Hasta el 20 de mayo estará abierta en el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM) la gran exposición del destacado artista sevillano Federico Guzmán, titulada Al borde del mundo, una fantástica aproximación estética al universo mediterráneo, llena de connotaciones filosóficas, mitológicas, ontológicas, sociológicas y marinas. Federico es uno de los más importantes artistas españoles actuales y tal vez el más poliédrico, prolífico, humanista, internacionalista y solidario. Esta exposición suya es un hito en el panorama artístico español e internacional.

Valencia.-

Pocos artistas de su generación (1964) pueden exhibir un historial tan pleno, creativo, multidisciplinar e internacional como el suyo (ver la entrevista y semblanza que acompaña a este trabajo). Su extraordinaria modestia personal, rayana en el franciscanismo, es, sin embargo, el marco de una de las sensibilidades humanas, creativas y estéticas más destacadas de nuestros días. Su humildad es proporcional a su grandeza de espíritu, su dimensión humana y su enorme estatura como artista. Estás con él, le ves, le escuchas y no parece que te encuentres en la compañía de uno de los mejores artistas vivos del mundo. Aunque en ciertos ambientes artísticos se le reconoce y se le respeta, si aquí puede pasar todavía desapercibido para el gran público eso se debe a las peculiaridades sociológicas de un país como el nuestro, capaz de adorar a un futbolista y de ignorar a creadores de la talla de este. En cualquier otro de cierto nivel cultural, Federico Guzmán ya sería una celebridad a la altura de los más grandes.


Pocos artistas de su generación pueden exhibir un historial tan pleno, creativo, multidisciplinar e internacional como el suyo.


Con un historial de creación y éxitos como pocos, Federico no habla nunca de sí mismo a no ser que le preguntes, jamás presume de éxitos, que tienes que averiguar indagando en testimonios ajenos, buceando en el entorno de los entendidos o buscando en Internet. Teclear Federico Guzmán en cualquier buscador es abrirse a un asombroso universo de millones de entradas con su nombre y sus logros, un ámbito en el que predominan la originalidad, la belleza, la sorpresa, es decir, el ARTE, con mayúsculas. Pero él permanece a diario en la reclusión de su modestia y su taller, creando su obra, tan rica y variada como austera y sencilla es su vida. Una disciplina y un recogimiento que están también en la base de la dimensión internacional de su obra, en su proyección en numerosos países de continentes como América, Europa o África.

Un artista inmenso.
Un artista inmenso.

Decir todo esto viene a cuento para aproximarnos a la dimensión de la persona y del artista que expone ahora mismo en la sala sexta del IVAM valenciano, uno de los museos y centros de arte más visitados (el cuarto) y de mayor prestigio de España y del planeta (el 52º). La exposición, que se inauguró a primeros de febrero y permanecerá abierta hasta el 20 de mayo, llega estos días a su ecuador, con gran éxito de público y crítica.


Su humildad es proporcional a su grandeza de espíritu, su dimensión humana y su enorme estatura como artista.


UN PROYECTO SOBRECOGEDOR

Al borde del mundo, un proyecto estético cristalizado en una colección de diez acrílicos de gran formato realizados sobre papel y sobre lienzo, veinte linotipos y un mural monumental de 56 metros de largo por 2,10 de alto, distribuidos en las dos plantas de la Sala VI del IVAM, es un hito del magisterio indiscutible de Federico Guzmán, un artista consagrado que con esta muestra vuelve a revalidar su altura como creador.

El proyecto ha sido específicamente concebido para este espacio expositivo, que lo acoge como el guante se adapta a su mano. Los muros de la sala han sido pintados de negro y sobre ese ambiente de caverna brillan las obras de Guzmán, buscando la contraposición de la luz y la sombra que impregna la idea básica del proyecto, cuyo sustrato conceptual enlaza con un filósofo buscador de luz como Parménides. El resultado es sobrecogedor, maravilloso.

Federico, con José Miguel García Cortés, el director del IVAM, en la exposición.
Federico, con José Miguel García Cortés, el director del IVAM, en la exposición.

La exposición de Federico convive simultáneamente en el IVAM, durante algunos de estos meses, con muestras de artistas de la talla de Joan Miró, Julio González o Alexander Ródchenko en otros espacios del centro. El acompañamiento sincrónico de estos iconos del arte mundial anuncia ya, desde la juvenil madurez del creador andaluz (54 años), la indudable perduración de su obra en esa eternidad a la que están predestinados los genios. Por eso es tan enriquecedor y emocionante para este periodista poder ser acompañante y testigo, siquiera en la brevedad de unas pocas horas y en encuentros esporádicos y a veces azarosos, de la persona y los proyectos estéticos de Federico Guzmán.

Haber podido asistir (y fotografiar), en el espacio íntimo y grandioso de su estudio sevillano, tan austero y desprovisto de todo elemento superfluo, a la ultimación de esta muestra que ahora mismo está colgada en el IVAM, en Valencia, a la orilla de ese mar Mediterráneo y de ese trasfondo grecolatino que empapan estos cuadros, ha sido una experiencia casi mística, por la espiritualidad que impregna su obra y por la maestría con que consigue trasladar ese ideal al lienzo y al papel; y, desde luego, por la admirable naturalidad con que ejecuta su trabajo, como si crear arte fuera para él otra función orgánica de su ser, como respirar, latir o sentir.

Fachada principal del IVAM, donde expone Federico Guzmán hasta el 20 de mayo.
Fachada principal del IVAM, donde expone Federico Guzmán hasta el 20 de mayo.

ARTISTA, ACTIVISTA, INTELECTUAL

Las fuentes de las que bebe, los conceptos de los que parte Federico para realizar sus obras, el sentido que les da a lo largo del proceso creativo y la resolución estética de tan magno -y a la vez sencillo- empeño, todo eso prueba que estamos no solo ante un artista inmenso, sino también ante un intelectual y un activista solidario, comprometido con el ser humano y con el mundo. Por ejemplo, en esta exposición, no solo transmite, con la fuerza plástica de su arte, un mensaje de respeto a nuestros orígenes humanos y culturales, sino, lo que es aun más importante, una llamada a romper con lo superfluo y artificial y a preservar en comunidad todo lo que merece la pena de nosotros mismos y de nuestro universo.

Para transmitir ese mensaje, el artista se vale de elementos aparentemente dispares como la fisiología y la neurología evocadora de los dibujos científicos de Ramón y Cajal –tan claros en algunas de las obras que muestra en el IVAM-, o conceptos filosóficos de raíz griega, así como de material antropológico, mitológico y simbólico que, aunque muchas veces no nos demos cuenta, permanece en los genes culturales de quienes habitamos alrededor del Mediterráneo, contribuyendo a nuestra forma de pensar y de ver la vida.

El artista, en su estudio, cuando preparaba la exposición.
El artista, en su estudio, cuando preparaba la exposición.

En este empeño, además, Federico es capaz de aunar armónicamente lo físico con lo inmaterial, el pensamiento con la estética, hasta conseguir una obra que elude sabiamente el peligro de convertirse en literatura pintada, para ser exclusivamente logro plástico, es decir, ARTE. Por eso el esquematismo y la esencia triunfan sobre el barroquismo a que pudiera conducir tan fértil caudal en otro artista menos consciente. Lo cual no quiere decir que no estemos ante una obra llena de brillantez, cromatismo y complejidad conceptual y formal bajo su aparente sencillez.

ESTILO ÚNICO

Todo esto deriva en un estilo único y personal, que confiere a su obra el marchamo de la indudable autoría, de forma que hasta los no entendidos pueden reconocer en sus cuadros un federico guzmán a primera vista, del mismo modo que se reconoce un matisse, un miró o un modigliani. Pero su logro artístico va más allá y, a pesar de los pesimismos lúcidos y siempre solidarios que deja entrever en sus creaciones, al final termina triunfando también la alegría y la vitalidad desbordante de este espíritu de apariencia tranquila y sosegada, pero bajo cuya superficie late el magma de lo auténtico y lo irrefrenable, que se capta en la erupción telúrica que esta exposición representa.

Hemos hablado antes de la sólida formación cultural de base grecolatina de Federico, pero tanto en su personalidad como en su obra está presente también su sensibilidad andaluza –tan sintética de culturas y mestizajes-, esa alma de nardo del árabe español que cantaba el poeta. Eso le lleva también por caminos africanos, por esa predilección por el desierto y por quienes lo habitan y que han sido injustamente despojados de su territorio, a los que él da voz y dimensión estética en tantas acciones personales y en tantos admirables proyectos plásticos como ha llevado a cabo en el Sáhara, en España y en otros lugares. Y siempre, con la solidaridad y el respeto hacia los que sufren.

Una vista de la exposición.
Una vista de la exposición.

Todo esto lo plasma Federico Guzmán mediante toda suerte de técnicas y procedimientos, que incluyen la pintura, la escultura, el dibujo, el grabado, el tejido, la instalación o la performance, con la misma maestría e idéntico resultado de alto nivel estético, a la altura del mejor arte que pueda hacerse hoy en cualquier país del mundo.

Federico Guzmán, que ha viajado por medio mundo, que ha vivido en diferentes países y conoce las propuestas estéticas que puedan deslumbrar en Nueva York o en París, ha sintetizado después todo ese cosmopolitismo en su Sevilla, desde donde el faro de su arte alumbra en todas las direcciones del planeta.

Otra faceta que distingue el proceso creativo de este artista, cuyos talleres abiertos, cursos y másteres despiertan siempre un gran interés, es su dimensión colaborativa y didáctica. En el caso de la exposición del IVAM, esta particularidad suya queda de manifiesto en el monumental mural que ocupa toda la planta superior de la Galería VI, que fue realizado entre Sevilla y Valencia, bajo la idea, diseño y trabajo directo de Federico, con la colaboración de cerca de medio centenar de personas, entre ellos, varios niños.

En resumen, una exposición imprescindible que muchos valencianos, españoles y aficionados y viajeros de otros países están visitando en el prestigioso centro de arte de Valencia y que está mereciendo, como no podía ser menos, la atención y el elogio de los medios, la prensa y la crítica nacionales, en una unanimidad que solo se da ante los grandes. Además de la prensa levantina, los grandes medios de este país, El Mundo, La Vanguardia, ABC, El Periódico, El País, etc., están dando cumplido testimonio del merecido y renovado éxito de Federico Guzmán, del que esperamos grandes logros en el futuro.

(Reportaje fotográfico de José Mª Pagador)

(Las fotografías de la inauguración y de la realización del mural han sido cedidas por el artista)

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