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El pastor y el boticario

En el recuerdo de dos profesionales y hombres extraordinarios

El pastor fue un trashumante conocido como “el soriano”, pues vino andando desde Soria con las mejores merinas que puedan imaginar y se quedó a vivir en Extremadura para siempre. Ramón Sánchez Arroyo fue un farmacéutico que tardó demasiado en licenciarse. Era un bon vivant, amigo de la gastronomía, de la buena mesa y sobre todo del vino, cuya tradición traía de su familia bodeguera. El nombre de su bodega hacía honor a su madre, Catalina Arroyo.

Juan Serna Martín.
Juan Serna Martín.

Villanueva de la Serena, Extremadura.-

El 6 de noviembre de 2012 escribí una columna en el diario HOY de Extremadura cuyo título fue El Pastor y el Boticario (Manuel Arancón y Ramón Sánchez Arroyo) que fue seguida por muchos lectores. Hoy la rescato, tras haber pasado más de una década de aquel escrito, y me trae recuerdos de aquellos dos amigos y personajes irrepetibles, por lo que decido reescribirla, ya que están cada día más en mi memoria, por mucho que haya transcurrido bastante tiempo desde su fallecimiento.

EL PASTOR

Manuel Arancón, el pastor. ARCHIVO JUAN SERNA
Manuel Arancón, el pastor. ARCHIVO JUAN SERNA

El pastor fue un trashumante conocido como “el soriano”, pues vino andando desde Soria con las mejores merinas que puedan imaginar y se quedó a vivir en Extremadura para siempre. Se mantenía de aprovechar lo que otros no querían, ya fueran pastos, rastrojaras y todo lo que se pusiera por delante, y poco a poco fue mejorando su rebaño con el merino de los Hidalgo, que era la solera de por aquí, como saben los que saben. Arancón era un gran tratante, hasta el punto de que se atrevió a comprar una finca de 900 fanegas, Hato Ramiro (cerca del pantano de Orellana), por la que pagaba más de un 20 % de interés al año (tomen nota los ganaderos de hoy). Logré que Alberto Oliart viniera a ver su ganado y a partir de entonces ya siempre fueron grandes amigos, lo mismo que sucedió con Cesáreo Rey.

Por aquellos tiempos había dos vascos que competían entre ellos por ver cuál de los dos tenía más ovejas, competitividad que no finalizó hasta que Manolo no puso sensatez en aquella disputa; a partir de ahí, uno de los vascos le tuvo como asesor y gestor de sus ganados, hasta que dieron el pelotazo al venderle la finca El Río a Miguel Durán (expresidente de la ONCE), de la cual un catedrático pedante (hoy personaje importante de las letras españolas) que le asesoraba decía que era magnifica, mientras que Manolo el pastor afirmaba que era Mala con M mayúscula…


Manuel Arancón, el Soriano, y Ramón Sánchez Arroyo, el Boticario, son dos figuras sobresalientes de la ganadería y del vino en Extremadura y en España.


Podría contar innumerables historias de él de los años que anduvimos por cañadas, veredas y fincas de distinto pelaje, así como con propietarios diversos a los que vendía animales reproductores, no sin antes apartar para sí los mejores. Luego los dejaba elegir, porque ellos mismos se engañaban… También me contaba historias de ganaderos ricos con grandes fincas con las que, a pesar de todo, perdían dinero, tal era su incompetencia. Cuando hoy los veo de vez en cuando tengo que acordarme de él porque, pese a las herencias de grandes fincas y los apoyos de las Administraciones, cuando más dinero ganan estos propietarios es cuando venden tierra de la que la arcaica estructura de la propiedad de Extremadura les hizo herederos.

EL BOTICARIO

Ramón Sánchez Arroyo, el boticario. ARCHIVO JUAN SERNA
Ramón Sánchez Arroyo, el boticario. ARCHIVO JUAN SERNA

Ramón Sánchez Arroyo fue un farmacéutico que tardó demasiado en licenciarse. Era un bon vivant, amigo de la gastronomía, de la buena mesa y sobre todo del vino, cuya tradición traía de su familia bodeguera. El nombre de su bodega hacía honor a su madre, Catalina Arroyo. Fue uno de los primeros innovadores extremeños que trajo la cabernet sauvignon a su finca de La Redondilla y la puso de moda en toda Extremadura, una vez que Angela Channing la divulgara en aquella serie de televisión americana titulada Falcon Crest.


Dos hombres brillantes, colosales, que hicieron por las ovejas merinas y por el vino mucho más que muchas de las entidades e instituciones que se dedican a ello.


Anécdotas aparte, Ramón tenía una cultura del vino extraordinaria que dio a conocer por todas partes. Son innumerables los actos a los que pudimos asistir juntos, y nunca olvidaré el día en que introdujimos su vino en Las Cuatro Estaciones servido en cestita de mimbre por Jean Pierre, uno de los grandes cocineros de aquella época. Otros recuerdos inolvidables nos llevan a Concha García Campoy o a Fernando Delgado, quien llegó a sacar su vino en el dominical de El País con grandes elogios; ese día se le saltaron las lágrimas a este gran amigo ilustrado del vino con el que recorrí tantos lugares privilegiados, aunque lo mejor de todo eran siempre las tertulias, en las que brillaba tanto por su genialidad como por su saber, y de las que se adueñaba con la aquiescencia de todos sus amigos.

Manuel Arancón, el Soriano, y Ramón Sánchez Arroyo, el Boticario, son dos figuras tan sobresalientes de la ganadería y del vino en Extremadura y en España que bien merecerían un recuerdo y un espacio histórico en el mundo de los grandes emprendedores extremeños, así como de otro literario en el de las figuras ocurrentes e imaginativas que, además de dominar estas dos artes de forma singular, sabían contarlo, con retranca uno, y con humor corrosivo el otro, procurando a sus amigos ratos y tertulias inolvidables.

El periodismo, las instituciones agropecuarias, el mundo del vino y la universidad tienen una deuda pendiente con estos dos personajes y deberían poner de relieve en todas partes que en Extremadura se han dado figuras tan brillantes y colosales como estas dos, que hicieron por las ovejas merinas y por el vino mucho más que muchas de las entidades e instituciones que se dedican a ello.

Mi remembranza emocionada para estos dos “catedráticos” con los que recorrí pueblos, aldeas y restaurantes de mucho mantel, junto a otros personajes de la cultura y la gastronomía, cuya memoria espero que se honre como ellos se merecen.

(Juan Serna Martín, exconsejero de la Junta de Extremadura, es un destacado intelectual y activista medioambiental, escritor y columnista, Premio Nacional de Medio Ambiente 2022).

SOBRE EL AUTOR

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