jueves, 9 febrero, 2023
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27 años después

De cómo el autor de este texto explica las razones por las que ha permanecido sin publicar un libro impreso durante más de un cuarto de siglo

Frecuentemente, el regreso al lugar del origen resulta muy grato. Eso me sucedió el jueves, 12 de enero, cuando acudí a Madrid a cerrar el ciclo de presentaciones de mi libro Los escarpes de la edad (Nuevo (y gran) libro de poemas de Gregorio González Perlado). Y se hizo con todo lujo de atenciones y partícipes. Nos cupo la satisfacción de ver lleno de público el Taller de Ideas de la biblioteca del Retiro. Y me cupo el honor, también, de contar con dos grandes personajes en la mesa del acto: mi siempre querido amigo Andrés Aberasturi, que bordó su presentación del libro, y Laura de Miguel, que es una gran recitadora de poemas. No pretendí más. Creo que resultó como ha de ser un cierre de tournée.

Gregorio González Perlado
Gregorio González Perlado

Desde el último mes de noviembre he pasado por Arganda del Rey, Cáceres, Badajoz y, finalmente, mi ciudad natal. Lugares diferentes, con distinto nivel cultural ciudadano, pero con relativo interés por acontecimientos similares al que he protagonizado. Relativos, escribo, no escasos. Y sin embargo en cada uno de ellos se han repetido determinadas cuestiones al abordar el coloquio final. Pero a las consabidas preguntas referidas a mis razones por ser un ‘bicho raro’ que escribe poesía, se ha unido una redundante en cada plaza: “¿Por qué has tardado 27 años en volver a publicar?”. Y es comprensible, pues a muchos asistentes ello parecía resultarles extravagante, más aún cuando -como expliqué- yo no he dejado de escribir en ese largo cuarto de siglo.


En cada acto de presentación del libro ha habido una pregunta recurrente: “¿Por qué has tardado 27 años en volver a publicar?”. Y es comprensible, pues parecería extravagante.


En lo referido a este prolongado silencio, es grande mi parecido con el recordado José Hierro, sublime poeta que murió hace 20 años y del que recientemente se ha cumplido el centenario de su nacimiento. Pepe, como casi todo el mundo le llamó, publicó su último libro, ‘Agenda’, en el año 1991. El anterior data de 1964. Total, 27 años de carencia. Coincide conmigo, aunque yo no lo haya pretendido y la sincronía se quede ahí. Al aparecer su último libro, el poeta declaró que la poesía sopla donde y cuando quiere y que, por lo tanto, él solo escribía cuando no podía hacer otra cosa. No ha sido mi caso.

ABANDONÉ MI VOLUNTAD DE PUBLICAR

Yo escribo desde hace algo más de 60 años, y no lo hago a diario ni de 8 a 14 horas, como pretendía Camilo José Cela que le creyéramos, porque declarar eso me parecería una ‘boutade’, es decir, una actuación que se pretende ingeniosa y que quiere impresionar, aunque resulte poco o nada creíble (caso de Cela). He escrito durante bastante más de medio siglo, no he dejado de hacerlo en los pasados 27 años (caso de Hierro), pero sí he abandonado en ese largo periodo de tiempo mi voluntad de publicar.


Respecto a este largo silencio, es grande el parecido con el recordado José Hierro, que también estuvo todos esos años sin publicar.


En 1995 apareció en la Editora Regional de Extremadura mi libro Al cabo, nada os debo (raíz machadiana, sin duda). Anuncié en él veladamente que dejaría la poesía para ocupar mi vicio de escribir en la narración y el ensayo, pero fue un paso en falso, pues, aunque sí trabajé en el proceso narrativo (no así en el ensayo), no pude o no quise zafarme del verso. Y pese a que se anunciasen una vez más, como siempre, los malos tiempos para la lírica, yo persistí en ella.

Entrado ya el nuevo milenio (allá por 2008 o 2009), acabé un libro y pretendí publicarlo. Entonces llamé a la puerta de la editorial donde, además de mi último título, había aparecido otro en 1993, Cariátide: la Editora Regional de Extremadura, a la que ya me he referido, la que yo puse en marcha en 1984, de la que fui su primer director. Creo recordar también que por aquella época la ERE iba a cumplir su cuarto de siglo y supuse que sería un buen momento para que su director de entonces, Luis Sáez Delgado, incluyese en unos posibles festejos la nueva obra de quien fue fundador (por nombramiento) de esa noble empresa.

“EN MI LIBRO DE LOS OLVIDADOS”

Me topé con un muro, pues Sáez desatendió mi propuesta, no la apreció, (escribámoslo así, seré benévolo), ya que ni siquiera me permitió que le remitiese la obra para conocerla y examinarla. Comprendí que los tiempos ya no eran los mismos ni tan agradables, y que, además, yo no estaba dispuesto a recorrer un tortuoso camino de intenciones descompuestas merodeando en torno a las editoriales, para arriesgarme acaso a encontrar respuestas desabridas similares o, en otro extremo, no recibirlas. Lo de Sáez no era (así me lo pareció), una excepción, de modo que le borré de la lista, le incluí en mi Libro de los Olvidados y seguí escribiendo a mi manera.


En 1995 apareció mi libro ‘Al cabo, nada os debo’ y anuncié veladamente que dejaría la poesía, pero fue un paso en falso, pues no pude o no quise zafarme del verso.


Supuse que no volvería a publicar en papel impreso, ni a intentarlo. No ha sido así por la persistencia de una dignísima escritora y excelsa pintora y dibujante que, a un mayor abundamiento, es mi hermana: Esperanza González Perlado. Durante meses me estuvo diciendo que tan largo silencio debería terminar y que la calidad de Los escarpes de la edad no podía quedar en el archivo de un ordenador o guardada en una gaveta. Insistió tanto y creyó tanto en la obra que terminó por convencerme. Y así he vuelto al papel impreso 27 años después, pero evitando expresamente a las editoriales públicas y privadas, siendo congruente con mi decisión de años atrás y utilizando la autoedición como fórmula eficaz de ser yo mismo para mí mismo.

Seguramente volveré a utilizar este procedimiento cuando dentro de dos o tres años me encuentre preparado para editar mi Poesía Completa, como ahora es mi intención. He encontrado un método cómodo, directo y, sobre todo, noble; una forma de llevar directamente mi obra hasta los lectores, sin la criba ni el tamiz tan poco o nada objetivos que podría imponerme algún editor. Alea iacta est.

(Gregorio González Perlado es periodista y escritor).

SOBRE EL AUTOR

Gregorio González Perlado, un gran periodista y poeta, se incorpora al equipo

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