Infierno y paraíso (en el centenario de Manuel Pacheco)

En los albores del año 1983, el Instituto Pasteur de París localizó el virus causante del Sida. Justamente en ese tiempo, y acaso por la cercanía del síndrome, un grupo musical recién constituido aseguraba a ritmo de rock: “Las ratas corren por la penumbra del callejón”, ese callejón en el que el mundo conocido había empezado a acobardarse, a reducir sus expectativas de futuro. Fue el comienzo de un larguísimo periodo de dificultades para la raza humana. Golpes Bajos, que ese es el nombre del grupo, supo de la desgracia y la cantó: “Malos tiempos para la lírica”. Lo eran. Han transcurrido cerca de 38 años y los tiempos siguen siendo malos, incluso peores que entonces. ¿Cómo en semejante estado se puede hablar de poesía? Hace más de un cuarto de siglo, cuando se destapó la caja de los truenos y surgieron los virus que nos siguen y persiguen hasta hoy, mutación tras mutación, nuestro pequeño mundo parecía incluso inocente y bien pensado si lo comparamos con el que existe ahora. Nada resta de entonces, salvo las plagas que nos han acosado cíclicamente. Los tiempos son malos, rematadamente malos para la lírica. A pesar de ello, unos cuantos excéntricos hemos optado por hablar, por escribir sobre la poesía. Mejor aún, sobre un poeta. Agrupados en torno al profesor e historiador Moisés Cayetano Rosado, hemos participado en la ejecución de un libro sobre Manuel Pacheco (1920-1998), en el ‘Centenario de un poeta extremeño universal’, que así lo advierte su título. Mi contribución la he titulado ‘Infierno y paraíso’, que así entiendo yo que fue la vida de Pacheco, a quien tanto cariño tuve durante más de un cuarto de siglo.

Las preguntas y denuncias del cura de Conil que escuecen al...

El padre Rafael Vez Palomino, expárroco de Conil de la Frontera, privado de todos sus cargos y hasta de su condición de sacerdote por el obispo de Cádiz y Ceuta, Rafael Zornoza Boy, es una de las voces más sobresalientes entre las muchas que en la diócesis critican la deriva “empresarial” del obispado. Sin mediar juicio ni eclesiástico ni civil, el cura ha sufrido ya el peor de los castigos que puede padecer un sacerdote en ejercicio, cruelmente infligido por Zornoza, que actúa sin ningún escrúpulo como juez y parte. Sin embargo, el obispo nunca ha respondido a las preguntas que el cura ha formulado públicamente a través de su perfil de Facebook, ni ha aclarado cuestiones más o menos oscuras que Rafael Vez ha sacado a relucir. En esta información reproducimos algunas de las preguntas y denuncias públicas formuladas por el expárroco castigado.

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