Medalla de Extremadura: lo ridículo de premiarse a uno mismo

La Junta de Extremadura concede su máximo galardón al Festival de Mérida, es decir, a sí misma, que es la institución organizadora y responsable

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¿De qué cuello colgará Vara la Medalla concedida al Festival, es decir, a la Junta de Extremadura, la organizadora?
¿De qué cuello colgará Vara la Medalla concedida al Festival, es decir, a la Junta de Extremadura, la organizadora?

El Festival Internacional de Teatro Clásico Grecolatino de Mérida es una actividad de la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura. La institución acaba de conceder la Medalla de Extremadura, máximo galardón que otorga la comunidad autónoma, al citado Festival, es decir a sí misma. La pantomima es tan ridícula como que la petición de medalla parte del ayuntamiento de Mérida, que es uno de los responsables del Festival por ser miembro nato del Consorcio del Patronato del mismo. Ya puestos, y dado que el Festival tiene una antigüedad de 86 años y es obra y está financiado por el pueblo extremeño, al que corresponde en esencia el premio, proponemos que el presidente de Extremadura, señor Fernández Vara, como representante de todos los extremeños, se cuelgue la medalla de su propio cuello el día de la entrega. Sería lo apropiado en la admirable lógica de la noticia y, desde luego, algo digno de ver.

Los políticos a veces llegan a un nivel de ridículo inalcanzable por los demás seres humanos y este es uno de esos casos, aunque los medios ordinarios que viven en gran medida de la publicidad institucional publiciten acríticamente la noticia y aunque la iniciativa haya contado con numerosas adhesiones de ingenuos ciudadanos y ciudadanas que no se cuestionan quién, por qué y para qué organiza una pantomima semejante.


Pedro Blanco, gerente del consorcio del Festival y copromotor desde el principio de la petición de la Medalla de Extremadura para el evento, es además asesor de la Presidencia de la Junta, la institución organizadora del Festival y al mismo tiempo responsable de la concesión del galardón.


¿Qué diríamos si la baronesa Thyssen concediera la Medalla Thyssen al ciclo de exposiciones temporales del Museo Thyssen? ¿Qué pensaríamos si la Academia sueca concediese el premio Academia de Suecia al brillante montaje de la entrega del Premio Nobel de Literatura que organiza y otorga ella misma? ¿Qué opinión tendríamos de que el Banco de Santander concediese el Premio Banco de Santander a su consejo de administración, o que la ONU premiase a la UNESCO por su actividad, o la ONCE a su actividad social de ayuda a los discapacitados? Y pueden seguir los lectores poniendo los ejemplos que quieran, para comprobar que en todo caso se trata de una cosa tan ridícula como de difícil justificación.

Si los organizadores de esta iniciativa grotesca querían premiar al Festival de Mérida, un evento que no hay duda que merece reconocimiento nacional e internacional tras casi nueve décadas de antigüedad y más de seis de funcionamiento, podían haber solicitado al Gobierno de la nación la Medalla al Mérito de las Bellas Artes, o la Orden de Isabel la Católica, o la encomienda de Alfonso X el Sabio. ¿Pero qué sentido tiene, si no es la pamplina y el autobombo, solicitar el propio Patronato que lo organiza, a la institución suprema que es la responsable máxima de la organización y a cuya presidencia asesora a la vez el gerente del propio Patronato, que esta conceda a una actividad de ella misma la Medalla que ella misma concede cada año? ¿Verdad que es patético?


El galardón se concede cuando el Festival vive sus horas éticas y estéticas más bajas y cuando el nuevo concurso está paralizado por recursos debidos a sospechas de amaño en favor de Jesús Cimarro.


¿DE QUIÉN PARTIÓ LA IDEA?

La idea partió, según se ha publicado, del alcalde de Mérida, Antonio Rodríguez Osuna, aunque otras fuentes señalan que la indicación vino de más arriba, a fin de contrarrestar las críticas a una cada vez más cuestionada gestión del Festival por parte del actual adjudicatario Jesús Cimarro/Pentación. Pero en el fondo da igual quién tomó o sugirió la decisión; lo cierto es que, desde el principio, se hizo visible, por la propia torpeza de los “autores de la idea”, lo que el asunto tenía de cosa previamente orquestada además de absurda. Porque cuando el día 3 de enero pasado el alcalde emeritense convocó una rueda de prensa para dar a conocer el asunto, a su lado se sentó sin ningún pudor el propio director gerente del Consorcio del Festival, Pedro Blanco Vivas, de modo que, ante la opinión pública aparecía el jefe del organismo que es el responsable directo del Festival, pidiendo sin ningún sonrojo -y sin que ningún medio de comunicación presente se diese, o quisiera darse, cuenta de la maniobra- la Medalla de Extremadura para su propia criatura.

Acontece, además, que el máximo galardón extremeño se concede a un evento que pasa por sus horas más bajas desde el punto de vista ético y estético.

Ético, porque después de haber sido privatizado vergonzantemente por José Antonio Monago y entregado a dedo al avispado empresario Jesús Cimarro -que también recibió a dedo la organización de las galas de los llamados premios Ceres, otra pantomima; en ambos casos, contratos millonarios que tenían que haber salido forzosamente a concurso público-, su privatización fue refrendada no menos vergonzantemente por el actual presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, cuando volvió al cargo, y confirmada poco después mediante un concurso en 2016 que, según fuentes del sector, también fue sospechoso de parcialidad en favor de Cimarro. La deriva poco ética del Festival lo ha llevado a que el actual concurso para la adjudicación del mismo para el bienio 2020 y 2021, ampliable por dos años más, haya encallado en principio por los fundados recursos de otras empresas licitantes, lo que ha motivado la suspensión de la correspondiente mesa de contratación y la convocatoria de un nuevo concurso cuyas condiciones vuelven a ser sospechosas de amaño otra vez en favor del mismo empresario, según fuentes solventes del sector, como este periódico publicará próximamente en cuanto termine de reunir la documentación pertinente.

Jesús Cimarro y Pedro Blanco fueron nombrados director y gerente del Festival al mismo tiempo, en marzo de 2012.
Jesús Cimarro y Pedro Blanco fueron nombrados director y gerente del Festival al mismo tiempo, en marzo de 2012.

Y estético porque, desde que Jesús Cimarro -un empresario con múltiples intereses y negocios en el sector del teatro en España- se hizo cargo del Festival hace ya ocho años, el evento ha ido cayendo en calidad y en nivel, salvo dignas y escasas excepciones, hasta situarse a la altura en que este año lo ha dejado el Dionisio de Amargo o el bodrio de la Metamorfosis de David Serrano. Porque Cimarro ha desnaturalizado el Festival, llenándolo de espectáculos populacheros que solo buscan el aplauso fácil del espectador poco avisado, espectáculos trufados de caras televisivas y ocurrencias irrisorias, concebidos -por el escaso número de actores y la inapropiada escenografía para Mérida de los espectáculos teatrales- no para un lugar como el Teatro Romano de Mérida sino para girar después por los teatros a la italiana en los que Cimarro tiene intereses, matando así dos pájaros de un tiro con la misma inversión. Así hemos llegado en estos ocho años a que, por obra y desgracia de Cimarro, el Festival ha perdido su identidad Internacional, Clásica y Grecolatina, bajo la trampa de colar cualquier espectáculo bajo un título que sugiera autoría griega o latina.

AUTOCONCESIÓN DE MEDALLA

Y ahora nos encontramos con que el próximo 8 de septiembre el presidente Fernández Vara entregará la Medalla de Extremadura a una actividad que organiza la propia Junta de Extremadura. ¿En qué cabeza cabe? ¿En qué cuello colgará dicha medalla? ¿En el de Jesús Cimarro, el empresario listo que ha degradado el Festival en la misma proporción que ha crecido su negocio con él? ¿En el de Pedro Blanco Vivas, el director-gerente del Consorcio responsable del Festival, un técnico de recaudación de Hacienda hasta marzo de 2012, cuando fue nombrado director-gerente del consorcio del Festival de Mérida por Monago, justo el mismo mes y año, ¡qué casualidad!, en que Jesús Cimarro fue nombrado sin concurso por el entonces presidente de la Junta del PP director del Festival (El productor Jesús Cimarro se hace con el Festival de Mérida), otorgándole un contrato millonario a dedo (más los millones de los premios Ceres), y teniendo en cuenta, además, que Pedro Blanco es actualmente también asesor de la Presidencia de la Junta de Extremadura (https://www.redescena.net/gestores/3401/pedro-blanco-vivas/) que concede la Medalla?


¿En qué cuello va a colgar la Medalla el presidente de la Junta, en el de Cimarro, en el del gerente que es también su asesor en Presidencia, o en el suyo propio?


Como puede observar el lector, aquí se riza el rizo del despropósito: Pedro Blanco copromueve con el alcalde de Mérida la solicitud de la Medalla de Extremadura que concede la Junta de Extremadura de cuya presidencia él es asesor y para una actividad que depende directamente de él (El consistorio pide que el Festival de Teatro sea Medalla de Extremadura), todo cocinado, elaborado, servido y comido en la propia casa.

El principal beneficiario de la pantomima -o eso cree el listo, que se ha apresurado a emitir un comunicado de “agradecimiento” y “compartición” de la Medalla, ¡qué generoso!- es Jesús Cimarro, dado que cree él y creen los que le amparan que el galardón extremeño puede tapar las vergüenzas de una gestión tan pobre y tan falta de ética y de estética.

Agradecimiento Medalla Festiva Mérida.Agradecimiento Medalla Festiva Mérida.Agradecimiento Medalla Festiva Mérida.Así pues, repetimos la pregunta lógica que muchos nos hacemos, teniendo en cuenta además que la Medalla de Extremadura es un galardón que forzosamente hay que colgar del cuello de alguien, puesto que para eso tiene el correspondiente cordón. ¿Se lo colgará Vara a su gerente y asesor presidencial, Pedro Blanco, un doble funcionario que ya cobra su salario por hacer su trabajo? ¿Se lo colgará a Jesús Cimarro, un empresario cuya actividad, aquí y en Madrid, gira en primer lugar en torno a su beneficio y que todos los años se levanta un pastón de una región tan pobre y con tantas carencias? ¿O se lo colgará Vara de su propio cuello, habida cuenta que, en todo caso, el verdadero mérito es de los extremeños de los que es el presidente, los extremeños que han mantenido vivo y prestigioso el festival durante décadas muchas veces con el trabajo desinteresado de muchos, y que al final son los que siguen soltando la guita?

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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