martes, 9 agosto, 2022
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Miguel Murillo, el gran gestor cultural de Extremadura

Recién jubilado, ha ejercido como maestro, directivo de Extremadura Enclave´92, máximo responsable de la ERE y director del Teatro López de Ayala de Badajoz

Es tal vez el mejor gestor cultural de Extremadura y, desde luego, uno de los grandes dramaturgos que ha dado esta tierra en su historia. De la brillante trayectoria de Miguel Murillo como autor teatral dimos cuenta hace algunas semanas (Miguel Murillo, el creador poseído por un sueño). Hoy, con motivo de su jubilación, repasamos su trayectoria como educador -ejerció durante años la docencia como maestro- y, sobre todo, como gestor cultural durante las últimas décadas, en su tarea, entre otras, de director de la Editora Regional de Extremadura y, sobre todo, como director del Teatro López de Ayala de Badajoz. A la cabeza de este centro, joya de la corona de la actividad cultural en Extremadura, le ha sustituido el prestigioso periodista y gestor cultural Ángel Luis López Santiago, cuyos primeros meses al frente de la institución no han podido ser más fructíferos.

Badajoz.-

Si brillante es su actividad como autor teatral, y casi todas sus obras se representan con éxito, Murillo tiene también una destacada labor en las instituciones extremeñas como organizador cultural. Hasta 1988 ejerció de maestro en varios colegios, donde practicaba el teatro con sus alumnos (con su primer texto “Arlequín y el corazón perdido” obtuvo el premio de teatro infantil en un certamen de colegios). Pero ese año dejó la docencia, atraído por un empleo que, con motivo del Quinto Centenario del Descubrimiento de América, se desarrollaría en la región bajo la denominación de Programa Extremadura Enclave 92. Fue un puesto adscrito a la presidencia de la Junta que le ofrecieron para colaborar en la organización de diversas actividades educativas y culturales. Aquel trabajo le permitió entrar en contacto con personalidades latinoamericanas y españolas de todos los ámbitos.


“En las actas de los Consejos Rectores del Teatro López de Ayala se refleja perfectamente la sintonía y colaboración que han existido en estos 26 años entre personas de diferentes grupos políticos”.


PREGUNTA: Háblame sobre tu paso por la Administración extremeña, donde trabajaste para Enclave 92, Editora Regional y Teatro López de Ayala.

RESPUESTA: En la Oficina Enclave 92 fueron cuatro años de actividad intensa, junto al periodista Luis Á. Ruíz de Gopegui (director). Conocí y viví momentos inolvidables con los más destacados escritores latinoamericanos. Creo que una de las actividades que más interés suscitó y que definió mejor las líneas de nuestro sentido en esa celebración fue el Congreso sobre Derechos Humanos celebrado en 1990. Tuve el honor de acompañar y compartir muchas experiencias con Hortensia Bussi (viuda de Salvador Allende), Rigoberta Menchú, Carlos Altamirano o el fiscal argentino Strassera (colaborador en el Informe Sábato que sirvió para procesar a los militares de la dictadura argentina) También pude viajar varias veces a América (Chile, Argentina, Brasil…)

El autor de la entrevista, con la actriz Diana y Miguel Murillo, montando su superespectáculo ALBORADA, en 1988.
El autor de la entrevista, con la actriz Diana y Miguel Murillo, montando su superespectáculo ALBORADA, en 1988.

Le comento a Murillo que, en mi opinión, esta entidad oficial, que ciertamente manejó mucho dinero en viajar por aquí y por allá, no hizo lo debido por promover la cultura activa. En teatro apenas creó nada. Recuerdo que me llamaron para colaborar en algunos proyectos dramáticos, que se frustraron por la pésima gestión –sometida a las veleidades fantasmas e intereses por “agradar” al Presidente (entonces Juan Carlos Rodríguez Ibarra- de sus máximos responsables, que desconocían los sistemas de producción teatral. Un ejemplo fue un macro-espectáculo sobre el Descubrimiento que se intentó hacer en Trujillo. De aquellas iniciativas, la única que salió adelante fue Alborada, un texto poético/musical de Murillo sobre la historia de la región a través de sus fiestas populares, representado en la Plaza Mayor de Trujillo el día de Extremadura en 1988. Estuve en la dirección artística (que hice gratuitamente, pues devolví el cheque que me enviaron). El espectáculo se hizo con cerca de cien artistas (entre ellos Monserrat Caballé, Víctor Ullate, Pablo Guerrero y los más significativos grupos etnográficos extremeños que participaron teatralmente). Fue visto por muchos miles de espectadores. Un reportaje lo calificó de “muy atractivo” teatralmente e “impresionante” por su belleza visual (El Periódico Extremadura, 9.9.1988). Lo que me pareció inconcebible fue la convocatoria pública de un Premio de Teatro Iberoamericano, que estaba dotado con 15 millones de pesetas (cantidad exagerada que dio lugar a desconfianzas).


“Una sola producción del Festival de Mérida cuesta el doble que el presupuesto total de quince representaciones, gastos y demás del Festival de Teatro Contemporáneo de Badajoz”.


P: Me llamaron para participar como jurado, pero el concurso se desconvocó sin dar explicaciones a nadie ¿sabes qué pasó con este premio?

R: Como muchas otras iniciativas, aquel premio no se hizo. Las causas exactas de la desconvocatoria no las conozco, creo que algo tuvo que ver el Ministerio de Cultura, también la parte económica, pero no puedo determinar la causa exacta.

Murilllo, entre los premiados con la Medalla de Extremadura.
Murilllo, entre los premiados con la Medalla de Extremadura.

EDITORA REGIONAL

P: Cuando terminó la celebración del V Centenario, la Oficina Enclave 92 desapareció y fuiste nombrado –en 1993- director de la Editora Regional de Extremadura. Cuéntame lo que te pareció bueno y malo de la gestión en esta institución.

R: Mi tarea consistió en ordenar las distintas colecciones de publicaciones, buscar una imagen que identificara las obras que de ahí salían, y, sobre todo, pelear para conseguir un presupuesto decente que permitiera a la Junta de Extremadura disponer de un instrumento de promoción de nuestra producción literaria. Tuvimos enormes dificultades y no puedo ocultar que en muchas ocasiones rozamos el fracaso. Era común utilizar el libro como un tipo de compensación y se daba la circunstancia, no sé por qué fenómeno político extraño, de que llegaban hasta nosotros bastantes ediles solicitando una publicación que hablara de sus localidades, festejos, historia etc. En el fondo, se trataba de una iniciativa positiva que ayudaba a promocionar lugares y hechos desconocidos para muchos extremeños y, por supuesto, españoles. Llegamos a reeditar una guía de monumentos extremeños que es una referencia. También, y en el lado negativo, vi cómo algunas publicaciones, como un libro, casi joya, sobre el Festival de Teatro de Mérida, era “guardado” en almacenes, ya que su contenido, referencias críticas a alguna etapa del Festival, no era del agrado de alguien en la Administración.


“En el desempeño de mi trabajo han existido intentos, pocos, de utilización del Teatro como instrumento para determinada propaganda”


P: Aquel primer “libro-joya” sobre el Festival de Mérida recuerdo que se editó con presupuesto del Centro Dramático Regional. ¿Acaso fue que ese libro “guardado” se sustituyó por otro libro nuevo, del mismo autor, escrito desde el triunfalismo más descarado?

R: El libro sobre el Festival, no se sustituyó, sino que se modificaron los capítulos más críticos y se elevó el nivel de triunfalismo. La Editora Regional no tuvo nada que ver, ya que aquellas modificaciones se hicieron desde otras instancias, incluido el propio Festival.

P: Recuerdo también un lance “gracioso” en esta etapa que dirigiste la Editora Regional, en la que yo estaba de director del Centro Dramático y de la Música. Los dos departamentos eran dependientes de la Junta de Extremadura. Fue cuando la jefa del Gabinete de Prensa del presidente Rodríguez Ibarra nos llamó, porque la tertulia del programa Protagonistas de Onda Cero había otorgado el premio de “Tarugo del Año” al presidente extremeño, al que pidieron que aceptase ir a recoger con buen sentido del humor. Esta periodista nos pidió que redactásemos el discurso, de forma “ocurrente e intencionada”, ya que nos consideraba los cómicos más rebeldes de la región. Y como ambos trabajábamos en la institución, nos dijo que había que mojarse. Lo hicimos, porque en aquel momento los insultos y descalificaciones de los periodistas contertulianos fueron injustos contra un presidente que acababa de ganar las elecciones por mayoría. Pero nunca supe qué se hizo de aquel discurso (que tengo publicado como un retablo de títeres en mi libro TEATRO MALDITO Y BENDITO). Lo que sí recuerdo es que aquella jefa de Gabinete llegó a ser diputada de larga duración en el Congreso. ¿Tú supiste algo de cómo terminó aquello?

R: Aquel discurso jamás se pronunció. El programa, con Luis del Olmo, se llevó a cabo en un tono distendido, aunque el público que llenó el teatro Menacho, hábilmente dirigido por la oposición, abucheó al presidente cuando entró en escena. Después, la cosa se ablandó y acabó de la mejor forma. Rodríguez Ibarra se pilló un enfado monumental, que manifestó al finalizar, entre bastidores, a sus colaboradores, entre los que estaba su jefa de gabinete.

Murillo con Els Joglars, en el Festival de Teatro Contemporáneo de Badajoz.
Murillo con Els Joglars, en el Festival de Teatro Contemporáneo de Badajoz.

TEATRO LÓPEZ DE AYALA

 P: En septiembre de 1995 tomaste posesión como director del Consorcio Teatro López de Ayala de Badajoz. Tenías ante ti el gran reto de devolver el emblemático teatro al público. Esto, que parece una obviedad, tiene razón de ser, tras la casi desaparición del edificio teatral de la memoria colectiva de la ciudad, ya que sus obras de rehabilitación lo habían mantenido cerrado durante más de diez años.

R: El esfuerzo se centró en convertir el López de Ayala en referencia cultural, en centro público abierto a todo tipo de proyectos escénicos, y consolidar una programación estable, aparte de su mantenimiento y la coordinación con las cuatro instituciones que conforman el Consorcio: Junta de Extremadura, Ayuntamiento, Diputación y Caja de Ahorros de Badajoz. Tras veintiséis años en esa dirección, creo que el balance nos da la respuesta y evalúa nuestros objetivos, con una media de cien mil espectadores anuales y cerca de trescientas actividades al año. De todos los proyectos que he coordinado en ese desempeño, resalto la dirección del Festival Internacional de Teatro y Danza Contemporáneo de Badajoz, verdadero caballo de batalla. Un festival, hay que decirlo, que, por causas que hoy, 26 años después, ignoro o quiero ignorar, ve cómo su presupuesto sigue siendo ridículo, comparado con otras muestras escénicas de la Comunidad. A pesar de ello, el festival ha ido evolucionando y centrando sus directrices y ofertas, gracias, entre otras cosas, a los talleres, sesiones de trabajo y debate que conformaban su programación. El trabajo de los críticos con el festival, de los profesionales escénicos extremeños, el público y también muchos responsables culturales de Extremadura dentro o fuera de la Administración, han logrado mantener vivo este festival, que cumplirá pronto 50 años, a pesar de las controversias y errores, y merced a sus éxitos y logros.


“Alguno, insensato, se atreve a llamar al programador para “aconsejarle” que no incluya a fulano o mengano en la programación. Son los que llamamos pelotilleros o lameculos


P: He criticado los altibajos que el Festival de Badajoz tuvo en las últimas ediciones, habiendo perdido fuelle organizativo, público y desinterés por parte de sus autoridades patrocinadoras que ni siquiera asisten a sus funciones y sí lo hacen en otros estivales. ¿Cuándo dices que su presupuesto es ridículo comparado con otras muestras escénicas te refieres al Festival de Mérida, que dirige Jesús Cimarro y a la Muestra Ibérica (MAE) de Cáceres, que dirigen los gestores culturales?

R: Cuando hablo de un presupuesto ridículo claro que lo hago comparando con otros festivales. Por ejemplo, una producción, sólo una, del Festival de Mérida cuesta el doble que el presupuesto total destinado a quince representaciones, gastos y demás del Festival de Badajoz. Y pienso que tanto el Festival de Teatro de Cáceres (que en las últimas ediciones ha logrado un gran nivel) como la Muestra de Teatro Extremeño, tienen más medios que el de Badajoz, en todos los sentidos. La palabra ridículo se refiere a que en 25 años no se ha subido apenas la dotación para un Festival importante que va camino de cumplir cincuenta años.

Homenaje a Murillo en Alconchel, donde ejerció como maestro
Homenaje a Murillo en Alconchel, donde ejerció como maestro

P: Tu trabajo se ha desarrollado en etapas donde ha gobernado el PSOE de Rodríguez Ibarra (mayormente) y el PP de Monago Terraza. Sabemos que determinados cargos políticos tienen la tendencia a utilizar la cultura como instrumento para sus fines o aspiraciones. ¿En algún momento te has sentido incómodo desarrollando las actividades por algún tipo de censura?

R: Esa tendencia es confundir la política cultural con la cultura de determinada política. La cultura es, al igual que la Educación o la Sanidad, uno de los elementos esenciales del estado de bienestar. Sin promoción cultural es muy difícil que funcionen el resto de elementos básicos, sin ciudadanos críticos, informados, capacitados para establecer un contrato entre el Estado y la Sociedad, nuestra democracia falla y cae en manos de los manipuladores. En el desempeño de mi trabajo han existido intentos, pocos, de utilización del Teatro como instrumento para determinada propaganda. Una cosa es programar con sentido progresista y otra, marcar una línea de programación al gusto de determinado personaje y olvidándose de que todos los ciudadanos, sin distinción, son los que mantienen un teatro público. Debo decir que ni el PSOE ni el PP con los que he trabajado en diversas etapas, tuvieron injerencia o me limitaron mi capacidad de programación. Pero, y ahí está la excepción, sí debo decir que determinados personajes me presionaron varias veces para eliminar o incluir a este u otro artista, grupo o compañía, por criterios personales, gustos o, lo más común, por agradar al jefe máximo. Y normalmente, porque ya me preocupaba yo de comprobarlo, ese jefe máximo ignoraba totalmente que se estaba programando o no a ese artista. En las actas de los Consejos Rectores del López de Ayala se refleja perfectamente la sintonía y colaboración que ha existido en estos 26 años entre personas de diferentes grupos políticos.

La comedia del fantasma, exitoso musical de Murillo en Mérida.
La comedia del fantasma, exitoso musical de Murillo en Mérida.

NARIZ TAPADA Y LISTAS NEGRAS

P: ¿Alguna vez has tenido que programar con la nariz tapada?

R: Sí, más de una vez. El motivo casi siempre era porque, a pesar de mis gustos personales, tenía la obligación de poner en el programa determinada actividad o determinado artista que no era santo de mi devoción, porque no hay que olvidarse de que mi deber era programar para todo tipo de público (debo señalar que, mire usted por donde, esa actividad o artista se abarrotaba de público) Otro motivo era que esa actividad o artista, a pesar de su camuflaje, venía ante mí teledirigida “desde arriba”, apoyada de forma exagerada en comparación de otras con más méritos, e inflada en cuanto a su consideración artística (miren por dónde esas actividades o artistas no congregaban ni la mitad del aforo del patio de butacas, el público tiene mejor olfato que determinados gestores o programadores).


“Haciendo balance, estoy convencido de que el Festival de Mérida nunca debió privatizarse, como tampoco debió dejarse al capricho del equipo directivo de turno”.


P: ¿Ha habido listas negras a la hora de concertar actividades en el Teatro López de Ayala?

R: Si alguien pregunta, nunca hay listas negras, nadie admite ese hecho y nunca constan en ninguna parte. Como he señalado, existen determinados individuos que tienden a marcar a este o aquel artista o proyecto artístico según sus preferencias políticas, manías personales, amistad o enemistad etc. Esos personajes, cuando tienen la capacidad de administrar bienes públicos, se inclinan por sus preferencias y obvian a quienes no son de su agrado. Alguno, insensato, se atreve a llamar al programador para “aconsejarle” que no incluya a fulano o mengano en la programación. Son los que llamamos pelotilleros o lameculos. Los motivos los explican mal y el programador, por lo menos yo, pregunta si se debe a alguna “lista negra”. Se ofenden con la pregunta, gritan (uno me dijo que estaba hablando con mi superior y no con mi amigo; y yo no lo consideraba un amigo), amenazan y te quieren cesar al instante, cosa que no pueden hacer. Sí, recibí algún aviso al respecto, lo que me convence de la existencia de determinadas “listas negras”, pero debo decir que hice lo que debía, a pesar de las bravatas por causas ridículas, como que el artista manifestara sus gustos políticos, su apoyo o no a determinada actuación etc. Los períodos electorales eran temibles. Pero programé con total libertad y nunca ocurrió nada.

Hércules, otro éxito de Murillo en el Festival de Mérida.
Hércules, otro éxito de Murillo en el Festival de Mérida.

EL FESTIVAL DE MÉRIDA

P: Ambos conocemos sobradamente la historia del Festival de Teatro Clásico de Mérida desde sus inicios. ¿Qué opinas en este momento de ese evento donde has sido el autor más representado?

R: Aquel montaje-milagro que fue Golfus de Emérita Augusta, hito teatral extremeño, me facilitó una panorámica excelente para poder valorar el Festival desde las perspectivas de sus dificultades, logros, posibilidades etc. He seguido con detalle el trabajo de los diferentes responsables, tanto públicos como privados, y la evolución del Festival. Cómo olvidarse de José Monleón y su reto dificilísimo de aunar calidad, internacionalidad, rigor o investigación y público, o cómo olvidarse de los líos, escándalos y bochorno que deslucen al Festival en los últimos años. Haciendo un balance, estoy convencido de que el Festival nunca debió privatizarse. Eso sí, tampoco debió dejarse al capricho del equipo directivo de turno y desde las instituciones hubo que haberse trabajado con más celo a la hora de controlar aspectos como la gestión económica, la calidad artística o los balances finales, donde se hacía memoria de todo, menos de lo que en realidad había sucedido. El Festival no es sólo un compendio de actos sociales, protocolos o incentivo turístico. Estamos hablando del estival grecolatino más importante de España. Sé que hay circunstancias. como la no desdeñable realidad económica o la falta de infraestructuras que atraerían mucho más a un público deseoso de asistir a las representaciones, que frenan el desarrollo o progreso del Festival, pero sé también que existen caminos o proyectos viables que colocarían el marchamo de calidad en su justo lugar.

Comparto la opinión de Murillo, aunque no tanto lo que dice de Monleón, al que criticó duramente en su etapa de director, por una charla que dio en el Festival de 1983, mirando de lado lo organizado por los extremeños, que no llegó a ver. Murillo dijo: “Hablando de mensajes, señor Monleón, usted vino a transmitir ideas que ya son muy antiguas aquí… Su actuación da risa…” (“LOS SANTONES Y EL FESTIVAL”, en HOY, 4.9.1983). En otra ocasión escribió: “¿QUÉ PASA CON EL FESTIVAL?”, poniéndolo a escurrir sobre una demanda judicial hecha por actores a la Junta por la suspensión de un espectáculo (HOY, 12.6.86). Para mí, Monleón fue un gran teórico del compromiso teatral, con ideas que muchos compartimos. Pero un mal organizador del Festival, que dejó sumido en ambigüedades y sin público en su etapa. Además, se portó muy mal con el Centro Dramático de Badajoz, con enredos en el Ministerio -del entonces responsable de teatro José Manuel Garrido– para lograr dirigir el Festival.

P: ¿Tú consideras que, desde que se inició el Festival en 1983, ha habido algún director que haya contribuido verdaderamente con el compromiso de promover esa gran fiesta de la grecolatinidad, que distinga al Festival por la originalidad y la calidad -y lo eleve por encima de otros grandes festivales-, y la imaginación del artista comprometido, que reclama su derecho y deber de trascendencia?

R: Pienso que todos los directores que ha tenido el Festival de Mérida han intentado elevar su nivel. Pero, ojo, cada uno entendía ese nivel a su manera, incluso, muchos de ellos, a nivel de prestigio e intereses personales. Para mí fue Monleón, con todas las críticas que se hicieron y a pesar de ellas, el que de forma más global e integradora entendía por dónde debía transitar el Festival de Mérida.

MÉRIDA Y CIMARRO

P: Del festival actual, que desde hace 11 años dirige Cimarro, he escrito cada año sobre la falta de respeto a su esencia clásica grecolatina –salvo excepciones puntuales-, buscando más lo mercantil que lo cultural, que torpemente han consentido el presidente de la Junta, las consejeras de Cultura y el alcalde de Mérida, máximos responsables del Patronato del Festival, que carece de asesores teatrales. ¿No te parece que el director y productor Cimarro lleva tiempo ofreciendo, en su mayoría, una actividad de consumo veraniego inadecuada, intranscendente y aburrida para los amantes del arte teatral grecolatino?

R: El ocio teatral está muy bien, tiene su sitio o ha de tenerlo, pero no puede ser el único incentivo a la hora de programar un festival como el de Mérida. Sabemos perfectamente que el público, aparte de acudir a obras en las que figuras conocidas intervengan o donde el humor casi televisivo impere, es sensible a ofertas de alta calidad. La palabra diversión no es sinónimo de zafiedad, humor fácil o baja calidad. Como también sabemos que una tragedia bien hecha y con esa calidad atrae tanto o más que una comedia, sobre todo si la comedia es mala o no tiene calidad. En el festival hemos tenido muchas pruebas de lo que digo, algunas hasta en idiomas incomprensibles para la mayoría de los asistentes, pero que dejaban una huella imborrable por su alto nivel.

P: ¿Crees que las instituciones culturales deberían preocuparse más en el Patronato por el Festival de Mérida y dedicar sus presupuestos, porque es su obligación, a potenciar, catapultar y abrir la capacidad del festival hacía mejores horizontes de superación?

R: Es primordial que, desde las instituciones que conforman el Patronato, y con el consiguiente asesoramiento de personas expertas y conocedoras de las artes escénicas y el mundo grecolatino, debe existir una plena atención al Festival desde sus líneas artísticas, donde la libertad al programador debe ser sagrada, pero con rigor, hasta las medidas de control del presupuesto.

EL ÚNICO FRACASO

P: De las muchas actividades que realicé con Murillo, recordamos el espectáculo Columbella, único fracaso que tuvimos Murillo y Villafaina, de aquel notable texto suyo que obtuvo el premio “Torres Naharro” (por segunda vez), acreditado por prestigiosos críticos que formaban el jurado. José M. Garrido retiró al Centro Dramático de Badajoz (productor) la subvención del Ministerio -que recibía anualmente-, por haberle criticado sus manejos centralistas en el Festival de Mérida. La obra que se estaba ensayando en Madrid -sólo con la mitad del previsto presupuesto- me hizo dudar sobre su calidad (porque tuvimos que cambiar parte del elenco). Esto hizo que enviase a Murillo para que viese los ensayos del montaje de Ramón Ballesteros y después me informase. Y si estaba conforme con que se representase en el Festival de Badajoz y sus sedes. Yo, atareado con la organización de aquel Festival no lo pude ver, pero a Murillo le pareció bien lo que presenció y lo programamos. Aquello no funcionó y recibimos duras críticas. ¿Qué opinión tienes de lo que pasó?

R: Sí, yo acudí a los ensayos en Madrid y debía dar el visto bueno a lo que me ofrecían. Pero fui esporádicamente y no pude verlo las dos últimas semanas, porque mi trabajo no me permitía faltar a clase. Lo que me mostraron estaba bien, en mantillas, pero bien. Luego se precipitaron las cosas, actores y actrices que no cumplieron con los ensayos (uno de ellos, el protagonista no ensayó lo suficiente por estar participando en una película en Almería), la parte del presupuesto se esfumó en mayoría, y Ballesteros, el director, no sé si nos engañó o se encontró con un marrón que no supo desenredar.

P: Acabas de jubilarte. ¿En este medio siglo de vida, dime qué te ha dado el teatro?

R: Muchas cosas. No todo, porque la vida es algo más compleja, pero ha sido un motor imprescindible para mirar el mundo y la realidad desde diferentes perspectivas, y en eso el teatro es una formidable lente. Después me ha permitido conocer a gran cantidad de personas, que me han enriquecido, criticado, ayudado, centrado o descentrado, según el momento… Personas valiosas, que podría nombrar, sin las cuales jamás hubiera caminado por este territorio con seguridad y duda. Sí, la duda también me la ha proporcionado el teatro, el teatro es la patria de la duda y del antidogma, de la incertidumbre y del respeto a las opiniones diferentes, de la grandeza y de la humildad. Por ejemplo, se me concedió la Medalla de Extremadura y esa concesión estaba firmada por todas las compañías y gente del teatro de Extremadura. ¿Qué más puedo pedir?

(José Manuel Villafaina Muñoz es licenciado en Arte Dramático, actor, director, autor, profesor y crítico teatral, con una trayectoria profesional de más de 50 años).

SOBRE EL AUTOR

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