Hacer del Festival de Mérida un “laboratorio” puede convertir a los extremeños en conejillos de indias

Los responsables del festival no pueden poner en juego la salud y el dinero de la comunidad al intentar mantener el evento a toda costa

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La angostura de las gradas y los accesos del teatro constituyen un riesgo específico del recinto. WIKIPEDIA
La angostura de las gradas y los accesos del teatro constituyen un riesgo específico del recinto. WIKIPEDIA

La propuesta del presidente de la Junta de Extremadura de convertir este año el Festival de Teatro Clásico de Mérida en un “buen laboratorio para lo que se vaya a hacer a partir del 1 de septiembre con el teatro y las artes escénicas en general de nuestro país”, según palabras textuales suyas, da miedo. La primera pregunta es por qué tiene que ser Extremadura laboratorio de nada, cuando las instituciones de otras muchas comunidades han cancelado ya sus festivales de este año. Y la segunda es qué pasa si a pesar de la reducción de programación y de aforo se originan contagios en el Festival, habida cuenta, además, de que vendrán compañías y técnicos de Madrid, que es el foco principal de la pandemia en España. Ni por cuestiones de “pruebas” de aforos y distancia entre espectadores en un recinto teatral, ni mucho menos de “laboratorio” clínico, por si el virus puede aparecer o no en las representaciones, es asumible para Extremadura el riesgo de la propuesta de Guillermo Fernández Vara. ¿De quién sería la responsabilidad sanitaria, e incluso penal, en caso de rebrote por esta causa?

La Federación Francesa de Tenis no solo ha retrasado el Roland Garros de este año a septiembre y octubre, sino que incluso está pensando que el torneo se juegue a puerta cerrada o cancelarlo definitivamente. La ciudad de Edimburgo ha cancelado ya sus importantísimos Festivales de agosto, que cada año atraen a cuatro millones de visitantes y dejan más de mil millones de libras en la ciudad. Pero, en Extremadura, donde los dirigentes deben de ser más listos, el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, solicita al Gobierno la autorización -como si la decisión de aplazar o cancelar no dependiese directamente de él- para celebrar el Festival de Teatro Clásico de Mérida.


En un año como este, el dinero público de los extremeños no debe dilapidarse en esto; en todo caso habría que socorrer al sector teatral y cultural de la región.


El presidente extremeño ha dicho que va a hablar con Cimarro del asunto, cuando nos consta que con Cimarro ha hablado en repetidas ocasiones durante los últimos meses, dado que la decisión de celebrar el Festival a pesar del coronavirus ha sido tomada ya por la Junta de Extremadura, como lo prueban las recientes declaraciones de Cimarro, Rodríguez Osuna, el alcalde de Mérida, y el propio Vara. La secuencia de declaraciones de los tres, por el orden indicado, hasta la de Fernández Vara, proponiendo que Extremadura sea “laboratorio” en esta situación gravísima de epidemia, demuestra que los tres han hablado con anterioridad y se han puesto de acuerdo, explícito o tácito, en el mensaje general y en lo que tenía que decir cada uno. Así nos consta por el testimonio de fuentes cercanas a la Junta de Extremadura.

Muchos extremeños se preguntan por qué ningún otro responsable político de ninguna otra comunidad autónoma donde suelen programarse importantes festivales se ha ofrecido para que “su festival sea un laboratorio previo a los demás”. Es imaginable la reacción de los gallegos, los valencianos o los madrileños si sus presidentes hubieran ofrecido su tierra como “laboratorio” en estas circunstancias. Y de la reacción en otras comunidades, mejor no hablar.

PELIGRO DE CONTAGIOS

Según fuentes médicas consultadas por nuestro periódico, celebrar un Festival con público en el Teatro Romano de Mérida, aunque el aforo se reduzca a 800 personas, es correr un riesgo serio de contagio. “Lo primero de todo a considerar es que el coronavirus sigue entre nosotros y no se va a ir en bastante tiempo. Y hay que tener en cuenta -dice un experimentado médico epidemiólogo- que los espectadores tendrían que entrar y salir por accesos estrechos como los vomitorios que comunican los graderíos, recorrer espacios igualmente estrechos y rozándose unos con otros para acceder a cada localidad, cosa que se repetiría cada vez que se necesite ir a los aseos, o en los entreactos, sin contar la zona de aseos y otras zonas comunes como posible foco. Por otra parte, para distribuir a 800 o 1.000 personas en un aforo distanciado se precisa el concurso de numerosos acomodadores, para evitar el contacto entre los espectadores cuando buscan su localidad, todo ello en la angostura de las gradas romanas, donde es imposible guardar la distancia de seguridad al paso, y eso, quiérase o no, genera continuas situaciones de riesgo. Además, un festival de teatro en Mérida requiere la presencia de compañías llegadas de otras zonas del país, como Madrid, donde el virus sigue muy activo. Requiere, además, el trabajo de numerosos operarios, transportistas, montadores, técnicos de sonido, iluminación, escenografía, audiovisuales, etc. Considerando que todos ellos procedieran de la propia Extremadura, el peligro seguiría existiendo; pero si esos técnicos numerosos proceden de comunidades donde ha habido mayor incidencia del virus, el peligro, lógicamente, se multiplica”.


El alcalde de Mérida roza la irregularidad al ofrecer dinero de la ciudad, no presupuestado a esos efectos, para sufragar el déficit de taquilla, pérdida que correspondería al empresario privado.


Y no hay que olvidar tampoco que en Extremadura han muerto ya 487 personas víctimas de la Covid-19, y que la tasa extremeña de mortalidad por el virus (48 por 100.000) es notablemente superior a las de Cantabria (35), Asturias (29), Comunidad Valenciana (26), Galicia (22), Baleares (18), Andalucía (16), Murcia (9) y Canarias (7), sin contar Ceuta y Melilla, que tienen tasas aún menores.

La estrechez de los vomitorios y su textura incrementan el riesgo, según técnicos sanitarios. FOTONAZOS
La estrechez de los vomitorios y su textura incrementan el riesgo, según técnicos sanitarios. FOTONAZOS

¿PARA QUÉ TANTO RIESGO?

El sector teatral extremeño y los ciudadanos de dicha comunidad se preguntan por los verdaderos motivos para correr tanto riesgo. El argumento del impacto económico y turístico del Festival en Mérida y Extremadura no tiene justificación este año. Se puede preguntar al sector hotelero extremeño cuántas reservas tienen para este verano ni aunque se celebrara el Festival de Mérida. En la situación actual de peligro de contagio, de miedo generalizado al virus entre esos sectores sociales con cierto poder adquisitivo -que son los que viajan-, de detraimiento de la demanda hotelera y vacacional incluso en las zonas más turísticas del país, es impensable que este verano vaya a haber una elevada demanda hotelera en Mérida, con festival o sin festival.

Entonces, ¿a qué esta insistencia de los responsables políticos extremeños y del adjudicatario a dedo del Festival 2020, Jesús Cimarro, en celebrar el festival a toda costa? Máxime cuando desde hace dos meses hay presentada una demanda por una de las empresas licitantes perjudicadas, contra dicha concesión, en el Juzgado Contencioso-Administrativo nº 1 de Mérida (Demanda contra el Patronato del Festival de Mérida por la adjudicación a dedo a Cimarro de la edición de 2020). Esta demanda, redactada por el despacho de abogados que ya consiguió tumbar la Mesa de Contratación y el Concurso para la Adjudicación del Festival 2020-2023, a causa de las numerosas irregularidades que contenía el pliego de condiciones y su parcialidad en favor de Cimarro, puede prosperar lo mismo que prosperaron sus recursos previos ante la Comisión Jurídica de Extremadura. ¿Qué pasaría a posteriori si el Juzgado declara ilegal la adjudicación a dedo a Cimarro del Festival de este año si este llegara a celebrarse aun con el coronavirus? ¿Quién indemnizaría a las empresas licitantes perjudicadas?

IRREGULARIDAD DEL ALCALDE

Pero, de la misma manera que el alcalde de Mérida, infringiendo la normativa de concesión de la Medalla de Extremadura, la solicitó para el Festival de Mérida de cuyo patronato él mismo forma parte -por lo que, según dicha normativa, está inhabilitado para esa solicitud-, y de la misma manera que Fernández Vara, infringiendo la misma normativa, se autoconcedió esa Medalla a un Festival que organiza la propia institución que preside, y tuvieron la desvergüenza de (auto)entregársela solemnemente al propio alcalde y a Cimarro, no nos cabe duda de que Cimarro, Rodríguez Osuna y Fernández Vara van a seguir adelante con el arriesgadísimo dislate de celebrar el Festival de Mérida 2020 en plena pandemia de coronavirus.


En un año de nulo turismo interior y de imposible programación con tiempo y calidad, no parece haber otro interés que el privado de Jesús Cimarro.


A estas alturas es lícito dudar de que se estén protegiendo los intereses sanitarios, económicos y culturales de Mérida y de Extremadura. Más bien parece que, una vez más -como cuando se organizó el nuevo e irregular concurso para el cuatrienio 2020-2023, o como cuando se le dio la Medalla de Extremadura a Cimarro por un Festival que ha cumplido 65 ediciones y 87 años la mayor parte del tiempo sin él (El Festival de Mérida celebra y agradece la concesión de la Medalla de Extremadura 2019), o como cuando, en vez de convocar diligentemente el nuevo concurso, se le adjudicó otra vez a dedo la nueva edición de 2020- los intereses privados del señor Cimarro, muy bien apoyado por el alcalde de Mérida y el presidente de la Junta de Extremadura, van a prevalecer otra vez sobre los intereses sanitarios, económicos y culturales de los ciudadanos extremeños.

Tan es así, que, en su desconocimiento de los procedimientos, el propio alcalde emeritense, Antonio Rodríguez Osuna ha ofrecido fondos del erario municipal “para cubrir el déficit que la reducción de aforo pueda causar en los ingresos por taquilla” (El ayuntamiento se ofrece a asumir parte del déficit del Festival de Mérida si se celebra con reducción de aforo). Olvida el señor alcalde que una operación de este tipo, sin estar contemplada en los presupuestos municipales, sería irregular, si no ilegal. Olvida también que la ciudad de Mérida tiene muchas necesidades que constituyen prioridades no intercambiables por los intereses de taquilla de un empresario teatral. Además, olvida que el Festival está externalizado, es decir, dado en explotación a un empresario privado (que ya se lleva cada año alrededor de un millón de euros de Extremadura por este concepto) y que, en todo caso, debería ser él el que corriera con el déficit, porque, si ese es su negocio a ganancias, debería serlo también a pérdidas cuando las haya. Porque, con lo que Vara y Rodríguez Osuna pretenden, Cimarro se lleva el millón cuando no hay problemas, y, cuando los hay, como en la epidemia de este año, tampoco pierde, porque ahí está el dinero público de Extremadura tan alegremente puesto a su disposición.

Este año hay sobradas razones, 14 al menos (Las 14 razones por las que el Festival de Teatro de Mérida 2020 no debería celebrarse), para que el Festival de Teatro Clásico de Mérida no se celebre. En todo caso, de seguir adelante con su decisión, Fernández Vara debería considerar hacer un evento exclusivamente con compañías extremeñas -que son las que más lo necesitan y no tendrían que desplazarse desde el exterior-, sin necesidad de un adjudicatario privado como Cimarro, que él y las compañías de su órbita (que acudirían desde fuera de la región extremeña, incrementando el riesgo de contagio) son los que se llevan la parte del león del presupuesto.

Con todo, lo peor es esa palabra, “laboratorio”, en boca de un presidente que no puede ignorar la dimensión sanitaria del asunto, porque es médico forense y, antes de ser presidente de la Junta de Extremadura, fue director general de Salud Pública y consejero de Sanidad. Y a mí, oír hablar de Extremadura y de Mérida como “laboratorio”, en la grave situación sanitaria de nuestro país, sinceramente, me causa escalofríos.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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