El robo de vino (perfecto) del siglo

La limpia sustracción de 45 botellas de vinos excepcionales de la bodega de Atrio es mucho más que una pérdida material

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El Château d´Yquem robado tenía más de dos siglos, un precio de 310.000 euros y un enorme valor sentimental para sus propietarios. RA
El Château d´Yquem robado tenía más de dos siglos, un precio de 310.000 euros y un enorme valor sentimental para sus propietarios. RA

La noticia del robo millonario de algunos de los mejores caldos de la extraordinaria bodega del cacereño Restaurante Atrio -dos estrellas Michelín y tres soles Repsol- ha tenido repercusión nacional e internacional. No es para menos. Esta es, probablemente, la mejor bodega de España y una de las mejores del mundo, por la enorme calidad, variedad y cantidad de caldos que contiene. La bodega es parte esencial del restaurante que, junto con el hotel, constituyen la mimada creación de dos grandes profesionales de la restauración, Toño Pérez (galardonado este año por la International Academy of Gastronomy con el prestigioso Grand Prix de l’Art de la Cuisine,) y José Polo, un hito que ha puesto a Cáceres y a Extremadura en la primera línea de la restauración mundial. El precio de lo sustraído en el robo puede superar el millón de euros, pero la pérdida va mucho más allá, por el significativo valor profesional, sentimental y emocional de lo robado. Alguna banda o mafia parece estar detrás de este tipo de sucesos, pues ya en 2019 el restaurante Diverxo, del chef David Muñoz, sufrió un robo parecido, alrededor de 40 botellas también de alta calidad y valor. Pero el de Atrio es, por ahora, el robo de vino del siglo. La autora presenta aquí el asunto desde un enfoque harto diferente.

Cáceres, Extremadura.-

A mí, el robo de Atrio me pilló disfrutando de un atardecer espectacular en una playa del Pacífico, mientras me tomaba una Silver Imperial (modesta cerveza, pese a lo rimbombante del nombre), y me zampaba un ceviche de camarones. Ambas cosas, muy lejos de las exquisiteces de Atrio, pero “rico rico”, que diría Arguiñano. Así que lo adelanto, soy inocente.


“Lo peor es la incidencia que muchos medios están haciendo en el precio de lo sustraído, y no es eso, nosotros no teníamos esos vinos para comerciar con ellos” (Toño Pérez).


No he sido yo, pero confieso que este tipo de robos de guante blanco producen fascinación en mí, y que más de una vez he soñado con perpetrar uno. Luego lo cuento, pero vamos ahora al misterioso robo de 45 botellas de excepcionales vinos, de la bodega del restaurante Atrio de Cáceres.

La historia ya la sabéis, se ha escrito hasta la saciedad sobre ella, pero según lo que aprendí en la facultad de Ciencias de la Información hace mil años, siempre hay que refrescar la noticia. Y refresco.

Toño Pérez y José Polo, los artífices de Atrio. FB
Toño Pérez y José Polo, los artífices de Atrio. FB

VALOR ECONÓMICO Y, SOBRE TODO, SENTIMENTAL

Hace apenas una semana desaparecieron de la bodega del restaurante Atrio, en Cáceres, 45 botellas de los más exquisitos caldos, una de ellas, la más preciada de la colección, con 200 años de antigüedad y una enorme significación sentimental para los propietarios. La bodega de Atrio denominada por algunos la Capilla Sixtina del vino, es la joya de la corona del hotel y el restaurante, propiedad de Toño Pérez y José Polo. A eso se une lo rocambolesco del robo, la limpieza de su ejecución, el sigilo y la rapidez con la que se efectuó, sin asomo de violencia, sin levantar sospechas y sin dejar pistas. Aquí querría yo ver a los de CSI.


“Bueno, al menos, espero que aprecien como se merece el vino que se han llevado” (Toño Pérez).


El prestigio de Atrio, adonde acuden personajes famosos de todo el mundo, y la calidad y renombre de los vinos robados, han centrado la atención de medios y sumillers de todo el país. José Polo, el artífice de la bodega, no desea cuantificar el valor económico del botín, que podría rondar el millón de euros, ya que el Château d’Yquem, una edición única, con más de 200 años y una accidentada historia a sus espaldas y los 38 borgoñas de Romanée Conti tienen unos precios en la carta solo aptos para fortunas privilegiadas. Pero lo que les duele a José y a Toño, es la dedicación ilusión, mimo, constancia y trabajo que el robo ha tirado por tierra. Según todos los indicios, fueron unos huéspedes del hotel, también de Atrio, que ocupa una casona de la ciudad medieval de Cáceres (dicho sea de paso, un conjunto monumental patrimonio de la humanidad de lo mejorcito que tiene Europa).

Vista parcial de la fabulosa bodega de Atrio. RA
Vista parcial de la fabulosa bodega de Atrio. RA

ESTO ES UN DUELO

Así que yo, recién aterrizada de un viaje post pandemia, pasé por el restaurante dando un paseo con mi perro y entré a darles el pésame, porque esto es un duelo. Toño estaba con unos clientes y José con un periodista, pero, amables siempre, salió Toño a atenderme y yo le lancé una única pregunta. Me interesaba saber que, de todo lo que se está hablando en torno al suceso, qué era lo que menos les gustaba, me miró con tristeza y dijo:

“Lo peor es la incidencia que muchos medios están haciendo en el precio de lo sustraído, y no es eso, nosotros no teníamos esos vinos para comerciar con ellos, son el resultado de un proyecto, de mucha ilusión de mucha búsqueda y trabajo, y que te los arrebaten en tu propia casa ha sido un palo muy grande, muy doloroso. No es el dinero lo principal, de verdad, es como si te quitaran algo que forma parte de tu vida. Pero no vamos a rendirnos, seguiremos con la misma ilusión, pondremos unas etiquetas en el lugar que ocupaban las botellas robadas …”.

Toño es uno de los mejores cocineros del mundo. J.M. PAGADOR
Toño es uno de los mejores cocineros del mundo. J.M. PAGADOR

Se encoge de hombros. Me impresiona su desconsuelo. Conozco a Toño y a José casi desde que empezaron. Nunca nadie pensó que llegarían tan lejos en la restauración y en el renombre, sin salir de Cáceres. Tampoco que, gracias a su intervención, contaríamos ahora en la ciudad con un museo de arte contemporáneo, el Helga de Alvear, una maravilla (pero eso es otra historia).

ROBAR UN MANTO DE LA VIRGEN…

Mientras dejo atrás la plaza de San Mateo, invadida de turistas, me solidarizo con Toño y José, pero, al mismo tiempo, no puedo dejar de sentir cierta admiración por los ladrones. ¡Con qué arte y eficacia lo han planeado y ejecutado todo!


Hace tiempo yo propuse a un grupo del que formo parte, “Artistas y Obreros del Mundo”, que birláramos un manto de la Virgen de la Montaña.


Y recuerdo que hace algún tiempo yo propuse a un grupo del que formo parte, “Artistas y Obreros del Mundo”, que birláramos un manto de la Virgen de la Montaña, patrona de Cáceres. Claro que no se trataba exactamente de robar.

La idea surgió, sibilina, una tarde que visité una exposición en la iglesia de la Preciosa Sangre, una muestra que organizó la entonces Caja de Extremadura, ahora Liberbank, para celebrar su centenario, y era de tanto copete que hasta vinieron los reyes Juan Carlos y Sofía a inaugurarla. Bajo el título de “Nosotros, Extremadura y su patrimonio” contenía piezas de gran calibre, desde el pendón de la ciudad, un busto de Carlos V, o parte del magnífico tesoro de Aliseda, encontrado en ese pueblo cacereño y que no se veía por nuestra tierra desde 1932.

Bien, pues una tarde de llovizna decidí entrar a visitarla con detenimiento y recorrí, en absoluta soledad, las salas en penumbra sin un guarda de seguridad en el horizonte. Era evidente lo fácil que habría resultado esconder alguna de las piezas pequeñas en el bolso y escabullirme tan tranquila, porque ni cacheo ni control hubo a la entrada ni a la salida. No lo hice, pese a que algunas de las maravillas gritaban llévame. Algún tiempo después, en una época en la que Artistas y Obreros del Mundo, en plena efervescencia organizábamos obras callejeras, me ronroneó de nuevo un viejo sueño, que me perseguía desde que choqué con los ojos azules de Peter O’Toole en “Cómo robar un millón y…”

Afición por los robos novelescos.
Afición por los robos novelescos.

…Y DEVOLVERLO EN RUEDA DE PRENSA

En realidad, insisto, no pretendía ser un robo, ¿para que querría yo un manto de la virgen? Se trataba de algo más sutil, un experimento, realizar una performance provocadora, mangar uno de los numerosos mantos de la imagen, que exhibía una exposición de las que su cofradía organiza de vez en cuando, esperar varios días a que la sociedad cacereña se revolucionara de indignación (sitúate lector en tu ciudad, y con tu patrona, e imagina el bombazo), y convocar luego una rueda de prensa para devolverlo.

Mis colegas ya fueran obreros o artistas, no me hicieron caso, es más, ni creo que se acuerden. Yo sí, soy fan de los robos extravagantes.

EL ROBO DEL CÁLIZ

Y para golpe extravagante y curioso, el de un profesor de filosofía, algunas de cuyas ocurrencias, lo sé porque conozco a ex alumnos suyos, darían para una novela. Este joven, profesor en un colegio concertado, se llevó de la concatedral de Santa María, también en Cáceres, un cáliz que, según contaban, encontró la policía en el congelador de su casa, ignoro si al lado de algún chuletón o de unos calamares en su tinta.

El cáliz, de plata bañado en oro, decorado con el relieve de los 12 apóstoles, fue recuperado en un tiempo récord. El autor confesó el hurto y la pieza volvió intacta a su propietario, el deán de la concatedral. Fue un trabajo rápido y pulcro, el sacristán colocó el cáliz en el altar mayor diez minutos antes de que comenzara la misa y, en un descuido, instantes después se había evaporado ¿Hay algo más poéticamente primoroso?

No sé qué habrá sido de aquel filósofo. También se desconoce dónde andarán los cacos que desvalijaron Atrio, y mucho menos, dónde habrán recalado las codiciadas botellas. En el momento de escribir esto hay muchas conjeturas y pocas evidencias. Algún milmillonario caprichoso puede que esté acariciando, con pasión de entendido, el cristal que envuelve el Château d’Yquem de 200 años, que hace veinte estuvo a punto de derramarse por entero, y al que el empeño de sus propietarios salvó de una muerte segura. O, quizá, carpe diem, lo esté degustando en la cubierta de un barco, mientras deleita a sus invitados, contándoles los detalles de la historia de un robo ya legendario.

Me quedo con las últimas palabras que me dijo Toño:

“Bueno, al menos, espero que aprecien como se merece el vino que se han llevado”.

No sé, no sé. Yo sigo con la Silver. Salud.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

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