La pandemia y las artes escénicas en América y en España

Nuestro crítico teatral ha vivido el confinamiento entre Florida, Puerto Rico y nuestro país, y desde esa perspectiva analiza el impacto en las artes escénicas

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Donald Trump se burló del coronavirus al principio y hoy EE.UU. es el país con más contagiados y muertos del mundo. RTVE
Donald Trump se burló del coronavirus al principio y hoy EE.UU. es el país con más contagiados y muertos del mundo. RTVE

De verdad, que hasta el confinamiento español del Covid-19, decretado el 14 de marzo, no tenía mucha idea de la dimensión de esta pandemia asesina. La noticia me cogió viajando plácidamente por Florida y el Caribe, lugares cálidos donde cada año, escapando del frío invierno extremeño, suelo pasar los meses de febrero y marzo. En enero, antes de emprender el viaje, poco sabía del brote que surgió en China y al que entonces no se le había dado demasiada importancia en Europa. Durante el mes de febrero, casi desconectado de España me dediqué, como otros años, a disfrutar de la compañía de familiares en EEUU, y amigos artistas de estos lugares, a asistir a eventos culturales y a recorrer las gratas playas del entorno caribeño. Fue en la primera semana de marzo cuando un amigo médico, contertuliano en Badajoz, me alertó con un whatsapp: “Ahí estás de puta madre. Aquí estamos preocupados con el virus. No regreses. Están cayendo viejos a porrillo”.

Puerto Rico, Miami, Extremadura.-

Pero, tal como ocurrió esos días en Madrid con las reivindicaciones callejeras del 8-M, uno hizo caso omiso de los consejos del experto amigo, pasando indolente de las noticias de un virus que empezaba a ser tragedia en España (el triunfo del Atlético en Inglaterra, lo celebré en Puerto Rico con unos buenos palitos de ron con agua de coco). Las pilas me las puse pocos días después, cuando leí una noticia en el diario El Nuevo Día, de San Juan, que atemorizó a la hermosa isla. Un grupo de turistas italianos contagiaron a varios portorriqueños en una discoteca el Día Nacional de la Salsa.


Un grupo de turistas italianos contagiaron a varios portorriqueños en una discoteca el Día Nacional de la Salsa.


A raíz de este aviso, la gobernadora de Puerto Rico, Wanda Vázquez, ordenó posponer la celebración de eventos con mucho público, complicándose más la cosa al día siguiente, con una nueva noticia hablando de algunos contagios más entre las personas que habían estado en el baile. Y nos enteramos de que el Instituto de Cultura Puertorriqueña, principal agencia cultural de la isla, había tomado medidas cancelando todos los eventos que tenía programados. Entre ellos el Festival de Teatro Puertorriqueño e Internacional 2020, al que yo tenía pretensión de asistir. Fue entonces cuando empecé a tomar conciencia de la gravedad que podía tener esta crisis sanitaria en España, donde las medidas de confinamiento igualmente desarmarían las endebles estructuras de las Artes Escénicas y, máxime, las de Extremadura (montajes y giras de las compañías y sus festivales del verano).

Nuestro crítico, celebrando la victoria del Atlético en Puerto Rico.
Nuestro crítico, celebrando la victoria del Atlético en Puerto Rico.

En los días siguientes, la situación de contagios en EEUU había empeorado y el presidente Trump -criticado por el descontrol del brote en Nueva York- ordenó restricciones al libre flujo de personas en las calles y el cierre de teatros, estadios y museos, complicando mi estancia hasta el día de mi regreso a España, que debía hacer la última semana de marzo desde Miami. Con este panorama, se veía venir desde la Casa Blanca el decreto del estado de emergencia y decidí regresar. En los dos días que duró mi confinamiento voluntario en San Juan, quise aprovechar para ponerme al día sobre la situación teatral en España. De la revista internacional de teatro ARTEZ-BLAI, leí un magnífico artículo titulado “ALARMA DE HOY; TRAGEDIA DE MAÑANA; LUCHA DE SIEMPRE” de su director Carlos Gil Zamora, que cuestionaba con claridad y rigor la conmoción y la inseguridad aterradora que -por las cancelaciones y cierres- se les venía encima a las artes escénicas y a sus trabajadores. De Extremadura no vi ninguna noticia en los medios que consulté (la industria cultural pareció no importarle a nadie en esta comunidad), ni de los artistas a los que se les habían anulado las funciones, ni de la Consejería de Cultura paralizada por esta realidad anormal. Un silencio impropio en relación con la compleja situación, que sentía tan destructivo como la propia pandemia.

CONTAGIO DEL ALCALDE DE MIAMI

Contacté con algunos artistas extremeños, que en esos momentos de incertidumbre tan solo les obsesionaba que los bolos contratados se pudiesen retrasar. De pensar en acciones reivindicativas conjuntas, nadie me dijo nada. Tengo que decir que, en esos días, lo que me sorprendió fue un mensaje desagradable del bailaor/bailarín Rafael Amargo, diciendo que en su confinamiento había podido leer -después de 8 meses- la crítica desfavorable que le hice a su espectáculo “DIONISIO”, representado en el Festival de Mérida (Extremadura, última colonia teatral del país otra vez (y 3)). El escrito, de principio a fin, era todo un ensañamiento cargado de insultos (tan “cariñosos” como h.p.) y de anatemas, tratando de enterrarme en el estéril cementerio artístico de las descalificaciones y clasificaciones. Por la sarta de embustes, de hechos que no figuraban en mi crítica, me dio que pensar que se había confundido leyendo otras críticas (que también le vapulearon). A estas alturas, estos resentimientos malhumorados no me alteran. Desde hace 50 años hago la crítica teatral -un género literario y artístico difícil y comprometido- porque es necesaria y un deber cívico. Lo he explicado muchas veces en charlas y medios. Y se lo hice entender a Amargo, que despreciaba mi crítica tachándome de inexperto, aclarándole la majadería de que artísticamente podía enterrarme “en sabiendas y en billetes”, pues ignora, por ejemplo, que en 1975, cuando él andaba en dodotis mis críticas eran reconocidas por la revista teatral PRIMER ACTO y artistas de danza/teatro gitanos tan excelsos como Mario Maya y Salvador Távora, época en la que asistimos invitados a eventos americanos como la IV Conferencia de Teatro del Tercer Mundo, donde fui maestro del Seminario “LA POSICIÓN DEL CRÍTICO EN EL TEATRO CONTEMPORÁNEO”, impartido en la Universidad Central de Caracas (reseñado en el diario El Nacional). En fin, disculpen mi inmodestia, pero lo que pasa es que en el mundo de los artistas hay mucho EGO y, lo que es peor, trastornos narcisistas de la personalidad.


El alcalde de Miami, Francis Suárez, fue el segundo contagiado en esa ciudad.


En la última semana de marzo volé de San Juan a Miami, pues antes de mi regreso a España tenía previsto pasar allí unos días con familiares. En la atractiva ciudad de la “Little Havana” habían sobrepasado el centenar de contagios, con siete víctimas mortales (según leí en el diario El Nuevo Herald). Curiosamente, el segundo de los contagiados fue Francis Suárez, el alcalde. Al día siguiente de llegar, ordenaron tajantemente el cierre de la famosa playa de Miami Beach (lugar de muchos turistas). Con el estado de emergencia, el virus se empezó tomar en serio y sólo en mi primer día de estancia pude pasear por la Bahía de Brickell, que me encanta. No obstante, los días de confinamiento flexible los pasé tranquilo, en una agradable casa, con jardín tropical y piscina, donde montaba juegos dramáticos con mi nietecita de 5 años y seguía enterándome de las repercusiones fatales que en las artes escénicas empezaba a tener la pandemia a nivel mundial.

SUSPENSIÓN DE FESTIVALES

Un dato significativo era que se iban a suspender los dos festivales teatrales más importantes del mundo, el Festival de Edimburgo (Escocia) y el Festival de Aviñón (Francia), que se celebran en el verano. Se acercaba la fecha del 27, Día Mundial del Teatro, que es un día de reivindicaciones. Y ya algunas asociaciones relacionadas con las artes escénicas, el circo y la música de distintas comunidades empezaron a hacer frente a la situación de la crisis, con comunicados y propuestas de prevención enviados al Ministerio y Consejerías de Cultura de las regiones. Pero en Extremadura seguía el silencio.

Wanda Vazquez gobernadora de Puerto Rico, tomó medidas enseguida. GOBIERNO DE P.R.
Wanda Vazquez gobernadora de Puerto Rico, tomó medidas enseguida. GOBIERNO DE P.R.

Me dieron ganas de escribir, como lo he hecho otros años, pero creí que, esta vez, era el colectivo de artistas extremeños afectados quienes tenían motivos suficientes para manifestar públicamente sus preocupaciones de ser un sector cultural y artístico de pequeñas empresas con trabajadores intermitentes, sin salario fijo, sin contratos estables y faltos de un marco legal, que contemple su actividad en los ámbitos laboral, tributario y de protección social. El pasado año publiqué en este medio (“La política teatral extremeña, paraíso de la arbitrariedad y la impunidad”), artículo que denunciaba la eliminación, por la Consejería de Cultura, del Plan de Acción Teatral Educativo de la Extremadura Rural, después de 25 años de fecunda actividad ininterrumpida. Una metedura de pata (no enmendada todavía) de sus responsables culturales –Nuria Flores, Mirian G. Cabezas y Tony Álvarez-, haciendo tragar un enorme sapo que no cabía en el plato al presidente Fernández Vara, que miró para otro lado.


Los artistas excelsos, señor Amargo, no contestan a las críticas adversas.


Además, no escribí porque me entretuvo Amargo intentando amargar mi confinamiento americano con otro mensaje. Esta vez, con un lenguaje maniqueo planeado, por una parte, en soltarme más etiquetas despectivas (achacándome cizaña y maldad) y, por otra parte, en invitarme a ver un ensayo de la próxima obra que dice estar preparando –un montaje sobre la lorquiana “Yerma”- para que le facilite ideas y también en ofrecerme “encantado” pasar yo unas vacaciones en casas que dice tener en Isla Tortuga, de Venezuela, y Jericoacoara de Brasil (¿estaría intentando comprarme?).

Villafaina solo pudo dar un paseo el primer día por la bahía de Brickell, en Miami.
Villafaina solo pudo dar un paseo el primer día por la bahía de Brickell, en Miami.

Y tuve que contestarle. Entre otras cosas le dije que yo he apreciado su arte como bailaor/bailarín, sobre todo en ese primer lustro del 2000 (“AMARGO”, “POETA EN NUEVA YORK”, “AMOR BRUJO”), donde derrochó su prodigiosa energía, por donde se manifiesta sin descifrar ese duende o espíritu de sus raíces gitanas. Ese enigma de la cultura de la sangre. Un privilegio concedido a su raza hace mucho tiempo (está escrito en LOS VEDAS, los textos de la cultura más antigua del mundo). Pero que después de ese lustro, poco a poco, el laureado Amargo -¡ay, los engreimientos y otras cosas…!- ha ido perdiendo el vuelo artístico con mediocres espectáculos comerciales. Y que los artistas excelsos que conocen la función de la crítica, no suelen contestar cuando son adversas, las respetan. Algunos hasta las agradecen. A Almudena Grandes le hicieron una crítica desfavorable y tuvo la grandeza de enmarcarla y ponerla en la pared, para aprender de ella. Amargo debería hacer lo mismo con la crítica formada, informada y con experiencia de Villafaina.

El alcalde de Miami mira a la cámara. Fue el segundo contagiado en la ciudad. MIAMI CITY HALL
El alcalde de Miami mira a la cámara. Fue el segundo contagiado en la ciudad. MIAMI CITY HALL

Con mucha precaución regresé a España, sobre todo en mi paso por Madrid, donde los contagios se habían disparado, incorporándome en Extremadura al confinamiento solidario del mes de abril. Confinamiento en el que, con la respiración contenida, he seguido hasta hoy las decisiones de los responsables sanitarios y la posible debacle estival que se avecina en el mundo teatral de España y Extremadura. De todo ello hablaré en la segunda parte de este artículo.

El crítico teatral, durante su confinamiento en la casa de su familia en Miami.
El crítico teatral, durante su confinamiento en la casa de su familia en Miami.

(José Manuel Villafaina Muñoz es licenciado en Arte Dramático, actor, director, autor, profesor y crítico teatral, con una trayectoria profesional de más de 50 años).

SOBRE EL AUTOR

José Manuel Villafaina, un profesional integral del teatro, nuevo colaborador de PROPRONews

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