domingo, 29 mayo, 2022
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Fracaso histórico de Yolanda Díaz

La No Reforma Laboral acordada contradice todas las promesas de la ministra de Trabajo porque deja casi intacta la legislación laboral del PP

El impostado triunfalismo con el que la ministra de Trabajo presentó ayer el acuerdo de la nueva normativa laboral, calificándolo de “acontecimiento histórico”, es una burda manera de disfrazar la realidad de su fracaso. El moderado acuerdo -alcanzado gracias a la conveniencia de una patronal que acepta una regulación parcial, poco lesiva para sus intereses, y al cansancio de unos sindicatos dispuestos a aceptar cualquier acuerdo de mínimos que justifique su “sacrificada” tarea-, no solamente deja casi intacta la reforma laboral del PP en sus aspectos esenciales, sino que apenas representa una “modernización” de la normativa de Rajoy, con unos pequeños avances en beneficio de los trabajadores que cualquier patronal del mundo estaría dispuesta a firmar, con tal de dejar intacto el corpus principal de la legislación vigente.

Madrid.-

La actuación de Yolanda Díaz frente a los medios ha sido eso, una representación, una farsa. Ella sabe mejor que nadie que lo conseguido en el acuerdo alcanzado dista mucho de la derogación integral prometida por ella misma. Entre las muchas veces que la ministra de Trabajo anunció y prometió la derogación completa de la reforma laboral del PP, hay que recordar una harto significativa. Fue el 19 de mayo pasado en el Congreso de los Diputados y desde su escaño como vicepresidenta segunda del Gobierno. Ese día, Yolanda Díaz reiteró públicamente su compromiso de derogar íntegramente la reforma laboral de Rajoy. Junto a ella, la vicepresidenta primera, Nadia Calviño, torció el gesto espontáneamente, en un elocuente aviso no verbal de que eso no iba a suceder. Y así ha sido. El acuerdo es en realidad un éxito de Calviño frente a Díaz.


El acuerdo es en realidad un éxito de Nadia Calviño y del ala más moderada del Gobierno frente a Yolanda Díaz.


La No Reforma Laboral presentada por Yolanda Díaz no solo como un “acuerdo histórico”, sino como un “éxito” personal de ella -lo que evidencia de nuevo las dimensiones de su ego y la burda y contradictoria utilización, en beneficio de los intereses electorales de la ministra comunista, ayer del Papa y hoy de la condescendencia de una patronal que salva la almendra de sus intereses empresariales aunque ceda un poco de la cáscara- está muy lejos de lo prometido por ella y de lo esperado por los trabajadores.

LA PATRONAL SALVA SUS INTERESES

Los logros más importantes son en realidad ventajas para la patronal, como que los cambios en materia de temporalidad sean mucho menos exigentes, o que se haya retirado la pretensión de la ministra de aplicar porcentajes máximos de trabajadores eventuales en proporción a la dimensión de la empresa, o que no se consideran despidos nulos los de trabajadores eventuales de los que las empresas prescinden para evitar hacerlos fijos.


La patronal salva la almendra de sus intereses empresariales, aunque ceda un poco de la cáscara.


Por su parte, los sindicatos han logrado recuperar protagonismo en materia de negociación colectiva, al imponer el convenio sectorial sobre el de empresa, incrementar las sanciones contra las empresas que se excedan en materia de eventualidad y acabar con el límite a la ultraactividad de los convenios colectivos.

Pero la patronal ha preservado sus intereses en algo tan importante para ella como el despido, dado que no se vuelve a las indemnizaciones de 45 días por año trabajado, ni a los salarios de tramitación, ni a las competencias para autorizar EREs.

Aparte de la No Reforma Laboral, de otras cuestiones exigidas por el sector podemita del Gobierno con Yolanda Díaz a la cabeza, como la subida del Salario Mínimo Interprofesional en 2022, no solo ha dejado de hablarse, sino que todo indica que quedará congelado. O como el Ingreso Mínimo Vital, tan venido a menos. O como la prometida prestación a las asistentas y empleadas de hogar, que parece haber caído en el olvido.

De modo que aquí, como en aquel mítico parto de los montes que al final alumbraron un ratón, la promesa solemne de la derogación integral de la reforma laboral del PP ha quedado, con esa nomenclatura equívoca de la que tanto gusta la ministra de Trabajo, en una “modernización”. Es decir, en una No Reforma. Esto es tan evidente como que, si no fuese así, la patronal no habría dado su visto bueno al acuerdo.

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