Escribir, con E de Ellas

La marginación de la mujer ha supuesto y supone, además de un crimen, una enorme pérdida para la Humanidad, que parece empezar a corregirse al fin

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Murasaki Shikibu, seguramente la primera novelista de la historia.
Murasaki Shikibu, seguramente la primera novelista de la historia.

El Día Internacional de las Escritoras que se celebra hoy tiene un carácter reivindicativo, por la discriminación y la marginación que ha sufrido la mujer en el campo de las letras y por el enorme quebranto que eso ha supuesto para la Humanidad a lo largo de los siglos. Pero la pérdida no solo se refiere a la literatura. Durante milenios la mujer ha estado apartada de todo proceso intelectual, creativo, científico, social o político. Eso ha representado una incalculable pérdida histórica que, sin duda, ha contribuido a que el mundo sea mucho peor de lo que podría ser hoy. En este artículo reivindicamos el protagonismo que la mujer merece en todos los campos de la actividad humana, y denunciamos y condenamos la discriminación, la marginación y la violencia que todavía hoy padece incluso en las sociedades más avanzadas.

Hoy es el primer lunes más próximo al 15 de octubre, festividad de Teresa de Jesús, una de las grandes escritoras que ha dado la Humanidad, y por eso celebramos este 19 el Día Internacional de las Escritoras. Hace no mucho tiempo escribí un prólogo para La mujer que se casó consigo mismo, la novela de mi admirada compañera y colaboradora de este periódico, Elisa Blázquez Zarcero, texto que, con algunas modificaciones, creo que sirve hoy perfectamente para esta efeméride.


Genji Monogatari, escrita sobre el año 1000 por la japonesa Murasaki Shikibu, puede ser la primera novela de la historia de la literatura universal, seiscientos años antes que El Quijote.


Muchos tienen a Cervantes por el inventor de la novela en los términos en que consideramos hoy este género literario. Es más, si les preguntamos que digan nombres de escritoras anteriores al siglo XIX, y aun al XX, balbucearán si acaso media docena de ellas. Y no sería un problema de incultura, sino, sobre todo, de antropología e incluso de sociología. Porque es cierto que, hasta una determinada época de la historia, la presencia de las mujeres en la autoría literaria fue escasa, por no decir ínfima, y más aún en la narrativa.

Durante siglos el sistema ha excluido a la mujer de la cultura y de muchos otros ámbitos de la sociedad. Un sistema patriarcal y machista que durante mucho tiempo consideró a la mujer como un ser imperfecto situado por debajo del hombre, hasta tal punto que incluso en sociedades avanzadas de nuestro entorno europeo no se reconoció el derecho de la mujer al sufragio hasta bien entrado el siglo XX; y en algunas, como en Suiza, nada menos que hasta 1971.

Virginia Wolf, una de los más grandes escritores de todos los tiempos.
Virginia Wolf, una de los más grandes escritores de todos los tiempos.

LA PEOR CATÁSTROFE DE LA HUMANIDAD

Que durante milenios no se permitiera a la mujer el acceso a la educación, a la cultura, al trabajo científico, a la creación literaria y artística, a la política y a tantos campos como le fueron vedados, y que, además, ese mismo sistema sin corazón que las segregaba y las apartaba de todo lo relativo al intelecto y al espíritu humano, encima permitiera, e incluso alentara, el trato degradante y criminal que la mujer viene sufriendo desde la noche de los tiempos, eso que hoy llamamos eufemísticamente “violencia de género”; esa doble injusticia, ese doble crimen, digo, representa, sin duda, la peor catástrofe que ha padecido la humanidad desde que el primer homínido empezó a caminar erguido.


Durante siglos el sistema ha excluido a la mujer de la cultura y de muchos otros ámbitos de la sociedad.


Esa catástrofe, esa hecatombe sin parangón, al lado de la cual el Holocausto y todos los genocidios habidos y por haber de los que hablan las crónicas parecen un juego de niños, ha tenido una doble vertiente igualmente letal para la humanidad. Empezando por lo segundo, lo más atroz y cruento, el maltrato y el crimen machista, podemos hacer un cálculo aproximado de las víctimas que este fenómeno ha causado a lo largo de la historia. Según los demógrafos, en el planeta han vivido ya unos 110.000 millones de personas. Calculando que la mitad hayan sido mujeres, 55.000 millones, y aplicándoles prudentemente los índices de violencia machista actuales en Occidente, (en torno a un 15 por ciento, una tasa muy piadosa; en siglos pasados fue mucho peor), tendremos que 8.250 millones de mujeres han sufrido maltrato, tortura, vejaciones, violaciones y toda clase de tropelías a lo largo del tiempo. De entre ellas, la cifra de las que murieron asesinadas por el macho es inimaginable, probablemente centenares o tal vez miles de millones, como poco. Este es el genocidio olvidado, el más antiguo y oculto, y el que todavía pervive aun en las sociedades más avanzadas. Un genocidio perpetrado no por un régimen, no por un Estado, no por un grupo humano determinado, no por una etnia, o no solo por ellos, sino, sobre todo, por el conjunto y la individualidad de los hombres que han existido y existen. Ahora mismo, mientras escribo estas líneas, en numerosos lugares del mundo están siendo maltratadas decenas de millares de mujeres, y centenares o millares están siendo asesinadas. Y si la culpa es individual de cada maltratador y asesino, la persistencia del sistema que lo hacía y aún lo hace posible extiende esa culpa a todos y a cada uno de nosotros, los hombres, que somos los grandes beneficiarios históricos del patriarcado.

Lucia Berlin, en la imagen con uno de sus hijos, ha sido uno de los grandes descubrimientos de los últimos tiempos.
Lucia Berlin, en la imagen con uno de sus hijos, ha sido uno de los grandes descubrimientos de los últimos tiempos.

LA MITAD DE LA MATERIA GRIS

La segunda faceta de la catástrofe de la que hablo es la privación a la que ha sido sometida históricamente la humanidad de la mitad de su materia gris. La exclusión de la mujer durante milenios de todos esos campos que he mencionado antes, ha empobrecido a la humanidad hasta extremos inimaginables. ¿Cómo hubiera sido el mundo si todos esos millares de millones de cerebros femeninos hubiesen tenido acceso a la educación, a la cultura y a la ciencia? ¿Qué inventos notables nos hemos perdido, qué obras literarias maravillosas no han sido escritas, qué cuadros magníficos no han sido pintados, qué sinfonías capitales no han llegado a nuestros oídos solo por el hecho de que a la mitad de la humanidad, es decir, a las mujeres, no se les permitió crearlas? ¿Y cómo hubiera sido un mundo gobernado no solo por la testosterona, los egos y los impulsos machos?


Miles de millones de mujeres han sido maltratadas, abusadas y asesinadas en el transcurso de la historia.


No. Cervantes no es el primer novelista de la historia. Incluso a esto se aplica también una dosis de machismo, olvidándonos de que hubo mujeres que escribieron novelas antes que él. ¿Por qué no admitir de una vez que la primera novela de la que se tiene noticia es Genji Monogatari, escrita sobre el año 1000, seiscientos antes que El Quijote, por la japonesa Murasaki Shikibu, cuando se trata de un hecho constatado, y reconocido, además, por muchos estudiosos?

Pero semejante hito no puede hacernos olvidar que escritores ha habido muchos, demasiados, sin duda, y escritoras, lamentablemente, poquísimas. El sistema no lo permitía. Las mujeres no estaban para eso. Y las que escribían, como las que realizaban cualquier otra labor creativa, tenían que hacerlo muchas veces a escondidas, o arriesgando su integridad, o camuflando su identidad bajo seudónimos masculinos. Solo si su posición era elevada, y aun así no era nada fácil para ellas, tenía la mujer alguna opción de dedicar atención a estos menesteres. De la primera escritora de que se tiene noticia, la acadia Enheduanna (circa 2300 a. C.), sabemos que era hija de un rey. Y, aun así, es otra excepción.


Mi biblioteca es un lugar sagrado para mí y, sin embargo, mi biblioteca es otra prueba palpable de esta injusticia.


Es penoso, por pasar a referirnos a las raíces grecolatinas en las que bebe nuestra cultura, que desde Enheduanna tuvieran que pasar mil setecientos años hasta encontrar a otra escritora que haya quedado en la historia, nuestra Safo griega. Mientras tanto, la nómina de los escritores ha sido y es abundantísima, con la doble agravante de que muchos de ellos ni siquiera merecen figurar en el catálogo, y de que, seguramente, ocupan el lugar que les hubiera correspondido a brillantísimas escritoras que no llegaron a florecer porque la sociedad patriarcal lo impidió.

La masacre histórica sufrida por las mujeres deja pequeño el Holocausto. RTVE
La masacre histórica sufrida por las mujeres deja pequeño el Holocausto. RTVE

HASTA EL SIGLO XIX

En el ámbito español y europeo, obviando el siglo de Oro y el Renacimiento, con algunos ilustres, pero siempre escasos, ejemplos de mujeres escritoras que no voy a citar aquí, porque son de sobra conocidas y para no alargarme, no es hasta el siglo XIX cuando la mujer empieza a incorporarse a la creación literaria de forma más nutrida. Luego vendría la gran eclosión del XX y la edad de oro que vive la literatura escrita por mujeres en estos primeros años del XXI.

Mi biblioteca es un lugar sagrado para mí y, sin embargo, mi biblioteca es otra prueba palpable de la injusticia a la que vengo refiriéndome en estas líneas. Hace algunos años, ya en este siglo XXI, sentí un día la curiosidad de constatar qué porcentaje de los libros que he conservado, más de 6.000, habían sido escritos por mujeres. El resultado fue tan desequilibrado y sentí tanta vergüenza, que ni siquiera voy a desvelarlo aquí. Desde entonces dedico prioritariamente mi atención a las escritoras. De cada diez nuevos libros que compro, y compro un buen número de ellos cada año, entre ocho y nueve son de autoría femenina. Leyéndolos, descubriendo nuevas, o rescatando antiguas escritoras que había pasado por alto, me enriquezco de un modo que jamás creí que me satisfaría tanto a mi edad, después de más de sesenta y cinco años leyendo. Lo escrito por hombres de obra cimera, desde los clásicos hasta hoy, lo he leído casi todo, o, al menos, lo más relevante. Las mujeres que había leído, sin embargo, aun no siendo pocas, constituyen una minoría en comparación con los autores varones. Así que ahora les toca a ellas.

En materia de lectura, hace ya algunos años que me propuse dedicar lo que me queda de vida a leer a mujeres prioritariamente. Y lo que he descubierto en estos pocos años, lo que he aprendido, el nuevo enfoque vital que me han dado y me dan, me está haciendo mejor y contribuye en grado sumo a mi enriquecimiento intelectual y emocional, a la mejora de mi escritura, mi conocimiento del mundo, mi equilibrio, mi placer y mi felicidad. Menos mal que he llegado a tiempo. Hubiera sido horrible morir sin haber leído a los centenares de escritoras, sobre todo las actuales, que he tenido la fortuna de descubrir en los últimos lustros.

Para ayudar a nuestros lectores y lectoras a (re)descubrir el universo inmenso de la literatura escrita por mujeres, acompañamos hoy este texto con una relación de 190 autoras imprescindibles.

Hoy, por fin, sobre todo en Occidente, ESCRIBIR empieza con E de ELLAS. Espero y deseo que esto sea cada vez más habitual y que se extienda al resto de áreas culturales y países del mundo.

(José Mª Pagador es periodista y escritor, y fundador y director de PROPRONews. Sus últimos libros publicados son 74 sonetos (poesía, Fundación Academia Europea de Yuste), Los pecados increíbles (novela, De la Luna Libros), Susana y los hombres (relatos, Editora Regional de Extremadura) y El Viaje del Tiburón (novela, Caligrama Penguin Random House).

SOBRE EL AUTOR

José Mª Pagador y Rosa Puch, casi 100 años de periodismo

OTRAS INFORMACIONES

190 autoras imprescindibles

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