miércoles, 21 febrero, 2024
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Podemos, al borde de un ataque de nervios

Se esfuman las opciones de la formación morada de volver a tocar poder

El empecinamiento de Pablo Iglesias y los suyos en tratar de imponer sus condiciones a Yolanda Díaz, cuando ese proceso de primarias que exigen es una cuestión secundaria a dilucidar cuando vayan a ser las elecciones generales, y dado que no hubo primarias algunas cuando el macho alfa de las moradas nombró a dedo ministra a su pareja, a Yolanda y a Belarra -sin contar otras decisiones unipersonales del líder, que ha terminado convirtiéndose en jerarca de su partido a la más antigua usanza- ha situado a Podemos en zona de descrédito político y de pérdida de apoyo social. Las casi histéricas reacciones de Iglesias y su trío “la, la, la” son la prueba de que el partido se encuentra al borde de un ataque de nervios.

Madrid.-

La cuesta abajo de Podemos es palpable. De los 69 diputados que logró en 2015 pasó a la mitad, 35, apenas cuatro años después. Y el declive no ha terminado. Todas las encuestas dan a los morados unos resultados catastróficos en las próximas elecciones municipales y autonómicas de mayo, y, por supuesto, en las generales de final de año.

Pero no solo eso. Además, en el transcurso de estos pocos años de vida de la formación, Podemos ha desaparecido o ha obtenido resultados irrelevantes en numerosas regiones de España, y especialmente en las más significativas, como Madrid, Andalucía o Galicia, así como en incontables ayuntamientos donde antes tuvo representación.

La anterior catástrofe de Madrid -el mes que viene trae una peor para los morados en esa comunidad-, liderada por un Pablo Iglesias desnortado que creyó que conseguiría algo positivo con su candidatura, fue una brutal bofetada de su electorado en el rostro de Iglesias, tan cruel que le obligó a retirarse de la esfera pública representativa o gubernamental, que no de la política, donde sigue incordiando todo lo que puede, pero que cada vez es menos.

La decisión de Yolanda Díaz de no aceptar primarias previas -temerosa de que Podemos las oriente en su favor- tiene una dimensión evidente. La vicepresidenta quiere saber antes cuál será la fuerza de los morados después de las elecciones de mayo, en las que se espera una debacle para ellos en toda España. Claro que la líder de Sumar aceptará primarias después de mayo y antes de las generales. Pero será en un momento en el que cada grupo integrado en su plataforma tenga definidas sus fuerzas y sus debilidades.

Todo este panorama ha puesto de los nervios a Pablo Iglesias -que no deja de zaherir a Yolanda con sus ridículas quejas y lamentaciones- y a las tres primeras actrices del reparto -Montero, Belarra y Verstringe- de esta película que recuerda también aquella saga de “aterriza como puedas”.

En el espejo del acto unitario de presentación de la candidatura de Yolanda Díaz a la presidencia del gobierno -que no de España, como dice ella, porque España no es una república, al menos todavía-, Iglesias y sus tres compañeras han visto reflejado el rostro cada vez más arrugado de su decadencia y su debilidad. Incluso han sido numerosos los cargos municipales y regionales de Podemos que, contraviniendo la orden de la formación, acudieron a dicho acto en apoyo de Yolanda Díaz.

La pérdida indiscutible de poder que los morados sufrirán en mayo y en diciembre alimentará la desbandada, porque el pegamento que todavía mantiene unidos a los restos del aparato y sus representantes es precisamente el carguito y el sueldazo del que todavía disfrutan tantos paniaguados, todo lo cual terminará con las derrotas que se avecinan. El final de Podemos está cerca. Su suerte, se sume o no a Sumar, está echada.

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