Cuatro gatos están decidiendo el destino de 47 millones de españoles...

Nunca una negociación de gobierno fue más negativa ni humillante para el partido más votado en unas elecciones ni para un país. Tras el previsible batacazo del 10N que ni él ni su gurú Iván Redondo no solo no previeron, sino que, confiando en una imposible remontada, se embarcaron en la catastrófica y carísima aventura de unas nuevas elecciones, Pedro Sánchez -y, lo que es peor, los casi 47 millones de ciudadanos y ciudadanas de este país- ha (hemos) quedado en manos de cuatro gatos: los militantes de ERC -exactamente 5.669- que votaron sí a la tramposa pregunta de su consulta, que son los que determinan las exigencias negociadoras de sus dirigentes con Rufián a la cabeza. Pero es que solamente 241.790 militantes del conjunto de los otros partidos que consultaron a sus bases (Podemos, PSOE, PSC e IU) votaron sí a esa coalición, es decir, solo el 32% de la suma total de los militantes (que son solo 730.919) de los cuatro, y que en realidad representan el 0,51% de la población española. Las consecuencias las estamos viendo ya, después de otro mes perdido -y lo que nos queda-, con oprobiosa claridad, con unas “negociaciones” que se alargarán durante todo el tiempo que quieran los independentistas y que ya han hecho prevalecer de facto cuatro de sus rupturistas condiciones: el reconocimiento público por Pedro Sánchez de que en Cataluña hay no un “problema de convivencia” sino un conflicto político”, la oficialización de una “mesa de negociación”, la negociación “de igual a igual” y el “reconocimiento” del president Torra por parte de Sánchez y su gobierno. Solo falta el “relator” para que el desastre se consume.

Sánchez se cree muy listo

La comparecencia de anoche de Pedro Sánchez después de que el rey le designara candidato para presidir el gobierno, lo único que puso de manifiesto es el miedo del presidente a enfrentarse francamente a las preguntas que se hace toda la ciudadanía española -solo admitió dos preguntas y tuvo que soportar la queja de los periodistas por eso y la posterior reacción de condena de las Asociaciones de la Prensa (Las asociaciones de periodistas denuncian las limitaciones que impone Pedro Sánchez en las ruedas de prensa)- y su condición de rehén de los independentistas catalanes. En una nueva pirueta de su errática estrategia, Sánchez volvió a sorprender anunciando que hará lo que se ha negado a hacer durante meses. Pero la maniobra, como otras anteriores, puede volver a salirle fatal.

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