Llamadme ilusionada…

…y lo estoy, porque el Congreso va a tramitar una ley que considerará seres sintientes a los animales, y no cosas, pero...

1147
Pues claro que sienten. RTVE
Pues claro que sienten. RTVE

Por fin el Congreso aprueba tramitar una ley, mediante la cual se considerará seres sintientes a los animales de compañía y no “cosas” a las que utilizar, maltratar o abandonar. La iniciativa, apoyada por todos los partidos menos Vox (¡menuda sorpresa!), parte del principio de que “la naturaleza de los animales es distinta de la naturaleza de las cosas o bienes”. ¡Qué descubrimiento! Pero ahora, en Extremadura, la Junta quiere declarar Bien de Interés Cultural la montería y la rehala, a pesar del sufrimiento que eso conlleva para tantos animales.

La periodista, con su perro Killer
La periodista, con su perro Killer

Estoy ilusionada porque espero que sea un paso hacia una sociedad menos cruel y supremacista, porque si los que tenemos mascota (el cuarenta por ciento de los hogares españoles), miramos a los ojos de un gato o un perro, y apreciamos su capacidad de amar, sentir y entender, pienso que cualquier otro animal tiene las mismas facultades.

Pero al tiempo que mantengo esa ilusión, me entristece la situación actual; extrema crueldad en los laboratorios, vacas famélicas en granjas, barras electrificadas en la ganadería industrial… Y el último disgusto, por el momento, la resolución de la Junta de Extremadura (Andalucía ya lo hizo, impulsada por Vox, PP y Cs), por la que se incoa expediente de declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) a favor de “La Montería y la Rehala de Extremadura, con carácter de Patrimonio Cultural Inmaterial”. Responden así a una petición de la Federación Extremeña de Caza. Mientras, PACMA contrarresta, con estas cifras, la cruda verdad del abandono de los perros de rehala: “Tan solo las 98 protectoras que nos han cedido sus datos, una pequeña parte de los miles que hay en España, recogieron 5.588 galgos durante el año 2019, además de otros 3.000 perros empleados como herramientas para cazar”.


El número de personas que rechazan la declaración de BIC de la montería duplica ya el de las licencias de caza mayor en Extremadura.


Casi 100.000 personas han manifestado ya su rechazo a la declaración de BIC. 62 colectivos y profesionales, organizaciones ecologistas, de protección animal, educadores caninos, veterinarios, abogados y miles de ciudadanos, han avalado una recogida de firmas mostrando su disconformidad. Argumentan que daría acceso a la protección pública y ayudas a una actividad que es cuestionada por buena parte de la población, pone en riesgo a especies protegidas, tiene un impacto negativo en el turismo rural y de naturaleza, y conlleva sufrimiento animal. El número de personas que rechazan la declaración duplica ya el de las licencias de caza mayor en Extremadura.

¿RIQUEZA? ¿CULTURA?

En cuanto a la riqueza que genera la caza, niego la principal. Nada que implique matar a un ser vivo por diversión es compatible con una sociedad justa, equilibrada y comprometida con su entorno y su desarrollo. Y además, me pregunto ¿de qué forma una montería puede considerarse cultura? Si se refieren a la tradición, también se podría pedir esta calificación para la antigua costumbre india (sati) que obligaba a la viuda a inmolarse en la misma pira que su difunto, o los aros que estiran el cuello de las mujeres jirafa de Tailandia, o el fetichismo de los pies de loto de las japonesas. No todas las tradiciones deben ser conservadas o respetadas, y de esas tenemos unas cuantas, centradas casi siempre en el maltrato.

¿Es esto cultura?
¿Es esto cultura?

Hablo del verano español, de fiestas donde la tortura a un animal indefenso es el eje. Empieza con los San Juanes, en pleno solsticio, y sigue con los San Fermines, los embolaos, el toro de la Vega y un largo etcétera de nuestro salvaje espíritu lúdico patrio. En nuestro país, y como diversión, se sacrifican unos 60.000 animales durante las celebraciones veraniegas.


En nuestro país, se sacrifican unos 60.000 animales por diversión durante las celebraciones veraniegas.


Hay reparto de brutalidad para todas las especies, y con tan sofisticados sistemas, que dejan como una hermanita de la caridad a la condesa Erzsébet Báthory (sí, aquella que se bañaba en sangre de vírgenes doncellas antes de que se inventara la cirugía estética). A saber: se decapitan gansos, se obliga a bueyes a arrastrar piedras de 1.800 kilos, se golpea a caballos en el hocico o los testículos, se tiran toros al mar, se lancean, se despeñan o se les atan antorchas ardiendo en los cuernos para que corran, ciegos de dolor y miedo, ante la multitud. Y todo ese aquelarre ocurre mientras el personal trasiega gin-tonics a destajo y se parte de risa. Visto este catálogo de barbaridades, hasta las corridas de toros me parecen tan cursis como una película de Walt Disney.

¡Estupendo¡ ¿no?
¡Estupendo¡ ¿no?

Tradiciones atávicas y absurdas que rebosan testosterona, imbecilidad, violencia (sexual y de la otra), suciedad, ordinariez y borrachera, pero no aprecio la cultura por ningún lado.

Resumiendo: España en verano no es una fiesta, es un horror, y no me estoy refiriendo al clima.

Total, que no sé si estoy ilusionada o soy una ilusa.

(Elisa Blázquez Zarcero es periodista y escritora. Su último libro publicado es la novela La mujer que se casó consigo misma. Diputación de Badajoz).

SOBRE LA AUTORA

Una colaboradora muy especial

OTROS ARTÍCULOS

Llamadme comodona…

Llamadme antiespañola…

Llamadme feminista…

Llamadme satisfecha…

Llamadme Ernesto en vez de Elisa…

Llamadme ofuscada…

Llamadme encantada…

Llamadme valiente…

Llamadme influencer…

Llamadme engatillada…