Cimarro, o la avaricia rompe el saco

Ningún interés económico o empresarial puede prevalecer sobre la salud de la ciudadanía

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Imagen tomada por un espectador, en la que se aprecia claramente el apiñamiento del público.
Imagen tomada por un espectador, en la que se aprecia claramente el apiñamiento del público.

El espectáculo (y no en el sentido teatral, sino en el de escándalo) que el inicio de la 66ª edición del Festival de Teatro ¿Clásico? de Mérida ha supuesto, pone de manifiesto una vez más el interés de algunos por poner sus intereses económicos, empresariales y de organización por encima del interés general, dentro del cual destaca muy especialmente la salud pública. El desastre del estreno del Festival desde el punto de vista de la prevención sanitaria, con un aforo disparado que no permitía respetar siquiera la distancia de seguridad sanitaria entre los espectadores, solo es achacable al afán desmesurado del adjudicatario a dedo del evento, Jesús Cimarro, por cuadrar sus cuentas de taquilla. El escándalo, con los espectadores enfadados e incontables y airados comentarios negativos en las redes sociales, ha sido mayúsculo. Menos mal que la sensatez se ha impuesto desde la Junta de Extremadura, aunque solo después de verle las orejas al lobo.

El exceso de espectadores en la función de inicio del Festival de Teatro de Mérida 2020, la ausencia de medidas de seguridad sanitaria denunciada por los espectadores y la repercusión que eso ha tenido en los medios convencionales y en diversas redes sociales -dado el peligro de incontrolable contagio en el caso de que algún espectador de esas sesiones a teatro casi lleno haya sido portador del virus- han originado un escándalo mayúsculo, que ha puesto en entredicho la gestión del adjudicatario a dedo de la edición de este año, Jesús Cimarro, como empresario, productor y director del evento, y que ha obligado a la Junta de Extremadura a rectificar.


Sanidad obliga al director del Festival a no rebasar un aforo del 50%.


La avaricia rompe el saco, no hay duda, y el interés de taquilla, por legítimo que sea en otras circunstancias, no puede prevalecer ahora sobre la salud pública. Esto lo ha entendido perfectamente la Junta de Extremadura al tercer día, y la Consejería de Sanidad ha obligado a Cimarro a implantar un aforo máximo del 50%, en lugar del 75% que había fijado, a fin de preservar la distancia de seguridad sanitaria entre espectadores.

AVALANCHA DE CRÍTICAS

Ante la avalancha de críticas originadas desde el primer día, Cimarro defendió públicamente lo indefendible, asegurando que se habían tomado todas las medidas de seguridad pertinentes, afirmación desmentida de facto por la rectificación de aforo que ha tenido que imponer de inmediato la Junta de Extremadura.

En su interés por hacer colar la bola, el director del Festival llegó a asegurar a posteriori que en la función inaugural solo había habido 1.500 espectadores (la mitad del aforo), cuando la realidad es que habían publicitado previamente un lleno del 75% (que fue el aforo ofertado desde el principio tanto por venta de entradas como con invitaciones) y eso representa un total de 2.287 espectadores, que son los que, como poco, había el día del estreno, incluyendo a los centenares de invitados.

“UNA ILUSIÓN ÓPTICA”

Sin embargo, temiendo la que se le venía encima, el señor Cimarro llegó a decir que no había tal lleno y que las imágenes de ese apiñamiento se debían a una “ilusión óptica”, lo cual denota un descaro y un desprecio a la inteligencia de la ciudadanía inadmisibles. El testimonio de numerosos espectadores, así como las imágenes que algunos de ellos han hecho llegar a este periódico, e incluso las imágenes difundidas por la propia Junta de Extremadura, prueban fehacientemente que no había distancia de seguridad alguna y desmienten la patraña “óptica” de Cimarro. Véase la secuencia de dichas imágenes junto a esta información.

¿Qué protocolo es este, con Cimarro a la derecha del rey y el presidente de la Junta, detrás?
¿Qué protocolo es este, con Cimarro a la derecha del rey y el presidente de la Junta, detrás?

El afán económico y de protagonismo de Jesús Cimarro es legendario en el sector teatral español. En el estreno del Festival de Mérida 2020, tras quedar probado lo primero por el exceso de aforo que ha hecho rectificar a la Junta de Extremadura (al contrario, por ejemplo, que el Festival de Almagro, que desde el principio decretó un aforo máximo del 50%), también ha quedado probado palmariamente lo segundo. En la foto oficial del evento con los reyes, Cimarro aparece a la derecha de Felipe VI y el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, ha quedado relegado al extremo de la segunda fila, justo detrás de Cimarro.

Nadie duda de que Cimarro y el elenco pudieran fotografiarse con los reyes, pero siempre que lo hiciesen solos, o siempre que la máxima representación del Estado en Extremadura, Fernández Vara, no quedara relegado a la segunda fila. Hemos consultado con expertos en protocolo y su opinión es que es un fallo protocolario inadmisible, una descortesía con el monarca y un agravio a la ciudadanía extremeña, que ve cómo su presidente abandona su lugar representativo en favor de un empresario que hace negocio en Extremadura. “El señor Cimarro es un empresario que realiza un servicio por contrato, equiparable, por ejemplo, al constructor que, terminada una carretera, se coloca ante el presidente para recibir al rey en la inauguración de la obra y para hacerse la foto oficial. Inaudito”, dice un experto.

Sobre esta cuestión protocolaria y sobre el desmadre de aforo de los dos primeros días hemos preguntado su opinión al señor presidente de la Junta, pero, lamentablemente, no hemos tenido respuesta.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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