martes, 27 febrero, 2024
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De los excesos de los de arriba y las dejaciones de los de abajo

La crisis actual va a afectar a la sociedad española de un modo tan profundo y duradero que no puede por menos que suscitar esperanza. Esta frase no es mía, sino que la escribió Víctor Pérez-Díaz, catedrático de Sociología de la Universidad Complutense y una de las grandes figuras españolas de las ciencias sociales contemporáneas. La razonó y justificó en un extenso artículo publicado hace trece años, pero con una vigencia asombrosa.

Gregorio González Perlado
Gregorio González Perlado

Con el artículo de Pérez-Díaz he topado gracias a mi discreta hemeroteca personal, y en el que he reconocido que, con tristeza, a la sociedad que hemos vivido en 2022 y a la que, así lo predigo, compartiremos en este año nuevo (de número, pero viejo en intenciones, así lo temo). Como Pérez-Díaz, yo quise creer hace pocos años -fundamentalmente durante la pandemia- que la gélida inmersión en los abismos de la nada devolvería la lucidez a la mayoría de la sociedad, arrojada al Tártaro por la minoría de la sociedad. Ahora ya me resulta difícil suponerlo.


Los excesos de los poderes político y empresarial y las dejaciones de una ciudadanía tipo nos han conducido a una crisis muy profunda


He escrito en varias ocasiones que los poderosos grupos capitalistas salen fortalecidos de cada crisis merced al apoyo económico de los gobiernos; añado ahora que los débiles ya lo son mucho más y que su curva descendente va en aumento.

UNA HABITACIÓN A OSCURAS

A mediados de 2008, cuando saltaron las alarmas (que suenan más alto actualmente), la sociedad del mal conocido como mundo civilizado ocupaba una inmensa burbuja, y los políticos, una habitación a oscuras. Tuvo razón el catedrático Pérez-Díaz al escribir que “cuando un país es como una habitación a oscuras, nadie ve nada, nadie escucha nada, y los consejos se los lleva el viento. Si son los que las gentes quieren oír, no hacen falta; y si no los quieren oír, es obvio que no los oyen y tampoco son necesarios”. Pero, como suele suceder al generalizar, se excede. No creo que en todos los años transcurridos hayan sido los países (los ciudadanos, en fin) los que habitasen en las sombras, sino los que los gobiernan. Y en ese gran círculo del mando están inscritos los políticos en ejercicio, pero no en primer lugar, sino cuantos sin dar la cara, pero con mucha cara, controlaron y controlarán el destino del planeta desde las multinacionales y los bancos.


Vivimos en sociedad que, más que de consumo, aparenta ser una sociedad consumida


Aquellos que no acostumbran a salir en los medios de comunicación.

Casi todo debería cambiar para que el mal conocido como mundo civilizado abandonase el abismo. Quizás no tanto como para reconvertirnos en seres humanos, por supuesto, y aún menos en individuos pensantes para los que primase la razón, el respeto al prójimo, el apoyo al desvalido y el recelo permanente ante cualquier tipo de absolutismo económico en una sociedad que, más que de consumo, aparenta ya ser una sociedad consumida. Pero el reencuentro con el humanismo se me presenta hoy como el anhelo de un loco. Por eso doy por cierto que la crisis no suscita esperanza, al menos como entiendo esa esperanza: alejada de la macroeconomía e integrada en el microcosmos inteligente de cada uno de los individuos.

UN RETORNO ESCABROSO

Aseguró Pérez-Díaz que la desconexión actual entre la clase política y la ciudadanía es responsabilidad de ambas. Estaba en lo cierto hace trece años y aún más hoy. Y ofreció unos datos extraídos de sus propias encuestas: En España, el 43% de los ciudadanos no confiaba en ninguno de los dos partidos mayoritarios (aunque ahora ya no son dos). En consecuencia, tampoco en sus líderes. Así, pues, hemos llegado a un confuso punto del camino en el que el retorno a la luz es aún más escabroso que lo andado. Lo acepten o no unos y otros, lo tenemos merecido.


Hemos llegado a un confuso punto del camino en el que el retorno a la luz es aún más escabroso que lo andado


De una parte, el poder. Políticos que lo han ostentado [en el sentido literal del verbo] sin aprecio por el contrario y, menos aún, por quienes les otorgaron su voto, a quienes tuvieron en cuenta en la hora de las urnas y relegado de sus decisiones en el resto de las épocas. Empresarios deshumanizados para quienes el empleado se convirtió en otro artículo de irracional consumo, para usar y tirar como un electrodoméstico cuando comienza a dar problemas. Banqueros acaparadores hasta la avaricia, como calcos de Ebenezer Scrooge, el siniestro personaje creado por Charles Dickens.

CONFORMIDAD CON LA GRISURA

De otra parte, un ciudadano tipo que ha olvidado su inteligencia, su capacidad de pensar y, aún más, de tomar decisiones basadas en la razón. Desprovisto de interés por la cultura y por las artes, inmerso en una vaciedad existencial, conformado con la grisura, acoplado en su intimidad cotidiana. Desvinculado de importantes obligaciones, como eran, y siguen siendo, las de manifestar públicamente al poder que le gobierna [desde los palacios presidenciales o desde los despachos multinacionales] que él es protagonista del drama, un drama que, a la vista está, ha acabado convirtiéndose en tragedia.


El ciudadano medio habría de ser el protagonista del drama, un drama que ha acabado convirtiéndose en tragedia


Los excesos del poder y las dejaciones de la ciudadanía tipo nos han conducido a la crisis. A una situación que, como ya explicó hace años el catedrático Pérez-Díaz, afecta a la sociedad española de un modo profundo y duradero. Respecto al mundo que nos aguardaría tras una hipotética salida del abismo, ¿cómo ser optimistas?, más aún cuando el poder es y seguirá siendo un recalcitrante estatismo. Giuseppe di Lampedusa lo escribió en ‘El gatopardo’: “Algo tendrá que cambiar para que nada cambie”. El adocenamiento del ciudadano tipo y las pautas que marca el poder nos abocan a este ‘gatopardismo’: propugnar un cambio para que nada cambie, para que el núcleo del sistema permanezca. Tú arriba y yo abajo. Como es costumbre.

(Gregorio González Perlado es periodista y escritor).

SOBRE EL AUTOR

Gregorio González Perlado, un gran periodista y poeta, se incorpora al equipo

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