Pronóstico cumplido: terminó la pesadilla

En EE.UU. ha ocurrido exactamente lo anticipado por nuestro periódico

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Vienen años mejores. DEMOCRATIC PARTY
Vienen años mejores. DEMOCRATIC PARTY

Los EE.UU. y el mundo respiramos más tranquilos tras la derrota de Trump. La pesadilla de cuatro años que ha representado el mandato de este dictadorzuelo que en otro país sin los contrapesos democráticos de EE.UU. se habría convertido en un tirano despótico y me atrevo a decir que sanguinario -entre Maduro, Kim Jong-un y él no hay demasiada diferencia-ha terminado. Y no solo Trump ha muerto políticamente; creemos que el trumpismo también, porque no puede haber trumpismo sin Trump y porque el Partido Republicano ha quedado vacunado para mucho tiempo contra el populismo.

Nueva York.-

Acertamos plenamente en el pronóstico que hicimos el pasado 30 de octubre, cuatro días antes de las elecciones presidenciales de EE.UU. (Gana Biden, y puede que gobierne), pero eso no tiene ningún mérito, porque era algo que se veía venir desde hace tiempo y porque coincide con el pronóstico de muchos colegas y analistas que también han acertado. No es algo raro. Parecía del todo inverosímil que un país de democracia avanzada, al que el trumpismo tomó por sorpresa y contra pronóstico en 2016, volviera a comprar cuatro años después el mismo producto adulterado, caduco y tóxico. Aquí, en los EE.UU., la alegría y el alivio de la gran mayoría de la población, incluida la que no ha votado, son inmensos. Hay que vivirlo aquí para darse cuenta exacta del efecto terapéutico de la derrota de Trump. Cuando escribo estas líneas en un domingo de distensión y celebraciones, escucho a través de los cristales los bocinazos de los carros y los gritos de la gente que celebra lo ocurrido con enorme alegría. Dejo el computador y me asomo a la ventana para ver, una vez más, lo que ocurre. Cinco días después de la elección, todavía no se ha apagado la euforia democrática que recorre el país. No pocos manifestantes agitan banderas de Estados Unidos y del Partido Demócrata, y otros muchos enarbolan pancartas inequívocas. Los mensajes escritos lo dicen todo “FUCK TRUMP”, o “TRUMP, DESPEDIDO”. Esta es la realidad. Ha sido el pueblo de los Estados Unidos, harto de cuatro años de locura, el que ha puesto a Donald Trump de patitas en la calle.


La pesadilla empieza ahora para Trump, que tiene numerosos asuntos pendientes con la justicia, una vez perdida la inmunidad.


Algunos analistas interpretan que la caída de Trump no significa la caída del trumpismo. Hay quien se atreve a augurar una vuelta de Trump en 2024, que para entonces tendría 78 años. Nosotros, en cambio, creemos que eso no va a ocurrir. Pero no porque para esa fecha sea demasiado viejo -prácticamente con esa misma edad Joe Biden ha ganado la presidencia- sino por tres razones fundamentales.

LAS RAZONES DEL OCASO DE TRUMP

La primera razón es que el pueblo norteamericano ha quedado escarmentado con estos cuatro años de trumpismo.

La segunda, que el Partido Republicano no va a permitir una segunda vuelta de Trump. Prueba de ello es el silencio de la mayoría del partido y de sus líderes más significados que, o bien callan clamorosamente para no secundar ahora la paranoia del presidente vencido, o le han dado ostentosamente la espalda. La reacción del republicano Bush Jr. felicitando a Biden lo dice todo. Hay en el partido una poderosa élite de políticos más jóvenes y verdaderamente democráticos que no aceptarían una segunda edición del trumpismo. Sin contar que los líderes republicanos que aspiran a liderar el partido y la candidatura presidencial dentro de cuatro años ya se han puesto en marcha. Los movimientos de posicionamiento y búsqueda de alianzas estratégicas para el mandato y la renovación presidencial de 2024 ya han empezado.


Me atrevo a pronosticar que el candidato republicano de 2024 no será ni Trump padre ni Trump hijo.


Y la tercera, que Trump tiene pendientes un buen número de causas judiciales que van a reactivarse al perder la inmunidad que le daba el cargo. Las principales son los posibles delitos de obstrucción a la justicia, cometidos por el presidente para tapar la injerencia de Rusia en el proceso electoral de 2016 que le dio la presidencia; los posibles fraudes dolosos cometidos por Trump en relación con sus negocios, por un lado, y con el fisco por otro; el presunto delito contra las normas de financiación electoral, por haber pagado con dinero de la campaña a una prostituta para que callara su relación con él; y las numerosas irregularidades, por llamarlas piadosamente, de su actividad empresarial, bancaria y financiera. Todo ello representa media docena de causas pendientes que no sabemos cómo pueden terminar, pero que le ponen muy difícil el camino de salida de la Casa Blanca. Si con su derrota ha terminado la pesadilla de este país y del mundo civilizado, su derrota es la llave que abre la pesadilla que ahora se cierne sobre él.

TRUMP HIJO, TAMPOCO

Los devotos del trumpismo que aquí creen que Donald Trump Jr., el hijo mayor del expresidente, puede heredar la posibilidad de volver a gobernar el país, se equivocan. Los Trump, que carecen de todo pasado de experiencia política y no pertenecen a las grandes familias históricas de la política norteamericana, no son los Kennedy, ni siquiera los Bush, no tienen posibilidad alguna de reeditar los cuatro años que, gracias a Dios, han muerto y han matado a tanta gente. Dentro del Partido Republicano no se va a permitir una corriente tóxica -ni ninguna otra, aunque no lo fuera- como el trumpismo. En todo caso, si la familia Trump cree que puede sacar rédito dentro de cuatro años a los resultados electorales cosechados esta vez -elevados y no desdeñables, a pesar de la derrota- tendrían que fundar un partido nuevo. Porque los republicanos no van a permitir que Trump hijo se erija en líder. Esta vez, no. Esta vez los republicanos están escarmentados del error de los años y meses previos a 2016, cuando no dieron importancia al naciente fenómeno Trump y creyeron que, como flor de un día, se agostaría por sí solo.

Aunque se empeñe en su paranoia, se acabó una pesadilla que para él empieza ahora. REPUBLICAN PARTY
Aunque se empeñe en su paranoia, se acabó una pesadilla que para él empieza ahora. REPUBLICAN PARTY

Los republicanos han iniciado ya la gran partida política y estratégica que llevará a uno de los suyos a la candidatura partidaria para las elecciones de 2024, y puedo asegurar desde hoy, arriesgándome sinceramente, a que ese candidato no será Trump padre ni Trump hijo.

Por último, hay que decir que lo ocurrido con el trumpismo es un serio aviso para los populismos del mundo. Jair Bolsonaro se tienta ya las carnes en Brasil. Boris Jonhson, olvidándose del enorme apoyo que le ha prestado Trump en su nefasta aventura del Brexit, se ha apresurado a felicitar a Joe Biden. Y en el resto del planeta la lección parece clara. El populismo puede engañar a algunos durante algún tiempo, pero no a todos todo el tiempo. La victoria de la democracia verdadera es la lección que resulta después de la derrota de Trump. Y el mundo, que nunca dejó de saber lo que le conviene, aprende rápido. El trumpismo tiene también, menos mal, un efecto inmunizador.

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