La jaula de oro de Juan Carlos I

El rey emérito, prisionero de sus propios excesos en un hotel kitsch de Emiratos

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Fachada del hotel donde ahora vive un rey prisionero de sus propios excesos. J.M. PAGADOR
Fachada del hotel donde ahora vive un rey prisionero de sus propios excesos. J.M. PAGADOR

Abu Dabi, y más concretamente el impresionante y pretencioso resort Emirates Palace de este autocrático reino, es uno de los pocos lugares del mundo donde un personaje conocido mundialmente puede refugiarse a salvo de miradas indiscretas, periodistas y paparazzis, sin perder al mismo tiempo todas las ventajas del lujo, la alta gastronomía, los yates y la buena vida. Pero este lugar donde todo, desde el terreno, ganado al mar, la arena de la playa traída de lejanos países, hasta el encuadre del cielo y las vistas del entorno y de la ciudad, es no solo artificial sino, peor aún, artificioso, no deja de ser una jaula, de oro, pero jaula.

Abu Dabi.-

Hemos estado a las puertas del Hotel Emirates Palace de Abu Dabi y hemos recorrido su perímetro exterior. Hacia tierra, una sólida verja con cámaras de seguridad, flanqueada de puertas como arcos de triunfo y controles imposibles de salvar si no eres uno de los millonarios clientes que aquí se alojan, a muchos centenares de euros la noche por una “simple” habitación, y suites a partir de una media de más de 10.000 euros la noche (el equivalente a la pensión tipo anual que percibe un jubilado en España), protege todo el recinto. Por mar, la exclusiva playa del resort y los tres puertos deportivos que la flanquean, la marina del propio hotel y las dos de Al Marina, la exclusiva urbanización vecina.


El hotel de Juan Carlos linda “pared con pared” con el palacio de su “hermano” el emir de Abu Dabi.


En esta pequeña península de apenas cuatro kilómetros cuadrados, situada en la línea de costa al norte de la ciudad de Abu Dabi, el mayor país de cuantos componen los EAU, 67.000 km2, con una población que apenas sobrepasa los dos millones de habitantes, únicamente hay tres cosas -las dos citadas, es decir, el hotel Emirates Palace (construido por la familia real del emirato y explotado en la actualidad por la compañía Mandarin Oriental) y la urbanización Al Marina, lindante por el norte y que se asienta en otra breve península artificial de parecido tamaño. Y una tercera, y tal vez la más importante a la hora de escoger este lugar como refugio seguro e impenetrable: la sede de las principales instituciones de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), de los que Abu Dabi es la capital.

Uno de los suntuosos accesos al complejo. J.M. PAGADOR
Uno de los suntuosos accesos al complejo. J.M. PAGADOR

VECINO DEL EMIR

El hotel Emirates Palace tiene, pues, por vecinos -pared con pared como si dijéramos- al Palacio Presidencial de EAU que es el domicilio oficial del emir, al Consejo Supremo de Seguridad Nacional y al Ministerio de Asuntos Presidenciales, entre otras instituciones. Es decir, la seguridad en dicho lugar -uno de los mejor guardados y protegidos del mundo- es máxima. Pero tener de vecino -como si dijéramos pared con pared- al emir de Abu Dabi, Jalifa bin Zayed Al Nahayan, que, a su vez, es en la actualidad el presidente de EAU, aporta un plus de seguridad y numerosas ventajas adicionales.


La zona del hotel del rey emérito es de las más seguras e impenetrables del mundo.


Un invitado regio del emir-presidente (jeque real de Abu Dabi, con una fortuna de alrededor de 20.000 millones de dólares -la segunda de los monarcas del mundo-, y jefe de una bien avenida “república” federal sui géneris que engloba a siete emiratos) como el rey Juan Carlos, al que el emir llama “hermano”, goza de los privilegios de una de las más lujosas y seguras hospitalidades del mundo. El invitado puede pasar a las fiestas y recepciones de palacio prácticamente sin tener que desplazarse más allá de unos metros. Puede tener todo tipo de placeres y atenciones en una intimidad asegurada. Puede navegar en el fabuloso barco del jeque, el Azzam, que es el yate particular más grande del mundo. Puede desplazarse rápidamente adonde quiera desde helipuerto de su hotel. En fin, un lugar de ensueño, un retiro dorado, pero, en las actuales circunstancias -con periodistas y reporteros gráficos de todo el mundo a la caza de noticias e imágenes de Juan Carlos I en su refugio-, una jaula, de oro, pero jaula.

En esta suite o en otra parecida vive y duerme el rey. AROUND THE WORLD
En esta suite o en otra parecida vive y duerme el rey. AROUND THE WORLD

Nadie más en el mundo podía ofrecer al rey emérito unas condiciones de privacidad, tranquilidad, discreción y lujo como estas monarquías absolutas de la Península Arábiga. Y, dentro de esta región, nadie mejor que el emir de Abu Dabi, por las extraordinarias condiciones de acogimiento y honores al huésped que hemos descrito.


El emir, segundo monarca más rico, suele atracar su yate Azam, el mayor del mundo, en la marina del entorno del hotel de Juan Carlos.


La República Dominicana, donde al principio se especuló que había viajado Juan Carlos, aun contando con el lujo al alcance de sus amigos de allá, parecía un retiro excesivamente plebeyo y expuesto a todo tipo de filtraciones. Y en Europa, quitando el siempre hospitalario Portugal, pero donde tampoco podía garantizarse una privacidad al ciento por ciento, era impensable que ninguna casa reinante de las monarquías que coronan las democracias más avanzadas del mundo se atreviesen a dar cobijo al rey “sospechoso”, a causa del fuerte escrutinio de la prensa de esos países y de una posible reacción adversa de sus ciudadanos.

Jalifa bin Zayed al-Nahyan, emir de Abu Dabi y anfitirón de Juan Carlos.
Jalifa bin Zayed al-Nahyan, emir de Abu Dabi y anfitirón de Juan Carlos.

CONDICIÓN DE SOSPECHOSO

Lo peor del caso de Juan Carlos I es eso, su condición de sospechoso, aspecto que ha pasado a ocupar el primer plano del asunto a causa de la absoluta falta de transparencia tanto de él como de la Casa Real. A estas alturas, los ciudadanos españoles no sabemos fehacientemente qué ha pasado con esos dineros del rey expatriado, cómo los ha ganado en realidad, a cuánto asciende su fortuna (según Forbes, en torno a los 2.000 millones) y qué piensa hacer con sus presuntas cuentas en el extranjero y con los impuestos que debería al fisco español.

Entrar a este mundo de lujo es privilegio de una minoría de potentados. J.M. PAGADOR
Entrar a este mundo de lujo es privilegio de una minoría de potentados. J.M. PAGADOR

Ante esta alarmante situación -escandalosa y reprobable para la mayoría de los ciudadanos- diversos políticos, sobre todo los pertenecientes al período álgido de la Transición, del PSOE, UCD y PP, han defendido la presunción de inocencia de Juan Carlos, elogiando su legado político, como si ambas cosas tuviesen algo que ver.

El Azzam, yate del emir de Abu Dhabi, el mayor privado del mundo.
El Azzam, yate del emir de Abu Dhabi, el mayor privado del mundo.

Desde nuestra posición como periodistas y ciudadanos, el legado político del rey emérito nadie lo discute. Pero el argumento de la presunción de inocencia ha quedado muy debilitado a causa de dos hechos trascendentales. El primero, es la petición de perdón de Juan Carlos, aquel “lo siento, me he equivocado y no volverá a ocurrir, y su posterior abdicación que vinieron a confirmar lo que se sospechaba. Y el segundo, la renuncia de su hijo, Felipe VI, a la herencia paterna, la retirada de la asignación hasta entonces pagada a Juan Carlos por el pueblo español, y su alejamiento institucional y mediático de su padre. Es decir, son Juan Carlos y Felipe quienes declaran públicamente, por activa y por pasiva, que los hechos por los que se enjuicia socialmente al primero son ciertos. Su refugio, ahora, en un reino árabe de carácter absolutista y dictatorial, donde solo las élites autóctonas disfrutan de libertades y privilegios, y donde centenares de millares de obreros de algunos de los países más pobres del mundo son explotados sistemáticamente en condiciones infrahumanas y con salarios de miseria, avala la teoría de la “sospecha” y confirma un estilo de vida y de pensamiento carente, si no de la mínima humanidad exigible en un dirigente del siglo XXI, al menos de un poco de solidaridad. Y, por supuesto, de la gallardía que se presume en un rey.

Palacio presidencial de Abu Dabi, lindante con el hotel de Juan Carlos, visto desde el mar. PANORAMIO
Palacio presidencial de Abu Dabi, lindante con el hotel de Juan Carlos, visto desde el mar. PANORAMIO

Desde el punto de vista de la opinión pública española, del prestigio de la monarquía y del país, y de la propia imagen de Juan Carlos I, el rey emérito no debería haber salido de España y, de haberlo hecho en última instancia, Portugal habría sido el lugar ideal. Todo lo demás, incluyendo Abu Dabi y esos “hermanos” del emérito, sigue ampliando las dimensiones del error colosal -por decirlo piadosamente- en el que está inmerso.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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