Extremadura, última colonia teatral del país otra vez

El reciente Festival de Teatro de Mérida ha vuelto a poner de manifiesto el abuso que padece el evento y la autoconcesión de la Medalla de Extremadura ha sido un espectáculo onanista carente absolutamente del mínimo pudor

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Los verdaderos inicios del Festival a principios de los años 80, como creación netamente extremeña.
Los verdaderos inicios del Festival a principios de los años 80, como creación netamente extremeña.

Para quienes de verdad nos interesa el hecho teatral extremeño y desde hace muchos años nos hemos dedicado a informar, profundizar y analizar el Festival y sus espectáculos, el repetir que el evento sigue caminando a la deriva sin encontrar esa gran fiesta de la grecolatinidad que lo distinga por la originalidad y la calidad y lo eleve por encima de otros grandes festivales, parece ya un tópico trillado y manoseado. Pero este año nos hemos topado con la sorpresa de un espectáculo onanista y sin pudor representado el Día de Extremadura, protagonizado por el presidente Fernández Vara, el alcalde de Mérida Rodríguez Osuna y el director/empresario del evento Jesús Cimarro, que (se) han concedido la Medalla de Extremadura al Patronato del Festival, entidad patrocinadora de la que ellos son presidente, vicepresidente y adjudicatario.

José Manuel Villafaina Muñoz.
José Manuel Villafaina Muñoz.

Badajoz, Mérida.-

O sea, los que han dado la Medalla son los mismos intérpretes que se han concedido a sí mismos el máximo galardón de la Comunidad. Y en presencia de un público de autoridades invitadas al evento, testigos silentes cuyo principal cometido era el aplauso de claqué al final del (auto)orgasmo, desvelando la visión grotesca de la actual realidad cultural y política de Extremadura.

Tal acontecimiento degradante, nos mueve a que hay que poner en tela de juicio –una vez más- la (in)cultura teatral del Patronato y del Festival, que han tocado techo tolerando con alegría estos deméritos y estos espectáculos obtusos de pan y circo, que para determinada gente desinformada pueden convertirse en modelos, en genialidades ante los que hay que descubrirse. Además, el colmo de la poca vergüenza lo ha puesto el empresario privado vasco-madrileño Jesús Cimarro, personaje favorecido con la adjudicación a dedo por parte de J. A. Monago (etapa PP) y de F. Vara (etapa PSOE) de la dirección del Festival durante dos legislaturas, que ha actuado de concesionario y portavoz en el acto de la entrega declarando sin miramientos: “Es ahora, en su 65 aniversario, cuando el Festival ha alcanzado la madurez, para convertirse en el motor artístico y económico de la región durante los meses de verano”.


Tal acontecimiento degradante, nos mueve a que hay que poner en tela de juicio –una vez más- la (in)cultura teatral del Patronato y del Festival.


Una tremenda falacia porque el Patronato estos últimos años ha sido cuestionado como de dogmático y autoritario, sin asesores culturales (la consejera de Cultura y la directora del Centro Dramático Extremeño, sin ninguna obra ni milagro en sus vidas culturales, solo han servido en las reuniones de muñecas mudas por un hueso entre los dientes), y el Festival ha sido el del oportunismo de un director foráneo que ha manejado a la entidad -que lo ha encumbrado haciendo honor a ese hábito cainita de valorar las cualidades ajenas ignorando las propias- y solo ha aportado la escasa calidad de una cultura comercial de interés personal. Algo que ya ocurrió los primeros años del Festival en 1983, con el director valenciano-madrileño José Monleón. Y que hace pensar que -después de 35 ediciones del Festival- con el director vasco-madrileño Extremadura vuelve a ser la última colonia teatral del país.

Lisístrata marca el verdadero nacimiento del Festival de Teatro de Merida.
Lisístrata marca el verdadero nacimiento del Festival de Teatro de Merida.

AFRENTA A EXTREMADURA

Las palabras de Cimarro resultan -como en la etapa de Monleón– una nueva afrenta a los artistas y políticos extremeños que desde 1979 -hace 40 años- pusieron todo su empeño e ideas dignas para crear un Festival grecolatino con calidad, distinto del que ahora se viene haciendo, que deja mucho que desear -por su falta de personalidad grecolatina y condición populachera trufada del amiguismo más desaforado- con esa “madurez” que el fachendoso director dice que ha alcanzado en su etapa. Desde mi experiencia como asiduo espectador -a partir de 1960-, como profesional del teatro que ha ejercido de crítico teatral, como colaborador del proyecto del Festival en sus inicios -habiendo estado de responsable de la Cátedra y Compañía “Torres Naharro” de la Diputación de Badajoz, participante en el Teatro Romano con espectáculos en 1980, 1981 y 1983- y como miembro del Patronato durante mi etapa de director del Centro Dramático y de la Música de la Junta de Extremadura (1991-1993), con bastante documentación en mis archivos de teatro, tengo que aclarar que mucha de la realidad teatral de Festival emeritense no es la que deliberadamente se ha contado en los medios y determinados libros pagados por la administración, sino la que deliberadamente se ha tapado. Y en consecuencia lo hago manifiesto, pues he sido testigo de otra visión del evento emeritense que con fundamentos y anhelando una utopía teatral de lo posible me atrevo a revelar.


Las palabras de Cimarro son una nueva afrenta a los artistas y políticos extremeños creadores y responsables del Festival desde 1979.


En rigor, lo primero que debo decir es que el Festival no empieza cuando Margarita Xirgu hizo una sola representación en 1933 (antes ya se había realizado una función por unos estudiantes de latín) sino en 1983. En esos 50 años el Teatro Romano, que tuvo varias interrupciones de fechas donde nada se programó, ocasionalmente ofrecía funciones aisladas de una o dos compañías que muchas veces eran de aficionados universitarios. Otras únicamente de danza o conciertos de música. En las décadas de los 60 y 70 funcionaron los llamados Festivales de España montando un par de obras (de teatro y de danza) que recorrían varios espacios emblemáticos del país, entre ellos el Teatro Romano (aquí el que más años representó fue José Tamayo). Por consiguiente, estas actividades escasas y demarcadas no se pueden contemplar como ediciones, que se han anotado al Festival. Todo fue una ocurrencia sofística de Monleón de considerarlas como tal, sugiriendo al Patronato que la mejor fecha de origen para el Festival era 1933, año de la primera representación profesional en el Teatro Romano. Les recordó a sus miembros que en aquel acontecimiento, donde participaron artistas conocidos de la época, había una interesante historia político-cultural en la que intervino el presidente Manuel Azaña, que asistió al espectáculo. A esa consideración, que aceptó el Patronato, añadió tener en cuenta que desde esa fecha supuestamente con más “ediciones” situaba al evento como el más antiguo de los que hoy existen en el país.

EL VERDADERO INICIO DEL FESTIVAL

A las claras, el verídico Festival parte de las ideas de un grupo de extremeños del Centro Dramático de Badajoz y Cátedra de Teatro “Torres Naharro” (entonces bajo mi dirección) que desde 1978 comenzaron a desarrollar un “Proyecto de Infraestructura Teatral Extremeño” con importantes actividades regionales, nacionales e internacionales (que se pueden consultar en la Gran Enciclopedia Extremeña). La actividad de Mérida se planeó con el “Proyecto Lisístrata” presentado al Ministerio de Cultura en 1979. Feliciano Correa, entonces delegado provincial en Badajoz, que vivió el proceso llevado a cabo por los extremeños para interesar al Ministro dijo: “Fue presentado como una idea de la Cátedra Torres Naharro y yo acompañe a Mediero y Villafaina a la reunión en Madrid. Recibimos todo el apoyo del Ministro, que dijo que asistiría al estreno, y del Director General de Teatro” (HOY, 19-2-1980). En el Ministerio hablamos de las posibilidades de implantar el Festival, pero antes había que demostrar que nuestro montaje de “Lisistrata” funcionaría.


El verdadero inicio del Festival de Mérida parte de las ideas de un grupo de extremeños del Centro Dramático de Badajoz y la Cátedra de Teatro “Torres Naharro”, que desde 1978 comenzaron a desarrollar un “Proyecto de Infraestructura Teatral Extremeña”.


El estreno de la obra, versión de Martínez-Mediero, producción de la compañía Torres Naharro, revolucionó la escena romana en todos los sentidos: artístico, cultural, social, político. Recibió el apoyo de las instituciones extremeñas y del Ministerio de Cultura y, mayormente, los elogios del Primer Congreso Teatral España-América Latina (integrado por los más prestigiosos artistas del momento de ambos continentes), que para la ocasión del estreno había organizado el Centro Dramático en Mérida. En la prensa Teresiano Rodríguez Núñez dijo: “Lisístrata” o los profetas en su tierra, es la prueba evidente. Las localidades se habían agotado y al final la práctica totalidad, puesta de pie, aplaudió calurosamente a la compañía” (HOY, 9-7-1980). También fue apreciada por la prensa nacional y las revistas internacionales especializadas (entre ellas la del prestigioso crítico Miguel Pérez Coterillo). Y al año siguiente, la compañía repitió con “Fedra”, también en versión de Mediero, que logró el mismo éxito. Tuvo los iguales llenos que la anterior durante 10 días y hubo que prorrogarla (como la vana “Metamorfosis” de este año, por imposición de su productor Cimarro). Además, fue contratada para exhibirla después en TVE (Estudio 1) y publicada por la revista nacional de teatro “Primer Acto” de Monleón, siendo esta obra extremeña, con todo ello, la más vista de la historia del Festival.

EL HITO DE 1983

Pero fue en 1983 cuando se produce el hecho más significativo en el Teatro Romano: la celebración de sus 50 años funcionando y los 2.000 de su construcción. Y son los extremeños los que organizan el naciente Festival. Se hizo con escaso presupuesto (en pesetas): 14 millones de la Dirección General de Teatro, 3 millones de la Subsecretaría de Cultura, 2 millones del Ayuntamiento de Mérida, 1,5 de la Diputación de Badajoz y un millón de la Consejería de Cultura. Más la taquilla (aunque se repartieron muchas invitaciones a las instituciones patrocinadoras). El equipo de organización estuvo compuesto por el alcalde Antonio Vélez y los servicios del Ayuntamiento, Juan Carlos Sánchez (gerente), Ángel Briz (prensa y propaganda) y mi asesoramiento artístico (incluso estuve con Vélez en las reuniones del Ministerio y otras instituciones).

El entonces ministro de Cultura, Fernando Ledesma, felicita a Murillo y a Villafaina por el éxito del Golfus.
El entonces ministro de Cultura, Fernando Ledesma, felicita a Murillo y a Villafaina por el éxito del Golfus.

No hubo ningún director del Festival, nadie cobró nada, sencillamente era una época donde todos estábamos cargados de generosos sueños, de ideas cuantiosas de ilusión y ganas para emprender nuevos rumbos culturales, anhelando poner aquel proyecto del Festival extremeño como un acontecimiento más de la libertad. Participaron cinco compañías -todas con montajes de teatro grecolatino- y dos conciertos de música (para inaugurar y clausurar el evento). Y por primera vez hubo actividades paralelas: unas Jornadas sobre el tratamiento del futuro del Festival (en donde estuvieron invitados Monleón y Francisco Nieva) y un homenaje a Margarita Xirgu. La compañía “Torres Naharro” montó un espectáculo de “nacionalismo creativo”: “Golfus de Emerita Augusta”, trabajo colectivo de Miguel Murillo, José Luis Alonso de Santos, R. Ballesteros y José Manuel Villafaina, como homenaje al teatro, consiguiendo un inmejorable éxito de público y crítica. La repercusión, que significó también un brindis al triunfo de la izquierda ese año, hizo que las autoridades extremeñas se replantearan un Patronato del Festival. Y este se creó al año siguiente, considerando algunos de los objetivos propuestos por los creadores extremeños que también habían sugerido contratar a un director teatral experto.

IMPOSICIÓN DEL MINISTERIO

Pero fueron las autoridades de teatro del Ministerio de Cultura quienes predominaron para nombrar director del evento a José Monleón (entonces director de la revista teatral “Primer Acto”). La elección se hizo después de una agria polémica sobre el Festival en la prensa regional y nacional (El País, 21-8-83), entre el impuesto a dedo director de la revista y el Centro Dramático pacense (que había criticado a Monleón por haber hablado con ligereza en su charla sobre la producción extremeña “Golfus de Emerita Augusta” sin haberla visto), y que por la arbitrariedad de ciertos ignorantes institucionales de la Junta de Extremadura –mal asesorados por el murciano-madrileño José Antonio Atanet, impuesto también a dedo por los mismos del Ministerio como director general de Cultura de la Junta- se acabó menoscabando la labor crucial de la compañía extremeña, que no volvió a representar ningún espectáculo más en el Festival.

Golfus de Emerita Augusta, uno de los grandes éxitos de las producciones extremeñas.
Golfus de Emerita Augusta, uno de los grandes éxitos de las producciones extremeñas.

Con Monleón, elegido primer director en 1984, empieza la pústula de la realidad teatral del evento, que no es la que aposta se ha contado oscureciendo estos acontecimientos, en función de los mezquinos intereses de siempre, en su libro “MERIDA: LOS CAMINOS DE UN ENCUENTRO POPULAR CON LOS CLÁSICOS GRECOLATINOS” (2008), por el que recibió el llamado premio “SCAENA” otorgado por el Festival. Una realidad de colonialismo cultural afín y similar a la de ahora dirigida por Cimarro, que se ha orientado más por el camino de las sombras que de las luces, traicionando el proyecto original del Patronato en la filiación grecolatina e internacional de los textos y las compañías, y el ajuste de las puestas en escena a las exigencias del espacio romano, interrogándose también por las posibles aportaciones del Festival al pensamiento contemporáneo. Toda una realidad paradójica sobre esa “madurez” de la que ridículamente presume Cimarro en su discurso de (auto)concesión de la Medalla de Extremadura al Festival. Tema sobre el que seguiré contando -con más detalles- en próximos artículos.

La identidad grecolatina del Festival bajo la iniciativa extremeña se ha perdido con el actual empresario.
La identidad grecolatina del Festival bajo la iniciativa extremeña se ha perdido con el actual empresario.

(José Manuel Villafaina Muñoz es licenciado en Arte Dramático, actor, director autor, profesor y crítico teatral, con una trayectoria profesional de más de 50 años).

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José Manuel Villafaina, un profesional integral del teatro, nuevo colaborador de PROPRONews

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