Alberto Oliart, un embajador inolvidable de Extremadura en el mundo

Mis recuerdos del que fuera ministro de Industria, Sanidad y Defensa de UCD están llenos de momentos agradables

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AlbeAlberto Oliart, con abrigo oscuro, junto a Juan Serna en su visita a Villanueva de la Serena. D.S. CORDEROrto Oliart Saussol, Feria Internacional Ganadera de Zafra, Juan Mari Arzak, Cesáreo Rey, Manuel Arancón
Alberto Oliart, con abrigo oscuro, junto a Juan Serna en su visita a Villanueva de la Serena. D.S. CORDERO

Mi amistad con Alberto Oliart arranca en 1980, cuando era Ministro de Sanidad y vino en visita oficial a Villanueva de la Serena; me mandó un recado a través de un dirigente del PP local para que, durante el recorrido, me pusiera a su lado de modo que pudiera conocerme y hablar conmigo. Él, antes, había sido Ministro de Industria y recordaba los enfrentamientos a causa de la central nuclear de Valdecaballeros y el encierro de los alcaldes en el ayuntamiento de Villanueva debido a un conflicto que aún duraría algunos años más.

Villanueva de la Serena, Extremadura.-

En aquella ocasión Alberto Oliart quería que yo le hablara de nuestro libro Extremadura saqueada, del que le regalé un ejemplar. Y sobre la tensión que hubo durante el recorrido le dije que se debía a que el gobernador civil, que iba a mi lado, me había multado con cien mil pesetas por reprocharle que permitiera las ilegalidades que se estaban produciendo en la construcción de dicha central. A partir de aquel día, nuestra amistad fue creciendo y nos llevó a compartir diversas actividades.


Hasta al mismísimo Juan Mari Arzak le explicaba Oliart los secretos de un buen jamón ibérico.


En aquellas fechas, su interés por la actividad ganadera fue aumentando, aunque sus conocimientos sobre la dehesa y las razas autóctonas ya era grande. Así, al cesar su actividad política, se centró en ella y llegó a presidir las asociaciones de la raza merina, del cerdo ibérico y de la vaca blanca cacereña, que promocionó, además de hacer lo mismo con la Feria Internacional Ganadera de Zafra. Fue un embajador inolvidable de Extremadura en el mundo, tanto de sus recursos naturales como de su gastronomía. En su dehesa San Rafael nos reunía a los amigos y, delante de su horno de leña, nos explicaba las bondades de las “canales pesadas” frente a la moda de los lechales. Y hasta al mismísimo Juan Mari Arzak le explicaba los secretos de un buen jamón ibérico. En definitiva, Oliart sabía rodearse de amigos con conocimientos reales sobre estos temas y nos hacía colaborar con él en la Feria de Zafra o visitar las mejores ganaderías.

DOS RECUERDOS ESPECIALES

Sin embargo, guardo dos recuerdos especiales de él: me presentó a Cesáreo Rey, con quien hicimos el primer proyecto serio de trashumancia en la década de los noventa, y que ha quedado registrado en la prensa y televisiones de muchos países. Y yo, a mi vez, le presenté a Manuel Arancón, uno de los ganaderos más inteligentes y con las mejores merinas que he conocido, cuya amistad conservamos durante muchos años. Además, intercambiamos publicaciones y literatura muy diversas, y participamos en importantes actos, tanto ganaderos como sobre la dehesa.

Por otra parte, nunca olvidaré cuánto me ayudó a sacar adelante la mejor experiencia de agricultura ecológica realizada durante aquellos años en España (aquella historia merecería ella sola un libro para memoria y recuerdo de lo que sucedía en Extremadura en aquellos tiempos). Incluso en una ocasión tuvo que decirme cómo aquellos caciques torpes querían hundir a toda costa aquella buena experiencia agroalimentaria y ecológica, de marca Cabes, cuyos productos llegaron a venderse en el Corte Inglés. Fue un año de reuniones continuas con él y con los socios que nos buscaba para que pudiéramos sacarla adelante, ya que era la vanguardia de lo que se estaba haciendo en nuestro país.

En resumen, fueron muchas las actividades y colaboraciones con él desde 1980, y mucho lo aprendido y compartido. Pese a ser hijo de una burguesía rica, fue un liberal que nada tenía que ver con el neoliberalismo de ahora y que evolucionó hacia un progresismo y un ecologismo, creo, más auténtico que el que proclaman algunos políticos actuales.

Extremadura no supo aprovechar a un político que fue un gran embajador de esta tierra y un ganadero excepcional y que, en la etapa madura de su vida profesional, podría haber prestado servicios mayores a nuestra tierra. Alberto Oliart deja una semilla y unas enseñanzas a quienes le tratamos y gozamos con su amistad que, espero, fructifiquen, empezando por hacerle el homenaje que se merece y, después, por la creación de alguna entidad a través de la cual se perpetúe su obra.

(Juan Serna Martín, exconsejero de la Junta de Extremadura, es un destacado intelectual y activista medioambiental, escritor y columnista).

SOBRE EL AUTOR

Juan Serna, un intelectual de la ruralidad y el ecologismo

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