Sobrevaloración de un Cimarro que incluso carece de estudios

Artimañas del Consorcio y del comité de “expertos” para subir la puntuación de Pentación y bajar la del último competidor que le queda

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Jesús Cimarro. JUNTAEX
Jesús Cimarro. JUNTAEX

Como era de esperar, dadas las triquiñuelas a las que nos tiene acostumbrados la organización, Cimarro ha ganado por goleada la fase 2 del actual concurso para la adjudicación del nuevo cuatrienio del Festival de Mérida (más de 20 millones de euros), la de la valoración artística y técnica, cuyo resultado hizo público ayer el Consorcio en la Plataforma de Contratos Públicos del Estado. Sobre una puntuación máxima posible de 49 en este sistema de valoración, Cimarro ha obtenido 38,10, mientras que la UTE liderada por SEDA ha logrado unos misérrimos 16,05 puntos, es decir, una diferencia -a la espera del resultado de la valoración económica- aparentemente insalvable de nada menos que 22,05 puntos en favor del primero. El problema es que, analizando el documento, se observa una posible parcialidad del Consorcio -que elabora el pliego de condiciones- y de los “expertos” -que materializan las puntuaciones- en favor del de siempre.

Mérida.-

EXPERTOS NO INDEPENDIENTES

El dictamen del comité de “expertos” se eleva ahora a la Mesa de Contratación para que esta decida definitivamente. La primera objeción que cabe hacer es la de la necesaria independencia que debería ser la característica principal de dichos expertos, a fin de garantizar la máxima imparcialidad en su juicio. A este fin, el Consorcio podría haber designado a tres verdaderos expertos externos sin vinculación alguna con el mismo, ni con la Mesa de Contratación, ni con la Junta de Extremadura, que es, a la postre, la institución responsable del tinglado, y ya sabemos que su presidente, el señor Vara, ha mostrado públicamente sus preferencias por Jesús Cimarro en varias ocasiones desde 2015.


Los tres “expertos” pertenecen a instituciones dependientes de la Junta y del Consorcio de manera directa o indirecta.


Pero, no. Los tres “expertos” designados para valorar la propuesta artística y técnica de los concursantes contenida en el sobre 2, no solo no son independientes, sino que están estrechamente vinculados con la Junta de Extremadura. De los tres, la más entendida en materia teatral y aparentemente independiente es Belén Franco Pérez, profesora de la Escuela Superior de Arte Dramático, de la Junta de Extremadura. Los otros dos, aparte de ser vocales de la Mesa de Contratación -¿para qué encomendar un dictamen previo a dos miembros de la Mesa que lo verá a continuación?-, están doblemente vinculados con el órgano contratante, por ser el segundo, Juan Espino Martin, jefe de Sección de Contratación y Patrimonio del Ayuntamiento de Mérida -institución que forma parte del Consorcio del Festival-, y por ser la tercera, María del Carmen Trejo Mostazo, gerente del hermano Consorcio Ciudad Monumental de Mérida, del que forman parte la Junta de Extremadura y el Ayuntamiento de Mérida, miembros a su vez del Consorcio del Festival.

Esta dependencia de los tres “expertos” -que acaban de evaluar por juicio de valor las condiciones artísticas y técnicas de las dos propuestas finalistas- de una Junta de Extremadura cuyo presidente ha hecho pública su parcialidad en favor de Cimarro, y esta vinculación directa o indirecta de dos de ellos con el órgano contratante -el Consorcio que tantas trampas ha puesto a los demás concursantes para conseguir que Cimarro fuese el único candidato posible para el nuevo y millonario cuatrienio del Festival, y que, al parecer, está a punto de lograrlo de nuevo-, deberían determinar su exclusión como “expertos”. Los ciudadanos y contribuyentes, que pagamos con nuestro dinero el Festival, tenemos derecho a ello, máxime después de la larga cadena de irregularidades, arbitrariedades y trampas que jalonan la última década del evento, que han determinado que el adjudicatario del Festival sea siempre el mismo sin competencia posible -en detrimento de las arcas públicas-, y que los lectores pueden seguir en los numerosos enlaces sobre el asunto que figuran al final de esta información.

Los resultados de este diseño “teledirigido” del pliego de condiciones por parte del Consorcio, y de esta falta de independencia y presunta parcialidad por parte del comité de “expertos”, se observa de manera nítida al analizar los resultados de su dictamen, las puntuaciones adjudicadas a uno y otro candidato, y los juicios de valor emitidos, tan desequilibrados en función de quién sea el juzgado, y tan peregrinos en ciertos casos.

CIMARRO CARECE DE ESTUDIOS

Jesús Cimarro se postula en su candidatura como “director artístico” del Festival. Y una de las cosas más llamativas del dictamen que analizamos aquí es el descubrimiento de que el empresario carece de estudios y de ninguna titulación académica ni media ni superior relacionada con su campo ni con ningún otro. Uno de los méritos que puntúan las bases de esta fase del concurso del Festival es la “Formación en Gestión Cultural, Grado Teatro y Cine, Enseñanzas Superiores de Danza, o Enseñanzas Superiores de Música: 0,25 puntos por titulación, con un máximo de 1”.

Pero el señor Cimarro no tiene grado alguno en Teatro y Cine, ni posee titulación ninguna en Enseñanzas Superiores de Danza, ni en Enseñanzas Superiores de Música (ni en nada de nada), aunque no nos cabe duda de que, si tuviera todos estos títulos universitarios, posiblemente las bases puntuarían cada uno de ellos no con un cuarto de punto sino con un punto entero. En cambio, mire usted por donde, tiene un “Máster en Gestión Cultural” impartido en un instituto dependiente de la Universidad Complutense, “título” que encaja como anillo al dedo en el primer enunciado de esta base -“Formación en Gestión Cultural”-, cuando lo lógico es que lo primero que debería figurar en ese enunciado de méritos deberían ser los verdaderos títulos superiores de doctor y licenciado en esas materias. Es decir, esta base -como tantas otras del pliego- parece diseñada expresamente a la medida de Cimarro.


Las condiciones del pliego han vuelto a estar diseñadas a la medida de Cimarro.


Para empezar, aquí se aplica la denominación de máster a algo que no lo es, es decir, a simples cursillos para los que ni siquiera se requiere formación universitaria previa, como es el caso. El verdadero máster, como aclara la Real Academia, es “el grado universitario inmediatamente inferior al de doctor”, y por lo general está destinado a estudiantes de tercer ciclo universitario, cosa que aquí no se da.

Pero, además, ese pretendido máster que tiene el señor Cimarro, no es más que un cursillo -prestigioso y reconocido, eso sí- al que puede optar cualquiera sin necesidad de estudios previos, y que, según informa la Universidad Complutense, se imparte cada quince días, viernes y sábados, durante dos cursos académicos de octubre a junio. Es decir, dos fines de semana al mes durante 18 meses, o sea 72 días lectivos en total, como mucho. (Máster en Gestión Cultural. Música, Teatro y Danza). Pues bien, a este “título” que posee Cimarro las bases conceden la misma puntuación -0,25 por titulación- que a una posible licenciatura o un posible doctorado en las materias citadas, lo que demuestra una vez más la arbitrariedad del procedimiento.

Pero lo que más sonroja -otra prueba más de la sobrevaloración que estos “expertos” hacen de los méritos artísticos y técnicos de la propuesta de Cimarro- es -frente al rigor aplicado en las puntuaciones concedidas a su oponente- la alegría con la que admiten esta “titulación” lograda tras un ciclo formativo de 72 días que ni siquiera es equiparable a un trimestre completo, si es que asistió a todas las clases programadas, aceptando sin más, como así consta en el dictamen del comité, que Cimarro “ha superado los estudios correspondientes para obtener el Título de Magister en “Gestión Cultural: Música, Teatro y Danza”, según certifica el director de dicho “máster”. Título de Magister, nada menos, por diez semanas de clase de alguien carente de toda formación académica o reglada previa o posterior.

A LA MEDIDA DE CIMARRO

Que las condiciones para optar al nuevo concurso parecen estar hechas a la medida de Cimarro -como ha ocurrido con los anteriores- es un hecho que vuelve a saltar a la vista cuando se siguen analizando los criterios de valoración y el dictamen de estos “expertos”. Porque hay más pruebas de esa presunta parcialidad.


Los “expertos” puntúan con generosidad a Cimarro y con rigor a la UTE de SEDA, a la que adjudican 22 puntos menos.


*Experiencia a la medida de Cimarro: En anteriores ediciones del concurso se puntuaba como experiencia la realización de festivales en conjuntos monumentales grecolatinos, algo que prácticamente solo podía aducir Cimarro, dado que había sido contratado a dedo en 2012 para explotar el Festival de Mérida y lleva ya nueve ediciones seguidas en dicho recinto, lo que le da una ventaja abismal sobre cualquier competidor. Ahora, la artimaña y el resultado siempre en favor de Cimarro son los mismos. Porque se valora con un punto (por cada festival) hasta cinco la “Experiencia en dirección de ediciones de festivales de teatro, ópera, danza, ballet o música con presupuesto superior a un millón de euros anuales”, algo que solo él puede cumplir precisamente por su posición ventajosa determinada por los años que lleva dirigiendo Mérida.

* ¿Director artístico o productor?: Otra anomalía es incluir entre los méritos a puntuar del candidato a “Director Artístico” la “Experiencia en producción de obras de teatro, ópera, danza, ballet o música, de presupuesto igual o superiora 500.000 euros por ejercicio”, otorgándose un punto por año hasta cuatro puntos. Esto vuelve a demostrar palpablemente que el perfil está diseñado a la medida de Cimarro, porque ningún director artístico produce nada. ¿Qué se busca en realidad aquí, a un director artístico o a un productor? ¿Qué pinta este “mérito” de productor en el perfil de un director? ¿Y quién más, aparte de Cimarro, puede presentar un historial de producción de obras o espectáculos por importe de medio millón de euros o más?

Solo en estos dos epígrafes sobre “experiencia” Cimarro se lleva 9 puntos del ala que son inalcanzables para cualquier otro competidor. Naturalmente, los certificados que documentan dicha “experiencia” del señor Cimarro los firma el director-gerente del Consorcio del Festival, que tantas trabas ha puesto a la UTE de SEDA.

*Recuperación de producciones: Otro elemento-trampa para la evaluación de los méritos, y que adjudica nada menos que 10 puntos, es el de la Recuperación de producciones de ediciones anteriores del propio Festival, otra condición hecha a la medida de Cimarro, porque él es, entre todos los directores y productores teatrales no ya de España, sino del mundo entero, el que más producciones ha hecho en Mérida en la década que lleva explotando el Festival, lo que representa otra ventaja decisiva sobre cualquier competidor. Y más, si se tiene en cuenta que la recuperación de espectáculos anteriores del Festival que propone la UTE de SEDA se desestima por los “expertos” con argumentos tan peregrinos como los que veremos más adelante.

La llamada extensión del Festival de Mérida a Madrid, en los teatros de Cimarro, es otro negocio del empresario. PROPRONews
La llamada extensión del Festival de Mérida a Madrid, en los teatros de Cimarro, es otro negocio del empresario. PROPRONews

*Ventaja del Festival, no. Negocio de Cimarro: Otra curiosidad asombrosa es la valoración de la extensión del Festival a la ciudad de Madrid propuesta por Cimarro. En el pliego se valora como mérito llevar producciones anteriores del Festival a los teatros madrileños La Latina, Bellas Artes y Reina Victoria. Pero resulta que estos tres teatros son del señor Cimarro y que llevar esas “extensiones” a sus escenarios no es ninguna ventaja para el Festival sino un incremento del negocio del avispado empresario, que exhibe en sus locales, sin coste de producción y con la taquilla limpia, espectáculos que han sido producidos previamente con el dinero público del Festival. Y, encima, el Consorcio sobrefinancia cada año a Cimarro esta llamada “extensión” en sus propios teatros capitalinos con una subvención aparte del ya millonario presupuesto del propio Festival.


La diferencia de puntos parece insalvable y todo indica que volverán a darle el contrato a Cimarro.


*¿Pero cuál es el objeto del contrato? El contrato que se pretende adjudicar es para realizar el Festival Internacional de Teatro Clásico en el Teatro Romano de Mérida, pero, asombrosamente, el señor Cimarro no especifica programación o contenido ninguno para dicho escenario, centrándose en su propuesta exclusivamente en las actividades paralelas y en los escenarios alternativos. Es decir, la razón de ser del concurso y del contrato brilla por su ausencia. Parece como si a los organizadores del evento les diera igual esta increíble omisión porque ya supieran de antemano que el concurso lo vaya a ganar el mismo de siempre.

Y aún hay otros elementos de juicio que dicen muy poco acerca de la imparcialidad del procedimiento concursal, y que podremos analizar en otro momento.

TRATO DESIGUAL A LA UTE DE SEDA

Pues bien, todo lo que el Consorcio que elabora los pliegos de condiciones y determina los méritos exigibles a los candidatos, y lo que los “expertos” que puntúan dichos méritos, establecen o miran con esa benevolencia a Cimarro, lo analizan con lupa y aplican todo el rigor cuando se trata de su competidor. El trato es claramente desigual.

* Diferencias de valoración y puntuación. Para ilustrar las numerosas diferencias en la valoración y puntuación de la UTE de SEDA en comparación con la generosidad con que se sobrevalora a Cimarro, basta con poner un par de ejemplos, sin contar la escasísima puntuación que se ha otorgado a la directora artística propuesta por SEDA, Dania Dévora (solo un punto, en comparación con los 9,25 de un Cimarro en ventaja de productor); o las descalificaciones de las actividades propuestas por SEDA para menores de 30 años, entre otras anomalías.

* Actores muertos: En efecto, cuando dicha UTE propone recuperar Miles gloriosus, un espectáculo del Festival de 2008 en el que intervinieron los actores José Sancho y Cesáreo Estébanez, los “expertos” descalifican dicha propuesta argumentando que dichos actores están muertos. ¡Pues claro! Pero es que, aunque estuvieran vivos, el perfil para sus papeles no podría ser el mismo trece años después. Naturalmente, esa reposición sería con un elenco distinto. Este argumento de los “expertos” es un insulto a la inteligencia.

* Compañía disuelta: Algo parecido sucede con la propuesta de SEDA de recuperar el espectáculo de danza Antígona. Dicen estos sesudos “expertos” en su dictamen de valoración que “la producción Antígona, de 2019, no puede ser recuperada como producción, puesto que la compañía que lo hizo (sic), de Víctor Ullate, está disuelta desde ese mismo año 2019. Es decir, se oferta una coproducción con una empresa que ya no existe y con una compañía disuelta”. Naturalmente es de sentido común que dicho espectáculo se repondría con un productor distinto, porque a los efectos de montar un espectáculo, este es siempre posible indistintamente de quién lo produzca. Otro argumento que insulta a la inteligencia.

A LA ESPERA DE LA VALORACIÓN ECONÓMICA

Visto lo visto, con esa apabullante diferencia de más de 22 puntos en favor -como siempre- de Jesús Cimarro solo en el apartado del sobre 2, hay que sospechar que, por muy buena que sea la oferta económica de SEDA contenida en el sobre 3 -y que a la hora de redactar esta información todavía no se sabía si se había abierto o no, desconociéndose, por tanto, el resultado-, será prácticamente imposible que la UTE de SEDA pueda remontar.

Como venimos anunciando desde hace años, el concurso parece estar dado de antemano, una vez más, a Jesús Cimarro. Es natural. Bien claro lo dijo el empresario en una entrevista en 2016, después de la celebración del Festival de ese año, primero que se hacía con concurso, asegurando que “ya sabía” que se lo iban a dar a él.

(NOTA: Nos hubiese gustado contrastar esta información con el Consorcio del Festival de Mérida y con el señor Cimarro, pero todos los requerimientos que hemos realizado hasta ahora, tanto telefónicamente como por correo electrónico, solo han tenido como respuesta el silencio, de modo que no podemos seguir perdiendo tiempo intentándolo de nuevo. No obstante, estamos abiertos a cualquier rectificación fundada que se nos quiera hacer, si en la noticia hay errores, omisiones o juicios de valor incorrectos).

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, 100 años de periodismo

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