España no es un Estado fallido sino mal gobernado

El espíritu de Rafa Nadal informa el sentimiento y la resolución de la ciudadanía española en defensa de nuestro país

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El espíritu Rafa Nadal. PINTEREST
El espíritu Rafa Nadal. PINTEREST

Diversos medios internacionales “prestigiosos” han vuelto en los últimos días con la matraca de que España es, o puede ser, un Estado fallido. Los árboles del mal gobierno que hoy nos aflige no dejan que algunos “analistas” extranjeros vean el bosque de la realidad nacional española, una de las más antiguas del continente y del mundo, que ha sobrevivido, siglo tras siglo, incluido el sangriento XX, a lo peor, y que ahora enfrenta problemas perfectamente solucionables, que si no van a mejor no es por ninguna especial idiosincrasia negativa de los españoles, sino por los pésimos gobiernos central y autonómicos que tenemos. España no tiene problemas peores que Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Italia, EE.UU. o Canadá, lo que tenemos es una generación de políticos incapaces y ciegos.

Ayer, Rafael Nadal, tras su 13ª victoria en Roland Garros, se envolvió en la bandera de España que siempre lleva consigo para estas ocasiones y la inmensa mayoría de los españoles nos identificamos en este gesto. Nadal nació y vive en una comunidad autónoma, Baleares, cuyos gobernantes actuales están empeñados en la tarea de desespañolizar las islas. Este ejemplo representa como ninguno la enorme contradicción que existe entre los inaceptables objetivos de esta clase política empeñada en enmendar la historia y en causar problemas donde no los hay, y los sentimientos y las aspiraciones de la ciudadanía.


Esos analistas internacionales herederos de los creadores de la leyenda negra vuelven a la carga hoy contra España.


No. España no es, ni será, un Estado fallido, pese a lo que digan esos “analistas” internacionales, herederos de aquellos otros que durante siglos urdieron y alimentaron la inmerecida “leyenda negra”, más aplicable a sus países de origen que a España. Por citar solo un par de ejemplos al respecto, hay que recordar que, en la América bajo dominio holandés y británico, el exterminio de los pueblos nativos fue casi total, mientras España incorporaba a los indios mediante el mestizaje y la cultura; o que hace poco más de un siglo y hasta bien entrado el XX, Bélgica mató a cerca de quince millones de personas en el Congo, en apenas una docena de años. Pero de esto nadie habla.

NO LO PERMITIREMOS

España no es ni será un Estado fallido por una razón muy simple: PORQUE UNA INMENSA MAYORÍA DE ESPAÑOLES NO ESTAMOS DISPUESTOS A PERMITIRLO. Y no lo permitiremos, al precio que sea y pase lo que pase. Se equivocan quienes interpretan la debilidad y desacierto de este gobierno como debilidad del Estado. El Estado lo integran, en primer lugar, su ciudadanía, de la que emana cualquier poder, y, en segundo lugar, sus instituciones, entre las que el ejecutivo es solo una. Y tanto la ciudadanía como las instituciones -con la excepción transitoria de la actual debilidad gubernamental- son sólidas y están fuertes. La monarquía, pilar de nuestro sistema político, resiste la peor de las crisis imaginables, interna y externa, tanto que veremos reinar en su día a la princesa Leonor. La Justicia funciona plenamente en la defensa de la legalidad y el Estado de Derecho, a pesar de los furibundos ataques que padece. El resto de instituciones está comprometido con la defensa del Estado. Y la sociedad civil, con sus organizaciones y medios, y la ciudadanía, nosotros, los ciudadanos, estamos mayoritariamente dispuestos a que España salga adelante, como tantas veces en la historia.


Reino Unido, Bélgica, Francia o Italia tienen tantos o más problemas que nosotros y nadie dice que sean Estados fallidos.


No creo necesario recordar las múltiples y a veces pavorosas dificultades, incluida una sangrienta guerra civil y las peores intentonas del separatismo, que España ha superado desde principios del siglo XIX, por no remontarnos más atrás. Y aquí seguimos, lo que no está nada mal para ser un Estado fallido o en vías de serlo.

¿ESTADOS FALLIDOS?

Pero si quieren hablar de Estados fallidos, ¿por qué esos sesudos comentaristas que nos adjudican semejante diagnóstico, en lugar de hacer una lectura en positivo de nuestra capacidad de resistencia y echarnos una mano, no analizan a los suyos de origen?


Con políticos como los actuales la Transición a la democracia no habría sido posible.


Por ejemplo, Gran Bretaña, un país con una monarquía decadente salpicada de escándalos de todo tipo, con príncipes involucrados en orgías con menores, una reina archimillonaria e insolidaria, una familia real rota, una Escocia que quiere separarse ya, una Irlanda del Norte que posiblemente activará el terrorismo como consecuencia del Brexit y que también quiere independizarse para unirse a la República de Irlanda, un Brexit ruinoso y un gobierno desastroso con un loco como Boris Jonhson a la cabeza.

Por ejemplo, Bélgica, con un Flandes -prácticamente la mitad geográfica de la nación- que se quiere independizar, en un país que puede estar dos años sin gobierno, fragmentado políticamente, cuyos dirigentes no suelen ser capaces de ponerse de acuerdo en casi nada; un país que ostenta el récord del mundo en tardanza para formar gobierno; un país partido en dos por la frontera idiomática entre los que hablan flamenco y los que hablan francés, y cuya inestabilidad está mucho más fundamentada en realidades históricas y actuales que la presunta inestabilidad española.

Por ejemplo, Francia, un país que ha visto hundirse el sistema tradicional de partidos, donde hoy gobierna una organización política sin implantación real y posiblemente sin futuro; un país cuyas enormes desigualdades le dan fuego periódica y sistemáticamente a las ciudades; un país donde el movimiento de los chalecos amarillos pone en jaque a la autoridad con frecuencia; un país cuya creciente islamización pone en peligro la cohesión cultural, social y democrática; un país con regiones como Córcega, francamente separatistas.

Por ejemplo, Italia, un país cuyas instituciones están corroídas por un cáncer que se llama mafia; un país cuya inestabilidad política es tal, que el promedio de duración de sus gobiernos desde el final de la II Guerra Mundial es de poco más de un año; un país cuya región principal, la Padania, es claramente secesionista, con una fuerza política, la Liga Norte, expresamente independentista; un país que puede estar gobernado durante años por personajes de la altura de Berlusconi.

Por ejemplo, Canadá, país más sólido, desde luego, pero cuyo contencioso de Quebec puede hacer saltar por los aires la unidad nacional en cualquier momento.

Por ejemplo, Estados Unidos, con un presidente iletrado, amoral y loco; un país sumido en el caos racial, inmigratorio, policial y político; un país con movimientos paramilitares tolerados por el actual poder ejecutivo; un país con el mayor número de contagiados y muertos por la pandemia actual; un país con trasnochadas ínfulas imperialistas que ponen en peligro periódicamente la paz del mundo.

Pero el Estado fallido o en vías de estarlo es siempre España.

EL ESPÍRITU RAFA NADAL

Esos analistas que miran desde fuera y sin profundizar lo que nos ocurre, deberían analizar por qué Rafa Nadal cuando gana su 13º Roland Garros se envuelve de nuevo en la bandera de España, como ha hecho a lo largo de toda su vida deportiva. Ese gesto simbólico en un ciudadano que ha nacido en una comunidad de la periferia, insular por más señas, que además es bilingüe y con unos desnortados políticos separatistas, nos representa al 90 % de los españoles y dice mucho más de la cohesión nacional y del patriotismo de la ciudadanía que cualquier encuesta teledirigida. Pero eso es difícil que puedan verlo esos “analistas” que se refieren a nosotros como un Estado fallido o en vías de estarlo.


Hay que tener esperanza, los malos políticos también pasan.


El problema que tenemos hoy, el mayor y principal, por encima de la epidemia de coronavirus, de la crisis económica y de la crisis territorial, es esta nefasta clase política. Cuando se nos pregunta a los españoles por la jerarquía de sus problemas, solemos poner el primero del ránking a estos políticos nefastos. Para comprender hasta qué punto lo son, basta con hacerse una sencilla pregunta que cualquiera puede responder en su fuero interno: ¿Con los políticos de hoy la ejemplar Transición española de la dictadura a la democracia hubiese sido posible? Este es el quid de la cuestión y por eso estamos donde estamos hoy en materia institucional, sanitaria, económica y territorial. Pero los malos gobernantes también pasan. Lo importante es que los ciudadanos no decaigamos en nuestra decisión de seguir adelante como individuos, como sociedad, como cultura y como país. Eso es el verdadero patriotismo. Con ciudadanos así, España no es ni será jamás un Estado fallido.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo