lunes, 9 febrero, 2026
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El día que Paco de Lucía tocó la guitarra sin guitarra o el arte pionero de “Imágenes para tocar”

Juan Torre, fotógrafo y ciego, es creador de una técnica fotográfica en relieve con la que realiza extraordinarios retratos, y que han adoptado los principales museos del mundo

Paco de Lucía se quedó atónito cuando un fotógrafo ciego le requirió con la pretensión de que posase para él, a fin de hacerle un retrato. La cosa cuajó finalmente en Bilbao, en los prolegómenos de un concierto en el Palacio Euskalduna. Juan Torre venía avalado ya por su larga trayectoria como periodista, reportero y fotógrafo, y por otros magníficos retratos de grandes y conocidos artistas, realizados por él con anterioridad a pesar de estar ciego (la Extraordinaria aventura vital, profesional y artística de Juan Torre, fotógrafo y ciego).

El guitarrista terminó aceptando, tal vez movido por la curiosidad y el asombro, más que porque estuviese predispuesto a vivir una situación tan fuera de lo común. Así que tomó asiento ante el fotógrafo, cruzó una pierna sobre la otra para apoyar el instrumento y se dispuso a dar unos acordes con la guitarra -su preciada guitarra- que sostenía entre los brazos. Pero no pudo consumar esta acción. Su asombro alcanzó una dimensión estratosférica cuando Imanol, el ayudante del fotógrafo, le quitó la guitarra por indicación de este, pidiéndole que posase en posición de tocar, pero sin el instrumento. Sin terminar de creerse la escena “surrealista” que estaba viviendo, Paco de Lucía comentó, después de pedir que tuviesen cuidado (“por favó, no la golpees”) de no dañar el valioso instrumento: “¡Pero qué hago yo aquí, tocando la guitarra sin guitarra y posando para un fotógrafo ciego!”

Todavía no sabía el famoso guitarrista que estaban a punto de hacerle seguramente el mejor retrato de su vida, una imagen tan llena de luz, belleza y magia que en ella se palpa -nunca mejor dicho- la música que brota de sus dedos desnudos, sosteniendo y acariciando el aire, en el exacto hueco de la guitarra originaria, como el molde de un fantástico fósil milenario.

Getxo.-

Pasaron dos décadas desde que Juan Torre perdió definitivamente la vista, hasta que, a finales de la primera década de este siglo, se le ocurrió la insólita idea de realizar fotografías que se pudiesen tocar. Pensaba en los ciegos, para los que huelga asistir a exposiciones convencionales porque sus obras son inasequibles para ellos. Pero pensaba también en las personas que ven, porque las obras que empezaba a concebir tenían que ser de alto nivel artístico-visual a la mirada, pero también una vía de entrada, a través del tacto, a una nueva manera de acercarse al arte por parte de todos.

Hasta entonces había seguido realizando sus obras fotográficas usuales con magníficos resultados artísticos, apreciables en series como Momentos de luz en el día a díaCalor en el color, o Gallos y galleras, colección que fue publicada en un espléndido fotolibro con el mismo título (2008); todo ello, y lo que vendría después, sirviéndose de ese escasísimo cinco por ciento de visión que conserva en el ojo izquierdo.

Juan Torre, en una de sus numerosas exposiciones. J.M. PAGADOR.
Juan Torre, en una de sus numerosas exposiciones. J.M. PAGADOR.

PENSANDO EN LOS CIEGOS

La vida de Juan Torre es una sucesión de hechos asombrosos (la Extraordinaria aventura vital, profesional y artística de Juan Torre, fotógrafo y ciego). En 1991 se había afiliado a la ONCE y su entrada definitiva en la sociedad no vidente debió de inspirarle ideas nuevas, que se materializaron en la inquietud que en los últimos años de la década de los 2000 se apoderó de él, tras concebir la idea de cómo realizar imágenes fotográficas que pudiesen “ver” también los ciegos.

Tocaba buscar una solución para la fotografía y el arte como había conseguido el braille para la lectura.

No era tarea fácil. De haberlo sido, ya existiría alguna técnica apta para solucionar ese problema antes de él. Pero no existía. Así que había que inventarla. Y sin todavía saber cómo, se puso manos a la obra.

La experiencia para una persona que ve es inolvidable. J.M. PAGADOR.
La experiencia para una persona que ve es inolvidable. J.M. PAGADOR.

DOS RETOS

Ante sí aparecían dos retos. El primero, realizar una serie de retratos, en gran formato, de los principales músicos y cantantes españoles y de otras procedencias. Sus modelos tenían que ser profesionales famosos de la música, a fin de dotar a su obra del máximo interés, pues tal esfuerzo merecía una temática extraordinaria, para despertar doblemente la curiosidad del público, con retratos de personajes superconocidos y cuyas imágenes fotográficas se pudiesen tocar, a fin de hacerlos “visibles” también mediante el tacto; la idea era crear Imágenes para tocar, ya que los músicos también tocan… sus instrumentos. Y el segundo, encontrar una técnica de digitalización y edición de las fotografías que permitiese realizarlas en relieve, sin perder su carácter de fotografía pura. Dos retos formidables para los profesionales de la imagen que ven, y casi un imposible para alguien que está ciego.

Lo primero era localizar a sus futuros modelos, llegar hasta ellos y convencerles de que, a pesar de sus limitaciones, podía hacerles grandes retratos que también pudiesen ser “vistos” por los ciegos. Para eso, además, si aceptaban, tendría que desplazarse al lugar que cada uno de ellos dijera y en el momento que ellos pudiesen. Y, por si fuese poco, iba a realizarles sus retratos con una originalidad y un atrevimiento nunca vistos por ellos en sus largas carreras de personas fotografiadísimas. Juan es un artista integral, que hace fotografías como podía ser músico. No se trataba, pues, de hacer esos retratos convencionales y faltos de chispa que suelen recoger la imagen de los famosos tomada por muchos de los fotógrafos que ven. Él quería “crear” un mundo de imágenes sin parecido alguno con nada de lo ya visto. Imágenes singulares y únicas, como las que los lectores y lectoras pueden admirar en este reportaje, y que han sido ya admiradas en múltiples exposiciones dentro y fuera de España.

Retratos de Juan Torre sobre planchas de Dibond. J.M. PAGADOR.
Retratos de Juan Torre sobre planchas de Dibond. J.M. PAGADOR.

DEL DIBOND AL DIDÚ

En los años finales de la primera década del nuevo siglo, Juan Torre emprendió esta titánica tarea, que requería un esfuerzo colosal para localizar contactos, conversaciones previas, tiempo, viajes, desplazamientos de equipo y asistente, y coste económico. Empezó, así, a hacer retratos a artistas de la música de primer nivel. Pero con eso no bastaba, porque había que dotar a las imágenes del necesario relieve, para hacer reconocibles a los modelos retratados también por el tacto.

Para materializar sus fotografías dándoles relieve tenía que encontrar un taller de tecnología puntera, cuyos responsables entendieran su idea y se pusieran manos a la obra con él. No era una tarea fácil.

Tras muchos años peleando por sacar adelante la idea -recuerda Juan-, finalmente

localizó en Zamudio (Vizcaya) los Estudios Durero, con los que finalmente materializó sus obras, creando con ellos esta técnica pionera y única en el mundo, tan útil que, posteriormente, la adoptaron numerosos museos españoles e internacionales, para que los ciegos pudiesen “ver” las obras maestras que guardaban.

El primer paso fue incorporar un soporte adecuado para lo que se pretendía, que fuese lo suficiente resistente como para soportar la manipulación del público, pero delgado y no muy pesado, a fin de facilitar el almacenaje, el transporte y la exposición de las obras. La mejor opción era el Dibond, un panel sándwich compuesto por dos láminas exteriores de aluminio y una interior de polietileno, con un espesor total de unos tres milímetros.

Sobre este soporte había que plasmar cada fotografía con el relieve necesario. Y se encontró la fórmula, imprimiéndolas sobre planchas de Dibond con tintas UV, que al secar se convierten en polímeros plásticos, consiguiendo un relieve de la imagen que posibilita el sentirla por medio del tacto.

Esta técnica creada por Juan Torre y Estudios Durero recibió el nombre de Didú. La novedad era asombrosa. Hasta entonces, las obras de las exposiciones fotográficas siempre se mostraban al público enmarcadas y protegidas por un cristal. A partir de entonces, el público se sorprendió -y sigue sorprendiéndose- al comprobar que las imágenes de Juan no solo se exhiben desnudas de protección, sino que se invita a los espectadores a que se acerquen y las toquen sin restricción alguna.

CASI MEDIO CENTENAR DE RETRATOS MAGNÍFICOS

No fue fácil convencer a Paco de Lucía para que se dejase retratar. A lo más que accedió al principio fue a autorizar a Juan Torre para que le hiciera fotos durante la prueba de sonido, antes del concierto que el guitarrista iba a dar en el Palacio Euskalduna de Bilbao. Ante la negativa del músico a posar expresamente, intercedió su hijo Curro, artista también, y al final accedió a posar para Juan Torre y a aceptar las indicaciones de este de que lo hiciese sin guitarra. Y así fue como se le realizó al concertista seguramente el mejor retrato de su vida, el más misterioso y sugerente. Y sin perder la sonrisa, a pesar de sus reticencias iniciales.

 –“¡Cuidao, que no se golpee”! Eso le dijo el Maestro Paco de Lucía a Imanol, que me acompañaba, cuando le dio su guitarra -recuerda Juan-. Estábamos entre bambalinas en el Teatro Euskalduna, mientras Curro Sánchez rodaba la escena que se estaba componiendo delante de su cámara para el documental que hacía sobre la gira de su padre. Entonces, le hice un par de fotos al Maestro mientras templaba la guitarra ausente. Luego me acerqué y le dije que los ciegos se emocionaban oyendo su guitarra, y que así iba a seguir siendo. Me sonrió.

En 2010 realizó Juan una primera exposición con unos pocos de estos retratos pioneros, en el Museo Tiflológico de la ONCE. Y un año después llevó a cabo otras dos en Bilbao. Las tres tuvieron un éxito inmediato.

Durante más de quince años Juan Torre ha seguido realizando magníficos retratos de conocidos artistas de la música admirados en España y en el mundo. Casi medio centenar de estas obras componen -por el momento- esta serie, que ha suscitado atención internacional y que se expone con frecuencia en numerosos lugares dentro y fuera de España. A todos sus retratados les ha hecho posar de forma originalísima, de modo que sus retratos marcan ese estilo inconfundible de Juan. Y en todos ellos ha dejado un mensaje escondido sobre la luz, el milagro de ver y el mecanismo de la oscuridad. Por eso, también, estos retratos no podían ser más que en blanco y negro.

Sobrecogedora Luz Casal, cuya imagen evoca El grito de Edvard Munch. JUAN TORRE.
Sobrecogedora Luz Casal, cuya imagen evoca El grito de Edvard Munch. JUAN TORRE.

LUZ CASAL

Alguien del equipo de Luz Casal trató de impedir el acceso de Juan a la cantante, cuando al fin la localizó él antes de un concierto. En aquellos días la artista estaba en tratamiento de su cáncer de mama, sin dejar de actuar, pero con visibles señales de los efectos de la terapia. Su pelo corto, sus ojeras y su expresión daban la medida de su fortaleza. Durante aquella etapa dolorosa Luz no dejó de actuar, e incluso grabó dos álbumes nuevos. Y cuando supo de la presencia de Juan Torre, salió en persona, le franqueó el paso al fotógrafo y posó como este le indicó. Así se hizo este retrato bellísimo, en el que una Luz Casal sobrecogedora y radiante emite un alarido inaudible pero turbador, que evoca El Grito de Edvard Munch. Aparte de una grandísima cantante, Luz ha sido siempre un ejemplo de generosidad, solidaridad y entereza.

Miguel Ríos posó para el fotógrafo emulando a aquellos bailarines de claqué del viejo Hollywood, con el bastón de Juan. JUAN TORRE.
Miguel Ríos posó para el fotógrafo emulando a aquellos bailarines de claqué del viejo Hollywood, con el bastón de Juan. JUAN TORRE.

MIGUEL RÍOS

Miguel Ríos, además de por su música sin caducidad, es admirado por su energía, su eterno buen talante y su gracia personal. Con él tampoco tuvo problemas Juan Torre y todo se desarrolló de una manera cercana y natural. Y el cantante quedó inmortalizado de esta guisa siguiendo las indicaciones del fotógrafo, aceptando su bastón de ciego e interpretando un claqué detenido en el tiempo, a la manera del gran Fred Astaire y de otros actores bailarines del Hollywood clásico.

Aziza Brahim, una de las principales voces saharauis, que ha triunfado en el mundo. JUAN TORRE.
Aziza Brahim, una de las principales voces saharauis, que ha triunfado en el mundo. JUAN TORRE.

AZIZA BRAHIM

Es una de las principales voces del Sáhara, una artista integral que encontró su vocación musical y se formó entre los campamentos de refugiados saharauis del sur de Argelia y otros lugares del mundo, hasta consolidarse como la gran cantante que es hoy. Aziza Brahim reside en España, donde se instaló en el año 2000 y donde vive con su marido y su hija.

La cantante ha realizado giras por nuestro país y también por todo el mundo. Su música va desde la tradicional saharaui, hasta la fusión con el rock y el blues, tanto en solitario como formando parte de grupos, y ha grabado casi una decena de álbumes, además de actuar en alguna película.

El primer plano de ella que captó Juan Torre expresa toda la fuerza de la mujer africana, pero también la nostalgia de la mujer saharaui que ha perdido su patria, y la sensualidad de una música auténtica que toca el corazón.

Blas Fernández, baterista, convertido por el fotógrafo en un gladiador o en un… armadillo. JUAN TORRE
Blas Fernández, baterista, convertido por el fotógrafo en un gladiador o en un… armadillo. JUAN TORRE

BLAS FERNÁNDEZ

Juan Torre no solo retrata al artista que da la cara ante el público, al personaje principal del espectáculo, sino también a los músicos que están detrás y que interpretan la melodía sobre la que aquel teje su actuación. A veces, los retratados tienen que acomodarse a unas indicaciones del fotógrafo no siempre fáciles de entender, como le pasó a Paco de Lucía. En este caso… Bueno, Juan, siempre haciendo gala de su buen humor, lo cuenta con gracia.

Estábamos en “El showroom”, el estudio que tiene Iñaki en la Ribera de Axpe en Erandio y, mientras planteábamos la puesta en escena de la foto, moviendo flashes, fondos, pantallas…, mi compadre Blas Fernández sacaba de las fundas los platos de bronce, todavía calentitos del bolo de la noche anterior. Para la foto que le proponía tenía que desnudarse y le fuimos diseñando sobre la marcha su nuevo traje, poderoso y pesado. Iniciamos la sesión y su aspecto desafiante y altivo fue transformándose hacia una postura más recogida, haciéndose fuerte tras su improvisado caparazón. ¡De gladiador a armadillo gigante y viceversa!

Sole Giménez, la dulzura tras la imposible transparencia. JUAN TORRE
Sole Giménez, la dulzura tras la imposible transparencia. JUAN TORRE

SOLE GIMÉNEZ

No es tarea fácil localizar a estos artistas de la música, que están siempre rodando por el mundo con sus conciertos y giras, y menos aún quedar con ellos. Pero Juan consigue (casi) todo lo que se propone. En el caso de Sole Giménez, como de tantos otros cantantes y músicos que aceptaron posar para él, el fotógrafo propuso otra genialidad, como se aprecia en esta imagen, indagando estéticamente en el fenómeno de la ceguera y acercando al espectador a ese mundo, pero sin alterar la personalidad de la persona retratada.

Bajábamos de la terraza del hotel madrileño “Las Letras”, donde habíamos quedado. Yo veía la foto allí, imaginaba a Sole apoyada en una barandilla de hierro extendiendo la mano y acariciando una de tantas cúpulas que destacan en la ciudad, pero el sol del mediodía era brutal. Nos abrieron una sala decorada con azulejos amarillos y azules de inspiración andalusí. Un inmenso ventanal a la izquierda dejaba entrar una potente luz filtrada y a la vez nos aislaba del trajín de la Gran Vía. “¡Lo veo todo borroso!” me dijo Sole, mirando a través del plástico que momentos antes envolvía uno de los flashes que al final no utilicé. “Así es como yo te veo” le dije.

Benito Lertxundi, el gran cantautor del euskera y de los vascos. JUAN TORRE
Benito Lertxundi, el gran cantautor del euskera y de los vascos. JUAN TORRE

BENITO LERTXUNDI

Benito Lertxundi, apodado el Bardo de Orio, su villa natal, es uno de los principales cantautores de Euskadi y de España, aunque toda su discografía ha sido grabada en euskera, lengua de la que ha sido siempre un firme defensor y difusor. Pero la belleza de su música, da igual el idioma en el que esté cantada, llega también al corazón de los nacidos en cualquier otro lugar.

Benito es una leyenda en el País Vasco y, a pesar de estar retirado desde finales de 2024, hoy, a sus ochenta y tres años que acaba de cumplir en enero, sigue siendo una figura relevante, querida y respetada por todos.

Juan Torre, que casi siempre introduce un elemento relacionado con la visión o la ceguera en sus retratos, fotografió de esta manera a Benito, que parece estar observando al espectador a través de esa lente colocada ante su ojo izquierdo por su mano poderosa.

Ainhoa Arteta, el misterio de un antifaz innecesario con los ojos cerrados. JUAN TORRE
Ainhoa Arteta, el misterio de un antifaz innecesario con los ojos cerrados. JUAN TORRE

AINHOA ARTETA

El antifaz en la frente de una Ainhoa Arteta con los ojos cerrados, es otro guiño del fotógrafo al universo donde permanece la belleza aunque la visión no exista. ¿Para qué necesita la extraordinaria soprano un antifaz si tiene los ojos cerrados? se preguntará el observador. Ahí está el misterio de este retrato.

El antifaz es un elemento que utilizan muchos de los no ciegos que acuden a sus exposiciones. Con cerrar los ojos no basta, porque la tentación de abrirlos al encontrar algún detalle táctil de la imagen que el que ve no consigue identificar con los dedos, siempre estará al acecho en una exposición de Juan Torre. Por eso es recomendable, más que cerrar los ojos, tapárselos, para vivir la experiencia completa de la “visión” del tacto.

Este formidable retrato de la cantante abrazándose es un ejemplo de introspección y autoaceptación en el propio arte y en la propia hermosura. Así cuenta Juan cómo se lo hizo:

La foto de Ainhoa Arteta se la hice en el Teatro Victoria Eugenia de San Sebastián. Habían pasado tres horas y media cuando por fin vino hacia el set que tenía preparado a un lado del escenario con una botella de agua, y se sentó en el suelo. No hacía falta verle los ojos para saber que me estaba diciendo “todavía faltas tú”. Era el último de una larga cola de cámaras de fotos, TV, micros y preguntas que me habían precedido, además de un ensayo previo de dos horas. Cuando me llegó al fin el turno, fue rápido. Le expliqué la foto que había pensado para su participación en la serie “Imágenes para tocar” y no puso ninguna objeción. Cuando llegué a casa y vi las fotos en la pantalla del ordenador de 27” no me lo podía creer. Ainhoa Arteta rebosaba serenidad y dulzura.

Fito, ¡que te pasen cosas buenas! JUAN TORRE
Fito, ¡que te pasen cosas buenas! JUAN TORRE

FITO

Si Fito Cabrales fuese armenio no sorprendería que acostumbre a decir, como saludo o despedida, ¡que te pasen cosas buenas! Pero Fito es de Bilbao. En Armenia se dice algo casi idéntico, ¡que el bien os acompañe! No sé si el cantante ha estado alguna vez en ese país. Pero bastaría que hubiese leído Que el bien os acompañe, del gran escritor ruso Vasili Grossman, para saber que ese el saludo y el adiós que dicen los armenios para recibir o despedir, y que Grossman tomó prestado para el título del último libro que escribió antes de morir, es una de las formas más bellas del mundo de tratar al otro.

Fito es otro de los grandes de la música, con millones de discos vendidos, que ha sido retratado de manera tan original por Juan Torre. Así lo cuenta el fotógrafo:

¡Que te pasen cosas buenas! Esta es la frase que nos regaló Fito. También está escrita en braille en su foto y da el talante personal del músico. Javi y yo estábamos en la sala de su casa, con una cervecita en la mano, mientras Fito atendía a unos currelas que le hacían un trabajo en la terraza. Después, todo fue muy fácil, elegimos una guitarra de la colección tan bonita que tiene y nos pusimos a la labor. “¡Me siento raro, nadie me había hecho una foto así!” -dijo-, había que verle dibujando en el aire y con la guitarra cruzada, como si la cogiera por primera vez.

Martirio, sus sempiternas gafas de sol dan la medida de su misterio. JUAN TORRE
Martirio, sus sempiternas gafas de sol dan la medida de su misterio. JUAN TORRE

MARTIRIO

Los mensajes implícitos sobre la luz, la oscuridad y otros misterios en los retratos de Juan Torre, que suele dejar el fotógrafo abiertos a la perspicacia y a la sensibilidad del espectador, en este caso no precisaban de ningún aditamento, porque Martirio se ha mostrado siempre con esas gafas oscuras de toda la vida, que tanto dicen de ella misma.

La cantante le envió un mensaje a Juan, citándole en una fecha determinada en Madrid, sin saber que diez días más tarde él inauguraba una de sus exposiciones y apenas disponía de tiempo para prepararlo todo y hacer el viaje.

-“¡Mira a ver si puede ser, que te aseguro que es como mejor va a quedar y con más magia!” me escribía Martirio en un correo, para que fuera a Madrid el domingo 1 de mayo. Yo pensaba ¡¡madre mía, madre mía, el 11, miércoles, se inaugura la exposición!!. El concierto fue en el Centro Cultural Paco Rabal, situado en Vallecas, barrio de Palomeras Bajas. Me agarré a Sara, la road manager, y mientras hacían la prueba de sonido, ella me llevó con mucha paciencia, por unas escaleras metálicas, a un camerino del primer piso. Allí me dijo “¡prepárate, tienes un cuarto de hora para hacer las fotos!” La gente disfrutó del concierto, dando palmas, tarareando las canciones…, hasta que llegó un momento en el que oí mi nombre en boca de la artista. ¡Martirio dedicándome el tema “Ojos verdes”!

Mikel Erentxun, situarse y buscar seguridad. JUAN TORRE
Mikel Erentxun, situarse y buscar seguridad. JUAN TORRE

MIKEL ERENTXUN

Este artista nacido en Caracas (Venezuela), pero vasco de San Sebastián casi desde recién nacido, se le conoce en el mundo de la música tanto como líder de su famosa banda Duncan Dhu, como por su exitosa carrera en solitario. Mikel Erentxun ha tenido tiempo, además, de graduarse en Arquitectura. Juan Torre introduce en su retrato otro de esos elementos de los que venimos hablando, con los que juega a mostrarnos la luz de la oscuridad. Así fue su sesión fotográfica con el cantante:

Tenía el set de luces preparado en el Aula de Guitarra de la Escuela de Música Moderna Mr. Jam de Bilbao, donde el día anterior había hecho yo unas fotos para su boletín de noticias. Esperé en la Sala BBK, a que Mikel Erentxun terminara su participación en un programa de radio y nos acercamos en una furgona a la Escuela. El manager me dijo, “tiene que ir muy rápido, tenemos otra cita al mediodía en Donosti”, pero no pudo evitarlo, Mikel se perdió entre pasillos, siguiendo la estela de los distintos ritmos que salían de las aulas -¿Qué, cómo va eso? Los alumnos sonreían incrédulos ante la aparición. Nos preparamos para hacer la foto, le vendé los ojos, rápidamente interiorizó la situación: situarse y buscar seguridad. Y eso hizo.

Carmen París, una de las artistas más innovadoras y premiadas, suscita la curiosidad táctil de una niña. JUAN TORRE
Carmen París, una de las artistas más innovadoras y premiadas, suscita la curiosidad táctil de una niña. JUAN TORRE

CARMEN PARÍS

La carrera musical de Carmen París es de lo más singular. Sobre una base musical y cultural muy sólida, Carmen París, es una innovadora en todo lo que hace, capaz de fusionar los géneros musicales más dispares, de hacer espectáculo propio de cabaret, o de ser la voz juvenil de la conocida Orquesta Jamaica en su primera etapa profesional, hasta convertirse en la artista reconocida internacionalmente que es hoy, con una carrera llena de innovación y premios.

Como en todos sus modelos, Juan Torre la hace posar de una forma única, y como siempre, con ese mensaje implícito en todos sus retratos sobre las formas de mirar y de “ver”. Porque no todo el que mira ve.

El Drogas. ¡Surgió la bestia! JUAN TORRE
El Drogas. ¡Surgió la bestia! JUAN TORRE

EL DROGAS

Tremendo este retrato de Enrique Villarreal, cantante pamplonés, más conocido artísticamente como El Drogas, nombre también de su actual banda. Este artista fue durante tres décadas cantante y bajista de Barricada. El rock corre por sus venas. Así lo cuenta el autor de la imagen:

¡Transformación total. Quedamos en un bar, allí en La Chantrea, a las afueras de Pamplona. Estábamos tomando un café, cuando apareció Enrique Villareal “El Drogas”, con su pañuelo calado y después de las presentaciones fuimos a su estudio. Allí se nos reveló como un estudioso sobre los desaparecidos en la Guerra Civil, mostrándonos una de las paredes repleta de libros del tema. “El año pasado lo hemos dedicado a dar charlas–conciertos acústicos por los colegios de Nafarroa y a donde nos llamaran”.

La charla nos fue metiendo más y más en el tema, hasta que caí en la cuenta y empecé a montar el equipo: flashes, trípode, cámara… Después, apareció la foto, ¡surgió la bestia!

Pasky. El hombre invisible. JUAN TORRE
Pasky. El hombre invisible. JUAN TORRE

PASKI

Detrás de todo cantante, detrás de todo concierto o espectáculo, siempre están los invisibles, los imprescindible para que todo funcione, los técnicos de sonido. Juan Torre, que en otra época también estuvo en la música tocando la batería, no se ha olvidado de ellos. Este retrato de Paski es un homenaje a todos ellos. En esta composición, el técnico sigue siendo invisible, como si sobre él hubiese caído un diluvio universal de cables y conexiones de todos los amplificadores e instrumentos que tienen que sonar en cada actuación.

¡El hombre invisible! Así es. En las entrañas de la Alhóndiga de Rekalde, un barrio de Bilbao, Paski tiene, con su hermano, la empresa de sonido con más historia de los últimos treinta y cinco años. Ellos han hecho el sonido a los grupos que en aquel momento empezaban, como Los Mitos, Los Buenos, etc., numerosas giras con músicos nacionales y no han parado.

Quedamos para hacer la foto en el taller, que es como El Gran Bazar, donde encuentras de todo y todo tiene su orden. Estaban cargando dos enormes camiones de material. “Esta noche tenemos bolo en Donosti; ya sabes, somos los primeros que llegamos y los últimos en salir” ¡Son los hombres de negro, los imprescindibles-invisibles para que el concierto sea un éxito!

ELLOS SE LO PERDIERON

El aprecio que los medios, los críticos, los coleccionistas y el público han demostrado siempre hacia la obra de Juan Torre, queda acreditada por la repercusión que han suscitado siempre sus numerosas exposiciones en cualquier lugar de España y de otros países. Incluso él es uno de esos pocos artistas que pueden decir que les han robado obras expuestas. No es que sea una experiencia agradable, pero, desde luego, contribuye a dar también la medida del interés y el aprecio que sus fotografías causan.

La lista de artistas de la música que posaron para Juan Torre, logrando muchos de ellos, como “premio”, el mejor retrato de sus vidas, es mucho más larga. En la GALERÍA de arriba ofrecemos otros siete espléndidos retratos, de los muchos realizados para la serie Imágenes para tocar. El trabajo desarrollado durante estos años por el fotógrafo para alcanzar semejante logro, sin desatender sus otras ocupaciones profesionales, culturales y artísticas, ha sido, repito, colosal. Hay que imaginar a una persona prácticamente carente de visión, llegando a tantas figuras casi siempre reacias a cuestiones que se salgan del estricto programa al que se ajustan sus vidas -ensayos, grabaciones, giras, conciertos…-, y convencerlas de semejante propuesta. Pero no siempre ocurrió así. En este largo camino de Juan Torre y sus Imágenes para tocar, también hubo negativas de artistas que se sirvieron de terceros para dar calabazas al fotógrafo.

Que yo recuerde -dice Juan Torre-, solo dos cantantes a los que contacté se negaron a posar para mí, uno fue Joan Manuel Serrat, que me rechazó a través de su mánager, y Paco Ibáñez, que lo hizo a través de su mujer.

Pues no hay duda de que ellos se lo perdieron.

(José María Pagador es periodista y escritor, fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son AbeceImagindario (fotolibro, Fundación Caja de Badajoz), Lencero, el hombre que no se encontró a sí mismo (biografía, Fundación Caja Badajoz), y Susana Leroy (novela, Fundación José Manuel Lara/Grupo Planeta).

SOBRE EL AUTOR

José María Pagador Otero

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