Una ciudadanía hartísima

El debate más gris de la democracia acrecienta el hartazgo de los ciudadanos y aboca a una gran abstención

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Todo gris. RTVE
Todo gris. RTVE

El debate nos ha puesto delante a cinco tipos grises, diciendo cosas grises, en un escenario gris, con dos moderadores grises. Ni una idea, ni un argumento, ni una propuesta que se salga de lo manido. El mero hecho de que los medios den por ganador dialéctico del debate a Santiago Abascal da idea de la catástrofe de anoche, en la que los políticos convencionales, esos jóvenes viejunos que parecen sacados del Pleistoceno de la historia. dieron la mínima talla. Ninguno de los cinco tiene una idea de España, porque vimos cinco Españas diferentes y antagónicas en sus bocas, y si no hay una España de todos esas Españas de ellos nunca serán posibles. Estos líderes machos alfa están acabados. Es hora de que las mujeres de sus partidos den un paso al frente y de que la ciudadanía tome la iniciativa.

Seguramente ha sido el debate más plano y gris de la historia de la democracia. A estos dirigentes se les han acabado las ideas y solo repiten mantras antiguos o de última hora, pero antiguos también, que les soplan al oído sus lamentables gurús. No es de extrañar que fuera el debate menos visto de los últimos tiempos. La monotonía del discurso, la reiteración de los viejos argumentos, la incapacidad de entendimiento entre ellos, la imposibilidad del mínimo acuerdo y la vuelta al “tú más” de una corrupción que afecta a tantos, terminaron de cabrear a la decreciente audiencia.


¿Cuándo tendremos de nuevo líderes capaces y generosos como los que hicieron posibles los consensos de la Transición?


La ciudadanía española está no harta, sino hartísima y si el debate de anoche debería servir para movilizar al electorado, creemos que ha servido para todo lo contrario. Esa grisura, esa falta de empatía, ese egoísmo partidista, esa ceguera dogmática de cada cual alimenta la gran abstención que se teme el domingo.

Con un discurso lobuno disfrazado de balidos corderiles, Santiago Abascal se llevó el gato al agua de la estrategia comunicacional del debate y ganó por goleada en la eficacia de su engañoso mensaje. Casi todo lo que dijo es una retrocesión gravísima hacia el horror que sería un país gobernado por él y sus adláteres, pero lo envolvió tan ricamente en palabritas amables y en gestos caballerescos que no hay duda de que una parte significativa de la clientela se lo tragó. Este hombre es capaz de vender veneno envasado y que se lo compren no solo los que tienen ganas de envenenarse, sino, lo que es peor, aquellos que creen que ese tóxico es el antídoto.

Pero hay que reconocer que Abascal sacó provecho de la oportunidad y es de temer que eso se traduzca en un incremento de votos que termine de condicionar la política de las derechas hasta un peligroso escoramiento hacia la radicalidad más irracional. Lo veremos.

¿DÓNDE VAMOS CON ESTOS LÍDERES?

Y los ingenuos ciudadanos que esperaban palabras de acuerdo entre los líderes llamados constitucionalistas, algún consenso consolador, alguna coincidencia mínima en los asuntos más delicados del momento presente, se fueron a la cama con el desasosiego incrementado a causa del bajo nivel de estos dirigentes y muchos de ellos con la decisión tomada de no ir a votar el domingo.

¿Dónde vamos, dónde va España con líderes así? Cinco machos alfa de diferente color, unos barbados y otros no, pero todos representando un espectáculo más propio de Tricicle o de Les Luthiers, un espectáculo cómico si no fuera porque en sus manos está lamentablemente el presente y el futuro de España. Un espectáculo, además, de machismo in pectore, dado que, por mucho que hablasen de igualdad, allí había cinco machotes y ninguna mujer. ¿Cuándo presidirán las mujeres los partidos políticos en España? ¿Cuándo presidirá una mujer el gobierno de España?

Y en estas estamos a cinco días vista de estas nuevas elecciones caprichosas, determinadas por el egoísmo partidista y personalista de, entre otros, un Pedro Sánchez a la deriva, que posiblemente obtendrá tantos o menos diputados que el 28-A y que, de nuevo, por su decisión de no pactar, nos conducirá a otro bloqueo suicida con horizonte de nuevas elecciones en 2020 si los hados no lo remedian.

Lo peor que puede pasar es que el domingo se alcance una abstención récord, pero el cansancio de los votantes es manifiesto y la ciudadanía está hartísima, y no se la podrá culpar de responsabilidades que atañen en primer lugar a sus dirigentes. La añoranza de Adolfo Suárez, Felipe González, Santiago Carrillo y tantos otros que lideraron la Transición en sus dificilísimos comienzos, es cada vez mayor. ¿Cuándo tendremos líderes capaces y generosos de nuevo?