lunes, 15 abril, 2024
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Llamadme zorra…

…y, hoy por hoy, le meto una hostia a quien se atreva

De aquí a mil años (calculo, tal y como van los avances realmente feministas), cuando la palabra zorra signifique lista y audaz (Cadiwoman, chirigota gaditana dixit), la aceptaré como piropo. Mientras tanto, que no me cuenten que una hortera canción que repite “zorra” una y otra vez, de un cada vez más hortera y alejado de los derechos humanos (Israel participa pese a las peticiones de veto), Festival de Eurovisión, (para más inri, coreografiada por dos señores en corsé de prostíbulo del IXX, enseñando y moviendo el culo), es un himno feminista, porque no me da suficiente ancho de banda para codificarlo. Así que llamadme zorra y le meto una hostia a quien se atreva.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

A estas alturas todo está requetedicho sobre la performance que nos representará, no me siento capaz de añadir nada nuevo o interesante, pero aprovechando la coyuntura, pienso en la cantidad de música que machaca a las mujeres y que a veces, demasiadas, ha pasado por empoderante, antes incluso de que existiera la palabra. Voy a escribir, pues, sobre este drama del que tan poco se habla.

La lista de canciones machistas es inmensa y así, a voleo, elijo unas cuantas, porque si las pongo todas no tengo PROPRONews suficiente ni para empezar.

Joan Báez y la canción machista. RTVE
Joan Báez y la canción machista. RTVE

INCONTABLES CANCIONES MACHISTAS

La primera en la frente, Joan Báez y su famosísimo Preso número 9:

Y antes del amanecer
la vida le han de quitar,
porque mató a su mujer
y a un amigo desleal.
Dice, así, al confesar,
los maté, sí señor.
Y si vuelvo a nacer,
yo los vuelvo a matar.
Padre no me arrepiento
ni me da miedo la eternidad.
Yo sé que allá en el cielo
el ser supremo nos juzgará.
Voy a seguir sus pasos,
voy a buscarlos al más allá.
Ay, ya, ay…

Ay, eso digo yo, al recordar que esta canción fue la única que aprendí a maltocar con la guitarra.


Son canciones tan crueles como un descorazonador de manzanas, y nosotras bailando al son.


Los Ronaldos, tan monos y tan graciosos, cantaban este despropósito en el año 87:

Tendría que besarte,
desnudarte,
pegarte
y luego violarte.
Hasta que digas sí. Hasta que digas sí.
Hasta que digas sí, sí, sí. Hasta que digas sí.

Nada más tierno que una buena paliza para convencer.

Guns N’roses, en la misma onda. RTVE
Guns N’roses, en la misma onda. RTVE

Otra “canción” que se las trae, la de una de las bandas más célebres del rock, Guns N’roses. En ella, el grupo disculpa claramente el asesinato como castigo para la mujer, una mujer que incluso después de muerta sigue siendo una pesada:

Solía amarla, pero tuve que matarla,
tuve que enterrarla seis pies bajo tierra
y aún puedo oír cómo se queja.

Cambiamos de tercio. Ésta que interpreta el empalagoso de Luis Miguel es un claro ejemplo de cómo el machismo puro y duro se envuelve en romántica dulzura:

Te vas porque yo quiero que te vayas.
A la hora que yo quiera te detengo.
Yo sé que mi cariño te hace falta,
Porque, quieras o no, yo soy tu dueño.

Y aquella tantas veces bailada en verbenas, en la versión de Los Chichos:

El cristal cuando se empaña
se limpia y vuelve a brillar,
la honra de una mocita
se mancha y no brilla más,
se mancha y no brilla más
cuando un hombre se la quita,
ni más ni menos, ni más ni menos.

Cecilia tampoco se libró de hacer canción machista. RTVE
Cecilia tampoco se libró de hacer canción machista. RTVE

Tampoco salva ni Cecilia, qué con su Ramito de violetas, compuso una oda al marido que era el mismo demonio, pero que regalaba flores por primavera y ya va disculpado

También las canciones populares reflejan la misoginia social. Recuerdo, de joven, haber cantado a grito pelado en reuniones de amigos aquella de

a mí me gusta el pipipiribipipí
y la bota empinar,

que, además de ser un alegato al alcoholismo, decía en otra de sus estrofas.

Todos los borrachos van a la taberna,
se beben el vino, se gastan las perras,
luego van a casa con una merluza
y todo lo paga la pobre Maruja.

¡Y si hasta mi adorado Luis Eduardo Aute, tan yernecible él, nos arrullaba con su voz mientras le proponía a un amigo quitarle la novia!:

Una de dos.
o me llevo a esa mujer,
o te la cambio por dos de veinte…
si puede ser.

Por cierto, me cuentan que en origen la cambiaba por dos de quince, pero tuvo a bien cambiar, además, la edad, no sé ya, llamadme desconfiada, si porque le pareció un poco pederasta o porque rimaba mejor.

Resumiendo, canciones tan crueles como un descorazonador de manzanas, y nosotras bailando al son, aunque al menos no le reíamos la gracia a los mozos del corsé y los tacones.

Ah, y del reggaeton no digo nada, porque estoy a un zeptosegundo de echarme a llorar.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

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Llamadme vaga…
Llamadme lo que os dé la gana…
Llamadme cabreada…

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