No podemos permitir que los dos extremos totalitarios destruyan nuestra democracia

En Madrid, como en toda España, los demócratas no debemos votar a Vox ni a Podemos, dos formaciones tiránicas que degradan la política y hacen imposible la convivencia

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Ellos ponen en peligro nuestra democracia.
Ellos ponen en peligro nuestra democracia.

Los españoles hemos permitido que dos viejas ideologías totalitarias de signo contrario retroalimentadas recíprocamente en la confrontación y que representan a una exigua minoría del electorado, se hayan ido adueñando del panorama político de una democracia avanzada como la española. Son dos caducos totalitarismos que, con uno u otro disfraz, han causado en el pasado las mayores catástrofes políticas, económicas, sociales y humanas de la historia, con decenas y decenas de millones de víctimas. Su táctica inicial es la de la beligerancia intransigente, la confrontación y el ruido como estrategia de acceso al poder. Y una vez que llegan, imponen la dictadura de uno u otro signo -tan parecidas una y otra-, en la que la ciudadanía pensante no cabe. Pero podemos impedir que esto vuelva a ocurrir en nuestro país con un arma tan incruenta como eficaz, el voto. Hay que parar a Vox y a Podemos ahora, no votándoles en Madrid ni en ninguna parte, antes de que sea tarde.

España tiene 47 millones de habitantes. De ellos, 37 millones componen el censo electoral. Y de ellos, 24,5 millones votaron en las últimas elecciones generales, en las que 12,5 millones se abstuvieron. Con estas cifras resulta difícil imaginar que dos formaciones con un electorado tan minoritario como Podemos y Vox, que sumando los resultados de ambas consiguieron menos votos que el PSOE y menos diputados que el PP, se hayan apoderado del escenario político español, hasta el punto de que, en un país tan avanzado y plural, no se habla de otra cosa que de los excesos de uno y otro, como si la ciudadanía democrática no existiera.


¿Cómo es posible que un 14% tenga en jaque a la totalidad de la ciudadanía?


Con 6,8 millones de votos en el total conjunto de ambas formaciones extremistas -de los cuales podemos presumir que un cierto porcentaje tampoco comulga con esta deriva guerracivilista de sus líderes, como demuestra su creciente pérdida de votos- Podemos y Vox representan tan solo la mitad del bloque abstencionista, solo el 18% del electorado total, solo la cuarta parte de los votantes totales y solo el 14% del total de la población española. Es decir, en términos comparativos, representan una exigua minoría. ¿Cómo es posible entonces que un 14% tenga en jaque a la totalidad de la ciudadanía? ¿Cómo es posible que estas dos minorías totalitarias hayan emponzoñado la convivencia ciudadana hasta extremos de verdadera violencia? ¿Y cómo es posible que el cuerpo social de este país lo estemos permitiendo?

ENTRE ENEMIGOS

Ellos se envían balas por correo, se amenazan de muerte, lanzan ladrillos contra adversarios convertidos en enemigos, prohíben el acceso de unos u otros a determinados barrios, desinfectan con lejía los espacios públicos que ha pisado la otra parte, se enzarzan en descalificaciones e insultos, y se invitan a marcharse de España. ¿Pero a quién representa esta gente? ¿Los 6,8 millones de votantes que han sumado entre ambos en las generales de 2019 están de acuerdo con esta guerra sin cuartel que se han declarado y que puede desembocar en algo gravísimo? ¿Los 6,8 millones de votantes de ambos están de acuerdo en implantar en España un estado fascista o una república comunista?


La suma de Podemos y Vox es menor en votos que el PSOE y menor en diputados que el PP, pero ambos extremismos monopolizan el ruido y la confrontación.


¿Y por qué hemos llegado hasta aquí? Hay varias respuestas a esta pregunta, que confluyen en una sola ecuación: porque unos y otros se lo hemos consentido. Se lo han consentido los partidos mayoritarios -el PSOE que pasó del insomnio de Pedro Sánchez a meter a Pablo Iglesias y su tropa en el gobierno, y que pasó del “con Iglesias, no” de Gabilondo, al “Pablo, tenemos que ganar estas elecciones”; y el PP, que gobierna con el apoyo de Vox en autonomías y municipios diversos; e Isabel Díaz Ayuso, que debería renunciar a gobernar con Vox-; se lo hemos consentido los periodistas, que hemos dado a ambas formaciones una cancha muy por encima de su importancia, su representación y sus méritos; y se lo hemos consentido los ciudadanos, que nos hemos ido dejando comer el terreno democrático por ambos totalitarismos sin hacer ni decir nada.

RUIDO INVERSAMENTE PROPORCIONAL

Por eso, a medida que los partidos verdaderamente democráticos, a medida que los medios y a medida que la ciudadanía íbamos cediendo y terreno, esas dos formaciones extremistas y minoritarias iban ocupándolo, con una ola de confrontación y ruido inversamente proporcional a su tamaño electoral, del mismo modo que el perro chico es mucho más ladrador y follonero que el grande.


Podemos y Vox representan la mitad del bloque abstencionista, el 18% del electorado total, la cuarta parte de los votantes totales y el 14% de la población española.


Y así hemos llegado a las puertas de estas elecciones autonómicas madrileñas tan trascendentales -lamentablemente- para el país, en las que no se están dirimiendo ideas, no se están planteando programas ni se está pensando en medidas, sino que se han convertido en la pelea a bastonazos de dos bandos irreconciliables, arrastrados unos y otros por la algarabía de ambos extremos. Pero ni el PSOE de Gabilondo, ni el PP de Ayuso, ni el Más Madrid de García, ni el Ciudadanos de Bal son así. Todo lo contrario. Y por eso, estas cuatro formaciones, como sus equivalentes nacionales, deben acordar cuanto antes la exclusión de los extremismos fascistas y comunistas que tanto daño han causado a España en el pasado.

Un amigo de Madrid me preguntaba hace poco, desconcertado, a quién podía votar. Mi respuesta fue clara. “Vota a cualquier partido, menos a Podemos y a Vox”. El voto es la herramienta decisiva contra esta deriva totalitaria con la que pretenden arrastrarnos esos líderes extremistas que parecen sacados del museo de cera de la historia. En España somos 31 millones los electores que no votamos a Vox ni a Podemos en las últimas elecciones generales. Es decir, tenemos la mayoría y, además, tenemos la razón. Por eso, ni Podemos ni Vox pueden ni deben gobernar ni en Madrid ni en ninguna parte.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

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