Cimarro y Vara vuelven a mentir al decir que el Festival de Mérida tuvo superávit

El déficit real de la edición de 2018 es de más de 1,3 millones de euros

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A pesar de lo que dicen Cimarro y Vara, es falso que el Festival tenga superátiv. Al contrario, pierde mucho. JUNTAEX
A pesar de lo que dicen Cimarro y Vara, es falso que el Festival tenga superátiv. Al contrario, pierde mucho. JUNTAEX

El Festival de Teatro Clásico de Mérida, que acaba de concluir en su 64ª edición, lejos de tener un superávit de 700.000 euros –como han asegurado sin ningún escrúpulo sus responsables político y empresarial, y como han publicado cándidamente medios locales y nacionales sin ningún espíritu crítico-, ha tenido unas pérdidas de más de 1,3 millones de euros, que es la diferencia que hay entre el coste total del Festival, más de 3,5 millones de euros, y los ingresos por taquilla, que solo han ascendido a 2,2 millones.

El diccionario de la RAE, en su segunda acepción (y en las demás), lo dice claramente: “SUPERÁVIT: En la Administración pública, exceso de los ingresos sobre los gastos”. Y en el reciente Festival ha sido al revés, los gastos han superado en más de 1,3 millones a los ingresos. Sin embargo, sus responsables político y empresarial –Guillermo Fernández Vara y Jesús Cimarro– siguen pretendiendo engañarnos con otro triunfalista balance del Festival de Teatro Clásico de Mérida, esta vez referido a la edición de 2018. De todos modos, las denuncias de nuestro periódico (ver enlaces al final de esta información) han servido al menos para dos cosas por el momento:

1ª.- HAN ELIMINADO LA PANTOMIMA DEL CHEQUE. Este año, el político y el empresario teatral nos han ahorrado a las ciudadanas y a los ciudadanos el show cómico de la entrega de un cheque, por parte de Cimarro al presidente de la Junta, por el importe del falso superávit, cosa que el productor teatral venía haciendo todos los años desde 2012 (y nosotros denunciándolo desde esa misma fecha Festival de Mérida: coste millonario), sin que ni Monago ni el actual presidente extremeño –que recibían públicamente de sus manos el falso papel- le dijeran que era una burla a los contribuyentes extremeños y españoles, y un engaño en toda regla.


Tras las denuncias de PROPRONews, este año nos han ahorrado la pantomima de la entrega del “cheque del superávit” y ya no intentan colar una especie de superávit contable.


2ª.- HAN MODIFICADO LA TERMINOLOGÍA. Esta vez Cimarro no ha hablado de superávit en los términos de ediciones pasadas –como si fuese un verdadero superávit contable-, sino que, según ha recogido uno de los medios extremeños regados con la generosa publicidad institucional correspondiente, “el director del Festival ha indicado que como ingresos previstos por taquilla estaban fijados en 1,5 millones, pero al alcanzar la cifra de 2.215.132 euros, se han recibido 700.000 euros más de los previstos. Es lo que el Festival califica de superávit” (sic). ¡Genial! Incluso en esta martingala –que desacredita las afirmaciones de superávit de años anteriores- se vuelve a detectar un evidente animus decipiendi o intención de engañar, porque es inconcebible que en 2018 se fijen inicialmente unas expectativas de taquilla tan bajas, cuando en 2017 los ingresos por este concepto fueron de 2,1 millones de euros. Dicho de otra manera, puestos a “diseñar” superávits ad hoc, haber calculado inicialmente una taquilla de un millón, y así habrían obtenido un superávit de 1,2 millones. O, al revés, si hubieran calculado unos ingresos por taquilla ligeramente superiores a los de 2017 (que es el discreto resultado que al final se ha logrado) no habría habido “superávit” alguno, ni el contable (que jamás ha existido), ni el de mentira (que tratan de hacernos colar año tras año y que somos el único medio que lo denuncia).

La pantomima del cheque del falso superávit no ha sido representada este año. JUNTAEX
La pantomima del cheque del falso superávit no ha sido representada este año. JUNTAEX

BENEFICIOS PARA CIMARRO

De todo ello se deduce, como venimos informando desde años anteriores, que Jesús Cimarro se sigue llevando alrededor de un millón de euros de cada edición del Festival (el año pasado le preguntamos por email la cifra exacta, pero no nos respondió), por lo que al término de su contrato en 2019, se habrá llevado más de 9 millones de euros incluidos los “beneficios” de los premios Ceres, que él explotó con Monago durante cuatro años. Y esto, en una región que está a la cola de España en renta per cápita, inversiones culturales y resultados educativos.

Entretanto, Jesús Cimarro y Guillermo Fernández Vara han vuelto a presentar “las cuentas” del festival de 2018 con la misma opacidad y falta de transparencia de años anteriores. En la información que ambos responsables han hecho pública recientemente, y cuyos argumentos más llamativos son el falso superávit y las cifras triunfalistas -por ejemplo, las de espectadores o las del impacto mediático-, no se dice nada de cada capítulo de gastos, de lo abonado en publicidad a los diversos medios, de lo abonado a cada compañía o artista actuante, del coste de los montajes y medios técnicos, ni del monto total del beneficio que Cimarro se lleva un año más, y que fuentes bien informadas conocedoras del evento calculan, como mínimo, en un millón de euros por edición.


La opacidad y la falta de transparencia de las cuentas es absoluta y no se publican sus epígrafes pormenorizados.


TRIUNFALISMO

Decimos que las cifras son triunfalistas por varios motivos. Fuentes conocedoras del festival aseguran que están infladas. Por ejemplo, los pasacalles han tenido la mitad de público de la cifra difundida por el festival, según cálculos de expertos que han seguido los itinerarios y recontado a los asistentes. Del mismo modo, sobre los 104.400 espectadores que Cimarro ha dado como asistentes al recinto del teatro romano de Mérida en esta edición, algunos expertos nos informan que es una cifra difícil de sostener. “Si dividimos esa cifra de espectadores entre las 42 funciones que ha tenido este año el festival en el recinto de Mérida, sale una media de 2.500 espectadores por sesión, es decir, casi lleno total en un recinto donde no pueden entrar más de 2.750 espectadores, y eso no es posible teniendo en cuenta que algunos espacios del graderío los ocupan elementos técnicos o de soporte, y menos, ateniéndonos a lo declarado por el propio Cimarro, según el cual solo en 12 funciones del teatro romano se han agotado las localidades (el 28% del total), por lo que, en las otras 30, habría habido bastante menos público. Además, hay que señalar que buena parte de ese público, al menos un 20% en cada función, no paga, es decir, son invitados, por lo que el público real que abonó su entrada es bastante inferior”.

Igualmente, el triunfalismo vuelve a hacerse presente en la información que da Cimarro sobre el impacto mediático del festival y su valoración publicitaria si hubiesen sido inserciones pagadas en los medios. Según la información que ha facilitado, esta edición del festival ha generado 4.760 noticias, cuyo valor ha calculado, con ayuda de “dos empresas especializadas en el sector audiovisual” –que no dice cuáles son para que no podamos contrastar la información- en nada menos que 45,3 millones de euros (más de 7.500 millones de las antiguas pesetas), cosa absolutamente inverosímil. De ser cierta, cada inserción habría sido valorada en 9.517 euros (más de 1,6 millones de pesetas), algo absolutamente imposible en una época en que los precios de la publicidad están tirados, por la abundancia de medios y la pequeñez cada vez mayor de la tarta a repartir.


Las cifras de espectadores y de valoración del impacto mediático vuelven a estar infladas.


Si Cimarro y Vara, en lugar de intentar hacer pasar por tonta a la ciudadanía con estas declaraciones, reconociesen simplemente que el festival de Mérida es un evento subvencionado (con más de 3,5 millones de euros de dinero público cada año), como tantos otros festivales y actividades culturales, y que pierde dinero (como tantos otros) no habría nada que objetar. Eventos de este calibre merecen un esfuerzo de inversión pública, como sucede en todo el mundo, y no pueden ser considerados como un negocio. Pero mentir diciendo que el festival tiene superávit y otras exageraciones como las aquí expuestas –para tapar, en suma, el pingüe negocio de Cimarro, que esa es la verdadera intención de este, y el presidente pica y le hace el acompañamiento como un ingenuo- les desacredita a los dos.

Un festival de teatro clásico grecolatino no puede convertirse –como ha hecho Cimarro con el de Mérida, salvo dignas excepciones que tampoco son mérito suyo, sino sobre todo, de las compañías, los directores y los dramaturgos extremeños– en una sucesión de espectáculos populacheros sostenidos por la fama de rostros conocidos del papel couché. Presumir de número de espectadores basado en esta premisa dista mucho de lo que se espera de un festival de prestigio.

El empresario teatral Jesús Cimarro. PENTACIÓN
El empresario teatral Jesús Cimarro. PENTACIÓN

COSTE DEL FESTIVAL DE TEATRO CLÁSICO DE MÉRIDA 2012-2018

Importe en euros

Con Monago (2012-2015, incluidos premios Ceres)

16.600.000

Con Vara (2016-2018)

10.557.075

Total

27.157.075

Ingresos por taquilla

12.695.107

Déficit acumulado 2012-2018

14.461.968

Beneficio estimado de Cimarro (2012-2019)

9.000.000

ALGUNAS SUBVENCIONES PÚBLICAS AL FESTIVAL DE MÉRIDA 2018

Institución

Aportación en euros

Junta de Extremadura

1.330.000

Ministerio de Cultura

187.500

Ayuntamiento de Mérida

110.000

Diputación de Badajoz

100.000

Diputación de Cáceres

100.000

Fundación Caja Badajoz

100.000

Liberbank

100.000

Total

2.027.500

(Fuente: presupuestos Junta de Extremadura 2017) (Nota: La fuente no contabiliza la diferencia hasta cubrir el déficit con dinero público)

RESULTADO REAL DEL FESTIVAL DE MÉRIDA 2018

Gastos

3.519.025

Ingresos por taquilla

2.215.132

Déficit

1.303.893

(José Mª Pagador es periodista, escritor y fundador y director de PROPRONews).

OTRAS INFORMACIONES SOBRE EL ASUNTO

Cimarro se forra con el Festival de Mérida

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Un Festival de Mérida demasiado comercial de nuevo

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