Los esfínteres del independentismo

Algunos soberanistas catalanes parecen creer que todos ellos son unos machotes heterosexuales pertenecientes a una raza superior

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Jordi (Hernández) Borrell. UB
Jordi (Hernández) Borrell. UB

Esfínteres. En ese nivel está ya el independentismo extremista catalán. No hablamos de los independentistas civilizados que tienen todo el derecho a aspirar, dentro de la ley, eso sí, a ver cumplidas sus ideas. Nos referimos a esa lumbrera llamada Jordi (Hernández) Borrell y a lo que él representa de intransigencia política y homófoba. Ha sido cesado de su cargo en la Universidad de Barcelona, que no dimitido, y, aunque tarde, ha pedido perdón por sus insultos a Miquel Iceta. Pero la radiografía de su alma y de lo que esa alma representa en el catalanismo radical ha quedado expuesta por siempre, para su vergüenza –si es que la tiene- y para escarnio de las ideas -¿ideas?- que defiende.

Decididamente, no. Quod natura non dat, Salmantica non praestat. Es decir, si lo tuyo no es bueno de origen, ninguna universidad te lo va a mejorar. Es lo que le ha pasado nada menos que a un científico de tanto renombre como es el director del Instituto de Nanociencia y Nanotecnología y profesor titular de Físicoquímica de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona. ¡Ahí es nada! Él es un independentista de los buenos, de esos que incluso niegan una parte de su sangre para aparentar su pureza racial. Por eso, en su cuenta de twitter se hace llamar Jordi Borrell (https://twitter.com/search?q=jordi%20hernandez%20borrell&f=images&src=tyah). cuando en realidad se llama Jordi Hernández Borrell. Una linajuda pirueta la suya, que ha borrado de un plumazo la estirpe de su señor padre. Imaginamos lo orgulloso que estaría éste de su retoño. Y eso creyendo, en su presumible ignorancia, que el apellido Hernández es peligrosamente castellano, cuando en realidad procede de un Ferrán compartido gustosamente por los catalanes orgullosos de su prosapia, y que a su vez tiene origen celta.


El señor (Hernández) Borrell debería dirigir el Instituto de la Inanidad y la Nadería del Independentismo Supremacista.


Pues bien, en una desaforada defensa de Carles Puigdemont que nadie le había pedido, y en un devoto tweet dirigido a su amado president, el señor (Hernández) Borrell llegó a llamar a Iceta en su cuenta de twitter, eso sí, en perfecto catalán, “impostor, ignorante, demagogo y ser repugnante”, y, para mayor finura intelectual, dijo del secretario general de los socialistas catalanes que tenía “los esfínteres dilatados”.

Luego –tardó demasiado tiempo, y aunque lo hubiese hecho de inmediato, tampoco tenía arreglo ya la cosa- pidió perdón, pero no de propia voluntad, por un súbito arrepentimiento, sino cuando comprendió la que se le venía encima.

Naturalmente, el rector de la Universidad de Barcelona ha cesado a este profesor y científico de su cargo al frente del mencionado Instituto. No ha sido una dimisión voluntaria, según hemos podido saber de fuentes cercanas a dicha universidad, sino forzada, es decir, un cese bajo apariencia de renuncia espontánea. Porque, de no haberlo hecho así, el cese hubiese sido firmado en veinticuatro horas.

Miquel Iceta ha encajado con elegancia los insultos homófobos del profesor catalán. RTVE
Miquel Iceta ha encajado con elegancia los insultos homófobos del profesor catalán. RTVE

Por lo visto, algunos soberanistas catalanes parecen creer que todos ellos son unos machotes heterosexuales pertenecientes a una raza superior. Imaginamos que los independentistas gais deben de estar avergonzados.

Este señor (Hernández) Borrell, doctor en Farmacia y poseedor de un apreciable curriculum como investigador –y experto en esfínteres, al parecer-, no debería estar, sin embargo, al frente de la Nanotecnología, una disciplina que requiere un gran rigor intelectual y científico, sino, por ejemplo, a la cabeza de un futuro Instituto de la Inanidad y la Nadería del Independentismo Supremacista, o de una posible Escola d’Investigació de la Part Final del Tracte Digestiu Humà, dada su obsesión por los esfínteres ajenos y, además, con todos los honores. Porque, gracias a él, todo el mundo ha podido verle los esfínteres al independentismo radical. Es lo último que faltaba en esta farsa, cuya degradación parece no tener fin. Y, después de habérselos visto –sus esfínteres mentales- muy a pesar nuestro, hemos de decir, sin embargo, que los esfínteres del señor (Hernández) Borrell y de todo el independentismo radical son, al contrario de lo que él hace con los demás, tan perfectamente respetables como indiferentes para nosotros. Hasta ahí podíamos llegar.