Hoy sigue siendo necesario tener valor e independencia para criticar al poder sanchista -o a cualquiera otro- y denunciar sus corrupciones y abusos, pero en el primer cuarto del siglo XIX había que tener también mucho de ambas cosas, más incluso, para oponerse públicamente al absolutismo imperante y para denunciar las felonías del rey Fernando VII y sus Cortes y camarilla.
Mi trastatarabuelo paterno, Cayetano Rubio Ontanillas, alcalde liberal de Madrid en 1822, fue un político avanzado, además de empresario y columnista, que publicó numerosas colaboraciones revolucionarias en diversos periódicos de la época, como El Zurriago, lo que tuvo serias consecuencias para él, como detallaremos en próximos capítulos.
Cuando estudio su trayectoria y leo sus audacias, me siento identificado y reconocido en su valor e independencia, y en su espíritu periodístico crítico, y siento el latido de la “sangre jacobina” que destiló de él para las siguientes generaciones de los verdaderos progresistas de este país.

El Zurriago, fue un periódico valiente, revolucionario y semiclandestino, que ni siquiera tenía una periodicidad regular -salía “de cuando en cuando”-, y que empezó a publicarse en Madrid en septiembre de 1821 y desapareció en 1823, con el final del llamado Trienio Liberal, un breve soplo de aire relativamente fresco en aquella España cerrada, arbitraria e injusta.

Sus dieciséis páginas, a un precio de 8 cuartos el número (el equivalente a 32 de aquellos maravedís que estuvieron en curso hasta mediados del XIX), con un estilo implacablemente satírico e incluso humorístico, pero profundamente crítico, puede hacernos sonreír hoy día, pero en su momento tuvieron un efecto demoledor sobre las Cortes absolutistas, los poderosos que medraban alrededor de Fernando VII -como hoy alrededor de Pedro Sánchez-, y el resto de politiquillos, fustigados todos ellos a zurriagazos -de eso se trataba y de ahí su título- por sus editores y colaboradores, entre ellos mi ilustre antepasado.
La declaración de intenciones de El Zurriago, publicada en su primer número, es un ejemplo de valentía y honestidad.
Pero la sonrisa que pudiera provocar ese estilo graciosamente inmisericorde se nos evapora, cuando -como veremos en este y en próximos capítulos- comprobaremos que lo que decían El Zurriago y otros periódicos críticos sobre los gobernantes y los políticos de aquella España del primer cuarto del siglo XIX -hace ahora nada menos que 205 años-, es perfectamente aplicable a los gobernantes sin ética, a los políticos corruptos, a los periodistas y tertulianos comprados, y a los incontables paniaguados de la España marianista de ayer y de la sanchista de hoy, que sostienen a los jefes de estas mafias.
Sus editores y periodistas llamaban “zurriagazos” a sus feroces críticas a las Cortes absolutistas de Fernando VII y a los corruptos de entonces.
No obstante, el tema de este reportaje y de los próximos sobre el asunto no es la crítica al sanchismo imperante, de la que este periódico ha sido un adelantado -como se puede comprobar en sus páginas-, sino la recuperación de la memoria de Cayetano Rubio Ontanillas, mi trastatarabuelo paterno, del periódico El Zurriago y de lo que tal empresa representó durante aquellos tres años de precaria “libertad”, y la demostración de que lo que publicaban aquellos valientes periodistas de hace más de dos siglos es una asombrosa radiografía de lo que, por desgracia, sigue sucediendo actualmente en España.
En el próximo capítulo de estas historias podrán las lectoras y lectores leer el texto íntegro del “poema” que mi antecesor en esto de la crítica periodística publicó en el número 30 de El Zurriago, y se maravillarán de la absoluta actualidad de aquellos versos aplicados a lo que viene sucediendo desde hace algunas décadas en nuestro país, y especialmente en la actualidad.

UNA ESPAÑA DE GOBERNANTES SIN CAPACIDAD NI HONOR
Cayetano Rubio Ontanillas Nació en Madrid en 1785. Sus padres eran riojanos, de Villanueva de Cameros, una tierra de acendrada tradición rebelde y heroica, cuyo celtíbero valor ya habían probado los romanos en sus carnes dos mil años atrás. En Villanueva, a principios de 1811 y en plena Guerra de la Independencia, juró fidelidad a las Cortes de Cádiz la Junta de Defensa de la Rioja, una de tantas organizaciones insurreccionales que se constituyeron espontáneamente en España para combatir al invasor francés.
La infancia y primera juventud de Cayetano transcurrieron entre el Madrid convulso del reinado y abdicación de Carlos IV, los primeros años de Fernando VII, y los prolegómenos de la invasión napoleónica, y la extremeña ciudad de Zafra, adonde habían emigrado también otras familias cameranas, y donde el que luego sería dos veces alcalde tenía juveniles intereses amorosos.
Con solo diecinueve años de edad, Cayetano se casó en Zafra en 1804 con su prima María del Carmen Rubio Vidaurreta, cuyos padres procedían también de Villanueva de Cameros. Con ese espíritu camerano que al joven activista le venía por sus padres y por su esposa, y viendo las injusticias y las tremendas desigualdades de la España fernandina, Cayetano adoptó las ideas políticas y sociales más avanzadas de aquel tiempo, militando en un liberalismo revolucionario que le llevó a ser alcalde constitucional de Madrid en 1822 (Diario de Madrid nº 151, del jueves 6 de junio de 1822), y a fustigar con sus artículos y críticas a las Cortes absolutistas de Fernando VII y al propio rey.
Antonio Machado situó el origen de su “sangre jacobina” de su poema Retrato, en este círculo de mis antepasados.
Como indica el investigador pontevedrés José Antonio López Rodríguez, Cayetano, a pesar del relevante cargo que desempeñó con 37 años de edad, no es tan conocido como los paisanos de su esposa el ministro y compañero liberal Juan Álvarez Guerra (Zafra 1770), o el diputado en las Cortes de Cádiz Manuel María López de Tejada (Zafra 1771), a pesar de sus numerosas colaboraciones en la prensa del llamado “liberalismo exaltado”, “en uso de la reinstaurada libertad de prensa e imprenta”.
El político madrileño, y luego segedano de adopción, se mantuvo en rebelión intelectual y política perpetua contra los ineptos y corruptos gobernantes de aquella triste España, donde ser liberal era enfrentarse a un poder podrido y sin honor.

LA REVOLUCIONARIA DECLARACIÓN DE INTENCIONES DE EL ZURRIAGO
En este contexto político y social de tensiones extremas, época peligrosa por demás para los honestos, nace en 1821 el periódico El Zurriago, con su batallón de aguerridos editores y colaboradores. El atrevido medio publicaba entre 5.000 y 16.000 ejemplares, tirada que no es desdeñable para la época, y con una difusión mucho mayor, pues era habitual que cada número corriese de mano en mano por Madrid y por provincias.
El Zurriago solo pudo publicarse mientras duró el Trienio Liberal.
En su número 1, de septiembre de 1821, primero de los noventa y uno que llegó a publicar mientras le dejaron -obligados por las circunstancias- los tiranuelos “patrios”, hasta 1823 con el final del Trienio Liberal, El Zurriago publicó una declaración de intenciones en un texto jocoso y lleno de buen humor, pero crítico y amenazador como para echarse a temblar los corruptos, incluidos los periodistas pelotas del poder, todo lo cual indica la elegancia intelectual, la enjundia y el valor de sus promotores y colaboradores. Este es el texto de aquella intrépida advertencia con la que nacía El Zurriago, texto que hemos adaptado a las reglas actuales de ortografía y sintaxis, para facilitar su lectura:
“INTROITO
Este es un periódico que va a divertir a muchos y hacer rabiar a unos cuantos. Sus Editores (los escritores y periodistas militantes en la corriente política del “liberalismo exaltado” Félix Mejía y Beningo Morales) se constituyen en guerra abierta con los abusos, con los que viven de los abusos y con los que abusen de su autoridad; con los periodistas que en vez de dirigir la opinión la extravíen; con los aduladores, infames sacristanes de amén, que conceden su aprobación a cuanto dicen y hacen los poderosos; con los oradores de la Fontana que se descuiden (se refieren a los charlatanes y reaccionarios que hablaban en público en el célebre café madrileño de la época La Fontana de Oro); con los que obran por espíritu de partido, corporación etc. y se separan de la senda de la razón; y, en una palabra, con todos los que aparezcan pecadores por la codicia del dinero, de un empleíllo, o cosa semejante.
Todos estos van a llevar tantos Zurriagazos como veces se deslicen o resbalen. Al que caiga que lo levante la caridad”.
Estas breves líneas escritas hace 205 años exactos no pueden describir mejor lo que ocurre hoy en España, y lo que publican los medios y los periodistas comprados por el sanchismo con la publicidad institucional o con carguitos, contratos televisivos o prebendas de todo tipo.

LA VALENTÍA DE CAYETANO RUBIO ONTANILLAS CONTRA LOS CORRUPTOS
Mi trastatarabuelo no necesitaba la política para vivir porque tenía una floreciente empresa comercial -como otros mercaderes cameranos, que se habían instalado definitivamente en la comarca de Zafra y en la propia ciudad extremeña, después de siglos de tradición ganadera trashumante desde aquella inhóspita zona de la Rioja de la que procedían, hasta Extremadura, y donde Cayetano y su esposa se instalarían también tiempo después-, pero su espíritu crítico y solidario le impulsó a militar en aquel liberalismo extremo, bajo cuya impronta fue alcalde constitucional de Madrid en 1822.
Cayetano Rubio, hombre culto y valeroso, colaboraba asiduamente con los periódicos de Madrid más avanzados o progresistas -poco después se “inventaría” el progresismo en la política española por primera vez con esta nomenclatura, con la creación del Partido Progresista-, dejando en ellos su legado crítico y rebelde, lo que le valió diversos problemas con la Justicia fernandina, como veremos en próximos capítulos.
Uno de sus escritos más feroces -un tremendo zurriagazo al poder establecido- es un largo alegato dirigido a las Cortes absolutistas, que, versificado con su ocurrente estilo sarcástico y fustigador, y con el subtítulo de CANCIÓN publicó en el número 30 de El Zurriago. El interés de esta colaboración periodística de mi antepasado reside, sobre todo, en que, doscientos cinco años después, es el vivo retrato de la política española actual.
Con la ilustre familia de los Álvarez Guerra de Zafra -ministros y prohombres destacados del siglo XIX- están emparentados los descendientes de Cayetano Rubio y los hermanos Machado, antepasados míos también por vía paterna.
(PRÓXIMO CAPÍTULO: Mi trastatarabuelo Cayetano Rubio Ontanillas, alcalde de Madrid, retrató hace 205 años en la España de entonces a la de hoy, con un feroz alegato plenamente vigente).
(José María Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son AbeceImagindario (fotolibro, Fundación Caja de Badajoz), Lencero, el hombre que no se encontró a sí mismo (biografía, Fundación Caja Badajoz), y Susana Leroy (novela, Fundación José Manuel Lara/Grupo Planeta).

