno es que en realidad se piensa que no ha habido ninguna, pero sí y algunas, muy sugerentes y motivadoras.

P.- ¿Por ejemplo?

R.- Por ejemplo, Ada Blackjack. Es la antihéroe. Aparece en el Ártico, y es prácticamente abandonada, y sin embargo aprende todo con un tesón impresionante; se queda sola, porque el resto de la expedición se van a pedir ayuda y ella se queda con un compañero que estaba enfermo y tiene que aprender a cazar para subsistir, cuando hasta ese momento le asustaba el ruido de un rifle, y consigue hacerlo con éxito; y como el rifle pesaba y ella era pequeñita, incluso inventa un sistema para sostenerlo.

P.- ¡Qué historia tan interesante y bonita!

R.- Me gustan estas mujeres porque dan una visión distinta de las expediciones; la del hombre recalca la dureza, el sacrificio, las penalidades, el valor… Y de repente aparece Josephine Peary, esposa de Robert Peary, y decía… “¡qué tiempo tan bonito!”, o … “¡las auroras, qué maravilla!”, o… “¡qué bien lo pasamos!” Sus historias hablan de la armonía y el esplendor de la naturaleza. La suya es una visión más humana, nada fingida, al contrario a como a veces pasaba con ellos, contando que lo hacían por la patria y tal… Para su marido todo eran penalidades y, en cambio, ella disfrutaba. Pero no veas cómo la pusieron en la época por irse con cinco hombres. Se fue embarazada, sabiendo que iba a dar a luz en la noche polar, pero dijo “si las inuit lo hacen, por qué yo no”. Esta visión femenina me parece muy interesante, porque ellas ven lo que ellos no ven”.

Su última aventura, tras su jubilación.
Su última aventura, tras su jubilación.

ÁRTICO, LA VIDA AL LÍMITE

P.- Te has jubilado hace poco, adelantando la fecha porque tienes un programa por delante que necesita tiempo.

R.- Me gusta contar. Siempre he sido un divulgador. Leo un libro y ya estoy deseando contarlo”.

Y le gusta que los demás aprecien lo que él aprecia.

P.- Ahora estás preparando la “III Travesía, Ártico la vida al límite”, adentrándote con un grupo de viajeros por los fiordos noruegos en un buque de vela histórico.

R.- Llevo a grupos a recorrer zonas lejanas, a ver auroras boreales, y me encanta pasar esos días y contarles historias para que disfruten del silencio o de la convivencia. Lo haré mientras el cuerpo aguante. Es un viaje tranquilo. La única limitación es que hay que subir por las escaleras de la goleta, que no son las del Titanic; tampoco habrá orquesta y prometemos que no nos vamos a hundir”.

P.- Será, sí, un viaje espectacular, compartiendo vivencias contigo y con un oceanógrafo.

R.- Será un viaje cómodo. No te mareas, porque no es altamar, y eso es bueno para mí; porque yo, cuando voy a la Antártida paso un par de días fatal.

P.- Ahora la que se ríe soy yo, esto es de traca y hay que añadirlo a los posibles titulares, “El explorador polar que se marea en barco”.

R.- Claro, claro, es que hay cosas que no se saben, el mismísimo Nansen, mi ídolo de las expediciones polares, se mareaba en las expediciones, y yo, desde que me enteré me sentí muy bien, si a él le pasa, ¿por qué no a mí?

Un horizonte helado ante un hombre cálido y aventurero.
Un horizonte helado ante un hombre cálido y aventurero.

P.- ¿Cómo reaccionaste al saber que esa isla remota iba a llevar tu nombre?

R.- No podía creérmelo. Al principio pensé que era una broma, pero no lo era. Fue un momento muy especial que, incluso ahora, me cuesta describirlo. En primer lugar, porque la propuesta había partido del Instituto Polar Búlgaro, con el que me unen largos años de relaciones profesionales y de amistad. Después, porque un pedacito de la Antártida iba a llevar mi nombre por los siglos de los siglos. Para mí, que he estudiado a los grandes exploradores polares y sé que todos han dejado su nombre en algún accidente geográfico de allí, pues fue como… sentirme uno de ellos.

Y es que lo es.

(NOTA: Las imágenes que ilustran esta entrevista han sido gentilmente cedidas por el entrevistado).

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

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