Yo (también) acuso

Una podredumbre insoportable

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Evidentemente yo no soy Zola. Pero también es evidente que este Gobierno tiene secuestrada la democracia y la dignidad de este país, del mismo modo –valga la alegoría- que un Gobierno francés de finales del XIX condenó y encarceló injustamente a Alfred Dreyfus. En aquel caso la víctima fue un solo hombre. En el nuestro es una sociedad entera. Son dos cuestiones disímiles pero que tienen en común la iniquidad de los gobernantes, justificada en la razón de Estado.

La justificación esgrimida por el PP es que a este Gobierno vencedor en las urnas y que “ha sacado al país de la crisis”, hay que perdonarle las fechorías que comete y olvidarlas en bien de España. Como dice Rajoy en un rapto de infinita cara dura, “hay que dejar de dar la lata con el pasado y centrarse en lo que hoy interesa a España”. Como si la corrupción generalizada y la ocupación de la presidencia del Gobierno por una persona indigna del cargo fuesen cosa del pasado o algo que no interesa a los españoles.

Rajoy caganer en un escaparate de Barcelona. PROPRONews
Rajoy caganer en un escaparate de Barcelona. PROPRONews

PEOR, IMPOSIBLE

Asistimos estupefactos a la peor situación posible en una democracia. Una organización cleptómana ha ocupado el poder con el propósito manifiesto de favorecer a la oligarquía de la que forma parte, de robar todo lo que pueda y de enriquecer a sus afines; y ha encaminado su acción de gobierno al objetivo de sacar el máximo provecho del “negocio”, repartir los beneficios entre iguales –de modo que el botín queda en las pocas manos de los de arriba, sin que beneficie a los cada vez más pobres que hay abajo- y asegurarse al mismo tiempo la impunidad. En torno a estos dos principales objetivos –negocio e impunidad- giran determinadas estrategias de nombramientos políticos, en puestos clave para el “reparto”; determinadas connivencias con sectores empresariales y mediáticos cobeneficiarios del latrocinio; determinadas normativas claramente antidemocráticas –como la de huelga o la ley mordaza-, orientadas a acallar a la sociedad y eliminar toda protesta; y determinados ceses y designaciones de fiscales –algunos, pringados también- y de representantes judiciales, pensadas para garantizarse los ladrones y sus jefes la impunidad.

Las detenciones e imputaciones cada vez más numerosas de cargos altos y medios del PP no pueden hacernos creer ni que son casos aislados, ni que el partido colabora en nada con la Justicia. Todo lo contrario. El PP hace todo lo que puede por impedir su acción, destruyendo pruebas, presionando a los jueces, cesando a los fiscales díscolos, amenazando a testigos, obstruyendo el trabajo policial, descalificando los resultados de las investigaciones cuando los denunciados son correligionarios, impidiendo la labor de los periodistas, negándose a dar explicaciones y a informar. Es decir, el mérito indudable de la acción policial y judicial no es atribuible en lo más mínimo a la cooperación gubernamental o del partido gobernante, sino exclusivamente a la profesionalidad, la independencia y la valentía de policías, guardias civiles, fiscales y jueces, que se atreven a investigar, detener y encausar a miembros de estas mafias, aun a riesgo de ser difamados, perder sus puestos de trabajo o ser expulsados de la carrera en la que ofician por méritos propios. Y también a la labor de periodistas de probada independencia, que siguen destapando casos y más casos de corrupción.

RAJOY,  COMO SI NADA

Sin embargo, la cúpula de la organización corrupta, con Rajoy al frente, permanece impasible e impune, a pesar de las muchas evidencias existentes de que toda la camarilla participó en el sistema de mordidas y financiación ilegal del partido, de que sus miembros cobraron dinero negro y de que obstruyeron y obstruyen la acción de la justicia. No se puede aducir a este respecto, para rebajar o repartir esas culpas, que otros partidos y dirigentes, como el PSOE o los Pujol, han hecho lo mismo. No voy a entrar a comparar la extensión de las organizaciones corruptas en unos y otros partidos ni la dimensión del latrocinio –condenable en todo caso- en una y otra parte. La diferencia, en cambio, estriba en que los máximos dirigentes del PSOE en aquel momento, Chaves y Griñán, están procesados –lo mismo que la familia Pujol- y serán juzgado próximamente, mientras que Rajoy permanece aún en su puesto al frente del Gobierno de España, aparentemente fuera de la acción de la justicia, cuando su situación y su responsabilidad son las mismas, si no peores. Parece, sin embargo, que el todavía presidente empieza a sentir el aliento de la Justicia en la nuca al haber sido llamado a declarar como testigo en la trama Gürtel, uno de los innumerables casos de corrupción de su partido.

Jamás un presidente del Gobierno de España había sido llamado a declarar como testigo por la corrupción de su propio partido, encausado como tal organización. Y jamás un presidente del Gobierno y un partido enfangados hasta el cuello en la corrupción han podido seguir ejerciendo sus funciones como si nada en una democracia de verdad. En Europa, los dirigentes dimiten o son cesados por asuntos infinitamente más leves. Aquí, en cambio, tenemos que convivir diariamente con la vergüenza de ver que nuestros gobernantes actúan como si la cosa no fuese con ellos y carecen del mínimo prestigio en el ámbito internacional a causa de su desvergüenza y falta de honradez.

YO ACUSO A RAJOY

Yo, que solo soy un humilde periodista, pero también un ciudadano con todos los derechos, le acuso a usted, Mariano Rajoy Brey, presidente del Gobierno de España, de carecer de dignidad para desempeñar el honroso cargo que ostenta; de estar presuntamente -¡qué infamia tener que seguir utilizando el término presunto!- al tanto desde el principio de los tejemanejes corruptos de su partido; de haber dirigido y supervisado presuntamente la labor de los responsables de su partido que manejaban las cuentas, organizaban la financiación ilegal, ordenaban las adjudicaciones, distribuían las mordidas, financiaban tramposamente las campañas electorales y repartían el dinero negro; de haber tapado y encubierto presuntamente estas acciones mientras le fue posible; y de haberse beneficiado electoral y económicamente, presuntamente, por supuesto, de toda la trama y de sus réditos.

No puede usted seguir ni un minuto más al frente del Gobierno, ni su partido, en la actual estructura y con sus características actuales, puede seguir detentando la representación de tantos españoles mientras no experimente una regeneración completa. No puede usted seguir esperando a que escampe, porque no va a escampar y cada día que pase va a ser peor. Lo mismo que ahora es llamado como testigo, mañana puede ser declarado investigado, con la advertencia, además, de que, como testigo, usted no puede mentir, de modo que la más mínima mentira conlleva el precio del cargo que tan indignamente ostenta. Dimita ahora, que aún está a tiempo, antes de que ocurra lo peor, eso que usted tanto teme y para lo que no le va a servir parapetarse en ninguna pantalla de plasma.

La sociedad entera, con sus representantes y con los medios de información a la cabeza, debe levantarse para exigir la renuncia de Rajoy y de su Gobierno. Los cuerpos policiales, los jueces y los fiscales que no se dejan amedrentar, y los periodistas que mantienen su independencia alejados del poder, están dando una lección de profesionalidad y coraje. Pero está visto que eso no basta para poner fin al escándalo que cubre de lodo nuestro país y nos avergüenza ante el mundo. Los demás, ciudadanos, activistas, políticos honrados y periodistas, tenemos que actuar. Frente a la pasividad de asumir lo que sucede como algo inevitable, hemos de levantar nuestros derechos y la dignidad de nuestra democracia que esta cuadrilla de malhechores está destruyendo, y recuperar la honestidad como valor supremo previo de la acción de gobierno. ¿Qué podemos hacer?, se preguntarán muchos. Pues hay algo que políticos y periodistas podemos llevar a cabo de forma inmediata.

ACCIONES DE PRESIÓN

Ha llegado el momento de que políticos y periodistas retomemos la antorcha de la Transición, del 23-F y del 15-M, y llevemos a cabo determinadas acciones en la senda que ya iluminó la ciudadanía. Los políticos, los parlamentarios que se saben honrados, deben abandonar inmediatamente el hemiciclo y no volver a tan sagrada institución mientras Rajoy y su Gobierno sigan campando a sus anchas con la mayor desvergüenza. Hay que escenificar la soledad de los corruptos y la no complicidad, la no connivencia de los demás. Una democracia en la que toda la oposición hiciese huelga de dignidad hasta que se vaya este gobierno de la vergüenza, empezaría a volver a ser una democracia de verdad. No creo que el Gobierno pudiera mantenerse muchos días en esa situación, ni creo que, en una previsible convocatoria electoral, pudieran repetir cartel los corruptos.

Y los periodistas, los profesionales de la información, que como convidados de piedra hemos llegado a aceptar vergonzosas “ruedas de prensa” sin preguntas, e incluso comparecencias gubernamentales a través de una pantalla de plasma, debemos recuperar nuestro amor propio y hacer la parte que nos toca, no acudiendo a ningún acto informativo más que convoquen Rajoy o el Gobierno, ni a ninguna convocatoria de distribución de información oficial, que, por lo general, no son más que burda propaganda. Seguir haciendo nuestro trabajo, desde luego, investigando cualquier indicio o sospecha, denunciando en nuestros medios y en las redes la corrupción –toda corrupción, la del PP, la del PSOE, la de los soberanistas…-, pero levantando también nuestras voces como colectivo y adoptando medidas inmediatas como las que sugiero. Estoy seguro de que un presidente del Gobierno al que le hiciesen el vacío absoluto la oposición parlamentaria, los periodistas y los ciudadanos, no duraría ni una semana. Nuestra democracia necesita y merece ese esfuerzo adicional nuestro. Seguir como estamos es terminar de convertirnos todos, si no en cómplices, sí en testigos pasivos e indulgentes de la mayor ignominia que padece España desde el franquismo, peor aun que la del 23-F, porque el golpe de Estado fue un forúnculo que reventó y fue extirpado de inmediato. Lo de ahora, en cambio, es un cáncer gravísimo, con metástasis muy extendidas por el cuerpo político y económico del país. Una enfermedad que puede matar la democracia. ¿A qué esperamos pues?