domingo, 7 agosto, 2022
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Andalucía (perdió la izquierda), Francia (perdió Macron), Euskadi (vascoextremeños, las dos culturas)

El PP de Andalucía barrió al PSOE y a la izquierda, mientras la izquierda y el ecologismo franceses se lo han puesto difícil a Macron. Y en Euskadi, los vascoextremeños permanecen fieles a las dos culturas, después de venir a parar aquí, donde supieron construir una nueva vida, aprender nuevos oficios e incluso crear sus propias empresas, a pesar de la nostalgia que a veces les embargaba.

Juan Serna Martín.
Juan Serna Martín.

Villanueva de la Serena, Extremadura.-

Empezamos la semana con dos acontecimientos que invitan mucho a la reflexión. En Andalucía, sobre todo, pero también en España y en Europa. La mayoría absoluta del PP en Andalucía era algo que se veía venir. El PSOE ha hecho méritos sobrados para ello. Lo de los ERE (al margen de que Griñán y Chaves no hayan robado personalmente) tenía que pasar factura política. Y la pasó, fulminando a un socialismo que, aun habiendo hecho muchas cosas buenas en esa comunidad, también degeneró en un caciquismo grosero, que se ha pasado por el forro la legalidad y ha asistido a su entierro sin siquiera pedir perdón.


Dentro del desastre para la izquierda española, después de lo del domingo la mayoría absoluta de un tipo como Juan Manuel Moreno es lo menos malo que podía pasar.


La izquierda que ha acompañado a este PSOE no es mejor. Sin haber tocado poder, ha sido capaz de emponzoñarse en peleas estúpidas y absurdas para, a última hora, hacer un matrimonio de conveniencia que no se lo creían ni ellos. De modo que ¡cómo se lo iban a creer los andaluces! Los podemitas (Belarras y compañía) harían bien en quitarse de en medio (como hizo “el Coletas”) y dejar que otros menos conocidos, pero de izquierdas o ecologistas de verdad, acompañaran a Yolanda en su intento desesperado por recomponer el mapa político progresista. Si siguen aburriendo a los muertos, ya sabemos lo que nos espera…

Dentro del desastre para la izquierda española, después de lo del domingo la mayoría absoluta de un tipo como Juan Manuel Moreno es lo menos malo que podía pasar. No tener que pactar con los descerebrados de Vox es una lección tanto para una izquierda desnortada como para una derecha que no le hacía ascos a un fascismo declarado y con demasiados seguidores en este país.

Los resultados del domingo pueden hacer pensar a muchos militantes del PP que no hay que echarse en brazos del totalitarismo, como han hecho en Madrid y en Castilla y León. Y a la izquierda en general, que ya está bien de broncas y puñaladas, porque, con un PP fuerte como el que habrá desde ahora, el Gobierno no puede ser un gallinero en el que cada uno vaya a su aire. Se impone un tiempo de reflexión en la izquierda, con la mirada puesta en Francia; o se aprende de lo que allí ha sucedido al mismo tiempo que en Andalucía o tendremos derecha para rato.

En un momento tan difícil como el que se está viviendo en toda la humanidad, si los que se consideran progresistas no dejan de hacer el gilipollas, serán los responsables de muchos de los males que nos sucedan, que no serán pocos.

Extremeños en Euskadi.
Extremeños en Euskadi.

VASCOEXTREMEÑOS

Haber pasado la vida casi entera en el País Vasco sin perder el apego a tus recuerdos de infancia extremeños es algo hermoso. Y jubilarse ahora compartiendo ambos territorios y las dos culturas es más hermoso todavía. En este viaje entrañable, nuestros amigos nos presentan a algunos extremeños de Monterrubio, Retamal y Puerto Hurraco, entre los que queda aún algún herido de los que se vinieron de allí, huyendo de aquella España profunda, de aquella Extremadura vaciada… Y que vinieron a parar aquí, donde supieron construir una nueva vida y aprender nuevos oficios, e incluso crear sus propias empresas, a pesar de la nostalgia que a veces les embargaba.


Haber pasado la vida casi entera en el País Vasco sin perder el apego a tus recuerdos extremeños de infancia es algo hermoso.


Hemos llegado a Zarautz hace unos días y todo son emociones: desde la arquitectura de sus calles y plazas a la belleza de sus playas -grandes y pequeñas- con la bravura propia del Cantábrico y las historias que de él nos cuentan. Sus mercados de frutas, verduras, pescados y carnes “de diseño” y la monumentalidad de muchos de sus edificios…

El autor, en San Sebastián.
El autor, en San Sebastián.

Apenas han pasado tres días y los recuerdos se almacenan en nuestra memoria: Getaria, Zumaia, Orio han sido nuestros primeros recorridos, hasta llegar a San Sebastián, cuya playa de la Concha sobrecoge desde la barandilla. El Kursaal y el María Cristina llenan las fantasías que nos llegan a los del sur, e imaginamos esos grandes eventos de cine y jazz que vemos por la televisión. Nos perdemos por la parte antigua de la ciudad, con los pinchos y el chacolí, y en una zona de tabernas nos sorprenden con chipirones, anchoas y un rape de excelencia (aunque en los días anteriores ya nos habían sorprendido con algún cogote de merluza que solo se puede comer en el Quinto Cecilio de César y con un txangurro -centollo, pues- que en Extremadura sería impensable).

Ahora toca visitar el País Vasco francés (Hendaya, San Juan de Luz, Biarritz…), que tiene una costa de ensueño y algún puerto de visita obligada.

Cada día que pasa viene más cargado de emociones que el anterior, y esto nos hace reafirmarnos en que hay que venir más por aquí, ahora que la jubilación nos lo permite y que tenemos a estos amigos vascoextremeños que nos hacen de guías de una manera tan excelsa.

Mientras llega el nuevo número del Cuaderno extremeño para el debate y la acción de la imprenta, todavía nos quedan unos días para recorrer estas tierras vascas de ensueño y para seguir escuchando historias interminables de nuestros amigos, historias que van desde los “años de plomo”, cuyos recuerdos son terroríficos, hasta las evocaciones más gratas de este nuevo siglo de una Euskadi que, a los que venimos del sur, nos parece otro país.

(Juan Serna Martín, exconsejero de la Junta de Extremadura, es un destacado intelectual y activista medioambiental, escritor y columnista, Premio Nacional de Medio Ambiente 2022).

SOBRE EL AUTOR

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