La trampa de las consultas populistas

En todo caso, PSOE y Podemos tendrían que haber consultado a sus bases (que no son solo sus militantes) antes de firmar el súbito acuerdo de coalición y aclarando en la pregunta si se iba a pactar con los independentistas

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Pedro Sánchez, votando hoy en su autoconsulta. RTVE
Pedro Sánchez, votando hoy en su autoconsulta. RTVE

Este fin de semana tienen lugar simultáneamente nada menos que cuatro consultas de partidos políticos españoles y españoles que quieren dejar de serlo, a sus bases, para que la militancia se pronuncie sobre un gobierno de coalición PSOE-Podemos, (con el apoyo de regionalistas y de ERC, aunque esto no se diga en la pregunta). Dichas consultas claramente populistas son, sin excepción, una trampa urdida por sus dirigentes para bendecir “democráticamente” una decisión ya tomada, que no consiste más que en mantener a Pedro Sánchez e introducir a Pablo Iglesias en la Moncloa con el apoyo de quienes saben que esa es la mejor opción para sus propósitos de romper España. Es un deber de los intelectuales y periodistas progresistas de este país, aun a riesgo de padecer la ofensiva del equivalente español a lo que en Argelia llaman “moscas electrónicas”, que atacan a periodistas críticos desde las esferas del poder oficial.

La democracia representativa, que es la única forma de democracia verdaderamente democrática, y lo digo con toda redundancia, no puede ser sustituida por una pseudo democracia asamblearia, donde la opinión de unas decenas de miles de afiliados o inscritos sustituye a la voluntad mayoritaria de la ciudadanía expresada en las urnas y a las instituciones surgidas de esa voluntad de todos. La fórmula utilizada por los que se saltan las reglas de la democracia representativa es la “consulta a las bases”, truco con el que pretenden revestir de democracia lo que no se ha logrado en la verdadera democracia de las urnas, tratando de lavar las vergüenzas de decisiones políticas impresentables (bien porque contradicen lo dicho y prometido pocas horas antes, bien porque, lo que es mucho peor, son lesivas para el país), con el falso maquillaje de la consulta populista, que eso es lo que son en realidad estas llamadas al refrendo de la (exigua) militancia de unos y otros.


“Santo súbito” es la fórmula vaticana para llevar a los altares a alguien sin tener que pasar por la burocracia del proceso beatificatorio y eso es lo que ha hecho Pedro con Pablo.


Cuatro formaciones políticas con intereses coincidentes en forjar un acuerdo de Gobierno que (o aunque) pone en peligro la democracia representativa de nuestro país y el sistema constitucional aprobado mayoritariamente en referéndum, han llamado este fin de semana a sus militantes a decidir no el futuro de ellos (los militantes), sino el de sus dirigentes (empeñados unos en conservar y/o compartir la Moncloa como sea, y otros, en independizarse de España apoyando a un Gobierno con el que creen que lo tendrán más fácil), sino el de todos nosotros, los millones de ciudadanos de este país, que no pintamos absolutamente nada en esta operación inequívocamente populista.

“SANTO SÚBITO”

PSOE, Podemos, IU y ERC han llamado de sábado a lunes a sus militantes a sus urnas partidarias, consumando la trampa de una cuádruple consulta populista merecedora de figurar en el Libro Guinness de los récords, por la súbita unanimidad en tema y fecha, y por la admirable coincidencia de lo engañoso de todas ellas.


La democracia representativa es la única forma de democracia verdaderamente democrática, y lo digo con toda redundancia.


Tras el batacazo del 10-N, Pedro Sánchez, en lugar de iniciar consultas con todos los partidos, empezando por los inequívocamente constitucionalistas -como es lo obligado en una democracia parlamentaria y mucho más en una situación como la que padece el país-, y en lugar de pedir la opinión de los órganos y demás líderes del PSOE, impuso su cesarismo en 24 horas sin consultar con nadie, desdiciéndose de todo lo dicho con anterioridad y sin someter su voluntad al escrutinio del Parlamento, arropado tan solo por su gurú Iván Redondo, cuya cara de satisfacción en la firma del “preacuerdo de coalición” denotaba la euforia de verse confirmado en su lamentable puesto, acreditó en un instante lo que había desacreditado con tanto énfasis durante meses y años: su rechazo a Podemos y a Pablo Iglesias. Y, de pronto, a aquel a quien no confiaría en ningún caso las llaves de su casa, a aquel con quien no podría conciliar el sueño por las noches si le tuviese en el Gobierno, a aquel censurado por él como bolivariano y más, resolvió hacerlo socio de Gobierno y vicepresidente con todas las prerrogativas en menos que canta un gallo.

“Santo súbito” es la fórmula vaticana para llevar a los altares a alguien sin tener que pasar por la burocracia del proceso beatificatorio. Pues bien, esta es la fórmula que utilizó Pedro Sánchez I para llevar al altar de la Moncloa en 24 horas al que hasta poco antes había señalado como “demonio”, dándole nada menos que una vicepresidencia del Gobierno de España y tres o cuatro ministerios (ya veremos el número).

EL ENGAÑO DE LA CONSULTA

Semejante mudanza requería otro engañoso paso como es el refrendo de la militancia, como si la decisión no estuviese tomada de antemano y como si estuviesen dispuestos a cancelar el acuerdo en el caso de que ganase un imposible no. Y ese paso fue dado, convocando para hoy sábado, 23 de noviembre, esta tramposa consulta a las bases, que Podemos, IU y ERC no tardaron en secundar, cada una, con la misma fórmula de “santo súbito” en su “parroquia”.


La recurrente fórmula utilizada por los que se saltan las reglas de la democracia representativa es la “consulta a las bases”.


Pero es menester decir, desde nuestra negativa no a dejarnos engañar y manipular -que eso no lo consiguen estos cuatro ni en diez vidas que vivieran-, sino a participar con el silencio en el colosal engaño colectivo que se pretende con la cuádruple consulta, que estos cuatro referendos partidarios no solo son una pantomima, sino que, además, son una trampa en la que hoy, mañana y pasado están cayendo incluso muchas personas de buena fe.

Los argumentos para calificarlas de trampa -sobre todo la consulta de Pedro Sánchez, porque es a quien mayor responsabilidad cabe atribuir- son los siguientes:

1.- Pedro Sánchez y Pablo Iglesias firmaron el acuerdo de gobierno de coalición dos días después del 10-N, sin haber consultado a sus bases para nada, como en todo caso deberían haber hecho antes de firmar acuerdo alguno. Eso quiere decir que la decisión está tomada de antemano, al margen de lo que diga la militancia, que sin duda dirá que sí, dado la manipulación de la consulta.

2.- La pregunta de la consulta de Pedro es tendenciosa, pues tiene una clara intención de dirigir los votos hacia el resultado que él desea, al calificar de “progresista” el gobierno de coalición pretendido, de modo que los militantes que voten no, no serían progresistas.

3.- La pregunta de la consulta de Pedro es engañosa, pues circunscribe exclusivamente al PSOE y a Unidas Podemos el “acuerdo alcanzado para formar un Gobierno progresista de coalición”, como si entre ambas formaciones tuviesen mayoría en el Parlamento.

4.- La pregunta de la consulta del Pedro es tramposa, pues elude mencionar que dicho gobierno solo será posible en las actuales circunstancias con el apoyo, por activa o por pasiva, de los independentistas catalanes.

5.- En todo caso, debería haberse abierto un período breve de campaña y dar las mismas facilidades y medios que tiene el aparato proclive al sí, a los socialistas que están por el no y que deberían -como han hecho Ibarra y Guerra por su cuenta, entre otros- haber tenido la oportunidad de exponer su opinión ante la militancia antes de la votación.

6.- En este tipo de consultas, en las que tantos cargos públicos y puestos remunerados dependen de que prospere la formación de un gobierno, el oficialismo cuenta con la ventaja a priori de un amplio número de síes incondicionales, lo que desequilibra de antemano la balanza ante los partidarios del no.

7.- La consulta, sea cual sea el resultado -se espera, claro está, un elevadísimo porcentaje de síes-, no puede ser considerada como significativa a efectos generales, dado que la decisión -el lunes lo veremos, cuando terminen de votar los ERC- ni siquiera la toma la totalidad de una militancia menguada frente a los 37 millones de ciudadanos con derecho a voto que hay en España. Téngase en cuenta que la suma de los cuatro partidos que celebran consulta este fin de semana es de tan solo 736.000 (180.000 militantes del PSOE, 26.000 de IU, 10.000 de ERC y 520.000 inscritos de Podemos) es decir, menos del 2 % del censo electoral español, y veremos cuántos de ellos votan.

NEGOCIACIONES SECRETAS PSOE-ERC

Mientras se celebran estas cuatro consultas innecesarias y engañosas -innecesarias porque la decisión de los cuatro líderes que las convocan ya está tomada de antemano-, los que han votado ya o tienen que votar todavía se mueven en la mayor oscuridad. En un alarde inaudito de falta de transparencia, y más en las graves circunstancias que vive el país, el PSOE lleva en secreto las negociaciones ya iniciadas con los independentistas catalanes para recabar su apoyo, como atestigua hoy el diario El País, un medio que no es sospechoso de no estar por la labor de la coalición: Lastra y Rufián pactan en secreto las condiciones para negociar la investidura de Sánchez.

Decisiones que afectan incluso a la viabilidad de España como país unido y democrático están siendo negociadas a espaldas de la ciudadanía, mientras se reviste todo el procedimiento de un falso tinte democrático con las cuatro consultas citadas, que adolecen de honradez y veracidad, como también en El País -el medio más proclive a Pedro Sánchez entre los grandes diarios nacionales- dice hoy Teodoro León Gross: Consultas escénicas de PSOE+UP+ERC.


Los millones de ciudadanos de este país no pintamos absolutamente nada en esta operación inequívocamente populista.


Al final, la ciudadanía, las bases, la militancia pensante se convierten en mera comparsa necesaria para maquillar de “democracia” las decisiones unilaterales tomadas previamente por los líderes (ni siquiera por los órganos partidarios), cosa que sería terrible aunque dichas decisiones fuesen justas, pero que es todavía peor cuando no lo son. Los ciudadanos dejan así de existir y pasan a convertirse en “inscritos”, una comparsa cuya única utilidad es estar destinada a refrendar la decisión del líder, sin importar si esta es comprarse un casoplón en Galapagar contra toda la austeridad personal proclamada hasta entonces, o pactar un gobierno con los independentistas.

MOSCAS ELECTRÓNICAS

Perdone ahora el lector que comente brevemente un aspecto personal de la cuestión que hoy nos ocupa. Declaro de antemano que he sido militante socialista y que sigo siendo votante socialista. Fui de los primeros que alzó la voz en defensa de Pedro Sánchez cuando le defenestraron de la Secretaría General del PSOE y de los primeros que anunció su victoria en las primarias y que pronosticó su llegada a la Presidencia del Gobierno, y bastante antes que el “gurú” Iván Redondo, como se puede comprobar en la hemeroteca virtual. Mi posición me enfrentó incluso a grandes amigos dentro del partido, como Guillermo Fernández Vara, a los que retiré la amistad cuando traicionaron a Pedro, como ellos mismos pueden atestiguar.

Pero siempre he sido un socialista crítico, al que le duele mucho más lo que hacen mal los suyos que los ajenos, y por eso vengo criticando en Pedro lo criticable que hay en su deriva, que llega al súmmum con esta consulta y con su disposición a un gobierno sostenido por los independentistas.

Y ahora resulta que cuando publico alguna crítica sobre el hoy presidente en funciones y su política -para lo que tengo no solo todo el derecho, sino también el deber intelectual y ciudadano de no callar mi pensamiento-, enseguida salta en las redes sociales una legión de militantes, cargos y excargos públicos, funcionarios y paniaguados “socialistas”, que me responden siempre no con argumentos sino con ataques personales e insultos.

Esa fauna orgánica “socialista” que nada tiene que ver con la verdadera militancia, que ha despojado al partido de sus esencias izquierdistas, que no admite la discrepancia ni mucho menos la crítica, es la que ha hecho que el PSOE haya ido perdiendo afiliados y votos durante las últimas décadas, por la progresiva desnaturalización de un proyecto en el que hemos creído.

En Argelia, el oficialismo gubernamental ha desatado una ola de lo que allí los informadores llaman “moscas electrónicas” (Argelia endurece la represión mientras los manifestantes boicotean las presidenciales de diciembre) contra los periodistas críticos, mercenarios que a las críticas de los informadores y difusores de opinión responden en las redes sociales con descalificaciones, amenazas e insultos. Lamentablemente, yo estoy sufriendo aquí el zumboneo de “moscas electrónicas” nacionales, que enseguida saltan con ataques ad hominem en lugar de tratar de rebatir lo que digo -que, al fin y al cabo, es solo mi opinión- con argumentos o razones. Y estoy seguro de que este artículo de hoy me va a traer un enjambre de ellas. Lo siento por mis pobres “moscas”, seres que podrían haber evolucionado hacia el universo de la razón y que al cabo de tantos años de democracia siguen perteneciendo a la clase zoológica de los insectos.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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