Terrorismo doméstico, peor que ETA y que el Holocausto

La acción de padres, hermanos, amigos y vecinos de las mujeres maltratadas debe ser inmediata, directa y enérgica en cuanto nos enteremos del problema

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Ni una más. J.M. PAGADOR
Ni una más. J.M. PAGADOR

El maltrato y el asesinato de mujeres a manos de sus parejas o exparejas es la peor catástrofe que ha padecido y padece la Humanidad en todo el planeta. Las cifras de víctimas de la violencia de género -mujeres con nombres y apellidos, sueños, ilusiones y proyectos de vida- sobrepasan con mucho las de cualquier genocidio o conflicto bélico presente o pasado. Es una plaga de dimensiones colosales, con centenares de millones de víctimas en todo el mundo, en la actualidad y a lo largo de la historia. Una plaga a tener en cuenta y a combatir no solo hoy, Día Internacional contra la Violencia de Género, sino cada día del año. Una lucha que nos concierne directamente a todos, padres, hermanos, amigos y vecinos de las víctimas.

Un periódico nacional publica hoy la comparación que hace el forense Miguel Lorente entre la violencia terrorista y la violencia de género. Para destacar la gravedad del maltrato a la mujer, el doctor Lorente ha dicho que ETA mató en nuestro país a 855 personas en 42 años y la violencia de género ha matado a 1.074 mujeres en solo 17 años. Pero se queda corto en su evaluación de este terrorismo doméstico que acecha a la mujer. A las víctimas mortales hay que sumar las decenas de millares de mujeres que sufrieron y sufren heridas y lesiones físicas y psicológicas; las incontables mujeres que padecen extorsión y secuestro en sus propios domicilios bajo amenaza a sus hijos; las innumerables mujeres que deben huir de sus hogares y “exiliarse” de su vida para escapar de la muerte.


La movilización directa de familia y sociedad, y la intolerancia de la víctima a la primera agresión, las dos armas básicas contra el maltrato previas al escenario policial y legal.


Comparar las dimensiones colosales de los efectos de la violencia machista con los crímenes de ETA, aun siendo estos muchos y gravísimos, es quedarse muy corto. Ni siquiera tiene parangón la dimensión del Holocausto. Porque el genocidio contra la mujer -en la actualidad y en la historia- sobrepasa cualquier medida de comparación y deja chicos a los que perpetraron los nazis, los estalinistas, los maoístas o los jemeres rojos.

MILES DE MILLONES DE MUJERES VÍCTIMAS

Ya he escrito y publicado, y lo vuelvo a recordar, que, para vislumbrar las dimensiones del maltrato y del crimen machista, podemos hacer un cálculo aproximado de las víctimas que este fenómeno ha causado a lo largo de la historia. Según los demógrafos, en el planeta han vivido en los últimos 50.000 años unos 110.000 millones de personas. Calculando que la mitad han sido mujeres, 55.000 millones, y aplicándoles prudentemente los índices de violencia machista actuales en Occidente, (en torno a un 15 por ciento, una tasa muy piadosa; en siglos pasados fue mucho peor), tendremos que 8.250 millones de mujeres -más que la población actual del planeta- han sufrido maltrato, tortura, vejaciones, violaciones y toda clase de tropelías en el mundo a lo largo del tiempo. De entre ellas, la cifra de las que murieron asesinadas por el macho es inimaginable, probablemente centenares de millones como poco. Este es el genocidio olvidado, el más antiguo y oculto, y el que todavía pervive aun en las sociedades más avanzadas. Un genocidio perpetrado no por un régimen, no por un Estado, no por un grupo humano determinado, no por una etnia, o no solo por ellos, sino, sobre todo, por el conjunto y la individualidad de los hombres que han existido y existen. Ahora mismo, mientras los lectores repasan líneas, en numerosos lugares del mundo incluido nuestro país, están siendo maltratadas decenas de millares de mujeres, y millares están siendo asesinadas. Y si la culpa es individual en cada maltratador, la persistencia del sistema que lo hacía y aún lo hace posible extiende esa culpa a todos y a cada uno de nosotros, los hombres, que somos los grandes beneficiarios históricos del patriarcado.

UNA FORMA EFICAZ DE LUCHA

Los Estados y las sociedades, sobre todo en Occidente, han implantado medidas de protección de las mujeres víctimas de violencia machista. Pero es evidente que estas medidas no son lo suficientemente eficaces como para evitar la sangría constante que seguimos padeciendo. Y es evidente también que la actuación del Estado no basta. Por eso es imprescindible que nos involucremos todos en esta lucha, especialmente los padres, los hermanos, los amigos y los vecinos de las mujeres que sufren o pueden sufrir maltrato.

El papel del hombre es fundamental para combatir esta plaga. J.M. PAGADOR
El papel del hombre es fundamental para combatir esta plaga. J.M. PAGADOR

Al menor síntoma de maltrato, y aunque la víctima no nos lo confiese o intente ocultarlo, las familias debemos actuar de inmediato enfrentándonos al maltratador, defendiendo y rescatando a la mujer, protegiéndola con todos nuestros medios y fuerzas, y denunciando sin demora el caso. No hablo de tomarnos la justicia por nuestra mano, pero sí digo que tenemos el derecho de actuar en la legítima defensa de nuestras hijas, hermanas, nietas, y de cualquier mujer de nuestro entorno que veamos o sepamos que es maltratada. Yo lo he hecho y lo hago y no soy ningún héroe. Incluso he parado por la calle a mujeres con hematomas en la cara y, con todo respeto y afecto, les he preguntado si han sido maltratadas y me he ofrecido para acudir con ellas en ese mismo instante a la Policía. Y si he escuchado gritos o llantos de mujeres en mi vecindad, he dio corriendo a llamar a su puerta para defenderlas y para asegurarme de que estaban bien. No soy ejemplo de nada, pero creo que es mi deber predicar con hechos, y que si lo hago yo, que no soy ningún supermán, lo puede hacer cualquiera.

Por mi propia experiencia familiar sé que la intervención inmediata de la familia y de los amigos o vecinos es lo más eficaz, porque es el primer escalón de la lucha contra esta plaga y el primer paso que puede salvar una vida. Eso evita no solo agresiones sino incluso posibles muertes. Si los maltratadores supieran que la familia y los vecinos de su víctima se movilizan en bloque contra él ante el menor indicio de agresión, su conducta sería diferente.

Tenemos todos que estar, desde el principio, al lado de la mujer que padece maltrato. Pero la mujer a la que su pareja le levanta la mano por primera vez, o la veja y la insulta por primera vez, o la somete a maltrato psicológico, esa mujer no debe esperar a una segunda ocasión. En ese primer momento en que descubre la verdadera personalidad de aquel con quien convive, en ese mismo momento, sin demora ni excusas, debe separarse de él de inmediato. El maltrato, que muchas veces termina en asesinato, es una conducta criminal a largo plazo que se hace crónica por estos dos motivos básicos: porque la mujer concede una segunda oportunidad a su torturador y porque la familia, los amigos, los vecinos, no intervienen.

Usted, querido lector que me lee en este momento, y yo que escribo estas líneas, podemos hacer muchísimo para defender, proteger y salvar a esas mujeres que sufren maltrato, tanto si pertenecen a nuestra familia -razón de más- como si no. Hoy, en el Día Internacional de esta desgracia, esta debe ser la conclusión práctica. ¿Qué puedo hacer yo para combatir esta plaga? Esta es la pregunta que debemos hacernos todos. Y podemos hacer muchísimo. Somos un ejército de ciudadanos llenos de buenos sentimientos y de fuerza, pero hemos de movilizarnos. En nuestra mano está no inhibirse. En nuestra mano está evitar esas muertes. Yo lo he hecho, lo hago y lo seguiré haciendo, aunque a veces me ocurran también cosas inesperadas y hasta cómicas, como una vez que acudí a casa de una vecina porque escuché terribles gritos de mujer y, cuando me abrieron la puerta alarmadas, porque el alarmado era yo cuando llamé con insistencia y fuerza, me recibieron entre risas al ver mi sobresalto: mi vecina, con otras tres amigas, estaba ensayando en su salón una obra de teatro bastante trágica.

Pero, amigas y amigos lectores, más vale prevenir que curar y, en esto, toda atención y ayuda es poca.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

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