Carnaval de Badajoz 1983-1995, el esplendor de una fiesta identitaria

La etapa bajo el gobierno municipal del PSOE fue la de la expansión y la consolidación de un evento multitudinario que se convirtió en el tercero de España en importancia

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Manuel Rojas, el alcalde que mayor esplendor dio al Carnaval pacense.
Manuel Rojas, el alcalde que mayor esplendor dio al Carnaval pacense.

A partir de 1983, con los socialistas gobernando en el Ayuntamiento de Badajoz y en la Junta de Extremadura, el Carnaval pacense empieza a desarrollarse con mayor auge cada año. Y mis ideas, que desde el principio -en la época de UCDex– fueron apoyadas en las comisiones del Ayuntamiento por los ediles socialistas Miguel A. Guerra, Emilio Mangas, José Carlos Molina, Patrocinio Barquero, Fernando Pagador de la Peña, Luis García Paradells y los entonces comunistas Leopoldo Torrado y Gabriel Montesinos, empiezan a valorarse. El alcalde Manuel Rojas, que había entendido -y vivido también como carnavalero- la propuesta inicial de la fiesta de representación pública, donde toda la ciudad debía ser un escenario y todo el pueblo actor y público, a la vez, de un figurado ritual de trasgresión temporal de las normas sociales, consigue que, durante cinco días, la ciudad estuviese constantemente “tomada”, año tras año, por muchos miles de personas, que participaban continuamente en toda suerte de actividades y hacían de la calle su sede principal de diversión. Su etapa -la de mayor esplendor- es la de la expansión y consolidación del Carnaval pacense.

José Manuel Villafaina Muñoz.
José Manuel Villafaina Muñoz.

Badajoz.-

En 1990, siendo Miguel Ruiz Ortigosa su edil responsable y P. Espinosa su organizador y en 1991 con Miguel Ángel Guerra y Eduardo Sosa (competente funcionario organizador), el Carnaval popular pacense desbordó los pronósticos que de él se habían hecho en la etapa de UCDex. Alcanzó su máximo protagonismo identitario y esplendor en calles y plazas.

También, prorrumpieron en el teatro, estrados callejeros y bares impactantes murgas (“El guatinay”, “Jarana”, “El nombre da igual”, “Los agüitas”, “Los perigallos” y otras), entre las que resaltaba con personalidad propia “Ad Libitum” asombrando cada año con sus trajes y sus magníficas voces y lo pegadizo de su música, en coplas de genio vivo, de juego verbal oportuno, chistoso, creador y, sobre todo, crítico. Y se produjo un aumento considerablemente de comparsas e ingeniosos artefactos, destacando “Vendaval”, Caribe y “Dekebais”, que hacían escuela en la cabalgata y en la calle.

Ad Libitum, murga pacense con estilo propio durante 35 años.
Ad Libitum, murga pacense con estilo propio durante 35 años.

Además se desarrolló y optimizó el concurso infantil de trajes y máscaras. Y se incorporaron al programa actividades que ya venían haciéndose en barriadas, como la de Las Candelas, que organizaba Ricardo Cabezas (padre) en la margen derecha del Guadiana y que luego se consolidaría en la barriada de Santa Marina con La quema del Marimanta y su espectacular Tamborrada, animadas desde la prensa por Pedro Montero. Y el Entierro de la sardina de San Roque, que adquiere popularidad como colofón de la fiesta. También se crea la Federación carnavalera (FALCAP) con la idea de apoyar la fiesta en todos sus actos. Con ello se enriquece y fortifica la organización del Carnaval, en el tiempo que estuvieron sus presidentes carnavaleros Monroy, Cienfuegos y Corrales.

Villafaina, presidiendo un concurso de comparsas y murgas.
Villafaina, presidiendo un concurso de comparsas y murgas.

EL TERCERO DE ESPAÑA

Si bien esto ocurre en los mencionados años, en 1988 el Periódico EL PAÍS ya había publicado que el Carnaval pacense se había convertido en “El tercero de España”. Noticia que divulga la prominente revista municipal de Carnaval, fundada en 1989 por José María Pagador (“El Carnaval de ayer a hoy”), que todavía se sigue publicando cada año (desde que entró el PP, dirigida por Juanma Cardoso). Y así lo defendí en 1992, con una ponencia en el Congreso Mundial del Carnaval de Cádiz. Desde ese año hasta 1995, que asumió la alcaldía Gabriel Montesinos, la fiesta seguía teniendo el mismo éxito, a pesar de la austeridad con que se presentan en 1992 y 1993, y de ciertas meteduras de pata de la edil responsable, Patrocinio Barquero, por el traslado de las murgas al polideportivo La Granadilla. En 1994 y 1995, con la concejala Ángela Camacho al frente, la fiesta alcanzó su mayor difusión, derroche de imaginación y presupuesto, con el fin de convertirla en el mejor escaparate turístico de Badajoz.


En 1988 el Periódico EL PAÍS publicó que el Carnaval pacense se había convertido ya en “El tercero de España”.


A partir de mayo de 1983, cuando dejé de ser concejal en el Ayuntamiento, mi amistad con algunos concejales socialistas que siguieron en el Consistorio -entre ellos Miguel Ángel Guerra, que quiso integrarme en la murga “Los negritos del Guatinay” que había creado con el alcalde Manuel Rojas– me permitieron continuar cooperando en algunos actos del Carnaval. Fui en varias ocasiones presidente de los jurados de murgas y comparsas y, a veces, estuve orientando sobre el tema artístico del Carnaval a P. Espinosa y Eduardo Sosa, funcionarios municipales que estuvieron -en distintos años- al cargo de la organización, con los que además coorganizaba la Cabalgata de Reyes (a modo de Belén viviente itinerante, con la participación de las Asociaciones de Vecinos), la representación del Auto de los Reyes Magos, la Fiesta Teatral de la Epifanía y varias campañas de teatro educativo por barriadas y poblados.

Comparsa Vendaval, la más veterana, con 40 años de antigüedad.
Comparsa Vendaval, la más veterana, con 40 años de antigüedad.

Tengo que decir, que mi salida del Ayuntamiento cuando terminó aquella primera legislatura democrática supuso para mí un alivio, porque la actividad que desarrollaba en el Centro Dramático de Badajoz -que puso en marcha en 1978 el Proyecto de Infraestructura Teatral para Extremadura- era inmensa desde el primer año. Un arduo trabajo teatral que había logrado anticiparse a muchas regiones en la experimentación de actividades y creación de un movimiento de carácter popular -de festivales regionales, nacionales, hispanoamericanos, amplias campañas de representaciones y de formación teatral en las capitales y en los pueblos, premios y publicaciones para autores extremeños y nacionales, producciones propias en el teatro Romano de Mérida, seminarios y foros de teatro, etc.- que cobró una notable energía y rigor hasta 1986. Toda la actividad está reseñada en las hemerotecas, pero precisamente en ese año de 1983 lo da a conocer la prestigiosa revista teatral PIPIRIJAINA, que se interesó por el programa de acción teatral extremeño y en su número 25 dedicó la publicación del libro adjunto TEXTOS al teatro en Extremadura. Moisés Pérez Coterillo, crítico y director de la revista dice en la introducción: “Pocas regiones de España pueden presentar el drástico contraste entre una depresión económica y cultural en permanente estado de alerta roja, y una demanda del hecho teatral de la magnitud en la que se da en Extremadura”.

Villafaina y Diana C. Cortés, disfrazados del demonio y la tentación.
Villafaina y Diana C. Cortés, disfrazados del demonio y la tentación.

BADAJOZ Y CÁDIZ

En 1992, siendo director del Centro Dramático y de la Música de Extremadura, dependiente de la Junta, fui invitado a participar como ponente en el Congreso Internacional del Carnaval de Cádiz. Mi charla sobre el Carnaval pacense -que se centró más en el carnaval de calle- destacaba su participación popular inmensa, imaginación y fantasía, arte, colorido, música e ironía. Pero lo que logró interesar fue la idea de haber enriquecido la fiesta imaginándola como un escenario parateatral activo en el que se convertía la ciudad, con los diversos disfraces individuales o colectivos. Recuerdo que a cada congresista daban media hora para la exposición del tema y otra media hora para un coloquio. Y que mi participación en éste se extendió a más de una hora. Contesté a la curiosidad de algunos congresistas, que me preguntaron sobre los roles de actor/público que se interpretaban en esa función del multicolor carnaval callejero pacense, poniéndoles algunos ejemplos de mis actuaciones personales con los disfraces (aunque también mencioné algunos que conocía realizados por actores del Centro Dramático). Se trataba de pequeños montajes de animación -que previamente preparaba- con personajes que llamaban mucho la atención y que, por donde transitaban, actuaban provocando cómicamente a la gente, con acciones de un improvisado juego dramático de broma y chanza.


Aquel cura era todo un número cuando entraba en las farmacias acompañado de las monjas y pedía con mucho énfasis “cinco cajas de condones”.


Les conté algunas escenas ocurrentes en las que iba disfrazado de un pícaro medieval muy feo, que llevaba una palmeta, y la del personaje de un espantoso diablo, con un gran rabo, con los que montaba travesuras o diabluras. En ambas, me acompañaba la actriz hispano-venezolana Diana Carmen Cortés, que iba de guapa y bailaba sola entre el gentío carnavalesco, con un provocativo ritmo caribeño que seducía a muchos. Ella representaba a “La Tentación” y yo, el que repartía -por sorpresa- palmetazos o ponía el rabo a los “arrebatados” que, insinuantes, intentaban acercarse a ella.

Pero, sobre el juego teatral con los disfraces, hablé especialmente de uno que se popularizó durante los cinco días de la fiesta pacense, en el que interpretaba a un cura viejo, cojo y con joroba, llamado “Don Condones”, que llevaba de la mano a una hilera de monjas guapas. Repartía en la calle condones a todo aquel que le pedía su bendición, diciéndoles “la bendición la doy en cuaresma, en carnaval podéis ir todos a ligar y follar”. El cura también repartía estampitas con la foto de mozas desnudas, para aquellos que decían que no ligaban, contestándoles “todo tiene solución, toma esta estampita para que te hagas una pajita”. Aquel cura era todo un número cuando entraba en las farmacias acompañado de las monjas y pedía con mucho énfasis “cinco cajas de condones”. El asombrado y divertido farmacéutico, que le pedía al estrambótico religioso de qué tamaño los quería, era respondido al unísono por las monjas “De la talla XXL”.

El recordado alcalde Manuel Rojas, disfrazado en el Carnaval de Badajoz.
El recordado alcalde Manuel Rojas, disfrazado en el Carnaval de Badajoz.

LIBERTAD Y TRANSGRESIÓN

Expliqué que, en este ambiente de libertad que se vivía en Badajoz, nunca tuvimos problemas ni polémicas con la gente jugando con aquellas expresiones licenciosas. Se entendía que eran normales en la transgresora fiesta carnavalesca. En una ocasión nos presentamos en algunas instituciones -en Badajoz y en la Consejería de Educación y Cultura y Ayuntamiento de Mérida- disfrazados de brujos, echando con humor “la bola” a los políticos (basándonos en críticas de sus actuaciones del año) y nos acogieron con simpatía. Sólo tuve una censura en un artículo del Diario HOY, porque me había vestido de Jesucristo. Pareció que ese medio estaba escrito con agua bendita por su entonces director Teresiano Rodríguez Núñez, que lo consideró irreverente y me puso a escurrir. Respeté su opinión. Sin embargo, no era mi intención ofender, tal como argumentaba el escrito, pues sólo interpretaba un personaje con el que hacía teatro. En las artes escénicas se representan toda clase de personajes, divinos y humanos. Fue uno de esos años que presidía el jurado de los concursos y me presenté con ese disfraz. Su trama trataba, llanamente, de responder con la imagen del personaje a las malas críticas que tuvo el fallo del jurado el año anterior. Recuerdo que a las murgas concursantes les eché un sermón desde un palco en el teatro Menacho. Les dije, con sentido del humor, que confiaran esa vez en las decisiones del jurado, ya que con la presencia de Dios en aquel lugar no habría trampas, pues el jurado actuaría con justicia. Me pareció que tanto las murgas como los miembros de aquel jurado (Francisco Pedraja, Tomás Rabanal Brito, Emilio González Barroso, J. Pérez Rives y otros) acogieron la ocurrencia con simpatía. No sé si hubo algún otro meapilas o Judas que me escupió por la espalda.

En resumen, de 1984 hasta 1995, con aquellos socialistas gobernando en el Ayuntamiento, fue una etapa de innegable auge del Carnaval pacense, donde los responsables de su organización habían puesto el listón muy alto, pero la fiesta no había tocado techo.

(José Manuel Villafaina Muñoz es licenciado en Arte Dramático, actor, director, autor, profesor y crítico teatral, con una trayectoria profesional de más de 50 años).

SOBRE EL AUTOR

José Manuel Villafaina, un profesional integral del teatro, nuevo colaborador de PROPRONews

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