lunes, 20 mayo, 2024
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El uso del suelo y la caída de las civilizaciones (y 2)

En la primera parte de este artículo traté de explicar cómo, a lo largo de la historia, los humanos han utilizado el suelo como un recurso. Traté de explicar que el suelo es esencial para la supervivencia humana, proporcionando alimentos, fibra, materiales y servicios ecosistémicos.

Sin embargo, el uso y manejo inadecuados del suelo han llevado a problemas como pérdida de fertilidad, biodiversidad, contaminación y calentamiento global. Todo ello hace imprescindible un cambio radical hacia un enfoque de uso sostenible del suelo, si no queremos que el planeta siga degradándose.

El doctor Antonio Jordán en su despacho de la Facultad de Química de la Universidad de Sevilla.
El doctor Antonio Jordán en su despacho de la Facultad de Química de la Universidad de Sevilla.

(Artículo con versión inglesa)

Sevilla.-

El uso y manejo inadecuados del suelo han llevado a problemas como pérdida de fertilidad, biodiversidad, contaminación y calentamiento global. Es crucial adoptar un enfoque de «uso sostenible» del suelo en lugar de considerarlo como un recurso renovable a corto plazo. Traté de discutir la idea de Malthus sobre la abundancia infinita de la naturaleza, que ha sido desacreditada por el conocimiento moderno. Hoy sabemos que los recursos naturales no son ilimitados, y es fundamental cuidarlos para garantizar la sostenibilidad a largo plazo.


El suelo proporciona alimentos, materiales y servicios ecosistémicos fundamentales para los humanos.


Cuando el uso del suelo supera los límites sostenibles, las sociedades enfrentan impactos sociales y económicos significativos. La experiencia biológica global proporcionada por prácticas agrícolas bien diseñadas es fundamental para comprender y preservar la salud del suelo y, por ende, nuestra supervivencia.

¿De verdad el mal uso de los sistemas naturales puede hacer caer la civilización?

La explotación no sostenible del suelo y la pérdida de productividad de los sistemas agrícolas ha causado el colapso de civilizaciones y cambios sociales, económicos y políticos. Algunos de estos sucesos han sido fundamentales para entender desde una perspectiva histórica la necesidad de conservar los recursos no renovables a corto plazo. La degradación del suelo debido a prácticas agrícolas no adecuadas puede reducir el rendimiento de los cultivos por degradación química (como la contaminación, la acidificación o la salinización) o física (como la compactación o la erosión).

Cultivo de fresa en el entorno del P.N. de Doñana. A. Jordán-Imaggeo.
Cultivo de fresa en el entorno del P.N. de Doñana. A. Jordán-Imaggeo.

Del mismo modo, el uso del suelo, es decir, aquello a que lo dedicamos, implica transformaciones. La puesta en cultivo y la urbanización de áreas forestales o humedales contribuye a la degradación del suelo y causa impactos como aumento del riesgo de inundaciones, colmatación de embalses, contaminación del agua y, también, contribuye a agravar los efectos del calentamiento global.


La pérdida de fertilidad, biodiversidad y contaminación debido al manejo inadecuado del suelo causa problemas graves.


A estos impactos, sin duda se pueden añadir otros, como la pérdida de biodiversidad. Pero aquí a nadie le importan los bichos. Desecar un humedal para evitar la proliferación de mosquitos puede parecerle una buenísima idea a cualquiera que no sabe qué carajo hacen los mosquitos aparte de picar, ni para qué sirven ni (spoiler zone!) por qué a los mosquitos les gustan las flores tanto como a las abejas, entre otras cosas. Así que, como hablando de mosquitos no vamos a asustar a nadie (quizá en otro momento), pasemos a hablar un poco de sociedades que han sido arrasadas a lo largo de la historia, que parece algo más serio.

Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía. J.M. Vidal-EFE
Juan Manuel Moreno Bonilla, presidente de la Junta de Andalucía. J.M. Vidal-EFE

Acuérdese usted de estas cosas la próxima vez que oiga a Juan Manuel Moreno Bonilla decir que va a salvar Doñana y la economía del sur de Huelva.

El Imperio Romano y la crisis agrícola

El Imperio Romano alcanzó su máxima extensión bajo el gobierno de Trajano en el año 117 d.C. A partir de ahí, ya todo fue un poco cuesta abajo. Era mucho que administrar, de modo que podría decirse que el Imperio Romano murió de éxito. Como Albert Rivera o Facebook.

En sus últimas etapas, el Imperio Romano enfrentó desafíos internos y externos que eventualmente llevaron a su caída. En el siglo III d.C., el imperio experimentó crisis económicas, sociales y políticas. Hubo divisiones internas y el poder político se hallaba en disputa permanente. Además, las invasiones bárbaras aumentaron de manera proporcional a la longitud de las fronteras del imperio.

En el 284 d.C., el emperador Diocleciano dividió el imperio en el Imperio Romano de Occidente y el Imperio Romano de Oriente, estableciendo así una administración más manejable. Constantino el Grande, quien se convirtió en emperador en el 306 d.C., fundó Constantinopla (hoy Estambul), una nueva capital en el este. A pesar de estos esfuerzos para estabilizar el imperio, las invasiones continuaron. En el 410 d.C., Roma fue saqueada por los visigodos, liderados por Alarico. Luego, en el 455 d.C., la ciudad fue saqueada nuevamente, esta vez por los vándalos. En el 476 d.C., Rómulo Augusto, considerado el último emperador romano de Occidente, fue depuesto por el líder germánico Odoacro. Este evento es tradicionalmente considerado como el fin del Imperio Romano de Occidente, aunque el Imperio Romano de Oriente (también conocido como Imperio Bizantino) continuó existiendo hasta la caída de Constantinopla en 1453 d.C.

Moáis en Isla de Pascua. B.C. Tørrissen-Wikimedia Commons
Moáis en Isla de Pascua. B.C. Tørrissen-Wikimedia Commons

Que te quede claro que el campo es siempre lo mismo: todo lo que ves aquí es similar a lo que está en el monte, en la costa o en cualquier otra parte. Y te encontrarás, frente por frente, con lo que decía Platón: “Como un redil cercado en el monte” y “ordeñando un rebaño que bala”.

Marco Aurelio. “Meditaciones”.

Pero la caída del Imperio Romano también estuvo condicionada por varios factores ecológicos que contribuyeron a su declive. Uno de los principales problemas fue la degradación del suelo debido a prácticas agrícolas insostenibles. Aunque con métodos menos agresivos que siglos después, los romanos practicaban la agricultura intensiva y la deforestación para cultivar grandes extensiones de tierra, lo que llevó a la erosión del suelo y la pérdida de su fertilidad. La sobreexplotación de la tierra disminuyó la productividad agrícola y, con el tiempo, contribuyó a la escasez de alimentos.

Por otra parte, el sistema de irrigación romano, crucial para el riego de cultivos en zonas áridas, llevó a la progresiva salinización del suelo. El riego mal planificado permitió la acumulación de sales en el suelo, disminuyendo su calidad y afectando al rendimiento de los cultivos.

Ruinas de Angkor Wat (Camboya). R. Kuckarski
Ruinas de Angkor Wat (Camboya). R. Kuckarski

Las prácticas forestales irresponsables (ojo, desde nuestro punto de vista y con nuestros conocimientos actuales) también jugaron un papel significativo. La madera era esencial para la construcción, la calefacción y la extracción de minerales, pero la deforestación descontrolada llevó a la pérdida de hábitats naturales y exacerbó la erosión del suelo.


Cuando se superan los límites sostenibles, las sociedades enfrentan graves impactos económicos y sociales.


Estos problemas ecológicos, combinados con factores económicos y políticos, llevaron a una disminución de los recursos naturales, la productividad agrícola y, en última instancia, a la incapacidad del Imperio Romano para mantener su crecimiento y seguridad interna. La escasez de alimentos y los conflictos internos debilitaron la estructura del imperio, contribuyendo significativamente a su caída.

Moáis perplejos en la Isla de Pascua

La civilización Rapanui, floreció en la remota Isla de Pascua (en la actualidad, parte de Chile), ubicada en el Pacífico Sur, conocida en la actualidad por sus estatuas de piedra, llamadas moáis. Los rapanui procedían de diferentes grupos étnicos que comenzaron a llegar a la Isla de Pascua desde diferentes puntos de la Polinesiae en torno al siglo XIII, en nuestra Edad Media. Para que usted se haga una idea de la época, y como muestra de la superioridad cultural de Europa, el siglo XIII fue un período de tiempo en el que los europeos pudimos machacar a otros y a nosotros mismos con hasta seis cruzadas (desde la segunda a la novena).

Poblado anasazi del P.N. Mesa Verde. Tobi87-Wikimedia Commons
Poblado anasazi del P.N. Mesa Verde. Tobi87-Wikimedia Commons

Durante varios siglos, los rapanui desarrollaron una cultura única y compleja. Los rapanui dependían en gran medida de los recursos naturales limitados de la isla, como el bosque y la fauna marina. La tala excesiva de árboles (entre cuyos usos estaba el transporte y levantamiento de moáis, pero también la fabricación de canoas y herramientas), junto con otros factores, llevó a la deforestación y desató la erosión del suelo, disminuyendo la producción agrícola. Además, la tala sin control también hizo escasear la cantidad de madera disponible, lo que afectó a su infraestructura pesquera.


La deforestación, la erosión del suelo y la escasez de alimentos llevaron a conflictos internos, hambruna y migraciones.


A medida que los recursos se agotaban, la sociedad rapanui sufrió tensiones internas y conflictos entre los diferentes clanes rivales. Todo esto desembocó en una guerra civil y una rebelión de las clases bajas (que, entre otras cosas, llevó a detener bruscamente la construcción de moáis y a derribar algunos de ellos como actos de protesta o desesperación). La falta de alimentos llevó en ocasiones incluso al canibalismo, aunque en este aspecto existe cierta controversia. En cualquier caso, es un error común en antropología atribuir el canibalismo a “otros”: el hombre blanco europeo lo ha practicado y lo ha exportado, como explica el antropólogo Alan Rumsey.

En los profundos valles rodeados de montañas había muros de antiguas terrazas de cultivo, que a veces continuaban por la ladera del monte como los peldaños de una escalera. Por todas partes se velan restos de sistemas de irrigación artificial, cuyos conductos nacían en los arroyos y llevaban el agua a terrazas laterales que de otro modo habrían carecido de riego.

Thor Heyerdahl. “Aku-Aku. El secreto de la Isla de Pascua” (1957).

Aunque los rapanui innovaron tanto en nuevas prácticas agrícolas (como el cultivo en terrazas para evitar la erosión) como en nuevos tipos de organización social para enfrentar la crisis (como el ritual del “hombre pájaro”), estas medidas llegaron demasiado tarde para evitar el colapso de la civilización. En el siglo XVII llegamos los europeos, esclavizamos a los que quedaban y se acabó la historia rapanui. A finales del siglo XIX, la isla fue anexada por Chile, y los rapanui perdieron gran parte de su tierra y autonomía.

Terrenos erosionados por el Dust Bowl alrededor de 1930. USDA
Terrenos erosionados por el Dust Bowl alrededor de 1930. USDA

El fin del Imperio Khmer, los regadíos y la deforestación

El Imperio Khmer o Imperio de Angkor, alcanzó su apogeo en el actual Reino de Camboya (sudeste asiático) entre los siglos IX y XV, sufrió un declive significativo debido a guerras, causas sociales y políticas que llevaron al abandono de la ciudad sagrada de Angkor. Pero estas causas ocurrieron en un contexto ecológico determinado. La civilización Khmer dependía ambiental concreto. El gran Imperio Khmer dependía en gran medida de sistemas de irrigación bastante sofisticados, como el famoso complejo de embalses y canales de Angkor, para la agricultura de arroz. A medida que la población creció, los Khmer expandieron estas infraestructuras, llevando a una sobreexplotación de los recursos hídricos y a la erosión del suelo. La deforestación masiva, causada por la necesidad de madera para la construcción y combustible, disparó la erosión y la pérdida de la capa fértil del suelo. Como consecuencia, la degradación del suelo redujo la productividad agrícola y provocó una gran escasez de alimentos y largos años de hambruna.

Eventos climáticos extremos, como sequías e inundaciones, también afectaron negativamente la capacidad de los Khmer para cultivar alimentos. La combinación de estos factores ecológicos debilitó la economía, provocó conflictos internos y socavó la capacidad del imperio para mantener su infraestructura y suministro de alimentos. Estas presiones ecológicas, junto con otros factores políticos y sociales, contribuyeron al declive y eventual abandono de las ciudades Khmer en el siglo XV.

Tormenta de polvo durante el Dust Bowl (alrededor de 1930). USDA
Tormenta de polvo durante el Dust Bowl (alrededor de 1930). USDA

Decadencia precolombina y el fin de los mayas

La civilización Maya, una de las culturas precolombinas más sofisticadas de Mesoamérica, floreció en las regiones que hoy comprenden México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador. Su historia abarca desde hace cuatro milenios hasta pocos años después del descubrimiento de América por Cristóbal Colón (a raíz de lo cual, españoles primero y europeos detrás, bendijimos a los entonces ignorantes y salvajes pueblos americanos con nuestra lengua, nuestra religión, nuestras enfermedades, nuestro esclavismo, y nuestras dictaduras; pero nos trajimos el oro, la patata, la sífilis y otras cosas que les estorbaban por allí).

Los mayas alcanzaron su apogeo cultural durante el período Clásico (entre los años 250 d.C. y 900 d.C.). Hacia el final de este período, la civilización Maya experimentó un colapso significativo en muchas de sus ciudades, que fueron abandonadas. Aunque el colapso maya ha sido objeto de debate entre los historiadores, se han propuesto varias hipótesis para explicar este declive.

Entre algunas de estas hipótesis, la idea de que una combinación de factores contribuyó al colapso está bastante asentada. Las prácticas agrícolas intensivas y la deforestación, agotaron los recursos naturales y provocaron la erosión del suelo, lo que llevó a la disminución de la productividad agrícola. Además, las sequías prolongadas, posiblemente relacionadas con cambios climáticos (ya hemos visto por aquí cómo ocurre esto), afectaron la disponibilidad de agua para la agricultura y el consumo humano. Estos factores, sin descartar otros de tipo social o político, llevaron a una crisis alimentaria, hambruna y desplazamiento de poblaciones.

A medida que las ciudades mayas colapsaban, muchas fueron abandonadas. La decadencia del poder político centralizado marcó el fin del período Clásico de la civilización maya. Sin embargo, es importante destacar que algunos centros urbanos mayas continuaron existiendo durante el período Posclásico y los mayas persisten como una cultura viva en la actualidad.

La cultura Anasazi y los pósteres con frases de jefes indios

Existen por ahí pósteres y memes con frases del estilo de “no heredamos la tierra de nuestros antepasados; la tomamos prestada de nuestros hijos”, atribuidas a tal o cual jefe indio. Son bien intencionadas, desde luego, pero tan insulsas como “los enemigos del hombre son tres: suegra, cuñada y mujer” (el que escribió esta, desde luego, se llevó el cacahuete de oro al más tonto del barrio). En cualquier caso, lo que pretendo decir con esto es que los rostros pálidos solemos idealizar estúpidamente a culturas como la india americana, la hindú o la hostelería española. En realidad, todos somos igual de buenos y malos, y avanzaríamos mucho si en lugar de enviarnos memes con frases atribuidas a personajes nebulosos usáramos la justicia y el rigor histórico. Los blancos, eso sí, siempre hemos tenido buenas armas y lo que se tiene hay que usarlo.

No es de extrañar que a los indígenas hawaianos y maoríes no les guste que los paleontólogos les digan que sus antecesores exterminaron a la mitad de las especies de aves que habían evolucionado en Hawai y Nueva Zelanda, como tampoco les gusta a los indígenas norteamericanos que los arqueólogos les digan que los anasazi deforestaron parte del sudoeste de Estados Unidos. Esos supuestos descubrimientos de los paleontólogos y arqueólogos suenan a oídos de algunos como un pretexto racista más que esgrimen los blancos para desposeer a los pueblos indígenas.

Jared Diamond. “Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen” (2005).

Tormenta de polvo durante el Dust Bowl (alrededor de 1930). USDA
Tormenta de polvo durante el Dust Bowl (alrededor de 1930). USDA

Cuento lo las frasecitas de jefes indios que cuidan la tierra como paño en oro y a continuación pongo un ejemplo de que más bien como en todos sitios. Los anasazi (también conocidos como “indios pueblo”) fueron una cultura americana que habitó el suroeste de Norteamérica aproximadamente entre los siglos II y XV. Su cultura experimentó un declive que ha sido vinculado claramente con la degradación del medio ambiente. Su sociedad dependía de la agricultura, utilizando métodos avanzados de irrigación para cultivar maíz, leguminosas y calabazas. Sin embargo, la expansión agrícola y la deforestación agotaron los recursos naturales. La tala excesiva de árboles para la construcción y la leña llevó a la erosión del suelo y al agotamiento de los recursos forestales, afectando la estabilidad del ecosistema.

Los anasazi construyeron complejos y eficientes sistemas de terrazas y presas para conservar el agua. A medida que la población crecía, la presión sobre estos sistemas aumentaba. Las sequías periódicas, exacerbadas por la variabilidad climática, redujeron la disponibilidad de agua para la agricultura y el consumo humano, provocando escasez de alimentos y agua. La combinación de la degradación del suelo, la deforestación y las sequías llevó a la pérdida de la sostenibilidad agrícola y a la migración de los anasazi de sus hogares en busca de recursos, contribuyendo al colapso de su civilización.

Judy Garland, el cuenco de polvo y la Gran Depresión americana

La Gran Depresión de la década de 1930 en Estados Unidos tuvo causas económicas complejas, pero factores ecológicos desempeñaron un papel significativo. La agricultura intensiva y la expansión desordenada hacia las Grandes Llanuras al este de las Montañas Rocosas durante las décadas anteriores llevaron a la sobreexplotación del suelo. La práctica del cultivo extensivo y la eliminación de la vegetación natural provocaron la erosión del suelo y la pérdida de la capa fértil. Cuando llegó la sequía en la década de 1930, las tierras despojadas de su capa superior de suelo (el horizonte superior, rico en materia orgánica, hubiese ofrecido protección), se convirtieron en polvo y fueron arrastradas por los vientos, creando tormentas de polvo masivas que cubrieron vastas áreas. Este período de fuertes tormentas de polvo y arena se llamó “Dust Bowl” (en inglés, “cuenco de polvo”).

Entonces el oeste atrajo a los desposeídos, de Kansas, Oklahoma, Tejas, Nuevo Méjico; de Nevada y Arkansas, familias, tribus, expulsadas por el polvo y los tractores. Cargas, remolques, gentes hambrientas sin hogar; veinte mil, cincuenta mil y cien mil y dos-cientos mil. Fluyeron por las montañas, hambrientos e inquietos… inquietos igual que hormigas, buscando a toda prisa trabajo: levantar, empujar, arrastrar, recolectar, cortar, cualquier cosa, cualquier peso que aguantar, por comida. Los niños tienen hambre. No tenemos dónde vivir. Como hormigas corriendo a por trabajo, a por comida y sobre todo a por tierra.

John Steinbeck. “Las uvas de la ira” (1939).

Lo has visto en el cine. ¿Recuerdas a Judy Garland como Dorothy en El Mago de Oz (V. Fleming, 1939)? Dorothy vivía en la zona geográfica azotada por la Dust Bowl cuando un tornado se la llevó a la tierra de Oz. Aunque el cuento original fue escrito por L. Frank Baum en 1900, la película se rodó en 1939, y se adaptó precisamente en la Norteamérica de la Dust Bowl. Obras de la literatura como “Las uvas de la ira” o “De ratones y hombres”, ambas de Steinbeck, están ambientadas en este período (y cuentan con excelentes adaptaciones cinematográficas, por cierto).


La agricultura intensiva y la sequía provocaron la Dust Bowl, forzando a millones de personas a abandonar sus hogares y exacerbando la crisis económica.


El colapso de los cultivos llevó a la destrucción del medio de vida de la población rural. Los agricultores se enfrentaron a la ruina, la hambruna y la pobreza extrema. La sequía prolongada y la degradación del suelo contribuyeron directamente al empobrecimiento económico de las comunidades agrícolas, exacerbando la crisis económica general de la nación. Tres millones de personas tuvieron que abandonar sus hogares y migrar por la hambruna. Además, estas condiciones ecológicas adversas también afectaron la fauna y la flora, creando un impacto ecológico a largo plazo en el medio ambiente. El Dust Bowl y la degradación del suelo en las Grandes Llanuras destacan la interconexión entre las prácticas agrícolas no sostenibles y los desastres ecológicos, mostrando cómo los problemas medioambientales pueden tener consecuencias económicas devastadoras.

El Dust Bowl se prolongó casi una década, hasta 1939. Era necesaria una reactivación de la economía. Empezaban a sonar tambores de guerra.

¿Qué hemos aprendido?

El abuso de los sistemas naturales puede llevar a la degradación del suelo, la pérdida de la productividad agrícola y la escasez de alimentos y agua. Además, estas prácticas insostenibles afectan negativamente a la fauna y flora, creando un impacto ecológico a largo plazo en el medio ambiente. Las sequías, las inundaciones y las condiciones climáticas extremas exacerbadas por la degradación del suelo aumentan la presión sobre las poblaciones, provocando migraciones, hambrunas y conflictos internos.


Es crucial adoptar prácticas agrícolas y ambientales sostenibles para evitar la degradación del suelo y garantizar la supervivencia a largo plazo de las civilizaciones humanas.


En última instancia, es necesario aprender de estos errores históricos y adoptar prácticas agrícolas y ambientales sostenibles para evitar el colapso de las sociedades futuras. La interconexión entre las prácticas agrícolas responsables y la preservación del medio ambiente se presenta como una lección crucial para el presente y el futuro, destacando la necesidad de un enfoque más equitativo y respetuoso hacia nuestros recursos naturales para garantizar la supervivencia a largo plazo de las civilizaciones humanas.

VERSIÓN INGLESA

The use of soil and the fall of societies (2)

In the first part of this text, I tried to explain how, throughout history, humans have used soil as a resource. I attempted to explain that soil is essential for human survival, providing food, fiber, materials, and ecosystem services.

However, improper use and management of soil have led to problems such as loss of fertility, biodiversity, pollution, and global warming. It is crucial to adopt a «sustainable use» approach to soil instead of treating it as a short-term renewable resource. I discussed Malthus’ idea of nature’s infinite abundance, which has been discredited by modern knowledge. Today we know that natural resources are not limitless, and it is essential to care for them to ensure long-term sustainability.


Soil provides fundamental food, materials, and ecosystem services for humans.


When soil use exceeds sustainable limits, societies face significant social and economic impacts. The global biological experience provided by well-designed agricultural practices is fundamental to understanding and preserving soil health and, therefore, our survival.

Can misusing natural systems really lead to the downfall of civilization?

Unsustainable exploitation of soil and the loss of productivity in agricultural systems have caused the collapse of civilizations and social, economic, and political changes. Some of these events have been essential to understanding the need to conserve short-term non-renewable resources. Soil degradation due to improper agricultural practices can reduce crop yields due to chemical degradation (such as pollution, acidification, or salinization) or physical degradation (such as compaction or erosion).

Similarly, land use, that is, what we dedicate it to, involves transformations. Cultivating and urbanizing forested or wetland areas contributes to soil degradation and causes impacts such as increased flood risk, reservoir siltation, water pollution, and also exacerbates the effects of global warming.


Loss of fertility, biodiversity, and contamination due to improper soil management results in severe issues.


To these impacts, undoubtedly, others can be added, such as the loss of biodiversity. But here, no one cares about bugs. Draining a wetland to prevent mosquito proliferation might seem like a great idea to anyone who doesn’t know what mosquitoes do apart from biting, or what they’re for, or (spoiler alert!) why mosquitoes like flowers as much as bees, among other things. So, as talking about mosquitoes won’t scare anyone (maybe some other time), let’s talk a bit about societies that have been devastated throughout history, which seems more serious.

Remember these things next time you hear Juan Manuel Moreno Bonilla say he’s going to save Doñana and the economy of southern Huelva.

The roman empire and agricultural crisis

The Roman Empire reached its peak under the rule of Trajan in 117 AD. From there, it was all downhill. It was too much to administer, so it could be said that the Roman Empire died of success. Like Albert Rivera or Facebook.

In its later stages, the Roman Empire faced internal and external challenges that eventually led to its fall. In the 3rd century AD, the empire experienced economic, social, and political crises. There were internal divisions, and political power was constantly in dispute. Additionally, barbarian invasions increased in proportion to the length of the empire’s borders.

In 284 AD, Emperor Diocletian divided the empire into the Western Roman Empire and the Eastern Roman Empire, establishing a more manageable administration. Constantine the Great, who became emperor in 306 AD, founded Constantinople (now Istanbul), a new capital in the east. Despite these efforts to stabilize the empire, invasions continued. In 410 AD, Rome was sacked by the Visigoths, led by Alaric. Then, in 455 AD, the city was sacked again, this time by the Vandals. In 476 AD, Romulus Augustulus, considered the last Western Roman emperor, was deposed by the Germanic leader Odoacer. This event is traditionally considered the end of the Western Roman Empire, although the Eastern Roman Empire (also known as the Byzantine Empire) continued to exist until the fall of Constantinople in 1453 AD.

Keep this ever clear before you: that a country retreat is just like any other place. All things here go the same as on a mountain top, or on the sea beach, or where you will. You may always find that life of the wise man who, in Platonic phrase, “makes the city wall serve him for a shepherd’s fold on the mountains”.

Marcus Aurelius. “Meditations”.

But the fall of the Roman Empire was also conditioned by various ecological factors that contributed to its decline. One of the main problems was soil degradation due to unsustainable agricultural practices. Although less aggressive methods than centuries later, the Romans practiced intensive agriculture and deforestation to cultivate large expanses of land, leading to soil erosion and loss of fertility. The overexploitation of land reduced agricultural productivity and, over time, contributed to food scarcity.

Additionally, the Roman irrigation system, crucial for crop irrigation in arid areas, led to progressive soil salinization. Poorly planned irrigation allowed the accumulation of salts in the soil, decreasing its quality and affecting crop yields.

Irresponsible forest practices (from our perspective and with our current knowledge) also played a significant role. Wood was essential for construction, heating, and mineral extraction, but uncontrolled deforestation led to the loss of natural habitats and exacerbated soil erosion.


When sustainable limits are exceeded, societies face serious economic and social impacts.


These ecological problems, combined with economic and political factors, led to a decline in natural resources, agricultural productivity, and ultimately, the inability of the Roman Empire to sustain its growth and internal security. Food shortages and internal conflicts weakened the empire’s structure, significantly contributing to its fall.

Perplexed moai on Easter Island

The Rapanui civilization flourished on remote Easter Island (now part of Chile) in the South Pacific, known today for its stone statues called moai. The Rapanui people came from different ethnic groups that started arriving on Easter Island from various points in Polynesia around the 13th century, during our Middle Ages. To give you an idea of the time, and as an example of Europe’s cultural superiority, the 13th century was a period when Europeans could engage in up to six crusades (from the second to the ninth).

For centuries, the Rapanui developed a unique and complex culture. They relied heavily on the island’s limited natural resources, such as the forest and marine fauna. Excessive tree cutting (used for transporting and erecting moai, but also for making canoes and tools), along with other factors, led to deforestation and soil erosion, decreasing agricultural production. Moreover, uncontrolled logging also depleted the available wood, affecting their fishing infrastructure.


Deforestation, soil erosion, and food scarcity lead to internal conflicts, famine, and migrations.


As resources dwindled, Rapanui society experienced internal tensions and conflicts among different rival clans. This led to a civil war and a rebellion of the lower classes (which, among other things, abruptly halted the construction of moai and led to the toppling of some of them as acts of protest or desperation). Food shortages sometimes even led to cannibalism, although there is some controversy in this regard. In any case, it is a common mistake in anthropology to attribute cannibalism to «others»: the white European man practiced it and exported it, as anthropologist Alan Rumsey explains.

Deep down in the mountain-girt valleys were the walls of old agricultural terraces. They often continued far up the sides of the valleys like flights of steps, and everywhere could be found the relicts of artificial irrigation, with conduits which branched off from streams and conveyed waterto hill-side terraces which otherwise would have remained dry.

Thor Heyerdahl. “Aku-Aku: the Secret of Easter Island” (1957).

Although the Rapa Nui people innovated in new agricultural practices (such as terrace farming to prevent erosion) and new forms of social organization to face the crisis (like the «birdman» ritual), these measures came too late to prevent the collapse of their civilization. In the 17th century, Europeans arrived, enslaved those who remained, and the history of Rapa Nui came to an end. By the late 19th century, the island was annexed by Chile, and the Rapa Nui lost much of their land and autonomy.

The fall of the Khmer Empire, irrigation, and deforestation

The Khmer Empire, also known as the Angkor Empire, reached its peak in present-day Cambodia (Southeast Asia) between the 9th and 15th centuries. It suffered a significant decline due to wars, social and political causes, leading to the abandonment of the sacred city of Angkor. However, these causes occurred within a specific ecological context. The Khmer civilization relied heavily on sophisticated irrigation systems, such as the famous reservoirs and canals of Angkor, for rice agriculture. As the population grew, the Khmer expanded these infrastructures, leading to overexploitation of water resources and soil erosion. Massive deforestation, driven by the need for wood for construction and fuel, worsened soil erosion and loss of fertile soil. Consequently, soil degradation reduced agricultural productivity, causing severe food shortages and prolonged famines.

Extreme climate events, like droughts and floods, also negatively affected the Khmer’s ability to cultivate food. The combination of these ecological factors weakened the economy, led to internal conflicts, and undermined the empire’s ability to maintain its infrastructure and food supply. These ecological pressures, along with other political and social factors, contributed to the decline and eventual abandonment of Khmer cities in the 15th century.

Pre-Columbian decline and the end of the Maya

The Maya civilization, one of the most sophisticated pre-Columbian cultures in Mesoamerica, thrived in present-day Mexico, Guatemala, Belize, Honduras, and El Salvador. Their history spans four millennia until shortly after Christopher Columbus’s discovery of America. The Maya reached their cultural peak during the Classic period (between 250 AD and 900 AD). Towards the end of this period, the Maya civilization experienced a significant collapse in many of its cities, which were abandoned. Although the Maya collapse has been debated among historians, several hypotheses have been proposed to explain this decline.

One widely accepted idea is that a combination of factors contributed to the collapse. Intensive agricultural practices and deforestation depleted natural resources and caused soil erosion, leading to decreased agricultural productivity. Moreover, prolonged droughts, possibly related to climate change, affected water availability for agriculture and human consumption. These ecological factors, along with social or political issues, led to a food crisis, famine, and population displacement. As Maya cities collapsed, many were abandoned. The decline of centralized political power marked the end of the Classic period of Maya civilization. However, it’s important to note that some Maya urban centers continued to exist during the Postclassic period, and the Maya culture persists as a living culture today.

Anasazi Culture and Misconceptions:

There are posters and memes with phrases like «we do not inherit the earth from our ancestors; we borrow it from our children,» attributed to this or that Native American chief. They are well-intentioned, but as meaningless as «a man’s enemies are three: his in-laws, his wife, and his woman’s mother» (whoever wrote this certainly won the title of the dumbest person in the neighborhood). What I mean to say is that we, the white people, tend to idealize cultures like Native American, Indian, or Spanish hospitality foolishly. In reality, we are all equally good and bad, and we would make much more progress if instead of sending each other memes with quotes attributed to nebulous characters, we used justice and historical accuracy. Whites, however, have always had good weapons, and what you have should be used.

Not surprisingly, Native Hawaiians and Maoris don’t like paleontologists telling them that their ancestors exterminated half of the bird species that had evolved on Hawaii and New Zealand, nor do Native Americans like archaeologists telling them that the Anasazi deforested parts of the southwestern U.S. The supposed discoveries by paleontologists and archaeologists sound to some listeners like just one more racist pretext advanced by whites for dispossessing indigenous peoples.

Jared Diamond. “Collapse: How Societies Choose to Fail or Succeed” (2005).

I am telling you about the “Mr. Wonderful” supposed sayings of Native American chiefs who cherish the land as something as precious as gold, and then I provide an example that shows how it’s quite the same everywhere else. The Anasazi (also known as «Pueblo Indians») were an American culture that inhabited the southwestern United States approximately between the 2nd and 15th centuries. Their culture experienced a decline clearly linked to environmental degradation. Their society relied on agriculture, using advanced irrigation methods to cultivate maize, legumes, and pumpkins. However, agricultural expansion and deforestation depleted natural resources. Excessive tree cutting for construction and firewood led to soil erosion and depletion of forest resources, affecting ecosystem stability.

The Anasazi built complex and efficient terrace and dam systems to conserve water. As the population grew, pressure on these systems increased. Periodic droughts, exacerbated by climate variability, reduced water availability for agriculture and human consumption, causing food and water shortages. The combination of soil degradation, deforestation, and droughts led to the loss of agricultural sustainability and migration of the Anasazi from their homes in search of resources, contributing to the collapse of their civilization.

Judy Garland, the Dust Bowl, and the American Great Depression:

The Great Depression of the 1930s in the United States had complex economic causes, but ecological factors played a significant role. Intensive agriculture and disorganized expansion into the Great Plains east of the Rocky Mountains in the preceding decades led to soil overexploitation. Extensive cultivation and removal of natural vegetation caused soil erosion and loss of fertile topsoil. When drought struck in the 1930s, lands stripped of their topsoil (the upper horizon, rich in organic matter, which would have provided protection), turned into dust and were carried by the winds, creating massive dust storms that covered vast areas. This period of severe dust and sandstorms was called the «Dust Bowl.»

And then the dispossessed were drawn west—from Kansas, Oklahoma, Texas, New Mexico; from Nevada and Arkansas families, tribes, dusted out, tractored out. Carloads, caravans, homeless and hungry; twenty thousand and fifty thousand and a hundred thousand and two hundred thousand. They streamed over the mountains, hungry and restless—restless as ants, scurrying to find work to do—to lift, to push, to pull, to pick, to cut—anything, any burden to bear, for food. The kids are hungry. We got no place to live. Like ants scurrying for work, for food, and most of all for land.

John Steinbeck. “The grapes of warth” (1939).

Do you remember Judy Garland as Dorothy in «The Wizard of Oz» (V. Fleming, 1939)? Dorothy lived in the geographical area ravaged by the Dust Bowl when a tornado whisked her away to the land of Oz. Although the original tale was written by L. Frank Baum in 1900, the movie was filmed in 1939 and was precisely adapted to the North America of the Dust Bowl. Literary works such as «The Grapes of Wrath» and «Of Mice and Men,» both by Steinbeck, are set in this period (and have excellent film adaptations, by the way).


Intensive agriculture and drought caused the Dust Bowl, forcing millions to abandon homes and worsening the economic crisis.


The collapse of crops led to the destruction of the rural population’s way of life. Farmers faced ruin, famine, and extreme poverty. Prolonged drought and soil degradation directly contributed to the economic impoverishment of agricultural communities, exacerbating the nation’s overall economic crisis. Three million people had to leave their homes and migrate due to famine. Moreover, these adverse ecological conditions also affected fauna and flora, creating a long-term ecological impact on the environment. The Dust Bowl and soil degradation in the Great Plains highlight the interconnectedness between unsustainable agricultural practices and ecological disasters, demonstrating how environmental problems can have devastating economic consequences.

The Dust Bowl lasted for almost a decade, until 1939. Economic revitalization was necessary. Rumble of war drums.

What have we learned?

The abuse of natural systems can lead to soil degradation, loss of agricultural productivity, and scarcity of food and water. Furthermore, these unsustainable practices negatively impact fauna and flora, creating a long-term ecological impact on the environment. Droughts, floods, and extreme weather conditions exacerbated by soil degradation increase pressure on populations, leading to migrations, famines, and internal conflicts.


Embracing sustainable agricultural and environmental practices is crucial to prevent soil degradation and ensure the long-term survival of human civilizations.


Ultimately, it is essential to learn from these historical mistakes and adopt sustainable agricultural and environmental practices to prevent the collapse of future societies. The interconnection between responsible agricultural practices and environmental preservation emerges as a crucial lesson for the present and future, underscoring the need for a more equitable and respectful approach to our natural resources to ensure the long-term survival of human civilizations.

(Antonio Jordán López es un prestigioso científico español, doctor en Biología y profesor de Ciencias del Suelo de la Universidad de Sevilla, con una amplia labor investigadora y obra publicada).

SOBRE EL AUTOR

El destacado científico Antonio Jordán López, nuevo colaborador de PROPRONews

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