Fuli García, el descubrimiento de un gran artista

El arte como creación personal no es patrimonio exclusivo de quienes forman parte de lo que para muchos es una profesión más o menos cerrada, sino que debe ser considerado como un acervo y una capacidad común a todos los seres humanos, pues puede decirse que en el interior de todos nosotros existe ese proyecto de llama creativa que puede inducir a interpretar el mundo y las ideas desde un punto de vista estético y a plasmar eso plásticamente. Es decir, además de los artistas llamados y reconocidos así por los demás, hay millones de seres humanos que tienen dentro de sí ese germen y, entre ellos, existen quienes se atreven a dar el paso de materializarlo. Uno de ellos, desconocido todavía hoy y que nuestro periódico tiene el honor de presentar públicamente, es Fuli García, un enorme artista digital que, a pesar de su madurez humana y creativa, solo acaba de empezar.

El Reino Unido, en una encrucijada histórica

Ante las elecciones de pasado mañana en Reino Unido, nada más elocuente y exacto que este parlamento de “Enrique IV”: “Cuando tenemos la intención de construir, examinamos primero el emplazamiento, después dibujamos el plano; y cuando vemos la forma de la casa, entonces calculamos el coste de la erección. Y si encontramos que excede de nuestros recursos, ¿Que hacemos entonces? Reanudamos nuestro proyecto sobre un plano menos amplio o renunciamos por completo a construir. Mucho más es necesario todavía en esta gran empresa, que consiste en desarraigar un reino para elevar otro, estudiar nuestro terreno y nuestro plano. Nos es preciso partir de una base segura, consultar a los expertos, hacer la cuenta de nuestros propios recursos para saber si la acción en la que nos empeñamos podrá mantenerse contra la acción opuesta; de otro modo, es formar las tropas sobre el papel y en cifras y emplear la palabra hombres, en vez de realidad de hombres. Nos asemejaríamos al que dibuja el plano de una casa sin recursos para construirla, y que, abandonándola a medio hacer, deja la parte que ha levantado con grandes gastos como una esclava desnuda destinada a recibir los llantos de las nubes, como una presa condenada a soportar la tiranía del riguroso invierno”. Segunda parte de “Enrique IV”, Acto I, Escena III, William Shakespeare.

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