domingo, 2 octubre, 2022
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Almaraz, o lo que dictan los bancos y las eléctricas

Y hablando de contaminación y respeto medioambiental y animal, hay que desterrar las macrogranjas y potenciar la ganadería extensiva

Otra vez Almaraz. Me pregunto cómo puede ser que, tras casi medio siglo de fraude en el debate y de corrupción en la construcción de ese tipo de engendros, haya periódicos y periodistas con tribunas como esas. Si esta y las demás tierras de España tienen algún arreglo, no será gracias a las plumas “doctas” que encuentran acomodo en los abrevaderos de opinión que tienen nuestros medios. Sobre alguna otra gente habrá que poner la esperanza… Aliviarse arremetiendo contra Vara es un recurso demasiado fácil. A lo mejor habría que fijarse en esos mudos ilustrados que tenemos en la escena de la cultura y la comunicación extremeña y española. Y, encima, las macrogranjas.

Juan Serna Martín.
Juan Serna Martín.

Villanueva de la Serena, Extremadura.-

Leí hace poco un excelente artículo de Cristina Narbona, en el que habla de cuando era ministra de Medio Ambiente y se jugaba el ministerio de vez en cuando. Era una política de alto riesgo.

Hablo con Vara de las dificultades de ser presidente de provincias (eso es la Extremadura vaciada) teniendo que tirar los córners, ir al remate y que, encima, te piten penalti de vez en cuando.


¿Cómo puede ser que, tras medio siglo de fraude en el debate y de corrupción en la construcción de ese tipo de engendros nucleares, haya periódicos y periodistas que los defienden?


Veo a un alcalde del PP, liberal, además de culto, al que no le quieren ni los suyos…, porque la Cuca, a pesar del gallego, tiene ahora más mando que con Casado.

Y oigo el primer mitin de la Macarena Olona en Andalucía y se me ponen los pelos como escarpias. Avemariapurísima…, ¡de dónde habrá salido esta tropa!

Total, que me refugio en el Madrid (aunque soy del Barça, que quede claro) y en Carlitos (lo siento por Rafa), donde encuentro un consuelo que no me da la política. Con algo hay que alienarse…

Aparte, abro la prensa y me entero de que el cortafuegos del CNI fue doña Paz Esteban, a fin de cerrar la crisis del Pegasus sin tocar a la ministra, la cual, según parece, era el verdadero objetivo de los republicanos catalanes y de los tontos útiles que los acompañan, aunque sin dejar las alforjas del Gobierno y del Parlamento… Es que fuera hace mucho frío…


Aliviarse arremetiendo contra Vara es un recurso demasiado fácil.


Cambio de tema y me encuentro a la señora Calviño, quien dice que no hay espiral, que la inflación bajará en la segunda mitad de este año… ¿Qué tendrá esta mujer que cada vez me recuerda más al “enano de Tafalla” (Solchaga, para los menos informados), al que nunca le estarán lo suficientemente agradecidos los de las eléctricas y la banca?

Y, para terminar, releo la columna “magistral” del 7 de mayo de un diario regional titulada Larga vida a la Central de Almaraz. Me pregunto cómo puede ser que, tras casi medio siglo de fraude en el debate y de corrupción en la construcción de ese tipo de engendros, haya periódicos y periodistas con tribunas como estas.

¿Han oído ustedes a técnicos, académicos y a otros ilustrados decir una palabra acerca de este artículo sobre Almaraz?

Si esta y las demás tierras de España tienen algún arreglo, no será gracias a las plumas “doctas” que encuentran acomodo en los abrevaderos de opinión que tienen nuestros medios. Sobre alguna otra gente habrá que poner la esperanza… Aliviarse arremetiendo contra Vara es un recurso demasiado fácil. A lo mejor habría que fijarse en esos mudos ilustrados que tenemos en la escena de la cultura y la comunicación extremeña y española.

Para salir de la maldición rural, la gente que piensa en Extremadura (y en la llamada España vaciada) deberá estar más atenta a lo que dictan en determinadas columnas los bancos y las eléctricas.

Típico ejemplo de macrogranja. RTVE
Típico ejemplo de macrogranja. RTVE

MACROGRANJAS Y GANADERÍA EXTENSIVA

Hasta que llegó la pandemia, todo el sector agroganadero se encaminaba de forma imparable hacia una ganadería industrial, gigante y concertada con las grandes marcas agroalimentarias. Eso era la modernidad. Y no estar en esa línea era un modelo romántico o chapucero del que ya se encargaría el propio mercado de ir cerrándole las puertas.


En nuestro país tenemos suelo suficiente para que se desarrolle otro modelo de ganadería y agricultura mucho menos agresiva y más protectora para la salud, los recursos naturales y el clima.


La pandemia dio un giro brusco a todo el aparato productivo y a los hábitos de consumo, lo que nos llenó de esperanza a los que sabemos desde hace tiempo que ese gigantismo industrial nos lleva al despilfarro de la materia prima, a la contaminación masiva y a los grandes problemas de salud alimentaria, aparte de a otras posibles pandemias, como puede ser la de la gripe (¿peste?) aviar, sobre la que algunos científicos nos vienen advirtiendo ya desde hace tiempo.

Durante estos dos años de confinamiento y preocupación colectiva, parecía que la conciencia ambiental, climática y sanitaria nos llevaría a abordar una serie de grandes reformas que tendrían que afectar necesariamente a la alimentación y al modelo productivo ganadero. Sin embargo, el peso de la estructura industrial y tecnológica, además de su gigantismo e inercia, son de tal envergadura que sus dueños se resisten con todas sus fuerzas a dichos cambios, pese a que los grandes escenarios de contaminación de suelos y aguas se estén produciendo continua y escandalosamente a diario, ya sea en el Mar Menor, ya sea en frutas y hortalizas de cultivos forzados, en granjas avícolas o en viveros piscícolas de diversa índole.

La relajación de las poblaciones y autoridades sanitarias tras la aparente pausa que nos ha dado esta plaga empieza a mostrar que la amenaza sigue en todo el mundo, y que las reformas pendientes han de abordarse, lo quiera o no la gran industria alimentaria.

Extensiva, el modelo ideal de ganadería. RTVE
Extensiva, el modelo ideal de ganadería. RTVE

En nuestro país tenemos suelo suficiente para que se desarrolle otro modelo de ganadería y agricultura mucho menos agresiva y más protectora para la salud, los recursos naturales y el clima.

Optar por este modelo es toda una revolución, contra la que está, sin duda, el modelo intensivo al que hemos llegado. Ese cambio progresivo solo será posible gracias a los consumidores -que somos todos los ciudadanos amenazados tanto por esta epidemia como por las que están en puertas- y a las instituciones sanitarias, empujadas por nuestros cambios en cuanto a los hábitos de consumo y al control de forma más consciente y responsable de todo aquello que llega a nuestra mesa.

El mundo rural, que fue vaciado en aras de un progreso mal entendido, es el que puede ayudar ahora a modificar un modelo agroalimentario que ya no se sostiene.

(Juan Serna Martín, exconsejero de la Junta de Extremadura, es un destacado intelectual y activista medioambiental, escritor y columnista).

SOBRE EL AUTOR

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