Antonio Machado, Rosendo de la Peña y Fernando Pagador de la Peña, mis antepasados republicanos y el exilio de Puigdemont

Un delirante Pablo Iglesias se ha atrevido a comparar al prófugo de oro catalán con los exiliados y represaliados por Franco

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Mi tío lejano Antonio Machado, primo de mi abuela paterna, muerto en el exilio.
Mi tío lejano Antonio Machado, primo de mi abuela paterna, muerto en el exilio.

Entre los antepasados de mi familia tengo los tres tipos de republicanos españoles que sufrieron las terribles represalias del franquismo, el que se exilió y murió fuera de España, mi tío lejano Antonio Machado, que era primo segundo de mi abuela paterna; mi tío abuelo Rosendo de la Peña Risco, hermano de esta abuela y primo también del poeta, que fue fusilado por los franquistas en agosto de 1936; y mi padre, Fernando Pagador de la Peña, militar republicano que defendió Madrid y Cataluña, optó valientemente por quedarse tras la derrota, y estuvo perseguido hasta bien entrados los años 60 del siglo XX. Los tres se han removido en sus tumbas con las palabras de Pablo Iglesias comparando el “exilio” de Puigdemont con el verdadero y terrible exilio y martirio de los republicanos españoles.

Cuando el otro día escuché a Pablo Iglesias decir que el “exilio” dorado de Carles Puigdemont era comparable al -verdadero y terrible- exilio de los republicanos españoles, al principio opté por no contestar. Hubo un tiempo en el que yo creí en Pablo Iglesias Turrión, hasta el punto de participar personal y activamente en el movimiento 15-M, creyendo que esa ola cívica iba a ser un revulsivo democrático y transversal, antes de que derivase hacia el totalitarismo autocrático en que lo ha convertido el insigne “politólogo”, que al final se ha servido de ese ingenuo caudal ciudadano que era de todos, para ponerlo a su servicio, hasta lograr convertirse en un admirable ejemplar de la casta que antes denostaba, con mansión propia en zona residencial burguesa, ingresos de 200.000 euros anuales en su casa, dos ministerios en la pareja, despachos ministeriales conyugales, asesores y coches oficiales a mansalva, y todo eso pagado por los tontos que al principio le apoyamos.


Mi padre, un militar republicano extremeño, defendió Cataluña luchando contra las tropas franquistas, mientras el abuelo de Puigdemont, catalán, huyó a Andalucía al amparo de Franco.


Comparar la vidorra de Puigdemont en Bélgica -su sueldazo de eurodiputado, la pasta gansa que le aportan los independentistas, la mansión de Waterloo, los placeres de su muelle existencia y los múltiples altavoces de que dispone para difundir sus “ideas”- con el sufrimiento y el forzado silencio de los republicanos españoles víctimas de Franco, verdaderamente parecía no merecer réplica alguna. Pero luego se levantaron en mi interior, airados, mis antepasados republicanos que sufrieron la represión franquista y, como legatario de esa lección de dignidad y de ese dolor inmenso, resolví que no podía callarme, pero no solo por la honrosa memoria de mis familiares, sino también porque mi silencio podía contribuir al daño que Iglesias y compañía están causando a España, con su constante manipulación de la verdad y la realidad.

En mi familia se dan los tres tipos básicos de represaliados por Franco, el exiliado, el fusilado y el torturado y represaliado.

ANTONIO, MI ANTEPASADO EXILIADO

Antonio Machado -no hablo de Manuel, porque este siguió una trayectoria cómoda y fue admitido por el franquismo hasta su muerte- era primo segundo de la madre de mi padre, Concepción de la Peña Risco y, por tanto, tío lejano mío. Recuerdo que en casa de mi abuela había un ejemplar -lamentablemente perdido- de una de las primeras ediciones de Campos de Castilla, que Antonio le había dedicado y regalado a su prima, y que incluye un poema que es la más terrible profecía que ningún poeta haya formulado nunca en España, una profecía que, a no tardar mucho, empezaría a cumplirse en su propio autor y en otros miembros de nuestra familia.

Mis abuelos paternos Concepción de la Peña Risco, prima de los Machado, y José Pagador Márquez.
Mis abuelos paternos Concepción de la Peña Risco, prima de los Machado, y José Pagador Márquez.

De todos es sabido que Antonio, como consecuencia del avance y de la victoria franquista, tuvo que marcharse de Madrid hacia Valencia y luego a Barcelona, hasta pasar a Francia. Eran los últimos días de enero de 1939, el frío era atroz y llovía. Con los familiares que le acompañaban y el resto del grupo de exiliados, tuvieron que cruzar la frontera francesa a pie y con lo puesto. Salvada a duras penas la aduana, pasaron la primera noche en suelo francés durmiendo en un vagón que se encontraba en vía muerta en la estación de Cerbère. Al día siguiente viajaron en tren a Colliure, donde se alojaron en precario en un hotel de la villa, esperando una ayuda que no llegó.


Antonio Machado durmió con su familia en un vagón en vía muerta después de cruzar la frontera de Francia a pie, y murió en el exilio un mes después.


Antonio Machado murió en la indigencia en esa localidad francesa apenas un mes después de su llegada, el 22 de febrero de 1939, a la edad de sesenta y cuatro años. Tres días después murió allí mismo su madre, en el aniversario de su nacimiento ocurrido ochenta y cinco años antes. Como puede observarse, las circunstancias del exilio del poeta y de los familiares que le acompañaron es perfectamente comparable con la vida que lleva Puigdemont en Bélgica, en opinión del señor Iglesias.

Mi tío abuelo paterno, el maestro Rosendo de la Peña Risco, en su escuela con sus alumnos, poco antes de su asesinato.
Mi tío abuelo paterno, el maestro Rosendo de la Peña Risco, en su escuela con sus alumnos, poco antes de su asesinato.

ROSENDO, MI ANTEPASADO FUSILADO

Entre los hermanos de la madre de mi padre estaba Rosendo de la Peña Risco. Republicano convencido, militante socialista y miembro de UGT, era hijo de una acomodada familia de Zafra (Badajoz). Su padre, Rosendo de la Peña Rubio, fue alcalde y secretario del ayuntamiento de dicha localidad. Rosendo, mi tío abuelo, estudió Magisterio en Sevilla y ganó por oposición plaza de maestro en Marchena, donde fue muy apreciado y querido.


Mi tío abuelo Rosendo de la Peña, primo de los Machado, socialista y maestro en Marchena, fue fusilado por los franquistas en agosto de 1936.


Distinguido siempre por su espíritu solidario hacia los más humildes, acogió con entusiasmo los programas republicanos de educación y promoción de las clases más desfavorecidas. El 24 de agosto de 1936 fue fusilado por los franquistas en Marchena. Su ficha como víctima del franquismo figura con honor en el Diccionario Biográfico del Socialismo Español, de la Fundación Pablo Iglesias (por favor, no confundir con el Turrión) Rosendo de la Peña Risco. Su terrible historia también consta en los anales de la Revista Machadiana, (Machado, Antonio y Manuel. Rosendo de la Peña Risco, primo en tercer grado de nuestros poetas, fusilado por los derechistas en Marchena el 24 de agosto de 1936), precisamente por su parentesco con los Machado, aunque hay un error en esa entrada porque no era primo tercero, sino segundo.

Quiero resaltar aquí el sufrimiento de las mujeres republicanas, encarnadas, en este caso, en mi abuela paterna. Concepción de la Peña Risco perdió a su hermano Rosendo, fusilado por los franquistas, y vio represaliados a sus hijos, entre ellos, mi padre, que tan cerca estuvo de ser asesinado también.

Mi padre, Fernando Pagador de la Peña, en los años 60.
Mi padre, Fernando Pagador de la Peña, en los años 60.

FERNANDO, MI ANTEPASADO REPRESALIADO Y TORTURADO

Mi padre, Fernando Pagador de la Peña, nacido en 1916, en 1936 llevaba ya un par de años en el Ejército de la República con el empleo de sargento especialista en radiotelegrafía, del Cuerpo de Ingenieros, destinado en el Centro de Transmisiones y Estudios Tácticos de Ingenieros, con sede en Madrid.

El 30 de octubre de 1936, tres meses después del inicio del golpe de Estado fascista, el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra -fechado todavía en Madrid porque el gobierno de la República aún no había huido de la manera ignominiosa como lo cuenta el gran periodista y escritor Manuel Chaves Nogales en su libro Secretos de la defensa de Madrid, que recoge sus crónicas periodísticas de entonces- incluye una Resolución del presidente del gobierno y ministro de la Guerra, Francisco Largo Caballero, por la que confirma “en el destino que hoy sirven en el Centro de Transmisiones y Estudios Tácticos de Ingenieros” a los jefes, oficiales y suboficiales que se relacionan, entre ellos, el sargento de Ingenieros Fernando Pagador de la Peña, como puede verse en la página 224 del D.O. (6ª del documento) en este enlace.

Cinco meses después, el 25 de marzo de 1937, el gobierno de Largo Caballero huido ya a Valencia -mi padre nunca desertó de su lealtad a la República ni huyó de Madrid, como hicieron tantos militares y políticos de izquierda- publica en el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra el traslado de mi padre a la 37ª Brigada Mixta, como puede leerse en la página 855 (5ª del documento) en este enlace.

Destinada en principio como guarnición en Madrid y participando en su defensa, posteriormente la 37ª Brigada Mixta, en la que sirvió mi padre hasta el final de la guerra, combatió en el frente de Aragón y en Cataluña para liberar esas regiones de las tropas franquistas, donde se distinguió en la defensa de Lérida, y participó en batallas importantes del Ebro y otras, hasta su repliegue hasta la frontera francesa. Pero, a diferencia de otros responsables militares y políticos, mi padre regresó a Madrid, donde fue hecho prisionero.

Mientras la Brigada de mi padre luchaba por liberar Cataluña del franquismo, muchos catalanes antepasados de independentistas destacados de hoy colaboraron estrechamente con las tropas franquistas. Entre otros antepasados de líderes independentistas actuales, el abuelo de Carles Puigdemont, Francesc Puigdemont, huyó a Cádiz para no combatir contra Franco en las filas republicanas (Los abuelos franquistas del procés: el de Puigdemont también huyó, pero a Cádiz)

Mi padre terminó la guerra con el empleo de teniente del Ejército Republicano, pero fue degradado a soldado raso por los franquistas tras ser hecho prisionero, y sufrió toda clase de vejaciones y torturas, incluidos fusilamientos simulados. Pasó años en cárceles y campos de concentración, fue utilizado como esclavo en un Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores, picando piedra para construir carreteras en el Protectorado Español de Marruecos y fue represaliado hasta bien entrados los años 60 del siglo pasado. Sus expedientes, consejos de guerra sumarísimos, junto con las represalias que sufrieron también dos de sus hermanos, constan en los archivos de la organización mundial de derechos humanos, como puede verse en este enlace.

De patrulla por el desierto del Sáhara, adonde fui represaliado. Yo soy el más delgado de los dos.
De patrulla por el desierto del Sáhara, adonde fui represaliado. Yo soy el más delgado de los dos.

Yo mismo, por el mero hecho ser hijo suyo, también sufrí represalias hasta el final del franquismo, como, entre otros castigos, mi destino como soldado a la antigua colonia española del Sahara Occidental, cuando por estar casado, ser padre entonces de dos hijas y tener una trabajo fijo de periodista en Badajoz, tenía derecho, si no a quedar exento del servicio militar -padre de familia con 25 años de edad tras varias prórrogas por estudios-, al menos a un destino en mi ciudad de residencia. En cambio, tuve que deshacer mi casa, separarme de mi familia y marchar al destino más alejado posible de la península durante 15 meses. Es decir, la mano alargada y cruel del franquismo llegó a castigar también, en mí, a la tercera generación de socialistas republicanos de mi familia, represalias que se prolongaron prácticamente hasta el inicio de la democracia.

"Campos de Castilla", el libro de la terrible profecía, que el poeta regaló a mi abuela.
“Campos de Castilla”, el libro de la terrible profecía, que el poeta regaló a mi abuela.

DOS ESPAÑAS, NUNCA MÁS

Pablo Iglesias Turrión, se ha atrevido también a decir que Carles Puigdemont “se ha jodido la vida por defender sus ideas”. Pero no es así. Carles Puigdemont se ha jodido la vida por utilizar procedimientos ilegales para defender sus ideas. Los que se jodieron la vida por defender sus ideas contra el fascismo fueron mis tíos, mi padre y tantos republicanos dignos.

En aquel librito que Antonio Machado regaló a mi abuela, hay un poema que dice lo siguiente:

Ya hay un español que quiere

vivir y a vivir empieza,

entre una España que muere

y otra España que bosteza.

Españolito que vienes

al mundo te guarde Dios.

Una de las dos Españas

ha de helarte el corazón.

Esperemos que esta terrible profecía, que tuvo tan espantoso y pronto cumplimiento en el propio poeta tío lejano mío, en mi otro tío, maestro fusilado, en otros sacrificados parientes que no nombro aquí por cuestión de brevedad, y en mi padre, no vuelva a cumplirse en esta España democrática que algunos tratan de subvertir, dividir y degradar, enfrentando a unos españoles con otros, mientras ellos viven como reyes en sus mansiones de Galapagar y de Waterloo.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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