El Gobierno español se enfrenta a más dificultades que ningún otro en el mundo

El Ejecutivo afronta un cúmulo de tensiones internas y externas de todo tipo, inéditas en otros países, que obstaculizan o ralentizan las soluciones, a pesar de lo cual, hay avances razonables

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El gesto constante de preocupación es evidente. RTVE
El gesto constante de preocupación es evidente. RTVE

El gobierno socialista -es decir, los ministros del PSOE liderados por Pedro Sánchez- parece estar encontrando un camino razonable en la lucha contra la epidemia y la crisis económica y social generada, a pesar de los múltiples frentes a los que debe enfrentarse a diario además del sanitario y el económico. En un dificilísimo equilibrio, mantenido a pesar de las formidables tensiones internas y externas -inéditas en otros países-, el gobierno socialista va enfilando el rumbo para afrontar esta crisis sin precedentes.

Mientras la mayoría de los gobiernos del mundo hacen frente a la crisis epidemiológica y económica causada por la COVID-19 desde una posición centrada exclusivamente en el problema, sin tener que enfrentarse a cuestiones secundarias ni distraerse con otro tipo de tensiones, el Gobierno español, además de la gestión de tan colosal embrollo, tiene que guardar un dificilísimo equilibrio, lidiar con dificultades añadidas de todas clases y apagar fuegos en frentes impensables de los que están libres los demás.


Tener que lidiar el presidente, en medio de la crisis, con un gobierno dividido, una oposición sin sentido de Estado, dos populismos a izquierda y a derecha, unas autonomías que tienden a la centrifugación de la gestión y unas belicosas fuerzas independentistas es algo exclusivo de España.


La crítica a la acción gubernamental es un deber de los medios de comunicación. En el nuestro la ejercemos sin cortapisas ni distinción de ideologías. En ocasiones anteriores hemos sido severos en nuestro juicio sobre la gestión del actual gobierno, como antes lo fuimos con los de Aznar, Zapatero y Rajoy. Pero ser crítico implica también ver y valorar lo positivo y hoy tenemos que decir que el gobierno, mejor dicho, los ministros socialistas del gobierno con su presidente al frente, parecen estar encontrando un camino razonable en la lucha contra esta crisis, no solo a pesar de la dimensión gigantesca del problema, sino también -lo que es inaudito y vergonzoso- a pesar de las innumerables tensiones internas y externas a las que debe hacer frente, tensiones añadidas a las propias de la actual emergencia sanitaria, social y económica.

UN CÚMULO DE TENSIONES COMO EN NINGÚN PAÍS

1.- La primera tensión es la interna gubernamental, por tener que conjugar la política razonable y urgente de lo que hay que hacer en estos momentos -que es lo que los socialistas tratan de implementar-, con las veleidades populistas y demagógicas del sector podemita del Gobierno. Ya lo hemos visto en anuncios y declaraciones extemporáneas de Pablo Iglesias y de otros ministros y líderes de Podemos, como esos desnortados Echenique y Monedero. Si por Podemos fuera, la solución de la crisis se parecería más a una loca huida hacia adelante bolivariana que a la estrategia planificada, sosegada, europea e internacionalista de una democracia occidental. Y esta tensión dentro del Gobierno tiende hacia un desequilibrio que los ministros socialistas y su presidente tienen que corregir a diario, a fin de recobrar la sensatez imprescindible para sacar al país del marasmo.

2.- La segunda tensión es la falta de idoneidad del equipo. Pedro Sánchez diseñó un núcleo duro en Moncloa pensado para la “normalidad” de una legislatura difícil, pero a la que podía sacar réditos electorales si conseguía aprobar los presupuestos y mantenerse en el poder al menos un par de años. Por eso su equipo más cercano está formado por asesores de imagen, “expertos” en comunicación y análogos, con Iván Redondo -al que algún comentarista llama “el dj de Moncloa”- al frente. En un reciente artículo, Lucía Méndez describía así la situación: “Pedro Sánchez está rodeado de asesores y consultores electorales, no de personas que conozcan cómo funciona el Estado y se puedan adelantar a los acontecimientos” (El coronavirus atropella al Gobierno de coalición).

3.- La tercera tensión es la conciencia de las propias carencias. En sus reiteradas comparecencias públicas Pedro Sánchez da la sensación de sentirse desbordado, sobrepasado. Él no estaba preparado para una emergencia como la actual y lo sabe. Pero lo cierto es que, salvo contadas excepciones (Taiwan, Corea del Sur…), nadie lo estaba en el planeta y menos, esos dirigentes populistas como Trump, Bolsonaro o Boris Johnson, cuyas reacciones a la crisis han sido más tardías, temerarias y peores. La expresión de preocupación extrema, casi de angustia, que presenta en ocasiones, la multiplicación de sus canas, su precoz pérdida de lozanía y su repentino envejecimiento son muestra de la formidable lucha interior que Pedro Sánchez afronta consigo mismo cada día para sacar fuerzas de flaqueza, aplastado por la que le ha caído encima.

4.- La cuarta tensión es la doméstica y familiar. La tardanza del Gobierno en reaccionar y la autorización de concentraciones masivas como las del 8-M, el mitin de Vox o los partidos de fútbol de aquel domingo funesto, originó una cascada de contagios que afectó, en primer lugar, al Gobierno y a su entorno. Varias ministras, incluida la vicepresidenta primera, resultaron contagiadas, así como la propia esposa, la madre y el suegro de Pedro Sánchez. A la tensión derivada de la preocupación por la salud de sus seres queridos -tan humana y lógica- se une la de la imagen que se da cuando el propio entorno cercanísimo del presidente, familiar y político, resulta contagiado, lo que transmite una imagen de imprevisión y ligereza impropias de gobernantes. Si a eso se añade, estando de baja Carmen Calvo, el temor de que el presidente se infectara también y Pablo Iglesias pudiera hacerse con la jefatura del Gobierno, la preocupación de Pedro Sánchez se disparó esos días y, en ese sentido, aún se mantiene.

5.- La quinta tensión es con la oposición. Aunque el PP haya dicho con la boca pequeña que apoya al Gobierno, de hecho solo ha circunscrito su colaboración al estado de alarma y a la cuarentena, mientras que opone resistencia a otras medidas esenciales para salir no solo de la crisis sanitaria, sino también de la económica que se está gestando. La última iniciativa “popular” de instar una investigación sobre las consecuencias de las manifestaciones del 8-M para el contagio, pero sin mencionar al mismo tiempo el mitin masivo (600 dirigentes y 9.000 simpatizantes) que su socio Vox celebró ese día, ni los partidos de fútbol de todas las categorías que tuvieron lugar al mismo tiempo, da idea de la parcialidad y la nula ecuanimidad del PP. Por lo visto, según la investigación que en estos momentos dificilísimos Pablo Casado pretende que se lleve a cabo, el coronavirus se infiltró únicamente en las manifestaciones feministas.


La primera tensión es la interna gubernamental, para conjugar la política razonable y urgente de lo que hay que hacer -que es lo que los socialistas tratan de implementar-, con las veleidades populistas de los ministros podemitas.


Y de Vox, mejor no hablar. La ultraderecha sigue con su estrategia de cuanto peor mejor para sus fines populistas.

Mantener un equilibrio de gobierno con el contrapeso de esta oposición cicatera y desleal, es dificilísimo. Menos mal que Ciudadanos parece haber enmendado errores anteriores. La pena es que hoy Ciudadanos es un partido irrelevante, aunque puede dar oxígeno al Gobierno para los próximos presupuestos.

Hacer demagogia ahora desde la oposición es muy fácil. Mientras el Gobierno arriesga y toma decisiones dificilísimas, el PP y Vox no pierden nada con su matraca, pero a ellos tampoco va a salirles gratis la gestión de la crisis. ¿Dónde están los hombres de Estado de la oposición?

6.- La sexta tensión es con las comunidades autónomas gobernadas por partidos diferentes al del Gobierno central y que están generando disfunciones de todo tipo por, primero, mantener la presión y la crítica contra el Gobierno de la nación en unos momentos como estos, y, segundo, por hacer prevalecer el principio de autonomía por encima del interés general. Es el caso, por ejemplo, de los dos aviones fantasmas que la presidenta de Madrid anunció hace días que llegarían a la Comunidad con material sanitario y de los que no ha vuelto a saberse nada. Mantener el equilibrio de una acción coordinada con estas comunidades reticentes es muchas veces tarea imposible.

7.- La séptima tensión es con los independentistas, especialmente los catalanes, aunque el PNV tampoco lo está poniendo fácil. Coordinar acciones sanitarias y económicas con “dirigentes” como Quim Torra es labor quimérica y enloquecedora donde las haya. El president es un señor que pasa de tratar de impedir que el Ejército cumpla funciones de apoyo a Cataluña, a pedir que la UME vaya a desinfectar un centro de menores en Badalona. Al mismo tiempo, la Generalitat catalana aprovecha la crisis para atizar el independentismo, lo que representa no una deslealtad sino una infamia. ¿Cómo mantener el equilibrio con dirigentes e instituciones así? Y, sin embargo, el Gobierno socialista ha empezado a lograrlo sin perder la cabeza.

8.- La octava tensión es con el mundo financiero e inversor. Ver hundirse la Bolsa y dispararse la prima de riesgo, al tiempo que no se dispone de la liquidez necesaria ni de capacidad de endeudamiento para las imprescindibles medidas económicas que hay que implementar -con una deuda pública que supera en cuantía al PIB y un elevadísimo nivel equivalente de deuda privada- es para abrir otro frente de grave tensión en la mente de Pedro Sánchez.

9.- La novena tensión es con la patronal y con los sindicatos, organizaciones ambas que marcan direcciones opuestas en casi todo, cuyos intereses, que deberían ser relativamente convergentes en crisis como la actual -porque unos no pueden salvarse sin los otros, y a la inversa-, a veces divergen más de lo adecuado, de modo que, haga lo que haga el Gobierno socialista, siempre recibirá respuesta negativa de una o de otra parte. Mantener el equilibrio en esta situación y con ambos a la vez es un rompecabezas de difícil encaje.

10.- La décima tensión es con los mercados internacionales de material sanitario, saturados de demanda y con una oferta que no da abasto para atender los pedidos que llegan de todo el mundo, con la práctica totalidad de los países del planeta infectados y pidiendo desesperadamente material. En estas circunstancias, cometer errores como el de los detectores de test fallidos o ciertas disfunciones en la recepción y distribución de equipos es lo menos que puede pasar. Pese a todo, y en este casi imposible equilibrio con comunidades autónomas, proveedores y competidores internacionales, el Gobierno socialista está implementando cada día medidas que tienden a solucionar los problemas, aun admitiendo los fallos propios de una situación como la que vivimos.

11.- La undécima tensión es con algunos pérfidos socios de la Unión Europea, como Holanda y, en menor medida, Alemania, que están ofreciendo de nuevo rescates y austericidio, como en 2008, cuando lo que necesita Europa es una mutualización de la solución del problema (los llamados coronabonos). En este sentido, y pese al dificilísimo equilibrio de tener que soportar los insultos de Holanda, el Gobierno socialista español lidera, con Francia, Italia y Portugal, un potente frente comunitario que pretende algo tan lógico como arbitrar una salida mancomunada y solidaria a una crisis que no es nacional, sino europea y mundial, estrategia que tendría que abrirse paso en los próximos días. En este capítulo hay que destacar el extraordinario papel de sensatez que está desempeñando Portugal.

12.- La duodécima tensión es la preocupación por lo que sucederá cuando la epidemia pase, es decir, por la crítica y el enfado unánimes de la sociedad, la actuación sin piedad de la oposición, e incluso las posibles querellas que puedan interponerse contra los gobernantes responsables en cada caso -a los que algunos acusan directamente de los muertos registrados como si los hubiesen matado ellos personalmente-, algunas de las cuales están ya en marcha. Cuando esto acabe, probablemente no va a haber piedad con Pedro Sánchez y el Gobierno socialista. Lo de Podemos es otra cosa, dado que, si se hunde el PSOE, España perderá uno de los pilares de nuestra democracia que ha acreditado durante décadas su sentido de Estado, mientras que el retroceso del populismo de uno y otro signo es lo mejor que puede pasar.

13.- La décimo tercera tensión es la mediática. En la mayoría de los medios hay diariamente un ataque feroz y despiadado contra Pedro Sánchez y el Gobierno socialista y en las redes, un verdadero linchamiento. Hay que tener en cuenta, sin embargo, que -visto lo visto en el resto del mundo- muy pocos gobernantes y dirigentes lo están haciendo mejor y, desde luego, esos que mejor funcionan no serían los homólogos de quienes actualmente ocupan la oposición en España. El bombardeo mediático al que se ve sometido a diario el presidente, obligado a estar al tanto de las corrientes de opinión con un “gurú” -ese dj del que hablan los medios- como el que tiene de mano derecha, es para volverse loco. Si muchos españoles estamos racionando ya al mínimo las noticias sobre el coronavirus por una mera cuestión de higiene mental, hay que imaginar el calvario de Pedro Sánchez bajo ese bombardeo no solo de malas noticias, sino también de ataques, críticas e insultos.

14.- La décimo cuarta tensión, tal vez la peor, es la originada por los avatares diarios, sanitarios, sociales y económicos, de la epidemia en nuestro país, el aumento del número de contagiados y de muertos, las bajas -algunas mortales- entre el personal sanitario y las Fuerzas de Seguridad y de Defensa, una tensión que genera un grado de preocupación, de horas de trabajo y de entrega que humaniza al presidente y a nuestros ministros a los ojos de la sociedad. Ellos también son seres humanos que están soportando sobre sus espaldas la mayor responsabilidad y el peor momento que cabe imaginar en un gobernante, con una gran parte de la sociedad achacándoles la responsabilidad total y absoluta del coronavirus y de sus efectos en España. A esa tensión hay que sumar el peso físico y psicológico de, como poco, las otras trece tensiones mencionadas. No tiene nada de extraño que Pedro Sánchez y demás ministros presenten esas caras de preocupación y ansiedad que muestran en sus comparecencias.

LIDERAZGO Y SOLUCIONES

Y pese a todo ello, el Gobierno ha ido construyendo, de manera tardía y con errores, es cierto, pero ya de modo creciente y razonable, un liderazgo que, pese a las tremendas dificultades del momento, ha logrado:

1.- El imprescindible confinamiento de los ciudadanos en sus domicilios.

2.- La pedagogía y la comunicación que subrayan y justifican la utilidad de la alarma.

3.- La coordinación de todas las fuerzas de seguridad del Estado, Policía Nacional, Guardia Civil, Ertzaintza, Mossos d´Esquadra y Policías Municipales y Locales de España, en una ejemplar cooperación que todos apreciamos altamente.

4.- La puesta a disposición de las Fuerzas Armadas, con la Unidad Militar de Emergencias (UME) a la cabeza, pero también con efectivos del Ejército de Tierra, del Ejército del Aire y de la Armada; efectivos que están realizando extraordinarias y meritorias labores de desinfección de instalaciones en todo el territorio nacional, montando hospitales de campaña, habilitando buques como hospitales flotantes, apoyando a la Policía en tareas conjuntas de seguridad, etc. etc., en un trabajo muy sacrificado y ejemplar que demuestra la necesidad de contar con unas Fuerzas Armadas modernas y bien dotadas, imprescindibles como instrumento de paz.

5.- La necesaria labor de recentripetación de las Comunidades Autónomas, algunas de las cuales tienden a rebasar por sistema la centrifugación acordada en el modelo constitucional y autonómico.

6.- La coordinación de los medios sanitarios, hospitalarios, científicos y farmacéuticos del país que, pese a las reticencias de algunas autonomías y a los fallos de ciertos sectores privados -como las residencias de mayores- están funcionando cada vez mejor.

7.- La implementación de medidas para asegurar la producción de bienes básicos, la logística nacional y el transporte, de modo que, a pesar de la histeria de los primeros días, en ningún momento se ha producido problema alguno de abastecimiento de bienes, y no solo de los de primeras necesidad.

8.- La salvaguarda de las instalaciones estratégicas que suministran agua y energía eléctrica a las ciudades, con especial atención a las centrales hidroeléctricas y nucleares, en lo que el Ejército está apoyando también.

9.- La salvaguarda de los servicios de telefonía, telecomunicaciones, internet y redes, que mantienen su operatividad en todo momento a pesar de la sobrecarga de una población enclaustrada que hace una utilización masiva de ellos.

10.- La implementación de nuevas ayudas y medidas de alivio para empresas, pymes y autónomos.

11.- La puesta en marcha de nuevas ayudas y medidas de alivio para trabajadores, desempleados, inquilinos y colectivos más vulnerables.

12.- La gestión de la cotidianeidad del Estado, como la entrada en vigor hoy de la nueva Campaña de la Renta, junto a la gestión de tantos asuntos relativos al desempleo, el funcionamiento de la Seguridad Social, el abono puntual de las pensiones, etc.

Todo ello quiere decir que, a pesar de todo, el Estado funciona y que quien está hoy al mando algún mérito tiene que tener para que todo siga en marcha y no se produzcan colapsos graves, y más aún cuando está sometido a la presión más endiablada que cabe imaginar sobre los hombros de un presidente.


El Estado funciona y quien está hoy al mando algún mérito tiene que tener para que todo siga en marcha y no se produzcan colapsos graves con la que está cayendo.


En estas condiciones de presión y tensión, ¿quién no cometería errores? ¿Qué genio de la política, de las finanzas, de la economía o de la empresa sería capaz de liderar esta crisis con mayor éxito o con mejor resultado? ¿Acaso Pablo Casado o Santiago Abascal? ¿Acaso Inés Arrimadas?

Luego está la pregunta de qué hemos hecho, que hacemos y qué debemos hacer la ciudadanía. Porque esta crisis no está causada por los gobiernos, sino por un virus que encuentra campo abonado en el tipo de sociedad que hemos creado entre todos y de la que todos somos responsables en una parte alícuota.

Intenten ustedes trabajar con toda la presión de ese cúmulo de tensiones y problemas que hemos detallado. Intente el lector hacerse una idea de cómo gestionar desde la mayor responsabilidad el peor problema que le puede tocar a un gobernante. Hacen falta también compasión y comprensión, ¿por qué no? Críticos, sí, pero no despiadados.

ESPAÑA GANA EN LA COMPARATIVA

Ciertamente, hay países como China o Corea del Sur, que, por sus características sociales, culturales e incluso políticas, son más capaces de anticiparse con éxito a problemas como el actual y a resolverlos antes y con menor coste. De los países de Oriente tenemos mucho que aprender los occidentales.

Bolsa de Madrid. La debacle bursátil y económica, otro frente abierto. J.M. PAGADOR
Bolsa de Madrid. La debacle bursátil y económica, otro frente abierto. J.M. PAGADOR

Pero nuestro modelo es el occidental y es en ese ámbito -sin renunciar a aprender de lo que hacen los otros- donde debemos buscar ejemplos y comparaciones para evaluar la acción de nuestro Gobierno también desde una perspectiva internacional.

Es cierto que el Gobierno no debió autorizar las manifestaciones, ni el mitin de Vox, ni los partidos de fútbol del domingo 8 de marzo y es cierto también que tardó demasiado en reaccionar. Pero aun más tarde reaccionó un país tan avanzado como Francia, cuyas medidas contra el virus llegaron después que las españolas. Y mucho más tarde se ha sumado el Reino Unido al confinamiento, con un primer ministro que al principio se reía del problema y que, mire usted por dónde, de primeras resultó infectado él y su ministro de Sanidad, y cuyo tsunami vírico suma en pocos días más de 26.000 infectados y 2.000 fallecidos. O qué decir de los EE.UU. con un presidente como Trump que al principio negó la importancia de la epidemia y ahora está desbordado en todos los estados, habiéndose convertido de buenas a primeras en el líder mundial de contagiados, con 170.000 casos ya, y una creciente cifra de muertos que sobrepasa los 3.000.

No, no es el Gobierno español el único que ha cometido errores y ha reaccionado tarde, ni tampoco es el que peor lo está haciendo. Y eso que la presión que padecen Pedro Sánchez y sus ministros socialistas no tiene parangón en el resto del mundo. Como para volverse loco.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

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