Veletas de la política

Y Pedro Sánchez cambió de opinión

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Pedro Sánchez con Pierre Moscovici. PORPRONews
Pedro Sánchez con Pierre Moscovici. PORPRONews

A Pedro Sánchez, sus críticos -que son muchos más fuera que dentro del PSOE, al revés que Susana Díaz-, le achacan sus frecuentes cambios de opinión; el último el relativo al acuerdo europeo de libre comercio con Canadá. El problema es que no es el único. Quienes le acusan suelen ser tan cambiantes o más que él. Hay muchos veletas en la política española. Demasiados.

Sus críticos han dicho estos días, con una pasión y una inquina que no utilizan para criticar a nadie más, salvo a Pablo Iglesias –como si esa bilis que se les escapa entre los colmillos hubiera sido segregada solo y exclusivamente para el resucitado secretario general del PSOE- que en tres días Pedro Sánchez ha dicho sí, no y abstención en relación con dicho acuerdo (CETA). Es decir, que cambia más de opinión que Messi de tinte para el cabello o que Sergio Ramos de peinado. Como si un hombre o una mujer, y más un líder político –en ellos el cambio de opinión, el bandazo intelectual, parece consustancial con el desempeño público- no tuviera derecho a evolucionar y a cambiar de criterio, algo intrínseco, por otra parte, a toda mente humana.

DUDAS SOCIALDEMÓCRATAS

La realidad es que Pedro Sánchez no es el único que duda en este asunto. Son varios los partidos socialdemócratas europeos –el francés, el austríaco o el belga- que se oponen al CETA, porque, siendo este un acuerdo interesante y necesario, contiene, sin embargo, aspectos que pueden ser perjudiciales para la economía y para el empleo en España y en otros países de la Unión y, por tanto, puede y debe ser mejorado. La realidad es que del total de los europarlamentarios socialdemócratas, solo 97 han dicho sí al tratado, mientras que cerca de 80 han votado en contra o se han abstenido. Luego la posición del líder socialista español tampoco es tan descabellada.

¿Quién se acuerda de los cambios de Felipe, Fraga, Aznar, Zapatero, Rajoy, Vara, Verstringe…?

Tampoco ha mostrado Pedro Sánchez una cerrazón insalvable en este sentido, habida cuenta de que, tras su reunión con el comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici, decidió que el Grupo Socialista se abstuviese en la correspondiente votación en el Congreso de los Diputados, donde él además sabía que, de todos modos, el acuerdo iba a salir adelante con los votos del PP, Ciudadanos, PNV y PdeCat, es decir, de toda la derecha española, soberanista o no.

Los cambios de Felipe vistos por los internautas.
Los cambios de Felipe vistos por los internautas.

Esta posición nueva de Pedro Sánchez le ha granjeado todo tipo de críticas de la derecha y de los medios de comunicación que sostienen una determinada idea de España y de cómo preservarla, entre ellos El País, periódico que lidera una permanente ofensiva contra Sánchez que parece recrudecerse de nuevo. El País tituló recientemente que los eurodiputados del PSOE se sienten indignados por el giro del secretario general socialista y habla de división en el seno del partido. Pero el otrora diario inspirador y adalid de la izquierda no cita ni una sola fuente con nombre y apellidos, y escenifica informativamente una división que, en realidad, no existe, porque no es división la discrepancia, ¡otra vez!, de los barones, con Susana Díaz al frente, cuando la práctica totalidad de la militancia y numerorísimos cargos institucionales y orgánicos del PSOE apoyan también en esto al secretario general.

ADOLFO

Pero es que, además, Pedro Sánchez no es, ni muchísimo menos, el único político español que cambia de opinión de un día para otro, ni en asuntos mucho más trascendentes e importantes, sin que los medios de comunicación que lo crucifican a diario muestren el mismo nivel de severidad con los demás. Por remontarnos a los inicios de la transición –de la que ahora se cumplen “felices” cuarenta años-, fue gracias al giro copernicano de Adolfo Suárez, desde el Movimiento Nacional hasta la fe liberal, que fue posible la democracia en nuestro país sin pagar una factura mayor. Y de Fraga, ¡qué decir! Don Manuel, el dueño de la calle franquista, no dudó en abrazarse a Carrillo y en presidir una parte –la gallega- de la España hasta entonces indivisible, administrativamente hablando.

FELIPE

Y en estas llegó Felipe, que sin ningún problema pasó –e hizo pasar al PSOE- del marxismo a la socialdemocracia; hasta que llegó la segunda de sus olímpicas piruetas, defendiendo un día que OTAN no y, al siguiente, que OTAN sí. Piruetas que luego han continuado en casos como estar con los altos cargos condenados por los GAL, siendo el máximo responsable del Estado de Derecho y, por tanto, su primer obligado defensor. O como decirse socialista y cobrar una pasta gansa como consejero de una empresa capitalista como Gas Natural, solo por asistir a una decena de sesiones anuales del Consejo de Administración donde, además, decía que se aburría, en un país con millones de parados. “Esos sí que son cambios”, señalan fuentes de las bases socialistas.

AZNAR

O los soberbios bandazos de Aznar, que de abominar de los separatismos catalán y vasco, cuando necesitó el apoyo de ambos para gobernar pasó a confesar que hablaba catalán en la intimidad y denominó a los terroristas de ETA, textualmente, “Movimiento Vasco de Liberación Nacional”, nada menos. O el tumbo imperdonable de, contra la opinión unánime de todo el país, meter a España en una guerra infame, donde, además, hizo el papel mediático más ridículo y abominable, hablando tejano y poniendo sus piececitos sobre la mesa de Bush. O el de achacar a ETA el atentado del 11-M, el peor con diferencia de la historia de España, cuando la realidad es que su mala conciencia –porque si no hubiese metido a España en la guerra de Irak, seguramente no habría padecido nuestro país aquella masacre- le impedía reconocer que había sido un atentado yihadista, en una aparentemente clara relación de causa-efecto resultante de su política.

Los bandazos de Aznar fueron antológicos.
Los bandazos de Aznar fueron antológicos.

ZAPATERO Y RAJOY

O el inmenso bandazo –uno que vale por mil- de José Luis Rodríguez Zapatero, pactando con Rajoy una reforma exprés de la Constitución, para pasar, de la noche a la mañana, de una política socialdemócrata a otra neoliberal y aplicar los mayores recortes que se habían dado hasta entonces al Estado del Bienestar. Cambio de política que Zapatero no consultó ni consensuó con nadie de su partido y que es la causa primera y última de la debacle sufrida por el PSOE desde entonces.

Zapatero, de la socialdemocracia al neoliberalismo.
Zapatero, de la socialdemocracia al neoliberalismo.

O los cósmicos vaivenes de Mariano Rajoy, que aseguró “jamás daré un euro a la banca” y en cuanto gobernó le dio 100.000 millones, de los que su propio Gobierno ha reconocido ya que el Estado perderá, como mínimo, más de 60.000 millones. O que prometió que bajaría los impuestos, especialmente el IRPF y el IVA, cuando gobernase, y lo que hizo en realidad fue subirlos de manera drástica. O cuando dijo que no recortaría las cuestiones esenciales para el bienestar de los españoles –Educación, Sanidad, Dependencia…- y lo primero que hizo fue aplicar una cadena de tijeretazos que desmantelaron buena parte del Estado del Bienestar.

Dar bandazos parece que va en la naturaleza de los gobernantes.

Y no vamos a entrar en los bandazos de otros líderes menores –Vara pasó de AP al PSOE y de ser acérrimo seguidor de Susana Díaz a serlo ahora de Pedro Sánchez; o Verstringe, que pasó del PP al PSOE y luego a Podemos, y de ser un defensor del orden a enfrentarse con la Policía-, porque, arriba y abajo, en un partido y en otro, aquí y allá, los cambios de opinión, los bandazos, los vaivenes y los tumbos son universales, frecuentes y, muchas veces, bastante más llamativos que los de Pedro Sánchez. Por eso es tan sintomático que la derecha política, la oligarquía económica y ciertos sectores de los medios de comunicación se empeñen en demonizar cualquier decisión que legítimamente toma el líder socialista. Debajo hay algo más. Y lo que hay es el pavor de esos sectores tradicionalmente beneficiarios de la desigualdad y de la crisis, a que gobierne una opción de izquierdas de verdad. No se dan cuenta de que, con ello, afianzan más la figura de Pedro Sánchez, le granjean la simpatía creciente de la opinión pública –su contundente victoria frente a Susana Díaz es un síntoma claro- y le ponen cada vez más cerca de la Moncloa. Así de torpes son. Ellos también.