Sánchez se cree muy listo

Su nueva operación para “legitimar” a Torra puede salirle muy mal

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El tiro puede volver a salirle por la culata, como otras veces. RTVE
El tiro puede volver a salirle por la culata, como otras veces. RTVE

La comparecencia de anoche de Pedro Sánchez después de que el rey le designara candidato para presidir el gobierno, lo único que puso de manifiesto es el miedo del presidente a enfrentarse francamente a las preguntas que se hace toda la ciudadanía española -solo admitió dos preguntas y tuvo que soportar la queja de los periodistas por eso y la posterior reacción de condena de las Asociaciones de la Prensa (Las asociaciones de periodistas denuncian las limitaciones que impone Pedro Sánchez en las ruedas de prensa)- y su condición de rehén de los independentistas catalanes. En una nueva pirueta de su errática estrategia, Sánchez volvió a sorprender anunciando que hará lo que se ha negado a hacer durante meses. Pero la maniobra, como otras anteriores, puede volver a salirle fatal.

La elaborada humillación que ERC está infligiendo a Pedro Sánchez la sufrimos en nuestras carnes las ciudadanas y los ciudadanos españoles. De las ensoñaciones de Sánchez -alentadas por su desnortado “gurú” Iván Redondo-, que había hecho el anuncio ilusorio de que habría investidura antes de Navidad, hemos pasado a la realidad de que los tiempos se dilatan en perjuicio de España y de que solo habrá lo que los independentistas quieran que haya, cuando ellos lo tengan a bien.


Sánchez se ha sacado de la manga una ronda de encuentros con todos los presidentes autonómicos, para que pase desapercibido el encuentro con Torra.


Tras el fracaso de la meta de una investidura a corto plazo y viendo que la comedia puede prolongarse -a capricho de ERC- durante las próximas semanas y meses, el presidente, aconsejado por su “gurú”, tiene que dar la impresión de que hace algo, de que trabaja, y, para llenar el tiempo vacío de su fantasmagórica estancia actual en La Moncloa, donde prácticamente no tienen nada que hacer -el país está políticamente paralizado y los ministerios funcionan solos y al ralentí-, ha vuelto a retorcer el itinerario de su conducta y ahora anuncia que llamará y hablará con todos (“todos”) los partidos políticos -imaginamos que también Vox y Bildu, pese a los cordones sanitarios previamente establecidos por él contra ellos-. Es decir, del inicial y celérico abrazo petripablista -muy conyugal en sus formas de reconciliación a dos-, y del pretendido después ménage a trois con los independentistas, sin que a esa fiesta hubiese sido invitada ninguna de las demás fuerzas políticas significativas del país, Pedro Sánchez ha pasado a querer hablar ahora “con todos”. De esta manera quiere dar la impresión de que trabaja -con algo tiene que llenar este tiempo vacío monclovita hasta que los independentistas quieran- y de que intenta algo que todos sabemos que no va a hacer, como es buscar una solución constitucionalista a este embrollo en el que él tiene sumido al país.

CUMPLIR LAS EXIGENCIAS INDEPEDENTISTAS

Pero quedaba otra cuestión clave -que en realidad es el verdadero motivo del nuevo giro de Sánchez, disfrazado ahora con el mantra de que quiere hablar “con todos”- y es su perentoria necesidad de dar cumplimiento a las exigencias independentistas si quiere tener el apoyo de estos para la investidura. Y una de esas exigencias es un encuentro “de igual a igual”, “de gobierno a gobierno”, entre el presidente del ejecutivo español y el presidente de la Generalitat como si se tratase de los gobernantes de dos países distintos. Pero, claro, como eso no se atrevía a hacerlo de manera patente, aconsejado de nuevo por su “gurú” se ha sacado de la manga una ronda de encuentros “con todos” los presidentes autonómicos de nuestro país, para que así pase desapercibido el encuentro con Torra.


El problema es que Torra no se considera un presidente autonómico sino el presidente de la república in pectore de Cataluña, y a lo mejor no acude.


Lo primero que hay que objetar a esta nueva maniobra sanchista es su futilidad. Porque la pérdida de tiempo -para él y para los otros 18 presidentes- y el coste de hacer ir a Moncloa a “todos” ellos, lo único que pretende es enmascarar su encuentro con Torra “de presidente a presidente”. La escena de los protagonistas necesita figurantes. Este es el nuevo hallazgo estratégico del tándem Sánchez-Redondo.

Lo segundo es que desde cuándo para la investidura del presidente del Gobierno de España ha sido necesario llamar a consulta a los 19 presidentes autonómicos y de las dos ciudades autónomas. Es otra maniobra para enmascarar su verdadera intención de reunirse con Torra y, al tiempo, de seguir dando la impresión de que trabaja en algo, dada la necesidad que tiene de llenar de alguna manera el vacío tiempo monclovita.

PRESIDENTE DE LA “REPÚBLICA CATALANA”

Pero hay otra cuestión importante en la que ni Sánchez ni Redondo han caído, visto lo visto. El presidente en funciones ha anunciado que llamará “a todos los presidentes autonómicos”. El problema es que Torra no se considera un presidente autonómico de un país, España, que no es el suyo, sino el presidente de la república in pectore de Cataluña. Y puede ocurrir que Torra -e incluso Urkullu- se niegue a acudir, para no formar parte de ese “rebaño autonómico” que el pastor Sánchez quiere apacentar a fin de llenar su tiempo y conseguir su objetivo. Si eso ocurriera, el desplante sería mayúsculo, cosa que no es de extrañar dentro de la línea de humillaciones que el independentismo está infligiendo cada día a Pedro Sánchez y, por causa de este, a todos los españoles. Por el momento, Torra ha empezado ya a dar señales de por dónde irán sus exigencias, confirmando lo temido (Torra ve ahora insuficiente la llamada de Sánchez y exige la “autodeterminación”).

Ya se ha visto y comprobado que los cálculos del dúo Sánchez-Redondo fallan estrepitosamente. Por recordar solo algunas de las pifias más recientes, baste reseñar que después del 28-A lanzaron el órdago de que admitirían a Podemos en el gobierno pero sin Pablo Iglesias, en el convencimiento de que este no aceptaría el veto personal. Pero Pablo se echó a un lado y desbarató por completo la estrategia del presidente y de su “gurú”. O que, aunque Sánchez tenía la irrepetible oportunidad de formar con Ciudadanos un gobierno con mayoría más que absoluta, ambos decidieron repetir las elecciones en el convencimiento de que el PSOE pasaría de 123 a 135 diputados como mínimo, y lo que ocurrió fue que los socialistas perdieron 3 diputados y la mayoría absoluta en el Senado. O que con esa maniobra hundirían electoralmente a Podemos y a Vox, y lo que consiguieron fue reforzar enormemente a la ultraderecha y destruir a Ciudadanos, que era el único partido a la derecha del PSOE con el que Sánchez tenía opciones de gobierno. O que, después del súbito abrazo petripablista tendríamos gobierno antes de Navidad, y ya veremos ahora si lo tenemos en enero.

La irresponsabilidad, los incumplimientos de las promesas electorales, la temeridad que se deducen de todo ello vuelven a reafirmar a la ciudadanía mayoritaria de este país sobre el lamentable hecho de que España no está en buenas manos y que el peligro de ruptura que se corre es muy grave.

Pedro Sánchez -y su “gurú” Iván Redondo más- se cree muy listo y es capaz de decir y desdecirse en veinticuatro horas, y de marcar estrategias tan burdas como innecesarias, creyendo que los ciudadanos somos tontos y no nos damos cuenta de sus manejos desesperados por retener el poder. Pero esta dinámica no puede salir bien. Es evidente que los independentistas no van a ceder en su objetivo de separarse de España. Por tanto, si Sánchez llega a presidente con su apoyo será porque el que cede es él. Y eso será catastrófico para nuestra democracia.