Zafarrancho en mi biblioteca…

... rodeado de vestigios antediluvianos de esa transición modélica en la que, a veces, hemos echado de menos a Suárez

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Biblioteca

Cuando salí del Gobierno de Extremadura me embarqué en la agricultura ecológica CABES, de ahí pasé a la trashumancia (PROYECTO 2001 de recuperación de las cañadas) y más tarde al exilio manchego La quimera del agua. Ahora, al cabo de un cuarto de siglo, intento recuperar mi biblioteca, bastante abandonada y con más mierda que el palo de un gallinero. Y tras dos semanas de trasiego y de tirar papeles, he llenado varios contenedores.

Juan Serna Martín
Juan Serna Martín

Villanueva de la Serena, Extremadura.-

Actualmente me encuentro con un espacio nuevo, pulcro y lleno de recuerdos fosilizados, entre los que veo algunas calaveras excelsas de la derecha recalcitrante, de algunos neoliberales, de unos socialistas que se forraron, de otros que se burocratizaron y de algunos personajes de la izquierda exquisita que siguen con el discurso de piñón fijo, como si en esta tierra y en este país no hubiera pasado el tiempo.

Tengo libros por arrobas para quemar, y revistas, informes, estudios y monografías que no han aguantado la prueba del tiempo. Frases para la historia, las que quieran. Y gilipolleces de excelentísimos para parar un tren. Los panfletos y pintadas son los más ocurrentes, sobre todo los dedicados a Solchaga, Boyer y Carmen Mestre (Caperucita Roja para los amigos).


Los panfletos y pintadas son los más ocurrentes, sobre todo los dedicados a Solchaga, Boyer y Carmen Mestre (Caperucita Roja para los amigos).


El asunto es que, instalado tras la pandemia en “mi despacho verde”, limpio como un jaspe (a ver lo que dura…), y rodeado de vestigios antediluvianos de esa transición modélica en la que, a veces, hemos echado de menos a Suárez (ese “tahúr del Misisipi”, que decía “el Guerra”), me dispongo a desempolvar algunas joyas de aquella época, con las que entretenernos viendo cómo la historia nos devora a todos y le importa un carajo si somos de izquierdas o de derechas. Entre las fotos que me encuentro hay frases como estas:

“Solchaga, reconviértete al socialismo”.

“Boyer, oponte a Almaraz y no a la presa de La Serena”.

“Carmen Mestre, las eléctricas te estarán eternamente agradecida por lo roja que eres”.

“Ramallo, tu carrera está en Madrid”.

Más tarde vino lo de la planta siderúrgica, lo del AVE primero y lo del tren digno después; a continuación, lo de la paralización de Almaraz, los cementerios nucleares y un largo etcétera que han dado para otras muchas frases para el mármol. Ya las iremos viendo a ratos perdidos, a medida que me adentre en el mar de los Sargazos en que se ha convertido ahora mi biblioteca y que nos puede proporcionar algunos buenos momentos.


Lo más grave no es la cantidad de basura que se editó en los tiempos de la Transición, sino la que se sigue editando, mucha de ella pagada con dinero público.


El capítulo para la quema de libros a lo Vázquez Montalbán puede dar mucho juego también. Lo más grave no es la cantidad de basura que se editó en los tiempos de la Transición, sino la que se sigue editando, mucha de ella pagada con dinero público, que se regala a raudales porque, puesta en el mercado, no habría Dios que la comprara. Buena parte de ella la he tirado a los contenedores; sin embargo, todavía me quedan galápagos para que podamos divertirnos un rato.

Como diría mi amigo Agustín, el de Las Palmeras: “¡Cuántos afilaores metíos a escritores!”.

En fin, señores, que la reconversión de una biblioteca aún puede proporcionarnos algunas tardes gloriosas. Manos a la obra, pues.

(Juan Serna Martín, exconsejero de la Junta de Extremadura, es un destacado intelectual y activista medioambiental, escritor y columnista).

SOBRE EL AUTOR

Juan Serna, un intelectual de la ruralidad y el ecologismo

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