España y el PSOE, en manos de un iluminado

Iván Redondo dirige una estrategia dilatoria perjudicial para los intereses de España y justificatoria de su verdadera finalidad: nuevas elecciones en noviembre que corroboren su “olfato” de gurú

669
El gurú determina la deriva del PSOE y de España. LA TUERKA
El gurú determina la deriva del PSOE y de España. LA TUERKA

La militancia socialista acaba de recibir otra carta de Pedro Sánchez que lleva el sello inconfundible de la “marca Iván Redondo”. El estilo es idéntico al utilizado anteriormente por el “gurú” en los comunicados y discursos de José Antonio Monago, cuando el spin doctor asesoraba sin complejos a la derecha y combatía duramente al PSOE. En la nueva misiva, Redondo saca a relucir todos los tópicos del momento para justificar la parálisis a que su estrategia y la ceguera de su jefe al confiar en él han conducido a España. La carta ha caído especialmente mal en los sectores más progresistas y críticos del PSOE, hartos de esta parálisis. Al mismo tiempo, y para justificar la letal inacción del presidente y del gobierno en funciones, Iván Redondo se ha inventado unos encuentros de Pedro Sánchez “con la sociedad civil”, a fin de dar la impresión de que su jefe y el ejecutivo siguen trabajando y buscando una solución a un problema que han creado ellos.

Fuentes de un sector del PSOE aseguran que la carta de Pedro Sánchez a la militancia ha sido escrita por Iván Redondo y, desde luego, el estilo, la sarta de tópicos y lugares comunes, el retorcimiento de los hechos y la “literatura” llevan el sello inconfundible del “genio” al que el presidente, ahora en funciones, ha entregado los destinos de su investidura y de su futuro -e indirecta y lamentablemente, de España-, con una clara apuesta redondiana por la repetición de elecciones en noviembre, convencido de que entonces el PSOE revalidará una victoria aun mayor y él saldrá coronado con el laurel de campeón del acierto.


La carta de Pedro Sánchez a la militancia y sus reuniones con colectivos de la “sociedad civil” son argucias para hacer ver que se mueven y justificar la parálisis gubernamental que conduce indefectiblemente a nuevas elecciones.


Pero lo malo no es que Iván escriba las cartas y los discursos del presidente. Lo peor de todo es que Pedro Sánchez ha confiado toda la estrategia del PSOE a su “gurú” y, de modo indirecto, pero fatal, ha puesto a España en sus manos. Todo lo que está pasando responde a las maniobras de Iván Redondo y si hoy España no tiene ya gobierno, se han roto los puentes con Podemos y es imposible el apoyo de Ciudadanos, es en buena medida por culpa de él y de sus estrategias fantasiosas y excluyentes.

Además de la carta a la militancia socialista, la “ofensiva” veraniega puesta en marcha por Iván Redondo en pleno mes de agosto para que lo ingenuos crean que se mueven incluye también una serie de reuniones con colectivos representativos de la “sociedad civil” -como si hubiera otra sociedad que no sea civil- a fin de presionar a Podemos para que apoye la investidura en solitario. Pone como ejemplo el modelo portugués, con un partido socialista gobernando en solitario con el apoyo de los comunistas. Pero omite que esa solución solo es posible en un país como Portugal, donde no intervienen en el juego político partidos herederos de un sangriento terrorismo, sencillamente porque en ese admirable país no ha habido terrorismo, ni partidos que quieran romper la unidad nacional, porque tampoco hay en Portugal un equivalente a Cataluña. En un país menos convulso, posiblemente sería posible la fórmula portuguesa, que también se ha dado y se da en otros países del continente.

Empieza, pues, el mes de agosto con una España de vacaciones y un presidente y un gobierno en funciones que no hacen nada pero que quieren dar la impresión, mediante las fantasías de Iván Redondo, de que ellos no se toman descanso y sí que se mueven. El hartazgo es general entre el electorado y entre buena parte de la militancia y sectores críticos del PSOE consultados por este periódico. Los más avisados coinciden en señalar una parte -y no menor- del problema: Pedro Sánchez se ha puesto y ha puesto al PSOE, y, por ello, a España, en manos de un iluminado.

La apelación a “la sociedad civil” para convencer a Podemos es una truculenta trampa intelectual de evidente torpeza, porque esa sociedad ya habló el 28 de abril y dio una mayoría suficiente para una alternativa progresista de gobierno. Que eso no se haya logrado después de más de tres meses no es achacable solo a Podemos, y menos después de que Pablo Iglesias aceptara la leonina condición impuesta por Iván Redondo -creyendo que le daba jaque- y renunciara a entrar en un posible gobierno de coalición.

A continuación reproducimos la carta de Pedro Sánchez a los militantes de su partido, cuya escondida finalidad salta a la vista y cuyos términos, en clara manipulación de la realidad, hablan por sí solos.

 LA CARTA DE PEDRO SÁNCHEZ A LA MILITANCIA

“Querida compañera, querido compañero, 

En abril y mayo de este año, España votó. Se celebraron elecciones generales, europeas y municipales en todo el territorio, y autonómicas en trece comunidades y las dos ciudades autónomas.
Del encuentro con las urnas surgió un resultado claro: el Partido Socialista Obrero Español fue la fuerza más votada en todos los procesos. La victoria que obtuvimos fue clara. Y lo fue, entre otras razones, gracias a tu implicación activa en ambas campañas. Sin el compromiso de la militancia, que quiero reconocer una vez más, no hubiera sido posible obtener los resultados que logramos.

Fue un triunfo incuestionable. Y confirmó a nuestro partido como la opción preferida por la ciudadanía para dirigir la mayor parte de las instituciones democráticas. Un triunfo en el que lo importante no era la victoria electoral en sí, sino lo que podíamos y debíamos hacer con ella en este tiempo marcado por la segunda gran transformación a la que se enfrenta España.

Ese era y sigue siendo el rumbo que estoy dispuesto a culminar: cumplir con la palabra dada y con el mandato de las urnas. Impulsar, en definitiva, la formación de un gobierno progresista que apueste por la convivencia, la justicia social y la lucha contra la desigualdad.

Para la constitución de un Gobierno coherente con esas prioridades, era necesario obtener la confianza mayoritaria del Congreso. Por eso, desde aquel 28 de abril nos pusimos a trabajar en la tarea de consolidar una mayoría parlamentaria sólida. No sólo para superar la sesión de investidura, sino para garantizar la estabilidad de un ejecutivo capaz de superar el bloqueo y avanzar con decisión, para estar a la altura de lo que la sociedad demanda.

Como punto de partida, expuse la necesidad de que el Gobierno de España no dependiera del voto de partidos independentistas. A tal fin, ofrecí garantías y propuestas de grandes acuerdos de país a las principales fuerzas políticas de ámbito estatal. Una apuesta firme y sincera por el consenso, que en ningún caso implicaba renunciar a nuestra agenda progresista, respaldada mayoritariamente por la ciudadanía en las urnas.

Así, en la sesión de investidura presenté un programa detallado, a partir de seis grandes ejes de actuación: empleo de calidad, transformación digital de la economía, transición ecológica, feminismo, justicia social y vocación de cohesionar España dentro de una Europa unida.

Para desarrollar esta agenda, busqué activamente la complicidad de Unidas Podemos. Siempre entendí este anhelo como una alternativa lógica, a partir de las coincidencias programáticas de dos fuerzas que habían trabajado juntas en el último año con buenos resultados.

Con esa premisa, ofrecí hasta cuatro formas de colaboración. En primer lugar, planteé un acuerdo de legislatura basado en el programa; es decir, un acuerdo sobre contenidos que mereciese el apoyo parlamentario de Unidas Podemos en el Congreso.

Más tarde propuse la creación de un Gobierno de cooperación, con la participación de miembros de esa fuerza parlamentaria en niveles relevantes de la Administración General del Estado, al margen del Consejo de Ministros.

Tras ser rechazadas ambas iniciativas, planteé la entrada de Unidas Podemos en el Consejo de Ministros con profesionales de reconocido prestigio de su entorno.

Una nueva negativa me llevó a aceptar la entrada de miembros de Unidas Podemos dentro de un Gobierno de coalición —inédito en nuestro país desde la restauración de la democracia— a través de una vicepresidencia y tres ministerios en áreas muy relevantes. Suponía ir mucho más allá de lo que nunca se había ido en España en las últimas cuatro décadas.

Llegamos, por tanto, a aceptar formar un Gobierno de coalición con Unidas Podemos. Pero siempre que ello no derivase en una coalición de gobiernos. Era fundamental que España tuviera un Gobierno cuanto antes; pero era tanto o más importante que dicho Gobierno fuese eficaz, operativo y solvente para servir a los intereses generales del país.

Todas las fórmulas relatadas fueron rechazadas por Unidas Podemos con diversos argumentos y sin tener en cuenta que estábamos planteando una oferta sin precedentes en nuestra historia reciente.

A pesar de todo, el Gobierno progresista puede salir adelante. 

Quiero trasladarte un mensaje de esperanza en el futuro inmediato porque es posible el acuerdo. Un acuerdo para evitar que España se vea abocada a nuevas elecciones. Impedir la repetición electoral es una prioridad absoluta para mí, y voy a trabajar sin descanso en las próximas semanas para superarlo.

Queremos construir Gobierno. Y para ello, desde mañana mismo, comenzaré a reunirme con diferentes colectivos de la sociedad civil como asociaciones feministas, ecologistas, agentes sociales, agrupaciones del tercer sector para que puedan colaborar en la creación de un espacio común para alcanzar un Gobierno progresista.

A lo largo de estos días elaboraremos una propuesta abierta en base a este espacio común que será la que presentaremos a Unidas Podemos para alcanzar un acuerdo de carácter programático vinculado con la sociedad civil. Un acuerdo que se materialice luego siguiendo el modelo de experiencias próximas en la distancia, como la de Portugal, o en el tiempo, como la de Dinamarca. En ambos países gobiernan partidos socialdemócratas como fuerzas más votadas. Pero contando con el apoyo externo de fuerzas progresistas que garantizan no sólo la estabilidad política, sino también el cumplimiento de un programa de gobierno consensuado desde la izquierda.

Estoy convencido de que es una fórmula útil para abordar los retos que tiene por delante nuestro país. Y la mejor alternativa al bloqueo en el que otros actores, de forma irresponsable, están decididos a mantener a España.

Ese es el papel histórico que, como socialistas, nos corresponde jugar: ofrecer una salida al bloqueo. Y hacerlo de la mano de una sociedad civil que demanda de la política responsabilidad y sentido de Estado. Como socialistas, estaremos a la altura de esa demanda. No vamos a tirar la toalla y en ese camino me implicaré personalmente y de forma decidida durante las próximas semanas por convicción y por responsabilidad.

Hace unos meses, el PSOE cumplió 140 años de vida y es bueno recordar que nuestra larga trayectoria nace del hecho de que siempre hemos sabido escuchar de cerca a la sociedad civil. También lo haremos esta vez, sabiendo que somos un partido imprescindible para entender no sólo el pasado de España sino también su futuro.

Queremos impulsar la constitución de un gobierno progresista que sea útil a la ciudadanía. Capaz de tender la mano desde la firmeza de nuestras convicciones, y de abrirla con generosidad para construir consensos.

Seguiremos trabajando en ese empeño, como siempre hemos hecho, al servicio de la sociedad. Al servicio de una España abierta y solidaria, y a la que nadie va a hurtarle el derecho a mirar al futuro con esperanza.

Un afectuoso saludo, Pedro Sánchez”.