Monleón adversus empresarios y burócratas

El Festival de Teatro Clásico de Mérida y quienes lo aman echan de menos la figura del gran y honesto director

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José Monleón en 2008, año en el que recibió el premio Scaena en el Teatro Romano.
José Monleón en 2008, año en el que recibió el premio Scaena en el Teatro Romano.

Uno de los más importantes teóricos y críticos teatrales de este país, José Monleón, fue el primer director estable del Festival, tras la constitución de su patronato. Lo internacionalizó. En él estuvo desde 1984 hasta 1989. Su sombra sobre la escena del Teatro Romano siguió siendo alargada durante muchos años. En la actualidad, de ella no resta ni su estela.

“Nos está ganando la partida el dinero, la cultura de empresa,

el interés económico y el éxito, palabra horrorosa”.

José Monleón

No ha habido en el Festival de Mérida un personaje tan irrepetible como José Monleón. No solo fue director de la muestra desde 1984 hasta 1989, sino que años después se convirtió en su más importante cronista histórico, con la publicación del libro ‘Mérida, los caminos de un encuentro popular con los clásicos grecolatinos’, que publicó en el año 2004, y del que en 2010 apareció la segunda edición, ampliada y actualizada por el propio Monleón. Me cupo la satisfacción de trabajar estrechamente con él en este proyecto, como editor de la obra en ambas ocasiones.


Durante 5 años Monleón fue el tutor de un festival adolescente abocado a lograr su mayoría de edad. Y así lo hizo, asido a sus propios principios, sin abdicar de la idea ni del origen republicano de la muestra.


Si acaso un día el Festival de Mérida volviera a ser una manifestación cultural de primer orden en el panorama europeo y un aglutinador de intereses intelectuales y artísticos de los países mediterráneos, como lo concibió y procuró el maestro Monleón, y como lo secundaron algunos, sólo algunos, de los directores que le sucedieron, entonces sí sería bueno evocar nuevamente la sentencia que él dejó escrita en su libro sobre la historia de la muestra, y que yo recuerdo ahora porque ahora concretamente es cuando se ha olvidado.

El maestro escribió que “el festival no lo inventó un empresario, ni una agencia de turismo, ni un burócrata. Nació de un proyecto cultural y político, cuyas características marcaron sus comienzos y señalan, en las nuevas circunstancias del país y del mundo, el camino a seguir”.

José Monleón y Rafael Alberti en Mérida, en 1986.
José Monleón y Rafael Alberti en Mérida, en 1986.

Una certera frase que algunos no olvidamos ni olvidaremos, mientras que otros, empresarios y gestores políticos, la han marginado, no sé si para siempre.

El HOMBRE Y LA IDEA

A diferencia de José Tamayo –otro nombre histórico en la muestra-, la pasión de José Monleón en Mérida se transfiguró en la idea. Teatro, cuidada ideología teatral y muchas dosis de congruencia. Monleón se convirtió en 1984 en el primer director estable del Festival de Teatro Clásico de Mérida, coincidiendo con la transferencia del certamen a la Comunidad Autónoma de Extremadura, un hecho crucial para su futuro conseguido a fuerza de empeño y constancia por un político entonces tan audaz como singular, Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Uno y otro, político e ideólogo, se empeñaron en dar permanencia, contenido y carácter al festival. Y bien lo lograron: la sombra de aquella fructífera etapa siguió siendo tan alargada que la mayoría de gestores artísticos que pasaron después, con frecuencia tomaron al maestro como refugio y paradigma.

Entre 1984 y 1989 Monleón fue el tutor de un festival adolescente abocado a lograr su mayoría de edad. Y así lo hizo. En esos años de democracia plena y con un campo abonado para el fomento de la ideología cultural, él se asió a sus propios principios, no abdicó de la idea ni de los orígenes republicanos del festival. Con su correcta actitud consecuente y su irrefutable coherencia.


La sombra de aquella fructífera etapa siguió siendo tan alargada que la mayoría de los gestores artísticos que pasaron después por el Festival, con frecuencia la tomaron como refugio y paradigma. Hoy nada queda de aquello.


Él estableció la línea internacional del Festival desde la primera obra que abrió su etapa: Los caballeros, de Artistófanes, para cuyo montaje escogió al Teatro Griego de Atenas, que fundó Karolos Koun. Ello suponía la manifestación de su firme creencia, como recordó 15 años más tarde, de que el teatro griego es una pieza imprescindible en la historia dramática y de que, con él, Mérida mantenía un compromiso: que los autores grecolatinos no se quedaran en los libros y en los estudios de los filólogos. Los montajes que programó Monleón en su etapa, además de expandir por primera vez el Festival y el nombre de Mérida por varios países europeos, excedieron en mucho de la prudencia y la cicatería con la que se acostumbraba a tratar a los clásicos en la escena española, según sus propias palabras.

EL FIN DE UN PRINCIPIO

José Monleón en 1984, cuando asumió la dirección del Festival de Mérida.
José Monleón en 1984, cuando asumió la dirección del Festival de Mérida.

Dimitió en 1989, cuando el discurso político primó sobre su discurso artístico. Monleón nunca pretendió ni aceptó que el festival emeritense tuviera el más mínimo glamour, que los géneros ajenos a la ideología de la muestra se impusieran sobre su crédito artístico. En él no primaban los datos de taquilla (como sucedió después de él y, aún más, sucede hoy); lo importante era que el espectador acudiera a las cáveas del teatro consciente de lo que iba a ver y, sobre todo, de lo que había visto. Para cumplir esa finalidad, dijo él, lo esencial no era llenar de público los asientos del espacio romano, sino hacer teatro clásico grecolatino de calidad. Y lo hizo.

Los gestores políticos se avinieron a esta propuesta inicialmente; sin embargo, al final no. En su último año de dirección, 1989, le impusieron en la programación el espectáculo operístico Medea, con Montserrat Caballé y José Carreras (que, por supuesto, llenó el coso con público de pago y de invitación). El maestro se manifestó contrario a este derrotero (pocos años después, el tenor Alfredo Kraus, en Mérida, le dio la razón al declarar que el Teatro Romano no era adecuado para la ópera).

Y se fue. La ideología del Festival de Mérida no desapareció enteramente con él porque otros directores se apoyaron en sus principios para programar y gestionar la muestra. Tal es el caso, de Espectáculos Ibéricos -en ciertos momentos-, de Jorge Márquez -casi siempre-, de Paco Suárez -en hechos puntuales-, y de Blanca Portillo -en su brevísimo paso por la muestra-.

En la actualidad, la sombra de José Monleón sobre la escena del Teatro Romano ya no es alargada, como hasta hace años. Simplemente no existe.

Segunda edición del libro sobre la historia del festival (1933-2010).
Segunda edición del libro sobre la historia del festival (1933-2010).

(Gregorio González Perlado es periodista y escritor. De 1984 a 1989 fue miembro del Patronato del Festival de Teatro Clásico de Mérida. Entre 2001 y 2012 fue jefe de prensa del Festival, primero; coordinador de la muestra, después; y director de su Centro de Documentación e Investigación, finalmente).

SOBRE EL AUTOR

Gregorio González Perlado, un gran periodista y poeta, se incorpora al equipo

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