Ahí está el detalle

Un gesto de genialidad irreverente podemos encontrarlo no solo en los reconocidos grandes creadores, sino en personajes cinematográficos a los que acaso ustedes no suponen una trascendencia superior a sí mismos. Por ejemplo, el Cantinflas de Mario Moreno

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Mario Moreno en una escena de 'Ahí está el detalle'. (Cortesía de la Fundación Mario E. Moreno A.C.).
Mario Moreno en una escena de 'Ahí está el detalle'. (Cortesía de la Fundación Mario E. Moreno A.C.).

La consecución de un destacable grado de irreverencia en lo que se dice, lo que se escribe o lo que se plasma ha sido y es uno de los objetivos de los creadores artísticos que buscan pasar a la posteridad por sí mismos, sin compañía de otros. Los surrealistas y los dadaístas franceses fueron unos avanzados en el género, con la incursión de algunos españoles que, sin presente ni futuro en su pueblo ni en su patria, cruzaron los Pirineos para reconocerse en París. De entonces acá, algunas huellas han ido quedando de tanta genialidad irreverente. Escasas, sin embargo. Fernando Arrabal es todavía uno de los afrancesados que considera que la manifestación artística y sus expresiones han de ser, sobre todo, descaradas. De los que aquí han desarrollado una creatividad sin lagunas, el mejor ejemplo lo encontramos en José Luis Cuerda. Treinta años se han cumplido ahora de ‘Amanece, que no es poco y un cuarto de siglo de ‘Así en el cielo como en la Tierra, dos películas geniales, porque son irreverentes con el poder y con la gloria. Si ustedes aún no las han visto y se animan a ello comprenderán porqué, y sabrán que han tropezado con dos obras de arte, es decir, con creaciones artísticas a las que el tiempo, en vez de envejecerlas, las mejora. Ahí está el detalle.


En ‘Ahí está el detalleel actor logró su creación más descarada. Por eso todavía hoy es considerada la mejor de su producción. En ella es un recalcitrante vividor de tres al cuarto que protagoniza una secuencia antológica.


Gregorio González Perlado
Gregorio González Perlado

Un detalle que podemos encontrar no sólo en la permanente contemporaneidad de Cuerda y en la extravagancia de Arrabal [sin embargo, todavía], sino en personajes cinematográficos a los que acaso ustedes nunca han supuesto una trascendencia superior a sí mismos, una identidad propia y luminosa. Es el caso de Mario Moreno, mundialmente conocido como Cantinflas, sobrenombre que utilizó desde su primer gran éxito, ‘Ahí está el detalle. El actor hizo películas ‘para todos los públicos porque los censores de la época, además de incultos, eran cegatos y sordos, pues la irreverencia de algunos de sus monólogos no pasaba desapercibida para los oídos que sabían escuchar.


Una frase de Gonzalo Suárez en ‘El detective y la muerte’ resume lo que ha de ser una obra de arte. Javier Bardem le dice a Charo López: “El tiempo se acuesta contigo, pero no consigue joderte”. Ahí está el detalle.


SU CREACIÓN MÁS DESCARADA

En 1940 trabajó en ‘Ahí está el detalle, y logró su creación más descarada. Por eso todavía hoy es consideraba la mejor de su producción. En ella, Mario es un recalcitrante vividor de tres al cuarto, a quien su novia le echa en cara tanta vagancia. Conozcan o recuerden esta secuencia:

– No hay nada más noble ni que dignifique al hombre que el trabajo -le dice la novia-. ¿Nunca has sentido ganas de trabajar?

– Ganas sí, seguro, pero para eso soy hombre -responde Cantinflas.

– ¿De verdad?

– Seguro, para aguantarme las ganas como los machos. Además, ¿trabajan los ricos? ¿A que no? Si el trabajo fuera bueno ya lo tendrían acaparado los ricos. Y además, yo no puedo trabajar porque mis creencias religiosas no me lo permiten.

– ¿Tus creencias?

– Seguro, ¿a poco no has leído la Biblia?

– No.

– Pues ni yo tampoco, pero hay una cláusula (creo que es la cláusula de exclusión), que te voy a contar: Aquí está el Edén, el del más allá, el del infinito, el de la gloria, lo incognoscible… Entonces Adán acá, Eva también, en el Edén con la serpiente, que ya estaba allí con la manzana, y los dos se la tomaron y entonces Dios dijo: “A mí esas cosas no me gustan”. Y entonces mandó al ángel de las llamotas que les corriera. ¿Y sabes qué les dijo Dios?

– ¿Qué les dijo Dios?

– Dios les dijo adiós. Y les dijo a los dos: “Comerán el pan con el sudor de su frente”.

– ¡Muy bien dicho!

– ¿Pero qué bien dicho ni qué? Es que entonces ahí está el detalle del trabajo. Que sólo los que son tontos comen pan con sudor y que eso, además de molesto, es una cochinada. ¿Dónde has visto tú? Por eso yo no trabajo. Mientras se sude no trabajaré nunca.

– No trabajas porque no eres tonto y porque yo sí lo soy.

– No, mujercita, es que yo…

– Es que tú eres un vago incurable.

– Eso sí, porque el doctor me lo dijo, incurable, y porque, ¿ves?, tiene razón. “Usted”, me dijo, “no debe trabajar; sólo coma y coma”. Así es que pasemos a otra cosa, que el pollito se está enfriando y lo voy a untar. ¡Por prescripción médica!

Este casi monólogo de Mario Moreno fue en 1940 tan provocador como irreverente. Genial. Pasó desapercibido gracias a la comicidad del artista y por eso hoy podemos volver a escucharlo tan chispeante como hace 79 años. Una frase -también descarada- del novelista y cineasta Gonzalo Suárez, incluida en su película ‘El detective y la muerte, resume en pocas palabras lo que ha de ser una obra de arte. Javier Bardem le dice a Charo López: “El tiempo se acuesta contigo, pero no consigue joderte”. Eso es. Ahí está el detalle.

(Gregorio González Perlado es periodista y escritor).

SOBRE EL AUTOR

Gregorio González Perlado, un gran periodista y poeta, se incorpora al equipo

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